Bien anteultimo capitulo! Regalito de Pascuas :D No se que decir, es mas no voy a decir nada, mas que agradecer como siempre las reviews y en especial a Juli que a pesar de mis demoras y sus tiempos tambien dificiles con el estudio sigue "leyendome" y me firma! Muchas gracias, sos un sol!

Bien, los temas para este capitulo son: Ain't no sense in love de Take That; All I've ever needed de Paul McDonald y Nikki Reed; y Calling all angels de Train. :)

Espero que lo disfruten y sean buenos y me dejen Reviews! :) Tal vez este actualizando con el final entre el lunes y martes que por lo menos aca en mi pais es feriado y aprovecho para hacerlo antes de retomar las clases, eso siempre y cuando les guste y quieran saber como termina esta historia!

Hasta la proxima!


Chapter Five. Part Two: A Thousand Years.

El sofocante ambiente de la casa, golpeándole el rostro, contrastando con el frio que hacia fuera, provoco que Morgan se estremeciera cuando ingreso solo a la oscura casa, habiendo derribado la puerta con el arma en alto. Apuntaba a la nada, en la oscuridad absoluta de aquel lugar que se debía a las ventanas selladas con gruesas cortinas, atento a cualquier ruido.

-¡JACOB EDWARDS, FBI!- grito rasgando el silencio mientras se adentraba más en la casa y de pronto sintió un dolor agudo en la cabeza, producto de un golpe que lo derribo al suelo, haciéndole soltar el arma que Dios sabe hacia dónde fue a parar. Al tantear los centímetros más allegados a él y no encontrarla, volteo rápidamente cuando sintió los pasos del hombre acercarse a él rápidamente dispuesto a darle otro golpe.

-Agente Morgan…- dijo con voz infantil y una sonrisa burlona que Derek logro notar por el halo de luz que ingresaba de la puerta derribada, observándolo asombrado que supiera su nombre. -¿Asombrado, verdad? Bueno debo admitir que me encontré forzado a hacer mi tarea de investigación cuando note que eras el interés amoroso de mi chica, Derek- dijo con una voz fría y espeluznante. Había algo en él que era siniestro. Emma ya lo había dicho, pero comprobarlo fue mucho más impresionante, aunque no debía permitir que lo afectara nada que dijera de ella en aquel momento. Debía pensar fríamente, él era un asesino como tantos otros. No debía pensar en Emma o donde podía estar, o si estaba muerta ya… No. Debía concentrarse en ese momento, en aquel hombre que lo observaba fijamente con un odio insuperable.

-¿Dónde está Emma, Jacob?- pregunto aun en el suelo agitado, apoyado sobre sus codos. El hombre actuaba con una frialdad sobrehumana, increíblemente cómodo en el ambiente y sonriéndole de esa manera espeluznante, indicándole al moreno que jamás se lo diría.

Morgan no permitió que asestara otro golpe con el bate que tenía entre manos, por lo que al oponer resistencia hizo enfurecer al hombre que arremetió contra él nuevamente, en cuanto el moreno se puso de pie. La pelea no estuvo tan despareja como Morgan había pensado ya que recibió tantos golpes como dio, pensando que eso debía acabarse rápido para encontrar a Emma. Recibió todo tipo de insinuaciones y provocaciones por parte de Jacob que sangraba de una ceja, al igual que él y tenía el labio partido; él por su parte sangraba de un pómulo y escupía sangre por su boca mientras la cabeza le daba vueltas por los golpes que no había podido esquivar. Cuando Jacob por fin pudo derribar a Morgan nuevamente al piso, colocándose a horcajadas sobre él, lo tomo del cuello y presiono con todas sus fuerzas dejando sin aire al agente que intentó tomarlo de las muñecas para oponer resistencia, pero estaba demasiado inmovilizado como para hacer algo, por lo que quedo comenzar a retorcerse debajo del hombre que clavaba sus fríos y siniestros focos azules en los oscuros de él, que pedían que se detuviera, mientras sus manos extendidas buscaban desesperadas algo para asestarle en la cabeza y así lograr que lo soltara.

-¡NUNCA LA TENDRAS, NUNCA SERA TUYA; MORIRA ANTES DE QUE LOGRES ENCONTRARLA!- gritaba desquiciado el dueño de casa, con ojos brillantes y una sonrisa amplia en el rostro, mientras el moreno intentaba con todas sus fuerzas, zafarse y sentía terror de que esas palabras, frías e hirientes, fueran ciertas. ¿Qué sucedería si era demasiado tarde? ¿Si lograban encontrar a Emma, pero ella estaba muerta? A pesar de ser un agente especial y perfectamente entrenado del FBI, experimento por primera vez en su vida, lo que era sentirse extremadamente vulnerable bajo la influencia de un sospechoso, de un hombre loco que intentaba quitarle la vida con sus manos cernidas a su cuello. Todo el esfuerzo que había hecho para ingresar a la Unidad, todos los sospechosos que habían detenido, todos los casos, las personas que habían salvado, sus amigos, su familia, Emma, todo se reprodujo frente a sus ojos sabiendo que se estaba dejando vencer, que ya no podía hacer nada, que habían roto su coraza, que su alma se encontraba desnuda frente aquel espectro de hombre, ante aquella oscuridad que temía se haya llevado a Emma también como se lo estaba llevando a él en aquel momento. Pero como buen luchador, por la fortaleza y el instinto de supervivencia aun latente y característico en él, no se dejaría vencer fácilmente, al menos antes de irse, opondría resistencia.

-¡Jacob, FBI, suéltalo!- dijo de repente la voz serena pero reveladora de Hotch que ingresaba en ese momento seguido de Rossi y Reid, con las armas en alto apuntándole directamente al pecho. –¡Suéltalo ahora!- ordeno observándolo fijamente con severidad, el hombre lo reconoció y sin moverse de encima de Morgan, aflojo el agarre alrededor del cuello del moreno que comenzó a toser debido al aire que ingresaba de pronto en sus vías respiratorias.

-Pon las manos en alto- ordeno Reid, pero el hombre no se movió. Se tomo la cabeza entre confundido y ofuscado. Parecía un niño pequeño, sin saber adónde ir, pidiendo ayuda desesperado como si su juguete se hubiera roto y no pudiera repararlo.

-El no la merece…- se limito a decir entre desconcertado y disgustado bajando la vista mientras sus ojos se llenaban de lagrimas ya que nadie lo comprendía y Morgan lo observo entre confundido y enojado, frunciendo el ceño. Realmente aquel hombre tenía problemas. No pudo evitar sentir pena por él, pero al mismo tiempo un profundo odio hacia él lo atravesaba, contradiciendo las emociones que surgían en su interior. Le había hecho daño a Emma, de eso estaba seguro y debería pagar por lo que hizo.

-¡Tú tampoco!- atajo rápidamente Rossi con tono sobreprotector, como si se tratara del padre de la joven, que aún lo apuntaba con su arma, al igual que sus compañeros y el hombre lo observo desolado, como si esas palabras le hubieran roto el corazón. –Luego de todo el daño que le has hecho, Jacob, tú eres el que menos la merece- finalizo con rostro duro como la piedra y noto como las lagrimas caían pesadamente sobre el triste rostro dejando dos surcos.

-¡No, eso no es cierto!- dijo Jacob confuso y angustiado, negando con la cabeza.

-¡Claro que sí! ¡Mira todo lo que has hecho!- presiono aun más el agente, con rostro inexpresivo y voz gélida.

-¡YO LA AMO, JAMAS LE HARIA DAÑO!- grito el hombre desesperado y Morgan pensó que aquello no estaba ayudando para nada la situación ya que, si Jacob tenia tendencias suicidas podría caer sobre él y luego matarse para acabar con todo, pero aun así decidió no decir nada y permanecer tendido, tenso con las manos extendidas en el suelo.

-¿Entonces por qué le has hecho daño? Si la amas, ¿no es mejor dejarla libre? Míralo de esta manera, Emma nunca te amo y jamás lo hará. Jamás podría amar a alguien que le haya hecho daño, alguien como tu- contesto con lengua filosa Rossi. Jacob bajo la vista a Derek que lo observo frunciendo el ceño, sabiendo perfectamente que significaba esa mirada, ya que la había visto en otros tantos casos y lo comprobó cuando saco el cuchillo que tenia escondida en la manga.

-Entonces… Nada de esto tiene sentido…- comenzó alzando el arma para asestarle al moreno y luego quitarse la vida, y Morgan, aterrado pero sin poder moverse grito:

-¡JACOB, NO!- pero fue demasiado tarde ya que al hacer el ademan para clavárselo, sus tres compañeros dispararon contra él, perforando su cuerpo de balazos. Derek cerró fuertemente los ojos mientras sentía como la sangre cálida y espesa del hombre salpicaba su rostro y luego como el peso muerto del cuerpo de Jacob caía sobre él que temblaba de pies a cabeza, por el momento tenso que había presenciado. Hotch y Rossi le quitaron el cuerpo de encima, mientras Reid lo ayudaba a ponerse de pie. Morgan se deshizo del agarre rápidamente y se dirigió desesperado por la casa a encontrarla seguido de Reid, que aunque el moreno no haya pedido ayuda, decidió acompañarlo de todos modos.

Habían perdido el número de puertas que habían abierto, dentro de las cuales encontraron los cuerpos de las niñas y sus ataúdes rotos, otro en donde habían dormido Meckai y Sophie, pero del de Emma no había ni rastro. Derek seguido por un impulso de su intuición, ingreso en la habitación de Jacob y con Reid se observaron, en silencio ya que allí no había nada que llamara demasiado la atención y Emma, por supuesto, no estaba allí.

-Si esta era su actual habitación, aun deberían haber vestigios de la antigua, de cuando era niño y fanático de los libros que le leía su madre; debe haberla agrandado y remodelado todo esto…- señalo Morgan, adolorido por los golpes en su cuerpo, a los que no le daba importancia ya que deseaba encontrar a la joven, pensando que era una habitación demasiado moderna para la creencia de Jacob y sus cuentos de hadas, y Reid observo las paredes azules, los muebles y se acerco a la estantería y leyó los nombres de los libros.

-Debe tener un espacio para él, que no sea su habitación y que pueda decorar y en la que pueda tener sus cosas de fantasía. Un espacio acorde a sus delirios- señalo y observo al moreno que estaba por abrir el ropero debido a una corazonada. –Ninguno de los libros de aquí son de los hermanos Grimm- dijo el joven preocupado y comenzó a pensar si estaban en la casa correcta y si encontrarían a Emma viva o si ya sería demasiado tarde. No quiso hacerlo, pero inevitablemente cayó en su mente la imagen de la joven enterrada en el jardín de aquella casa con un rosedal blanco creciendo encima de esa tierra removida.

-¡Eso es!- dijo Morgan de repente, corriendo la ropa prolijamente colgada y doblada, que delataba el Trastorno Obsesivo Compulsivo. –Si queremos encontrar la habitación de cuando él era pequeño, debemos pensar como niños- dijo pensativo y Reid, aunque intento con todas sus fuerzas, no pudo comprenderlo.

-No comprendo- dijo el joven con curiosidad, acercándose al moreno que quitaba la ropa y la arrojaba sobre la cama para que quedara el ropero vacio.

-¿De pequeño, que es lo que más te fascinaba? ¿Qué anhelabas más que nada?- pregunto el moreno sin poder disimular el tono esperanzado en su voz. Reid, lo pensó seriamente.

-Mmhh, un nuevo juego de química- contesto sin más y su compañero lo observo desconcertado y luego recordó a quien se lo había preguntado.

-Claro, tú no eres la mayoría…- dijo con una media sonrisa, negando con la cabeza y el joven frunció el ceño, confundido. –No, Reid. La mayoría de los niños desean su "escondite secreto", un espacio personal para tener sus cosas, sus secretos, por eso los padres les construyen la casa del árbol, o ellos mismo se arman guaridas bajo sus camas o forman tiendas con sus sabanas. Y esto…- explico mientras se metía nuevamente en el ropero. –Creo que es su escondite secreto- dio unos golpecitos a la parte de atrás, donde sonó hueco. Ambos agentes se observaron atónitos y Morgan no aguardo a empujar esa especie de puerta trampa para ingresar a una habitación trasera, como si fuera una especie de refugio, mucho más fría y clara que la anterior. Reid apareció a su lado segundos después y observaron anonadados, la belleza de ese espacio privado y silencioso que el hombre había construido. Tanto Morgan como el joven doctor, notaron como el tiempo no había corrompido nada allí; no había nada moderno, los muebles eran claros y labrados, como los de épocas antiguas, la cama era de dos plazas, a dosel y de un color claro, sin romper la armonía del espacio. Había sillones sobre un costado para sentarse a leer, cerca de la ventana que era la única fuente de claridad de la habitación, además de la hermosa y compleja araña dorada que colgaba del techo y las rosas rojas en diferentes floreros era lo único que le daba color a aquella pulcra habitación que, definitivamente, se había hecho especialmente para contrastar con el resto de la oscura casa.

-Esto significa la pureza que Jacob estaba buscando y que noto en Emma- comento Reid pensativo observando el estante con las diferentes primeras ediciones del libro y el mueble enfrente que contenía los trofeos. –Es como un cuento de hadas. La canasta, el zapato de cristal… Todos los cuentos del libro están plasmados en esta habitación… Este debe haber sido el lugar donde venía a buscar paz, luego de cada asesinato, esto debe haberle recordado a su infancia. Debe haber tenido esta habitación para recordarse cuáles eran sus planes, para nunca salirse del contexto de sus fantasías- el joven busco la mirada de Morgan, pero esta estaba fija en algo que se encontraba en medio de la habitación, frente al gran ventanal desde donde podía observarse el bosquecito.

-¿Emma?- pregunto de repente sin dar crédito a lo que sus ojos veían, al notar que la figura encerrada en aquella capsula de cristal, tenia los rasgos de la joven y se precipito desesperado al ataúd en donde la observo de arriba abajo, a través del grueso cristal de la tapa, sin comprender de qué se trataba, notando sus cabellos negros, debido a la tintura, desperdigados sobre la almohada en la que reposaba su cabeza; su rostro estaba maquillado con colores suaves y llevaba puesto un blanco vestido que dejaba ver su blanca piel en un escote sensual, pero moderado. Si el primer dia que la conoció, Derek había pensado que parecía una hermosa princesa, sacada de un cuento, verla allí tendida perfectamente personificada, confirmaba sus palabras. -¡EMMA!- grito sin aliento por la belleza y crueldad de la situación, provocando que la joven abriera sus ojos de repente al oír su voz como si la hubiera traído de vuelta a la vida. Desesperada y llorando desconsoladamente, los enfoco en él que le decía que se tranquilizara que todo estaría bien y no se tardo en quitar la tapa que cayó al suelo haciéndose añicos. Como si de repente hubiera recuperado todas sus fuerzas y no sintiera dolor alguno, Emma se incorporo en el ataúd y se arrojo a los brazos del moreno que la recibió con dulzura, rodeándola con delicadeza, como si hubiera esperado ese momento toda su vida. –Dios, estas bien. ¡Estás bien, Emma! ¡Lo siento tanto!- dijo entre aliviado y culpable acariciando sus sedosos y ahora negros cabellos mientras la joven lloraba sin querer separarse de él.

–¡Los ha matado Derek! ¡Ha matado a los niños, les disparo en el bosque antes de traerme aquí!- lloro claramente alterada entre sus brazos, temblando violentamente y el moreno no comprendió ya que los había visto en los brazos de JJ y Prentiss.

-¿Qué dices, Emma? Los niños están bien, JJ y Prentiss los tienen. Ellos estarán bien, están a salvo. No debes preocuparte por ellos- dijo Morgan al oído de la joven intentando tranquilizarla, mientras le acariciaba repetidamente los cabellos, rodeándola con los brazos, estrechándola más aun contra su cuerpo sintiendo que la piel de la joven que rozaba con la de él estaba fría.

-Morgan- resonó la voz alterada de Reid, que estaba situado detrás de Emma y el moreno habiéndose olvidado por completo que estaba el joven allí presente, alzo la mirada y lo observo aun abrazado a la joven, notando que el doctor observaba horrorizado con una palidez extrema, mientras señalaba un sector especifico de la espalda de la joven que de repente había dejado de temblar. Derek alzo la mano por sobre el hombro de la joven, la que rodeaba la espalda y en ese momento sentía húmeda, viéndola teñida de un rojo carmín y recordó las palabras de Meckai diciéndole que la había herido.

-¡Oh, Dios, no!- dijo notando que la joven estaba muy quieta entre sus brazos, ya que había dejado de llorar. La despego unos centímetros de su cuerpo y se encontró con que estaba inconsciente por lo que le tomo con delicadeza la nuca para que la cabeza no diera la sacudida de estar en peso muerto. –No, Emma, despierta. ¡Despierta por favor, no puedes dormirte! ¡Emma!- dijo desesperado acariciándole el rostro frio y pálido para que despertara, lo cual la joven hizo a duras penas ya que el agotamiento de su cuerpo era demasiado.

-Mmhh- se quejó grogui, abriendo los ojos y clavándolos fijamente en los de él, que parecían hablarles desesperados. –Tengo frio- dijo inconscientemente y rápidamente Reid se quitó el abrigo y se lo tendió a Derek que se lo puso en la espalda.

-¡Eso, es! ¡No dejes de mirarme, no puedes dormirte! No, no, no, no Emma. ¡Mírame! Mírame por favor- pidió nuevamente cuando la joven cerró los ojos. -Eso es, bien abiertos- dijo con una media sonrisa, sin quitar el terror en sus ojos. –Se que estas muy cansada y quieres dormir, pero no puedo permitírtelo. No puedes dormirte, no hasta que yo te lo diga, ¿de acuerdo?- dijo y la joven asintió observándolo fijamente, y se dispuso a cargarla en sus brazos, pero antes: -Reid ve por los médicos, que tengan la ambulancia lista para cuando la saque de aquí, ha perdido mucha sangre y el corsé del vestido hace aun más presión, pero no hay tiempo de quitárselo- aviso y el joven desapareció rápidamente a través del ropero. Observo nuevamente a la joven que no se había dormido y noto como el brillo había abandonado sus ojos y el dorado se estaba oscureciendo. –Emma, debo sacarte de aquí, pero para ello debo cargarte, ¿crees que puedas soportar el dolor?- pregunto cerca de la boca de la joven que asintió traspasándolo con la mirada. Hasta en sus últimos momentos, la valentía de la joven destacaba con creces. Eso era algo que él admiraba de ella, su fortaleza y valentía. –Bien, entonces rodea mi cuello con tu brazo izquierdo, justo así- dijo con dulzura cuando la joven obedeció a sus palabras con mucho esfuerzo, conteniendo un gemido de dolor. –Ahora te tomare en mis brazos, solo sostente de mi y apoya la cabeza en mi hombro- la joven obedeció una vez mas y respiro débilmente contra el cuello de él, que reprimió un instantáneo escalofrío por el roce de la nariz de la joven contra su piel, mientras la alzaba en el aire, la tapaba con cuidado con el abrigo de Reid y se disponía a salir de allí. La estrecho con suavidad contra su cuerpo que Emma sintió cálido y mullido, lo que le provocaba somnolencia junto al movimiento suave y cuidadoso que él hacia al caminar, mientras que con la mano que tenia libre se aferraba al borde de la campera de cuero que él tenía abierta. Sabía que no podía dormirse, pero era más fuerte que ella; el sueño y el agotamiento estaban ganando la partida.

-Háblame Derek…- pidió con voz débil, sintiendo que su respiración se entrecortaba cada vez mas y ya le era imposible mantener abiertos los ojos, si oía la voz de él, tal vez no se dormiría. El moreno la observo mientras avanzaba rápidamente por la casa, con cuidado de no tropezar con nada y noto que la palidez de la joven era extrema, a pesar del maquillaje que tenia y su respiración era lenta y prolongada.

-No cierres los ojos, ¿me oyes? ¡Emma resiste, no debes dormirte!- dijo tenso, con voz dura, aterrado que la joven se muera en sus brazos; tenia la mano derecha en su cintura, sobre la herida de la joven intentando detener el constante bombeo de la sangre, pero era inútil. -¿Oyes mi voz, Emma? Despierta, no debes dormirte- le dijo con suavidad al oído y la joven sonrió, entreabriendo los ojos, si definitivamente su voz, aunque asustada y nerviosa, era un canto celestial a los oídos de la joven. –Prometí que te llevaría de vuelta, ¿recuerdas? Y es eso lo que estoy haciendo. Podrás ver a los niños cuando te recuperes, ellos están bien, aguardando a que te mejores. Por favor no me dejes, no te vayas de mi lado Emma- pidió con suavidad, cerca del oído de la joven que sonrió nuevamente aferrando con fuerza el borde de la campera del agente, como si eso le dijera que él estaba allí con ella y que no la dejaría, que no estaba delirando, que él era tan real como ella, o como la herida que tenia y que dolía horrores. Ya estaban por atravesar el umbral de la puerta de salida, ya faltaba poco para que todo termine.

-¿Estarás a mi lado cuando despierte?- pregunto ella asustada con voz débil pero clara para Morgan que sonrió con dulzura, al notar que ella aun tenía esperanzas, que lucharía hasta el último momento. -¿Estarás allí, conmigo? ¿Te veré cuando despierte, Derek?-.

-No te abandonare, Emma. Estaré en todo momento contigo. No me iré de tu lado- dijo al oído de la joven y le beso con dulzura la fría mejilla antes que la joven se desvaneciera en sus brazos.

-¡La ambulancia ya está aquí!- aviso Rossi preocupado con cierta nota de desesperación en la voz, cuando Morgan salió apresurado por la puerta con Emma en brazos y el interlocutor junto a Hotch y Reid, se acercaron al moreno para asegurarse de que la joven estuviera bien y notaron el blanco vestido, manchado de sangre. Dos médicos asistieron rápidamente a la joven y la subieron a la ambulancia.

-Presión baja, ha perdido mucha sangre. Su pulso esta débil. ¡Se ha desmayado! ¡No debemos permitir que entre en shock! ¡Hay que quitarle el vestido ya, está haciendo presión! ¡Avisa al hospital que estén preparados para una transfusión! ¡Necesitaremos donantes!- hablaban entre si los médicos y el moreno se deshizo rápidamente del chaleco que lo incomodaba y tras decirle a Hotch que iría con la joven, desapareció de la vista de sus dos compañeros.

-Emma estará bien, Dave- dijo Hotch al notar que su compañero, tenso y preocupado, observaba aun la silueta de la ambulancia alejarse rápidamente.

-Lo sé; ella siempre ha sido una luchadora. Pero… ha pasado por tanto, Aaron…- dijo desviando su mirada para posarla en la de su compañero que lo observaba tan ceñudo como siempre, pero Rossi bien sabía que sentía también la misma preocupación que lo embargaba a él. –Temo que jamás pueda recuperarse- dijo suspirando.

-No creo que sea así- dijo de repente la voz de Reid, que había escuchado todo y estaba en un costado más apartado y sostenía en sus manos el abrigo que los médicos le habían devuelto al ingresar a Emma a la ambulancia. –Después de todo, tiene a Morgan a su lado. Él no dejara que ella se pierda- dijo sabiamente, bajo las miradas atónitas de sus dos compañeros que terminaron por sonreír más relajados ante el sentimentalismo del joven doctor quien estaba al tanto de las emociones de todos y cada uno de los integrantes de su equipo… aunque no lo pareciera.

Emma despertó en el hospital de Los Angeles exactamente una semana antes de Navidad y logro estar totalmente recuperada y fuera de allí, inmediatamente.

No tenía noción del tiempo que llevaba tendida en la cama, lo único que sintió cuando abrió los ojos fue una extraña fortaleza y relajación que no había sentido en años. Las manos aun estaban vendadas aunque las heridas cicatrizadas pero era una manera de prevención que se había tomado el hospital. Se sentía descansada y alegre, tranquila de que todo hubiera pasado ya, pero hubo algo que le faltaba y fue precisamente no encontrar a Derek a su lado. Se incorporo lentamente aunque sintió un escalofrío y posterior calambre a la altura de la baja cintura que recorrió su brazo derecho y comprendió cuan sensible seguía la cicatriz de la herida al llevarse la mano y tocar la faja que rodeaba la cintura y se le había puesto para contener la herida ya cicatrizada.

-¡La Bella Durmiente ha despertado ya!- dijo la enfermera al ingresar en la habitación para el chequeo diario y el posible alta, en un tono jovial y Emma no pudo reprimir un espasmo de horror parecido a un escalofrío al oír la comparación. Le sonrió a la joven sin percatarse de la mueca de espanto que tenía en el rostro y se acerco para quitarle el suero y tomarle la temperatura. –Sera mejor que te sientas bien cariño porque has estado al borde de la muerte- dijo con una sonrisa y aun en ese tono que desquicio por completo a Emma. –Por suerte salió un donante de sangre a último momento ya que tienes un tipo realmente extraño. Difícil de conseguir- dijo yendo de un lado hacia otro de la habitación bajo la atenta mirada de Emma que volvía a resplandecer dorada e intensa como antes.

-¿Puedo saber el nombre del donante?- corto la joven con poco tacto, pero realmente quería cambiar de tema y que mejor que concentrarse en la persona que le había salvado la vida para agradecerle ni bien saliera de allí. –Es decir para agradecerle…- se explicó al notar la mirada prejuiciosa de la enfermera.

-Oh, claro que si, cielo- dijo acercándose a ella poniéndole el termómetro en la boca. –Es el mismo que ha estado a tu lado todo este tiempo hace unos días. Un encanto de hombre; un moreno realmente irresistible… Es una pena que se haya ido…- comenzó y Emma sintió como el alma le caía a los pies, sin dejar de sentir una punzada de celos en su interior por las palabras de la enfermera unos años mayor que ella. Derek le había salvado la vida, no solo rescatándola sino donándole sangre, su sangre, para que no muriera.

-¿Ha estado aquí?- pregunto Emma cuando le quito el termómetro de los labios y la enfermera asintió sonriente y con un brillo particular en sus ojos.

-Cada dia desde que llego aquí contigo, hace unas semanas. No quería despegarse de tu lado. Debíamos obligarlo a dormir e insistió en hacerlo aquí, a tu lado en el sillón- dijo señalando el incomodo asiento cerca a la ventana. –Es una pena que se haya ido antes de que despertaras. Debo decirte niña, ese hombre te ama. Tienes un valioso protector a tu lado- dijo riendo entre dientes y observando las mejillas de la joven arder intensamente, claramente sorprendida por las palabras de su interlocutora. –Hace unos días sus compañeros estuvieron aquí y te trajeron flores y ropa para cuando despertaras- dijo señalándole la mesa donde descansaban dos sendos floreros con ramos de alegres y coloridas flores, y la joven pensó inmediatamente en Rossi y Penélope, y sonrió ampliamente feliz. –Oh, y tu hombre te ha dejado esto- dijo tendiéndole sonriente una bolsa que contenía el anillo de su madre, la cadena de su padre y la pulsera de piedras que le había obsequiado su abuela y recordaba haber perdido cuando Jacob la secuestro.

-Gracias- se limito a decir la joven apesadumbrada, con la vista fija en la bolsa entre sus manos. ¿Por qué se había ido si le había dicho que no se iría de su lado? ¿Acaso no la quería? ¿Se había cansado de cuidarla todos los días? ¿Por qué?

A las pocas horas, habiéndola encontrado en perfecta condiciones, sana y descansada del todo, Emma se despidió de los médicos y enfermeras que habían cuidado de ella y viajo tan pronto como pudo a Portland para pasar unos días allí, pintar sus últimos cuadros y organizar su mudanza de manera inmediata y presurosa. Estaba decidido que se mudaría, ahora que era libre y podría viajar a donde quisiera, por todo el país si ella así lo deseaba, sin que nadie la siguiera o acechara.

La mudanza se organizo con rapidez y de manera ordenada ya que uno de sus amigos de Portland le debía ese favor y la joven decidió cobrárselo, y una semana antes de Navidad tenía casi todo dispuesto en su nueva casa, aunque sabía que no pasaría allí la Nochebuena. Tan pronto como estuvo listo y para estrenar su nuevo hogar, viajo a Nueva York para pasar la festividad con los niños. Así es como llego a la dirección que le habían dejado los agentes y respondía a la casa de la abuela de los niños, cargada de bolsas llenas de regalos y todo el cariño que ella podía brindarles. Pero así como llego, debió irse luego de pasar solamente una escasa hora con los niños, que rebosantes de alegría por verla bien luego de varias semanas, le contaron el infierno que vivían con su abuela. La misma mujer le dejo bien claro que no quería que se acercara a ellos, que no los viera más. Fue Meckai, cuando se acercó y la abrazo para despedirse, le susurro al oído que deseaban irse lejos con ella, que deseaban vivir con ella, que con su propia abuela. La situación pillo de sorpresa a Emma que decidió tomar al toro por las astas y hacerse cargo de lo que los niños le pedían, sabiendo que tenia edad suficiente para sobrellevar aquel asunto de la manera más madura y menos dolorosa posible para ellos. Así que, hizo los trámites debidos en Nueva York y regreso a su nueva locación de la que ya se sentía parte.