¿Por donde empezar? ¿Por que los finales tienen que ser tan tristes? Debo decir que esta es la nueva y ultima actualizacion de esta historia. He aqui el gran final! No voy a decir nada con respecto al capitulo, eso voy a dejarlo para que lo descubran ustedes :) Pero lo que si debo mencionar, como lo hago en todos los capitulo y porque ES y siempre sera muy importante para mi, es mi fiel lectora, Juli. Tal vez haya otros fieles lectores por alli, yo se que si XD, pero vos sos la que me hace llegar las criticas, la que me firma, la que ilumina mis dias y me da ese empujoncito que necesito. Si bien no es un fic de Reid, el hecho de que te haya gustado y te hayas enganchado, es mas que suficiente para mi. Me pone muy feliz que te guste, o te haya gustado (no se si hablar en presente o en pasado ya que es la ultima actualizacion XD) la historia y espero que te guste el final. Muchas gracias por bancarme con los tiempos, por gustarte los giros y ocurrencias de mi mente que termino plasmando en estas historias y por firmarme! :D

Y para aquellos fieles lectores que yo se que estan alli, pero son demasiado timidos y no se animan a firmar, primero debo decirles que se animen a firmar, que me hagan llegar su experiencia leyendo esto, sus criticas, sus emociones, sus opiniones hasta ahora no he matado a nadie XD por alguna Review (ademas de que no tengo muchas jaja). Bueno espero que puedan disfrutar del final, que les guste!

No tengo otra cosa que agradecer a los que la leyeron y me acompañaron es estos seis capitulos! Me ha encantado escribir esto y si bien no actualice de esto porque ya no habra nada que actualizar, definitivamente me veran con otras invensiones por estos pagos. Algo siempre tengo en mente!

Como ya saben en mi perfil de Polyvore esta el conjunto de Emma y con respecto a la banda sonora de este capitulo, paso ahora a decirles que los temas son: Eyes on fire de Blue Foundation; Somewhere only we know de Keane; Personal soldier de The Wanted; A thousand years de Christina Perry; y Never let me go de Florence + The Machine.

Espero que disfruten el final. Las reviews son bien recibidas a todo momento a toda hora y en cualquier lugar XD y ahora sin mas a leer! Nos estaremos viendo en la proxima historia! Fue un placer escribir para ustedes. No me extrañen, adios! :D


Chapter Six: Happily Ever After.

Cede de la BAU Quántico, Virginia; a dos días de Año Nuevo.

-¡Oh, por Dios, estas aquí! ¡Has viajado de Portland hacia aquí!- grito Penélope García, llamando la atención de sus compañeros que voltearon asustados, cuando observo la figura de Emma atravesar las puertas de vidrio de la oficina de la BAU, bien abrigada, con un bolso al hombro y una amplia sonrisa tatuada en el rostro pálido, y… sus cabellos aun negros. –¡Benditos sean los cielos que te protegieron, Emma Grant y hoy te traen de regreso!- dijo de un modo teatral arrojándose en los brazos de la joven que la abrazo con infinito cariño, sintiendo como si hubieran pasado siglos desde la última vez que se vieron. En la última semana se habían hecho muy amigas y Penélope era la única que alegraba sus días con sus llamadas telefónicas. Reid, Prentiss y JJ se pusieron de pie al unísono y se acercaron a la joven que los saludo con el mismo cariño.

-Aun tienes el cabello negro- señalo Prentiss, con curiosidad al notarlo, ya que la mayoría de las victimas preferían despegarse de todo lo que les provoco el trauma, aun así, si debían cortarse el cabello para no recordarlo. La joven sonrió mientras Penélope acariciaba un mechón sedoso y extremadamente lacio.

-Así es… bueno…, pensé que tal vez un cambio no estaba mal y decidí dejarlo así, un tiempo; cuando me canse de este color tal vez haga como tú y me tiña cada mes de un color distinto- dijo refiriéndose a García y todos rieron.

-Debo decirte que no te queda para nada mal- dijo JJ con una sonrisa amable y la joven sonrió ante el cumplido.

-Es bueno verte de regreso, Emma- dijo el joven doctor cuando pudo acercarse a ella, con una sonrisa luego de besarle la mejilla, tomando la mano de la joven que sonrió feliz de poder estar junto a ellos en una situación completamente distinta a la que la había llevado allí la primera vez.

-Es un alegría verte, Spencer. A todos ustedes; lamento no haber podido venir antes, pero debía resolver algunos problemas- dijo serena frunciendo levemente el ceño y los agentes sonrieron felices de verla bien. No paso desapercibido a Emma, el detalle de que faltaba alguien allí, tal vez el integrante más importante de aquel equipo para ella, pero intentando soportar el dolor y hacerse a la idea de tal vez no verlo nunca más, junto coraje y hablo nuevamente dirigiéndose a JJ. -¿Podría hablar con Rossi y Hotch, por favor?-, tras oír las palabras de bienvenida del equipo la rubia la llevo al despacho de Hotch en el que ambos agentes hablaban animadamente.

-Espero no interrumpir…- dijo tímidamente la joven al ingresar a la oficina mientras los hombres se ponían de pie, para recibirla sonrientes y tal vez aliviados de encontrarla bien luego de varias semanas.

-Es una grata sorpresa verte por aquí, Emma- dijo Hotch asombrado, seguido de Rossi que se acercó a la joven para abrazarla y luego darle dos sendos besos en las mejillas. -¿Ha sucedido algo?- pregunto preocupado, observando detenidamente a la joven que parecía en perfecto estado y que sonrió con ternura al notar cuanto se preocupaba por ella. No era habitual que las victimas que salvaban, luego de agradecerle en la escena del crimen, volvieran a la central sino corrían riesgo o estaban en problemas pero Emma había sido diferente desde un principio.

-No; esta todo en orden, señor- dijo con respeto y Rossi la invito a sentarse. –No, gracias David- dijo con más confianza al hombre que le sostenía la mano, realmente aliviado de que se encontrara frente a ellos, totalmente recuperada. –He venido a ver al equipo antes de comenzar un nuevo año, a agradecerles nuevamente y a entregarles sus regalos de Navidad- comento la joven sonriendo y buscando en su bolso los respectivos a los dos agentes.

-No era necesario que lo hicieras, Emma- dijo Hotch con suavidad, observándola fijamente y la joven descubrió dulzura en sus ojos habitualmente severos e intensos.

-Claro que lo es, al menos es así como lo siento yo- contesto con simpleza la joven tendiéndoles los delicados y pequeños paquetes, que ambos tomaron y la observaron fijamente. -¿Acaso se quedaran mirándome? Ábranlos, por favor- pidió amable y con una amplia sonrisa por la perplejidad de los hombres que obedecieron en silencio y estupefactos observaron lo que la joven le había obsequiado y tenían entre manos. –Es muy importante para mí que ustedes los conserven, porque me he detenido a pensar que ya nada me ata a mis padres, al menos nada material, solo tengo los buenos recuerdos de mis primeros y únicos diez años con ellos y debo aferrarme a eso. Han salvado mi vida dos veces y no sé de qué otra manera agradecérselo. Ustedes dos son muy importantes para mí, como lo es su equipo. Tienen suerte de tener a JJ, Emily, Spencer, Penélope y Derek, y de tenerse mutuamente- dijo sonriendo con dulzura señalando a los hombres que la oían solemnes. -Si el equipo anterior era fabuloso, este que tienen ahora, lo supera con creces. Ahora bien, lo que tú tienes David, le perteneció a mi padre- dijo y el aludido bajo la vista a lo que parecía una moneda, a modo de dije en una fina y larga cadena de plata. -Fue soldado del ejército, y en una misión por África unos rebeldes atentaron contra una aldea en Somalia y mi padre se encargo de liberarla; un somalí le entrego esta moneda por haberle salvado la vida a su familia ya que para mi padre no había nada más importante que la familia. Desde ese momento, la convirtió en su amuleto de la suerte y la llevaba a todos lados, creyendo que lo ayudaba. Era importante para él y quiero que ahora la tengas tú- dijo y él se acerco conmovido para besarle la mejilla a modo de agradecimiento luego de observar con fijeza el hermoso siervo que estaba grabado en la moneda somalí.

-Gracias, pequeña- se limito a decir, y la joven se dirigió a Hotch que la observo expectante.

-El anillo que usted tiene, señor- dijo con respeto porque era eso lo que el agente le inspiraba, además de un gran cariño. –Le perteneció a mi madre, era el escudo de su familia, la tradición decía que debían llevarlo las mujeres de la casa, pero como sabrá este nunca llego a mis manos; además, las mariposas representan el renacer a una nueva vida, guardando lo mejor del pasado en nuestro interior; hacer el luto y dejar partir el pasado con esa persona… Supe lo de Hayley, Hotch, y realmente lo siento. Pensar en que podía recuperar algún dia este anillo, me permitió seguir luchando y no olvidar nunca a mi madre, trayéndome finalmente la paz que estaba buscando, pudiendo finalmente hacer el luto por ellos, y quiero que tu lo tengas porque fue muy importante para mí, espero que te ayude a encontrar paz y equilibrio en tu vida- dijo la joven sonriendo con lagrimas en los ojos. –Quédense tranquilos que están pulidos y como nuevos. Los envié a la joyería especialmente con el pedido de que les quitaran todas las impurezas que podrían tener del robo, así que no hay de qué preocuparse por que le queden rastros de Jacob encima- explico con una sonrisa melancólica. -Si me lo permiten podría venir seguido a visitarlos, son lo más parecido a una familia que me queda, me han salvado la vida dos veces y no quiero perderlos- dijo la joven un tanto temerosa, luego de un silencio y Hotch se acercó sonriéndole amablemente y la envolvió en un tierno abrazo que la joven correspondió un tanto asombrada y con infinito cariño, recordando el dia hacia quince años en el que él la había tomado en brazos y abrazado confiándole que todo estaría bien. Recordó cuan segura y protegida se había sentido y en ese momento, ya siendo una mujer le produjo lo mismo. Cada uno a su modo, le recordaban lo que era tener un padre.

-No lo harás, siempre estaremos para ti, Emma- dijo Rossi con dulzura desde un costado, aferrando con fuerza entre sus manos, el collar.

-Gracias- respondió la joven emocionada, sonriendo feliz.

-Nos han notificado que te mudas a Virginia- dijo Hotch luego de un momento de cómodo silencio entre los tres, intentando sofocar la repentina alegría por tenerla cerca y la joven asintió alegre. .

-Así es. Por suerte los muchachos de la mudanza y los diseñadores, hicieron un trabajo excepcional y hace ya una semana y media que estoy viviendo aquí. Quería estar cerca de ustedes y decidí establecerme aquí en Virginia, que por cierto es hermoso; aunque la idea es que nadie lo sepa… por ahora- dijo observándolos de una manera intensa y ambos agentes asintieron cómplices.

-Quédate tranquila, nada saldrá de nuestros labios- sonrió Rossi amable y Hotch asintió. -Esperamos poder verte más seguido, entonces- dijo, observándola con picardía y ella asintió.

-¡Eso puedo prometerlo!- dijo alegre y se dispuso a tomar el bolso que estaba sobre un sillón para irse, pero Hotch la detuvo nuevamente tomándola con suavidad de la mano.

-Sabemos lo de Meckai y Sophie, y por lo que estas pasando por ello; sabes que tienes todo nuestro apoyo. Si necesitas ayuda, solo debes llamarnos, ¿de acuerdo?- dijo con tono sobre protector y mirada seria y oscura, como si se tratara de su padre y la joven, asombrada, se sintió cómoda con aquella actitud ya que era de la única manera que Hotch demostraba su cariño y decidió apretarle suavemente la mano para indicarle que el mensaje había sido recibido.

-Lo sé y se los agradezco. Les hare saber dentro de unos días como va todo- dijo colgándose el bolso al hombro y los hombres le sonrieron amablemente. –Muchas gracias por todo, nuevamente. Ehmm, ahora debo bajar para entregarles los obsequios al resto del equipo- dijo un tanto torpe por el nerviosismo, sin poder quitarse de la cabeza la ausencia de Derek, y tras abrazar nuevamente a Hotch y Rossi que le agradecieron el presente de Navidad, salió de allí.

-No ha mencionado a Morgan ni una sola vez- dijo Hotch extrañado, volteando para observar a Rossi que tomaba asiento, cruzándose de piernas pero aun tenia la vista puesta, a través de la ventana, en la silueta de la joven que se reunía nuevamente con el resto del equipo.

-Eso no significa que no lo esté buscando, Aaron- dijo el aludido, sabiamente ya que su compañero noto como la joven al bajar las escaleras hacia un escaneo de la gran oficina, sin éxito ya que no lo encontraría allí y su mirada se entristecía. -¿Crees que podríamos haberle dicho algo acerca de él?- pregunto el jefe sintiéndose un poco culpable ya que el intenso vinculo que se había formado entre ambos, era algo nunca antes visto en su carrera entre un agente y una víctima, y al supervisor le producía culpa haberlo roto tan abruptamente al obligar a Morgan a irse de su lado.

-No lo sé; me siento extraño sin habérselo dicho, pero también sé que a García se le escapara de sus labios en cualquier momento y si así lo hace, no podrá hacer nada ya que aún le quedan horas para estar completamente libre de culpa y cargo- comento Rossi con una media sonrisa. -Además él no hubiera querido que Emma lo supiera, no si no era capaz de verla y explicárselo todo en persona- dijo sabiamente y ambos asintieron dando por cerrada la conversación.

-¿Los has visto? ¿Acaso hizo lo que creo que hizo?- chillo Penélope desde abajo, dando saltitos como si fuera una niña, al ver a Emma abrazar a Hotch y Rossi. Los otros tres agentes tenían la vista fija en la ventana, intentando analizar la situación y ninguno se decidía acerca de que podría estar sucediendo allí dentro. La negativa mente de Reid, sopesaba con razonamientos matemáticos y estadísticas, la posibilidad de que se volviera a Portland; la de JJ consideraba que tal vez su jefe le había dado un puesto de trabajo ya que la joven era capaz de ayudarlos con su carrera en Literatura Universal y su perspicaz y aguda mente, y la de Prentiss sopeso la posibilidad de que estuviera preguntando por Morgan ya que se la había visto tensa y nerviosa al ingresar a la central y no encontrarlo allí. -¿Se estará despidiendo? ¿Esto es acaso una despedida? ¿Volverá a Portland?- dijo atropelladamente la analista en sistemas y Reid bufo desanimado ya que compartían la misma idea. JJ noto el desconsuelo en sus amigos y observo a Emily que se limito a encogerse de hombros, sin saber que contestar.

-Si ella decide volver a Portland, no habrá nada que podamos hacer Penélope; es donde ella perteneció los últimos cinco años, tal vez se sienta cómoda allí; tal vez ya tenga una vida allí- dijo la rubia con dulzura, pero la analista de rojos cabellos y el joven doctor se rehusaban a verla partir al otro lado del país, sin poder verla al menos una vez por semana.

-Pero ahora es libre… puede hacer lo que quiera, puede viajar. A ella siempre le gusto viajar- dijo Reid como un niño pequeño al que confunden con cualquier tontería y luego se siente decepcionado.

-¡Exacto! ¿Una vida allí? Pero, ¿qué hay de nosotros?- chillo García desconforme.

-Allí viene- alerto Prentiss en un susurro al ver a la joven bajar las escaleras y dirigirse a ellos con una sonrisa amable. Todos giraron para observarla y ella comenzó a hablar luego de consultar su reloj.

-Mi vuelo sale en una hora, pero antes de despedirme, debo entregarles sus obsequios de Navidad- dijo alegre, sintiendo una leve nostalgia en el fondo por tener que irse tan pronto y sin haber visto a Derek, pero intento disimularlo y disfrutar hasta el último momento. García y Reid se observaron entre ellos, felices y expectantes como dos niños pequeños y JJ y Prentiss sonrieron amables y agradecidas por el detalle.

Como Emma no podía hacer fuerza sin que le doliera aun la herida, un joven agente le acerco una gran bolsa donde tenía los paquetes rectangulares y delgados que repartió a los agentes, que no dudaron en abrirlos rápidamente. Todos rieron emocionados al encontrarse pintados ellos mismos en los lienzos desde la perspectiva de la autora, claramente, y es por eso que Emily tenía unos ojos oscuros, brillantes y con largas y arqueadas pestañas; el cabello de JJ era largo y dorado como los rayos del sol y con ojos grandes y cristalinos de color azul; Reid tenía enmarañados los cabellos, unas ojeras color malva como las de Emma, que aunque descansara todo lo que tenía que descansar no se irían nunca de su rostro, y sus particulares labios en forma de corazón destacaban en la pintura, sin mencionar sus redondos y hermosos ojos del color del caramelo; en cuanto a Penélope, su dibujo era el más hermoso de todos ya que Emma reconoció haberse divertido mucho pintándolo y poniéndole un cariño inmenso a cada pincelada. Allí, la joven técnica aparecía con un peinado estrafalario, sus rojos cabellos brillaban intensos y tenía todo tipo de colores en su atuendo, esto incluía la combinación con su maquillaje, los anteojos y los accesorios que llevaba encima la pintura. Todos estuvieron de acuerdo que si lo ponían a unos metros de distancia, sin que se viera que era el retrato de la técnica, parecería un arco iris.

-Espero que no lo tomen a mal, los hice en la última semana que pase en Portland y claramente es así como los veo- dijo Emma riendo un tanto avergonzada y no obtuvo una respuesta inmediata de sus amigos ya que todos y cada uno de los cuatro estaba embelesado observando su retrato. Penélope, emocionada con lágrimas en los ojos se arrojo a sus brazos. –Oh, no llores- pidió la joven que la rodeo suavemente, riendo con ternura enmascarando la mueca de dolor ya que la herida tiraba en su piel.

-Esto es hermoso, Emma. ¡Es lo más hermoso que me han regalado hasta ahora! Realmente tienes un don para esto. Por cierto, yo también tengo tu obsequio de Navidad en mi oficina- dijo apartándose de ella y luego de que sus compañeros le agradecieron y se despidieron de ella, García la arrastro hacia su guarida tomándola de la mano.

-Enserio no debiste molestarte- dijo Emma cuando su amiga le tendió la gran y rectangular caja, en el silencio de su oficina.

-¡Vamos ábrelo y no te hagas rogar!- dijo con una amplia sonrisa y la joven obedeció, quedando estupefacta con el contenido. –Se que no te gustaban, pero pensé que como todo ya había terminado y habías conservado el cabello negro, te animarías a usar uno si yo te lo regalaba…- dijo con picardía entrecerrando los ojos mientras se abría paso, lentamente en el rostro de Emma, una amplia sonrisa.

-Por Dios… esto… esto es…- balbuceo, atónita sin poder articular palabra. –¡Es hermoso, Penélope!- dijo observando el corto y seductor vestido que tenía en sus manos, junto a un hermoso y alto par de zapatos.

-¡Sabia que te encantaría! Cuando lo vi supe que era para ti, así como también supe que mañana iras a una fiesta para recibir el nuevo año, así que pensé… ira a la fiesta y no debe saber con qué vestirse… y luego vi este vestido que era divino para ti… y me dije… ¡Regalo de Navidad!- rio seguida de la joven que de a poco se iba acostumbrando a sus locuras y que la abrazo feliz.

Aunque llegaría tarde para tomar el vuelo, decidió sentarse a tomar un café con su amiga en su oficina, mientras hablaron de todo y de nada. Emma debía preguntarle por Derek, pero no sabía cómo hacerlo para no demostrar cuan desesperada estaba y como Penélope noto el nerviosismo y la contradicción en su joven amiga, decidió como era habitual en ella por su naturaleza alegre y extrovertida, encarar el asunto ella misma, pero la pillo desprevenida el horario ya que Emma debía irse cuanto antes.

-¿Podrías entregarle esto a Derek cuando lo encuentres?- le pidió a la de rojos cabellos tendiéndole una caja cuadrada y pequeña de color verde con un hermoso moño en un extremo; su amiga la tomo de la muñeca antes de que la joven se fuera y la traspaso con una mirada preocupada.

-Él te quiere, Emma- dijo de repente y la aludida se detuvo en seco y la observo fijamente. –Realmente le importas, pero no es lo que tú crees. Ha tenido que irse en contra de su voluntad- explico pero algo en el pecho de la joven dolió.

-Me prometió que estaría a mi lado cuando despertara y no estuvo allí cuando lo hice- contesto abatida, con mirada triste. –Por favor, entrégale eso, dile que es mi regalo de Navidad. Adiós- y tras darle un beso en la mejilla a su amiga, desapareció de allí para no perder el vuelo…

-¿Cómo es eso de que nos hemos visto ayer y no me has dicho nada de que te has mudado a Virginia, que ya estabas conviviendo en tu nueva casa hacia una semana y que estas en estos momentos en Nueva York?- dijo García alterada al oído de Emma, a través del celular aquella mañana. La analista parecía entre molesta y emocionada por la gran noticia.

-Porque se supone que era un secreto entre Rossi, Hotch y yo. ¡Nadie más debía enterarse!- contesto la joven poniendo los ojos en blanco mientras avanzaba por las colmadas y nevadas calles de Nueva York.

-Bueno, pues no pudieron resistirse a mis trucos y engaños y terminaron por decirme la verdad. No hizo falta más, ya que te busque vía satélite y aquí te he encontrado. Por si no recuerdas tu celular tiene aun el GPS del FBI- dijo con malicia, riendo entre dientes y Emma puso los ojos en blanco al recordar ese pequeño detalle imaginando la expresión triunfal de su amiga. –¿Qué haces en Nueva York?- inquirió con curiosidad.

-He venido porque hay unas ofertas grandiosas en mueblería que me hace falta para la casa aunque ya están todas mis cosas allí, y estaba buscándole algunos regalos a Meckai y a Sophie, antes de volver a Virginia, lo cual tengo que hacer hoy mismo- informo la joven con urgencia y Penélope oyó el ruido que hacían los transeúntes y las bocinas de los autos en el superpoblado Manhattan, sin mencionar los gritos, las risas de los transeúntes y los villancicos que resonaban de los distintos locales.

-Oh, de eso debemos hablar... Sucedió algo con los niños- dijo con voz de funeral, provocando que la joven se detuviera en seco en medio de la marea de gente que recorría la acera.

-No me asustes Penélope- advirtió un tanto asustada, pensando que tal vez le había ocurrido algo a los niños o que el futuro juicio que debía afrontar con la abuela se había complicado. -¿Penélope?- pregunto desesperada ante el súbito silencio de su amiga, del otro lado.

-Bueno, es que están en un hogar de transito allí, en Nueva York- dijo de repente, como si la rapidez quitara el impacto inicial que Emma sintió al oír sus palabras.

-¿Qué? ¿Por qué?! ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo que en un hogar de transito? Se supone que estarían en casa de su abuela hasta el juicio y allí se decidiría todo- pregunto atónita, intentando calmarse, aguardando una respuesta de su amiga.

-He llamado de tu parte a la asistente social y a los psicólogos que los han tratado luego del secuestro y les dije que tuvieran un ojo sobre su abuela ya que era una vieja arpía y cuando la asistente social fue a verlos, decidió que estarían mejor en un hogar de transito que bajo la custodia de su abuela, aguardando a padres adoptivos ya que el trato que recibían de la mujer era indigno- comento rápidamente y Emma se llevo una mano a la boca, sopesando las probabilidades a favor de ella. –No te preocupes- dijo enseguida la técnica, como si pudiera verle las facciones del rostro. –¡Le he dejado también tu solicitud de adopción, que viene junto con la tenencia por supuesto, y me ha dicho que eres la primera en la lista de espera, que le dará privilegio a los niños ya que al conocerte, eres la candidata perfecta para ser su madre!- chillo llena de emoción y Emma no supo cómo reaccionar. No sabía si gritar feliz, o llorar de la emoción o saltar en una pata.

-¡Oh, por Dios! ¡Cielo Santo! ¡No puedo creerlo!- chillo Emma emocionada y varias personas voltearon para observarla en medio de la acera.

-¡Así es! Dice que comenzara el papeleo cuanto antes, aunque llevara unos meses hasta confirmarlo y tener todo listo para el traslado, pero lo bueno es que no tendrás que afrontar el juicio con el que te había amenazado su abuela ya que están desligados de ella y eres la favorita para la tarea. ¡Felicitaciones futura mama!- dijo emocionada Penélope y le daba la impresión a Emma de que no podía ser más feliz. Finalmente todo marchaba sobre ruedas, retomando el ritmo habitual.

-Todos dicen que eres la mejor, Penélope…- dijo la joven divertida y se sintió un silencio expectante del otro lado.

-¿Y tú qué crees?- pregunto con curiosidad, aguardando la respuesta.

-Que eres un ángel, mujer. ¡Mi ángel guardián!- dijo Emma feliz y del otro lado se sintieron unos leves sollozos.

-¡Tú también eres muy especial para mí, Emma!- dijo emocionada y mientras la joven retomaba su camino con la esperanza de convertirse en mama, continuaron hablando acerca de la fiesta a la que asistiría y del vestido que le había regalado, y de los zapatos hasta que debieron colgar ya que Emma regresaba al hotel para preparar todo y viajar esa misma tarde.

Aún faltaban algunas horas para la fiesta de esa noche, por lo que se limito a merendar en bata mientras hacía zapping, aunque no estuviera viendo nada realmente, solo quería sentirse acompañada con el sonido y los colores del televisor. Con la vista fija en un anotador, Emma hacia los bosquejos de las futuras habitaciones de los niños, que ya había comenzado a diseñar. Ella, sí ella, mama. Era increíble, de tan solo pensarlo le provocaba un nudo en la garganta saber que vivirían con ella, que sería su madre a partir de la adopción, así que de esa emoción tomaba la inspiración necesaria para diseñar las habitaciones, escoger los colores, los adornos, ya que lugar en aquella gran casa, le sobraba. De hecho, cuando la compro, no pensó que era tan grande al tener su estudio de arte y el living, y la cocina con medidas cómodas, ya que toda su vida había vivido en apartamentos pequeños, pero al estar viviendo esa semana y media sola allí, los espacios se le habían hecho inmensos. Pero pronto estarían ocupados con dibujos y pinturas, colores, imanes coloridos para la heladera, móviles, gritos, risas y juguetes… De tan solo pensarlo, a Emma se le erizaba la piel y una gran sonrisa aparecía en su rostro. Un mes atrás jamás hubiera pensado que todo eso se desarrollaría tan pronto, y allí estaba, a punto de ser madre, diseñando las habitaciones de sus futuros hijos y aguardando para la fiesta de Año Nuevo. Simplemente no podía borrar la sonrisa de su rostro mientras pensaba en ello, aunque había otro tema no tan grato que sentía que aun tenía pendiente. Un tema llamado Derek. Aun no podía explicarse por qué no lo había encontrado al despertar, ¿qué cosa tan importante había debido hacer para no estar allí, junto a ella? Sentía que algo le faltaba y definitivamente era él. No estaba segura de saber qué era, pero sentía algo por él, eso estaba claro. No podía hablar de amor, si hacia alrededor de una semana había salido de una experiencia traumática, pero esa relación de dependencia, de sentirse segura y a salvo con él; de saber que todo estaba bien si estaba a su lado, si él la miraba y le sonreía, sentirlo cerca, poder oler su aroma masculino, oír su grave voz, no sabía si estaba bien todo aquello o si sería fácil, pero estaba segurísima de quererlo en su vida, sentía que lo necesitaba. De tener siempre esa relación de dependencia, como si Derek fuera una droga y ella se hubiera convertido en una adicta. De sentir que lo conocía de toda la vida y que estaba enamorándose de él, que él realmente la entendía, porque era eso lo que sentía Emma en los últimos días, antes de su secuestro, cuando cenaban juntos o veían películas acurrucados en el sillón, o cuando la abrazo antes de que Jacob la arrancara de sus brazos…

-Aun no puedo creer que me hayas cancelado, pero si se trata de la familia, quedas perdonada- comento Emma divertida mientras se calzaba los zapatos en medio de la habitación.

-¿Puedes creerlo? Han caído del cielo. ¡Solo Dios sabe de dónde vienen!- contesto Penélope García desde la cama al otro lado del celular y le dolió en el alma tener que mentirle a su amiga que no percibió cuanto le estaba costando inventar aquella historia ya que solo estaban hablando por teléfono, aunque quedaba completamente justificada. O al menos eso creía ella.

-Bien, acabo de ponerme los zapatos y con eso el "look", queda finalizado y completo- comento la joven con entusiasmo observándose una última vez al espejo para chequear el maquillaje, el cabello lacio y sedoso recogido en un delicado rodete y salir presurosa ya que se hacía tarde.

-¡Envíame una foto! ¡Seguro luces como una diosa!- comento emocionada su amiga y Emma obedeció para luego oír los gritos histéricos de Penélope del otro lado de le decían lo hermosa que estaba.

-Y todo gracias a ti, cariño- comento la joven tomando el celular y apagando la luz de la habitación, dirigiéndose al comedor.

-¡Bah, no digas eso! ¡Eres hermosa Emma y hoy brillas como una estrella!- alago su amiga y la aludida sonrió con ternura.

-¡Tú también pásala lindo!- deseo tomando el abrigo, y estaba a punto de ponérselo cuando resonó el timbre por toda la casa, produciendo un silencio entre las amigas que reían a carcajadas.

-¡Oh eso debe ser mi regalo de Navidad!- exclamo Penélope entusiasmada y Emma observo el celular perpleja, sin comprender.

-Creí que tu regalo de Navidad eran el vestido y los zapatos que llevo puestos a la fiesta, a la cual llego tarde, por cierto- comento con un nudo en el estomago.

-Bueno sí, la primera parte del regalo, esta es la que faltaba. Como yo no puedo ir a la fiesta, he contratado un acompañante… para ti. Es simplemente perfecto, yo se que te gustara- dijo con picardía la analista del otro lado y Emma puso los ojos en blanco, sin poder creer hasta donde era capaz de llegar su amiga.

-¡Penélope! ¿Cuántas veces debo decirte que estoy bien sola?! ¡Que no necesito que hagas de Celestina!- comento susurrando para que del otro lado de la puerta no la oigan.

-¡La la la la la la la la, no te oigo soy de palo! ¡Ohh, créeme que esta compañía te hará bien, cielo!- dijo riendo entre dientes y Emma sintió como un rubor subía a sus mejillas. –¡Ahora ábrele antes que se congele! ¡Yo ya debo irme! ¡Feliz Año Nuevo lindura, nos estaremos viendo en estos días!- y sin más corto, dejando a Emma sola en medio del comedor. El timbre sonó una vez más, difícil de ignorar y la joven se encamino a la puerta dispuesta a declinar la propuesta de su amiga. Tomo el pomo de la puerta, con todo el discurso en su cabeza, pensando que lograría convencer al acompañante que su amiga había contratado, de que ella podía apañárselas sola, que estaría bien, que le agradecía el gesto pero no sería necesario, que sentía hacerlo perder el tiempo, y abrió la puerta despegando los labios, dispuesta a hablar, pero se topo con algo a la altura de sus ojos que la dejo sin palabras. Algo que ella conocía muy bien, circular, con cuentas de piedras semi-preciosas y que tenía claro que se lo había obsequiado a alguien. Su vista recorrió la pulsera y luego mas allá, la mano que sostenía la pulsera, y luego el propietario de esa mano, hasta posar sus ojos en unos oscuros y brillantes que le devolvían la mirada con fijeza.

-¡Derek! ¿Qué haces aquí?- pregunto tensando su cuerpo, desconcertada de verlo en el umbral de la puerta observándola con intensidad, vistiendo un hermoso traje negro con camisa azul la cual tenía los primeros dos botones desabrochados haciéndolo lucir más sensual. Trago en seco intentando aminorar el galope de su corazón por la sorpresa aunque sabía que sería imposible, y carraspeo al notar el nudo en su garganta al verlo tan sensual como siempre. Fuera del porche había comenzado a nevar.

-Penélope me dijo que te habías mudado. Que vives en Virginia ahora- dijo bajando lentamente la mano que sostenía la pulsera y Emma noto tristeza en su voz. ¿Penélope? Claro, quien más sino ella debía estar tan involucrada e interesada en conseguirle "ese" acompañante para la fiesta. Debía recordar matarla la próxima vez que la vería. -¿Por qué no me lo dijiste? Podría haberte ayudado con la mudanza- comento en un susurro, y al notar la mirada intensa y desconcertada que Emma le lanzo, bajo la vista afectado. "¿Es enserio? ¿Ahora debo rendirte cuentas porque no te he llamado todo este tiempo y has sido tú el que ha huido de mi lado?", pensó repentinamente la joven aun observándolo, decidiendo que sería mejor encarar la conversación por otro lado. Parecía contrariado, como si estuviera irritado y confuso al mismo tiempo, como si no supiera cómo reaccionar ante la visión de esa diosa de cabellos negros y vestido que tenia frente a sus ojos.

-La idea era que nadie lo supiera. Ehmm, yo… solo… Solo se lo dije a Rossi y Hotch… ellos debían saberlo… y bueno, Penélope… lo supo… no sé cómo lo supo, pero lo supo. Supongo que es así como consigue siempre lo que quiere-se limito a contestar ella nerviosa, con una sonrisa debido al comentario acerca de su amiga y como noto que el comentario le dolió, intento enmendarlo. –Sería una sorpresa para cuando me asentara mejor aquí. Pensé que sería una buena idea invitar al equipo a cenar, aquí conmigo- se explico evadiendo la mirada oscura e intensa del moreno que se había posado nuevamente en ella. Dios porque debía estar tan nerviosa, no era un juez y mucho menos la policía, era simplemente Derek. Pero era eso, era simplemente Derek lo que la ponía tan nerviosa; Derek y todo lo que sentía por él, el agradecimiento por haberle salvado la vida, los interrogantes por haberse ido antes de que despertara, el cariño infinito que sentía hacia él. ¿Cariño o amor? ¿Acaso era cierto que estaba enamorándose de él? Volvió a carraspear como si eso ahuyentara los pensamientos que rondaban su cabeza y debió cambiar el peso de pie ya que sentía que estaba por desmayarse. El moreno la observo entre irritado y asombrado de encontrarla tan nerviosa con su presencia.

-¿Por qué no me dijiste nada, Emma?- insistió dolido, con voz suave sabiendo que se tenían confianza y sabía cuanto presionarla para obtener una respuesta, atravesándola con la mirada y ella se sintió desfallecer allí mismo. Hacia unas semanas que no oía su voz, ni tampoco su voz llamándola, pronunciando su nombre como solo él podía hacerlo, con una calidez acogedora y dulzura infinita.

Se produjo un silencio incomodo entre los dos, en el cual se observaron intensamente, recuperando las horas perdidas en la última semana sin decir palabra alguna, solo reconociéndose.

-¿Cómo están las heridas de las manos?- pregunto intentando hablar de un tema menos incomodo, y ella lo observo nuevamente con intensidad, quitándole el aire que le quedaba luego de haberla visto usando vestido.

-Bien, ehmm… cicatrizaron bien y la herida de bala también aunque molesta un poco más… ehmm… por el lugar. Aun no puedo hacer esfuerzos y debo moverme con cuidado, sin rapidez, ni mencionar que no puedo tomar nada de estanterías que están mas allá de mi cabeza- comento sonriendo a medias y él la imito. Le resulto extraño contarle a él esas cosas, pero a la vez aliviada de que sean trivialidades, nada profundo. –¿Tus heridas? Es decir, los golpes. Recuerdo haberte visto unos golpes en el rostro. Tenias… el labio partido y te sangraba la ceja…- dijo perdida en sus recuerdos ya que aun eran muy difusos y él asintió comprendiendo.

-Sí, están bien- dijo inquieto, carcomido por la curiosidad de verla tan diferente, aunque claramente al hablarle seguía siendo su Emma. –Has dejado tus cabellos de color negro… es… ehmm… un tanto extraño- dijo acercándose rápidamente y tomo un mechón entre sus dedos, no sin que ella se tensara violentamente, a lo que él respondió alejándose nuevamente. –Y llevas puesto un vestido…- dijo sonriente, orgulloso de que se sintiera mejor y quisiera matar sus demonios, que antes tanto la habían atormentado.

-Si bueno, es que… Penélope me lo regalo para Navidad y decidí que era buen momento para comenzar de nuevo- dijo sonriendo con timidez, desviando la vista hacia un costado avergonzada y claramente nerviosa con su presencia allí.

Se abrió paso entre ellos un nuevo silencio incomodo, que podía cortarse incluso con algo desafilado, en el que se observaron como antes no habían podido hacerlo ya que ella era víctima en un caso y él un agente haciendo su trabajo, por lo que Emma decidió que ya era suficiente; que el peso de la mirada de Derek era demasiado contra la dorada y brillante de ella que nuevamente lo dejaron sin aliento, y que ya no podía mantener su entereza sin preocuparse por él como había aparentado toda la semana, sin hacerle preguntas.

-Te fuiste- se limito a decir seria rompiendo finalmente el silencio, dejando entrever el dolor y la tristeza en sus ojos cuando lo observaron intensos y fijos, con mezcla de rencor y preocupación. Derek la observo desconcertado y confuso por el comentario que lo pillo con la guardia baja. –No estabas allí cuando desperté. No te encontré a mi lado, no sabía dónde estabas, qué te había sucedido- comento atropelladamente, asustada y él se limito a sonreír con ternura, comprendiéndolo todo, subiendo el último escalón del porche que faltaba para acercarse nuevamente a escasos centímetros de ella que no había notado cuan cerca estaban el uno del otro ya que seguía hablando preocupada: -No estabas, y la enfermera luego me dijo que te habías ido y que me habías donado sangre ya que estuve a punto de morir y que habías cuidado de mi y… Nadie me dijo nada… yo no… y…- debió interrumpirse ya que sintió los cálidos y esponjosos labios del moreno sobre los suyos mientras le tomaba con delicadeza el rostro entre sus manos y le acariciaba con los pulgares las pálidas mejillas que se tiñeron en cuestión de segundos de un rojo intenso. Emma sintió como si una mano invisible le estrujara el estomago, provocándole un intenso cosquilleo en el vientre, mientras cerraba los ojos concentrada en los labios del moreno que rozaban los suyos con cariño, devoción y delicadeza, como si ella corriera riesgo de romperse. Fue un beso casto y puro, solo piel contra piel, pero suficiente para desorganizar los pensamientos de la joven que abrió los ojos buscando los de él a escasos centímetros cuando se separo de ella y le sonrió ampliamente quitándole el aire, dejándole un cosquilleo en los labios debido a la electricidad que recorrió luego, lentamente su cuerpo. La joven, embelesada, como si se tratase de un sueño, alzo la mano y le acaricio con suavidad el rostro, como si intentara cerciorarse de que estuviera allí, frente a ella y que haya hecho lo que hizo, porque había sido fabuloso, dejándola con ganas de más; quería seguir probando esos labios dulces y tibios.

-¡Dios, eres hermoso!- dijo ensimismada más para sí que para él como si no pudiera creer que aquel adonis de chocolate la haya besado y él, que la oyó perfectamente, rio entre dientes decidido a explicarle todo.

-Me suspendieron, Emma- dijo de repente aun cerca de ella que intentaba concentrarse aunque le era casi imposible con su boca hablándole tan cerca, pero al oírlo se distancio unos centímetros para observarlo mejor.

-¿Qué?- dijo de repente desconcertada, observándolo con el ceño levemente fruncido mientras él le tomaba las manos.

-Hotch había pensado en hacerlo cuando te secuestraron ya que se había tornado demasiado personal para mí, pero le pedí que me dejara encontrarte ya que había sido mi culpa, y que cuando lo hiciera podría suspenderme el tiempo que quisiera… y finalmente lo hizo, días antes de que despertaras; por eso no pudimos encontrarnos cuando fuiste a la central. Estuve a tu lado en todo momento en el hospital, pero dos agentes vinieron a buscarme y no pudo oponer resistencia, debía hacerlo aunque me doliera en el alma tener que alejarme de ti- explico traspasándola con una mirada culpable, prestando atención a la reacción de la joven que lo observo atónita. "¿Se había tornado muy personal para él? ¿Acaso significaba lo que ella creía que significaba?".

-¡Oh, Derek! Lo siento tanto, yo no…- comenzó apenada negando con la cabeza mientras extendía el brazo y apoyaba una mano en su pecho, a lo que el sonrió relajado acariciándole la mejilla, para tranquilizarla.

-No tenias porque saberlo, Emma. Esta todo bien. Lamento no haber estado allí, te lo había prometido, pero debía irme…- dijo con dulzura y ella lo observo aun incomoda por pensar lo peor de él.

-¡Pero nadie me dijo nada sobre ti! ¡Ni siquiera Penélope! Estuvo evadiendo mis preguntas, yo no…- continuo contrariada y Morgan negó con la cabeza, serio.

-No quería que te lo dijeran. Temía que te echaras la culpa de todo y ya habías pasado por suficiente como para que te culpes de mi suspensión- dijo alejando sus manos de ella que mantuvo la suya en el pecho de él, observándolo fijamente. –Era algo que yo solo me había buscado, tú no tenías nada que ver, no quería que te culparas por eso también-.

-Me preocupe, pensé que te había sucedido algo- insistió y el asintió. –Dios me siento como una idiota por pensar lo peor de ti- sonrió avergonzada arrojándose a sus brazos para rodearlo en un abrazo desesperado que el correspondió con cariño. –¡Te extrañe tanto!- le dijo al oído y ambos sintieron como la electricidad recorría sus cuerpos ante el contacto del otro.

-Lo sé, se que te has preocupado y lo siento- dijo tomándola de la cintura cuando se separaron del abrazo. -Penélope me lo dijo cuando me dio tu obsequio, que por cierto…- dijo tomándole con delicadeza la mano para colocar la pulsera alrededor de su muñeca. –Quiero que la conserves- finalizo con ojos brillantes alzando la vista a la de ella, que no comprendió.

-Fue un obsequio Derek, no quiero que lo devuelvas- dijo entre atónita y asombrada ya que nunca pensó que la tendría de vuelta con ella.

-No lo estoy devolviendo. Estoy asegurándome de mantenerlo a mi lado- dijo y una sonrisa curvo sus labios hacia arriba mientras se acercaba a ella nuevamente que le lanzo una mirada de "¿Es una broma?", mientras enarcaba una ceja y se abría paso una sonrisa en las comisuras de sus labios.

-¿Qué hubieses hecho si te hubiera dado mi nombre en el Café aquella mañana?- atajo antes de que él estuviera lo suficientemente cerca como para desconcentrarla y perder el hilo de sus pensamientos. Derek la observo divertido ya que era la segunda vez que la joven saltaba con un interrogante como aquel, pero dispuesto a acostumbrarse ya que era algo natural en ella. De hecho lo comprendía; entendía perfectamente que ella sintiera miedo e inseguridad de aquello, de ambos, porque él también los sentía por comenzar algo con ella, pero estaba decidido a hacerlo.

-Le hubiera pedido a García que te encontrara bajo cualquier medio y circunstancia, a través de tu nombre, o de tu seguro social o la dirección de tu casa… y si sabía algo de ti, si ella realmente lograba encontrarte, lo que no dudo ya que es muy buena en lo que hace, me hubiese aparecido en todos y cada uno de los lugares que frecuentabas para que pareciera una "coincidencia", una obra del destino que nos encontráramos y poder invitarte un café, para hablar y conocerte. Eso obviamente antes de saber que vivías en Portland. Pero aun así, hubiera viajado allí, hubiera puesto miles de excusas razonables para poder conquistarte, atraerte hacia mi- contesto rápidamente sin dudar en absoluto por la posible reacción de la joven a la respuesta, que por cierto logro hacerla sonreír incrédula, mientras su corazón se aceleraba frenético ante las palabras del moreno. –Se que suena un tanto extremo y totalmente acosador proviniendo de un agente federal, experto en perfiles de conducta, pero me gustas desde el momento que te vi Emma. Eres hermosa, una mujer única; destacabas entre las demás y es por eso que me volviste loco desde el principio, desde que dejaste caer tus libros sobre mis pies y te rehusaste a darme tu nombre, desde que te vi a los ojos- sonrió ampliamente contagiando a la joven que lo observaba con ojos desorbitados, pensando que claramente estaba delirando, que no era otra cosa que una alucinación, producto de su imaginación por extrañarlo, por querer tenerlo cerca. –Y como aun no me crees, tengo algo para ti…- dijo buscando algo en el bolsillo de su campera y cuando lo encontró se lo tendió a la joven que lo tomo entre sus manos. Emma observo que no se trataba más que de un papel doblado por la mitad que recitaba: "I really need you and I hope you understand just how much."

-¿Qué es esto?- pregunto con curiosidad, con ojos intensos y brillándole de la emoción de saber que significaba algo para él. Algo más que una simple victima en un caso como todos los demás.

-Bueno, había pensado que si llegaba demasiado tarde y ya habías partido hacia la fiesta, era mejor que supieras cuán importante eres para mí y que no quiero pasar ni un minuto más de mi vida lejos de ti. Pensaba dejártelo con la pulsera lo cual, ahora que lo pienso, hubiera quedado como un cobarde, aunque hubiera aparecido a primera hora de la mañana con un café bien caliente, dispuesto a contarte todo- comento con esa voz grave, tan sensual en él y con tanta confianza que Emma alzo la vista y lo observo sonriendo. –¿Tu me hubieras dejado entrar? ¿Hubieras tomado ese café conmigo, aquí en tu casa?- pregunto con mezcla de seriedad y picardía en sus oscuros ojos y Emma sonrió ampliamente, asintiendo.

-Claro que sí. Tú también eres importante para mí, Derek- se limito a decir ella sonriéndole ampliamente a lo que él respondió acercándose aun más, mientras se producía un cómodo silencio entre ambos que lo ocuparon observándose intensamente.

-No quisiera retrasarte, tienes una fiesta a la que asistir, sola o con la compañía que tu amiga escogió para ti- dijo con una sonrisa seductora, rodeando lentamente la cintura de la joven que alzo sus brazos y los poso en los hombros del moreno que acerco su rostro al de ella sonriente. Ya no se sentía sola, ya no dolía la cicatriz de la bala en su cuerpo, a su lado estaba bien, feliz, sana. Ya todo había terminado.

-La fiesta puede esperar- contesto sonriente y el acorto la distancia que faltaba para besarla nuevamente de una manera un tanto más urgente, desesperada y ansiosa que la anterior, dispuesto a sentirla, a saborearla, a saber que la tenía entre sus brazos, que ahora le pertenecía. Emma profundizo el beso mientras rodeaba con sus brazos el cuello de Derek que se encargo de acercarla a su cuerpo, de pegar todas las curvas de ella, a las de él que jadeo en su boca mientras sonreía idiotizado. No podía creer cuan desesperado había estado por besarla, por querer hacerlo desde que la conoció y finalmente se estaba dando y de una manera maravillosa, ya que la estática entre los cuerpos se sucedía con una intensidad increíble, sin mencionar las descargas eléctricas que estimulaban los cuerpos de una manera lenta y sensual mientras uno respondía al otro. -¿Quieres pasar?- pregunto la joven sonriente jadeando sobre sus labios, acariciándole la nuca y el sonrió posando su frente en la de ella, respirando su dulce aliento, sediento de sus labios.

-Te debo el café- dijo, provocador y Emma rio de manera sofocada cerca de su boca. Derek sonrió cerrando los ojos, sintiendo el sonido de su risa, su respiración agitada sobre su boca, sus manos acariciando suavemente su nuca, su cuerpo pegado al de él, volviendo loco nuevamente.

-Mañana lo tomaremos- se limitó a contestar divertida y sensual, y él no tolero mas la tentación y busco los labios de ella con delicadeza y amor mientras ella correspondía con suavidad y lentitud, convirtiendo esta vez el beso en una conexión prolongada, cálida y excitante; diciéndose mutuamente cuanto se querían, cuanto se deseaban y sobre todo, cuanto se necesitaban.

Luego de unos instantes de besos y frio que calaba los huesos en el porche, Derek Morgan era arrastrado casa adentro, besando a Emma con pasión, asegurándose de cerrar la puerta con el talón, sabiendo que finalmente podía ser feliz a su lado ya que había encontrado a alguien como él, alguien que lo comprendiera y lo quisiera por cómo era, conociendo su pasado, su presente y queriendo aun trazar un futuro junto a él, alguien perfecto… su alma gemela.

"The most beautiful people we have known are those who have known defeat, known suffering, known struggle, known loss, and have found their way out of the depths. These persons have an appreciation, a sensitivity, and an understanding of life that fills them with compassion, gentleness, and a deep loving concern. Beautiful people do not just happen". –Elisabeth Kübler-Ross-