Castle abrió la puerta al servicio de habitaciones y un camarero pasó con un carrito y se dispuso a prepararles la mesa con la cena que previamente habían encargado por teléfono. Kate, sentada en la cama con su pierna derecha bajo su cuerpo, hablaba por teléfono con Gates.

Cuando el camarero terminó, Castle pasó a la habitación y le hizo una seña a Kate que se apresuró a finalizar la conversación con su jefa, enviando un Whatsapp a Espo avisándole que acababa de hablar con Gates y que "supuestamente" los cuatro estaban cenando juntos. Espo le contestó con un emoticono con cara de susto y ella sonrió.

- ¿Qué has pedido de cenar? – le preguntó a Castle en cuanto soltó el móvil saliendo a la sala.

- Hoy tenían noche temática italiana – contestó él – así que… he pedido que nos enviasen un menú de degustación para compartir.

- Estupendo – dijo ella - ¿y de postre? – preguntó riendo y él entrecerró los ojos.

- Eres malvada – aseguró cogiéndola de la cintura y entregándole una copa de vino – creo que yo seré tu postre.

- De eso nada – le dijo besándole – ¿solo de postre? empezarás a contarme mientras cenamos, tienes que recuperar tiempo.

- ¿Sabes lo que no me parece justo? – le dijo mirándola y dándole un pequeño golpe con su frente sobre la de ella

- ¿Qué?

- Que tú no me cuentes nada a mi – afirmó.

- ¿Sabes? – preguntó sentándose en la silla que él la ofrecía – en todo este tiempo desde que te conozco, te he contado más cosas de mi vida que tu a mi de la tuya. Eso por no decir que hace un momento has prometido contarme todo.

- Lo sé… - admitió – y cumplo mis promesas.

- ¿Dónde te quedaste? – preguntó Kate levantando la tapa que cubría el primer plato- ¿sabes como se llama esto? – preguntó

- Si – contestó él buscando un trozo de cartulina con el menú – los entrantes o antipasti, cecina, carpaccio de calabacín y pizzetas de mozarella y tomate.

- Tienen muy buena pinta – dijo mientras cogía un trozo de pizzeta y la mordía – después de escribir la carta de disculpas a Ruth – le dijo.

- ¿Qué? – preguntó él

- Ahí es donde te quedaste Rick – informó mientras él probaba el carpaccio.

- Esa carta de disculpa fue tan larga y mi madre me hizo volver a redactarla tantas veces – le dijo él dándole a probar de su tenedor el carpaccio – que creo que fue de ahí de donde vino mi profesión.

- Está muy bueno – afirmó Kate que a su vez ponía en la boca de él un trozo de pizzeta – continua…

Castle continuó hablando sobre lo que recordaba de su niñez, que tampoco es que fuese mucho, le habló sobre varios de los ligues de su madre y del momento en el que entró en el internado, cuando Martha comprendió que si salía de gira no podía cuidar de él, y si no salía de gira no podían mantenerse.

- Sé que a mi madre le costó dejarme allí – confirmó mientras daba un sorbo de vino – lo comprendí en el momento que pusieron a Alexis recién nacida en mis manos.

- Vaya – le dijo ella – eso es muy maduro por tu parte – Kate destapó el siguiente plato.

- Rissotto de setas y trufa negra, bocconcino de cabra y gnocchi, dorada con pesto y espagueti y pizza de carne – leyó Castle.

- Vaya pinta – dijo mientras cogía un poco de risotto con su tenedor y se lo daba a probar a él.

- De muerte – contestó Castle con la boca llena mientras hacía lo mismo con la dorada, dándole a probar y ella abría la boca sonriéndole.

Continuaron comiendo, o dándose de comer mutuamente, mientras Castle le contaba lo mal que lo había pasado en aquel internado, las risas que tuvo que soportar cuando los demás chicos se burlaban de él, ya fuese por que Martha había dejado a su acompañante, o bien por la crítica de alguna de sus obras.

Le confirmó que allí había empezado a escribir gracias a su amigo que era el editor de la revista del colegio y que años más tarde había resultado ser el asesino de su mujer. Le contó sus escapadas para ver a Bárbara y como después del verano y al volver de nuevo al internado conoció a Alice, la hermana melliza de uno de sus compañeros de clase y que después de mucho insistir por su parte, accedió a salir con él y él dejó de ver a Bárbara. Alice fue su primera novia, una chica de su edad, con la que iba al cine, salía a comer hamburguesas y daba largos paseos por el parque compartiendo sesiones interminables de besos y achuchones y la única chica virgen con la que había estado y a la que dejó de ver como empezó, con las clases después de siete u ocho meses. Jamás había vuelto a verla y sonrió al decir que esperaba que ella se acordase de que él fue su primera vez y lo hiciese con cariño.

- ¿Tú recuerdas con cariño a Bárbara? –le preguntó – por la primera vez digo – aclaró.

- Bueno, ahora la verdad es que lo recuerdo con gracia – le respondió metiéndole en la boca un trozo de bocconcino que previamente había embadurnado de pesto- prueba el queso así.

- Hum… Está muy bueno – dijo ella masticando - ¿Por qué con gracia?

- Me doblaba la edad y yo no tenia ningún tipo de experiencia –explicó – además me pillo de tan imprevisto… yo estaba al borde de un ataque al corazón. Y ella se reía y me pedía calma – dijo - ¿Cómo no me voy a reír al recordarlo? Si por mi hubiese sido aquello habría durado dos minutos.

- ¡Ah! ya entiendo – sonrío Kate.

- Estaba soñando – dijo – me llevó a su casa porque mi madre se iba a la fiesta por el estreno y cuando me enseñó la habitación donde iba a dormir… ¿tú crees que yo esperaba algo así?

- Pero no saliste corriendo – le dijo riendo.

- ¿Y desaprovechar esa ocasión? – preguntó elevando la voz - ¿Después de oír a los demás como habían hecho malabares en un coche, en el parque o en lavabos y con las chicas de peor fama? Yo estaba allí, en una cómoda cama y con una mujer madura y atractiva que no le contaría a sus amigas mi falta de experiencia para reírse, con todo el tiempo del mundo y sabiendo que nadie nos pillaría.

- ¿Qué pasó después de Alice? – preguntó Kate que ya tenía bastantes detalles y aunque le hacía gracia también se notaba un poco de molestia.

- Bueno… fui a la Universidad hice el tonto el primer año y después me enamoré – dijo risueño mordisqueando un trozo de pizza.

- Kira Blayne – sentenció Kate.

- Yo tenía dieciocho años – le dijo – había empezado a escribir más en serio y..

- Sigue Rick – le dijo bebiendo de su copa de vino – quiero saber como la conociste.

- Kate – dijo él pensativo - ¿estas segura de querer saber todo sobre mi?

- Si… - contestó – siempre y cuando tú estés seguro – le dijo mirándole seria.

- Mi pasado… - comenzó – no me arrepiento de nada, aunque en algunos momentos tampoco es que este muy orgulloso – dijo sonriendo – pero es mi pasado Kate, y ni puedo cambiarlo ni quiero que cambie nada de nosotros por él.

- ¿Por qué me dices esto? – preguntó extrañada.

- Porque no quiero que cuestiones lo que tenemos basándote en lo que yo viví – le dijo.

- Yo también tengo pasado – aseguró Kate.

- Lo sé – afirmó él sonriendo – la diferencia es que tú no me lo estas contando.

- Quizás si eres bueno – le dijo sonriendo – algún día…

- ¿Sabes? – le preguntó inclinándose para besarla – no pienso preguntarte, cuando decidas contármelo, lo harás tú.

- ¿Cómo mi hombrecillo de madera de Coney Island? – le preguntó ella en sus labios.

- Exacto – contestó él - ¿Continuo?

- Claro.

- Salí del internado y Alice y yo lo dejamos pasar… se enfrió… - le dijo - como te he dicho cuando llegue a la universidad hice bastante el tonto el primer año, fue como el descubrir que había mil chicas a las que podía invitar a salir, besar, acostarme con ellas… - dijo haciendo un silencio.

- No voy a preguntarte los detalles sucios – le dijo levantando el plato que cubría los postres – Rick esto es una bomba de calorías – dijo mirando el plato

- No te preocupes por eso – le dijo mirándola con picardía – no vas a tardar en quemarlas – aseguró y ella entrecerró los ojos negando con la cabeza – veamos que son estos postres dijo cogiendo de nuevo la cartulina con el menú… Tiramisú, panna cotta con fresas y zucotto al limoncello.

- Sigue – le dijo – te distraes demasiado – hundió la cuchara en la panna cotta y se la llevo a la boca sugerentemente mientras el la miraba intensamente.

- El primer año de universidad fui un chico soltero – le dijo – y algo promiscuo, escribía el que sería mi primer best seller. Pero cuando volví de vacaciones y empecé el segundo curso…

- ¿Qué paso? – le dijo mientras se llevaba a la boca un poco de tiramisú que la manchó los labios de cacao en polvo.

- Pues… de repente un día me di la vuelta en los pasillos y vi su sonrisa – le dijo pasando su pulgar por el labio de ella limpiando el chocolate y llevándoselo a la boca para probarlo – me eclipsó su sonrisa, ella ni me vio, seguía hablando y riendo con sus amigas y era viernes, ya sabes, música, alcohol, sexo… pero aquella noche decidí irme a casa, dormir solo y soñar con esa sonrisa.

- Vaya – dijo Kate dejando que la cuchara con el zucotto se quedase en el camino entre su boca y el plato - ¿No atacaste de inmediato? – preguntó y metió la cuchara en su boca.

- No – le dijo frunciendo sus labios – me gustaba demasiado como para precipitarme, así que investigué, la seguí por el campus, sabía sus gustos, sus clases, sus horarios…

- ¿Eras un acosador? – preguntó riendo

- Nooo – contestó el indignado – nada de eso. No quería meter la pata. Y un día sin planearlo nos encontramos en la papelería, yo necesitaba papel y ella marcadores fluorescentes, se dejo el cambio y corrí tras ella para dárselo.

- De película – le dijo Kate levantando una ceja

- Si – contestó él aceptando la cuchara que le tendía ella – empezamos a hablar, tomamos un café…

- ¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos? – preguntó directa

- Tres años – aseguró.

- Vaya – le dijo - fue bastante tiempo ¿Qué pasó?

- Terminé el libro – comenzó- y triunfó, me gaste todo el dinero casi tan rápido como lo había ganado, afortunadamente me había comprado un pequeño apartamento y vivimos juntos mientras estudiábamos ¿recuerdas esas fotos que tenías de ambos el día de su boda?

- ¿Cuándo la besabas? – preguntó

- Era la azotea del edificio donde vivíamos – aseguró dándole una cucharada de tiramisú – pasamos allí mucho tiempo en verano.

- Entiendo – dijo Kate - ¿Por qué acabo?

- Bueno – dijo suspirando – Sheyla ¿te acuerdas?

- La malvada suegra – afirmó Kate.

- Yo no le gustaba nada – afirmó – sigo sin entender porque – le dijo sonriendo y besándola – soy un encanto.

- ¿Por qué lo pensaría? – le preguntó Kate riendo en su boca.

- Ni idea – contestó – pero entre su madre por un lado diciéndole que yo no le convenía y yo por otro queriendo más y con mi segundo libro recién publicado, Kyra necesitó tomarse un tiempo y se fue a Londres, se supone que yo debería haber ido en cuanto ella tuviese las cosas claras, pero… - dijo haciendo un silencio.

- Ninguno de los dos llamasteis – afirmó ella metiendo su cuchara en la boca de él – que asintió en silencio.

- Se me escapó – afirmó mirándola con tristeza y ella le asintió.

- ¿Quieres una copa? – le preguntó levantándose hacía el mini bar.

- ¿Tengo que seguir eh? – le dijo sonriéndola

- Pues claro – le dijo parándose - ¿Qué pensabas?

- Pon otra para ti – le dijo – por que la siguiente es Meredith.

- Por eso mismo iba a prepararla – le dijo riendo.

- Espera – le dijo – llamaré para que vengan a llevarse esto y… ¿Qué prefieres beber?

El camarero volvió para retirar los platos y llevarles una botella de su bourbon preferido. Kate preparó la bebida mientras él acompañaba al camarero a la puerta y le entregaba un billete al sonriente muchacho.

Él se sentó en el mismo sofá del día anterior y Kate le entregó el vaso mientras sujetaba el suyo y se sentaba en su regazo, hundiendo su nariz en el cuello de él, que la rodeó con su brazo libre.

- Conocí a Meredith – empezó- en una de las fiestas de promoción de mi editorial – le dijo – una joven actriz de las que contratan las editoriales para hacer de relleno. Había dado por pérdida a Kyra, había pasado casi un año.

- Y sucumbió a tus encantos – afirmó Kate.

- ¡No he dicho eso! – exclamó sonriendo – supongo que su alocada forma de ver la vida era justo lo que yo necesitaba en ese momento – dijo bebiendo – tampoco es que yo fuese muy serio en aquella época…

- ¡Ah! si… - dijo Kate - ¿fue cuando robaste el caballo y diste vueltas por Central Park desnudo? – le preguntó – no recuerdo bien las fechas…

- No – dijo él con entusiasta voz infantil – eso fue tiempo después…

- Hicimos el loco durante casi un año – dijo sonriendo – hasta que una mañana mientras yo dormía una de mis borracheras me despertó con un grito desde el baño y cuando entré corriendo me la encontré sentada en el WC con cara de pánico y un test de embarazo positivo en la mano.

- Alexis – cortó Kate.

- Alexis – confirmó él – yo aún tenía veintidós años y la paternidad no figuraba para nada en mi agenda de los próximos diez años – le dijo mirándola y levantando ambas cejas – y ahí estaba Meredith, doblando su cuerpo llorando desconsoladamente e intentando normalizar su respiración y yo estaba desnudo frente a ella sin saber que hacer.

- Así que – le dijo Kate – le pediste que se casase contigo.

- Ya veo de que hablasteis en vuestra cena – dijo mirándola y sonriendo – si, me agaché allí, en el baño, frente a ella, desnudo, cogí sus manos y le pedí que se calmase y que se casase conmigo.

- No sé como te dijo que sí – le dijo Kate riendo – yo desde luego…

- Estaba aterrorizada – dijo sonriendo con la mirada perdida en el frente – y creo que a mi se me pasó la borrachera de golpe del susto. Pero viendo el resultado no me arrepiento en absoluto de lo que hice, podíamos haber optado por ser realistas y saber que lo nuestro no iba a durar e ir a una clínica… pero en ese momento pensé que era lo que tenía que hacer, y lo era… Alexis es lo mejor que me ha pasado en mi vida – aseguró – no me lo podía imaginar, pero fue así.

- ¿Sabías que no iba a funcionar? – preguntó Kate extrañada.

- Meredith no gritó por miedo a su futuro como madre Kate – le aseguró mirando al frente – le preocupaba su cuerpo y su carrera como actriz.

- ¿Por qué le pediste entonces que casase contigo? – le dijo incorporándose y cogiéndole del mentón para obligar a que la mirase.

- Yo no tuve padre ¿recuerdas? – le dijo mirándola fijamente – no podía permitir eso.

- Entiendo – contestó Kate besándole sabiendo que había tocado un terreno pantanoso.

- Y si ella hubiese querido ir a una clínica – continuó – creo que se lo hubiese impedido. Creo que ese si que fue el acto más maduro que he podido hacer nunca – le dijo – aunque estuviese medio borracho y desnudo en el baño y esa no fuese la mejor forma de pedir matrimonio…

- Si, supongo que fue lo mejor que pudiste hacer – le dijo acariciándole la cara.

- Los siguientes meses fueron muy tormentosos – aseguró bebiendo – mi madre diciéndome que se había quedado embarazada para asegurarse que yo consiguiese que triunfase como actriz, ella quejándose de cada gramo que engordaba…

- Ya imagino – dijo Kate riendo y recordando lo mal que Martha y Meredith se llevaban - ¿crees que fue así?

- No – afirmó – fue un descuido, éramos dos locos juerguistas dejándonos llevar sin pensar en las consecuencias, no fue premeditado, fue cosa de los dos.

- Y Martha no se lo perdona – aseguró Kate.

- Lo que no le perdona es que la llamase vieja cuando no superó el casting para una obra de teatro – le dijo levantando las cejas – aquello si que fue una verdadera batalla dialéctica, Meredith me puso a Alexis en los brazos y ambas se pusieron a gritarse como dos locas, se llamaron absolutamente de todo y Alexis empezó a llorar con los gritos y yo no tenía ni idea de lo que hacer – dijo divertido recordándolo – así que me marché de allí con mi niña en brazos, los gritos se oían desde la calle.

- ¡Vaya Castle, eso tuvo que ser de película! – le dijo Kate.

- ¿Vuelvo a ser Castle? – le preguntó divertido besándola la nariz.

- La costumbre, ya te lo dije – respondió acurrucándose entre sus brazos - ¿Qué paso?

- Mi madre dijo que no volvería a pisar más aquel apartamento mientras Meredith estuviese allí – dijo – y no la culpo – añadió riendo.

- Ahora entiendo porque no la quería en tu casa – le dijo sonriendo.

- Por eso y porque forma parte de tu club privado – afirmó él – ni imaginas las largas charlas que he tenido que aguantarle.

- Eso también vas a tener que contármelo – le dijo hundiendo su dedo índice en el pecho de él.

- Pero para eso queda mucho – replicó él – eso forma parte de los últimos cuatro años de mi vida, y creo que vas a aburrirte antes.

- No lo creo – aseguró – y ahora continua no cambies de tema.

- Meredith recuperó su figura y yo escribí otros dos libros – dijo resumiendo – y si, supongo que aprovechó parte de la fama que tenía por estar casada conmigo para que fuesen dándole papeles en televisión y empezó a viajar a Los Ángeles con regularidad – dijo – yo cuidaba de mi niña que iba creciendo mientras yo seguía escribiendo. Las cosas con Meredith eran raras con la distancia, cuando nos veíamos todo era genial, pero volvía a irse una y otra vez y un día decidí ir a visitarla a Hollywood sin que ella lo supiese.

- Rick – cortó ella sabiendo que no iba a ser muy agradable.

- No – contestó – no te preocupes. Le pedí las llaves al portero y me dejó entrar para esperarla, pero cuando entró en casa el ramo de rosas que tenía en la mano para recibirla se me cayó al suelo, apenas podía distinguir de quien era cada trozo de piel – dijo con un pequeño tono de amargura – debieron empezar a desnudarse en el ascensor. Era su representante.

- Lo siento – le dijo acariciándole el pecho.

- Yo lo sentía por Alexis – aseguró – pedí el divorcio y la custodia y ella no se negó. Incluso yo creo que fue todo un alivio para ella. Yo ya estaba acostumbrado a estar sólo con Alexis y ella pudo continuar con su carrera, se quedó a vivir en California y el divorcio le sentó bien volvió a salir en la prensa y su representante le consiguió un papel para una película que no funcionó del todo mal. Mi madre respiró aliviada cuando le dije que Alexis se quedaba conmigo, siempre estuvo ahí para ayudarme con ella. Así que, detective, como verás fui madurando un poquito – dijo esto último recalcando mucho la palabra – y con veinticinco años era un padre soltero, atractivo y con el suficiente dinero para hacer lo que me diese la gana…

- Y te dedicabas a ir al parque para ligar – le dijo riendo.

- O al menos intentarlo – afirmó - que tuviese a Alexis no significaba que tuviese que recluirme. Y ya llevas más de la mitad de mi vida Kate – le dijo retirando con el dedo la bata de ella por el hombro – deberíamos seguir mañana.

- ¿Puedo preguntarte una cosa más hoy? – le dijo Kate.

- Pregunta – dijo él sacando su dedo de debajo de la bata.

Kate se incorporó y se sentó poniendo sus piernas a cada lado de las de él, quedando a horcajadas, le cogió la cara con ambas manos, acariciándole suavemente y acercándose muy despacio hasta su cara dándole un leve beso.

- ¿Qué sabes de tu padre? – le preguntó en un susurro.

Él suspiró, torciendo un poco sus labios.

- Imaginaba que tarde o temprano me preguntarías – aseguró.

- Me alegra saber que estés preparado – afirmó con determinación Kate que sabía que si no conseguía que él hablase ahora, iba a ser más difícil en otro momento.

- No sé nada de él Kate. Te has equivocado de persona al hacer la pregunta. Deberías preguntarle a mi madre.

- ¿No te gustaría conocerle?- insistió Kate planteando otra pregunta para llegar a la que verdaderamente quería hacerle.

- Sabes que sí – le dijo mirándola – sabes que Sophia Turner o quien fuese que era, me dejó bastante intrigado, me dio a entender que mi padre sabía de mi existencia y me ayudaba, cuando le pregunté a mi madre se limitó a sonreírme y cambiar de tema, como cada vez que le preguntaba por él.

- Curioso – dijo Kate.

- ¿El qué?

- Que eso mismo fue lo que Meredith me dijo de ti – confesó – que cuando te preguntaba por tu padre sonreías y cambiabas de tema.

- Esa era la respuesta que siempre he tenido de mi madre – dijo – supongo que es la única que puedo dar.

- Martha no te…

- Mi madre jamás ha dicho nada Kate – le dijo serio – no tengo ni idea de si fue un amor de una noche y no le conocía, si era un novio que la abandonó o si era algún hombre casado que no quiso problemas… no lo sé Kate, créeme, me hecho las mismas preguntas durante muchos años y la verdad es que hasta que Sophia lo mencionó yo… yo ya había olvidado… es duro pero… ¿sabes? – le dijo e hizo un gran silencio

- ¿Qué? – preguntó ella al ver que no continuaba.

- Kate te quiero – le dijo mirándola.

- Y yo a ti – contestó ella – pero quiero que continúes con lo que ibas a decirme.

- Era duro ¿sabes? Era duro despertarse en una habitación de un hotel, sin apenas recordar como habías llegado hasta allí y preguntarte si… - hizo de nuevo un silencio.

- Rick… - le dijo Kate sabiendo que en ese momento el respondería a la pregunta que había quedado en el aire… ¿Cómo se sentía?

- Y preguntarte si la chica que duerme a tu lado y para la que haces de almohada – dijo de tirón – podría ser tu hermana porque no tienes ni idea de quien es tu padre.

- Rick – le dijo ella apoyando su frente en la de él – lo siento

- Claro que me pregunto quien era mi padre Kate – le dijo- me lo pregunto y me entra rabia al pensar lo mal que lo pasó mi madre cuando yo era pequeño y él no estaba para ayudar, me lo pregunto con pena al pensar como alguien puede tener tan poco corazón de no querer conocer a su hijo, me lo pregunto frustrado al saber que puedo tener por ahí una familia a la que no conoceré jamás, me lo pregunto con alegría al pensar que mi vida es como es gracias únicamente a la gran diva a la que adoro y que luchó por mí – aseguró – aunque eso no se lo dirás nunca – dijo hundiendo esta vez él su dedo en el hombro de ella y ella asintió.

- Gracias – le dijo dándole un suave beso

- No Kate – contestó él – tú necesitabas saberlo y yo necesitaba contártelo.

Kate le miró y el torció levemente su labio en una triste sonrisa. Había mas que satisfecho su curiosidad y se había abierto totalmente a ella, toda esa conversación había comenzado casi como un juego y ahora sentía como si le hubiese arrancado a jirones sus sentimientos y los hubiese puesto a secar al sol.

- Rick – le dijo – Rick yo… - comenzó Kate con dificultad – yo tenía dieciocho años y…

- Schiss – silenció él – ahora no Kate – le dijo levantándose con ella en brazos y caminando hacia la habitación – no hables ahora, sólo quiero sentirte, ahora solo quiero sentir a la persona a la que amo…

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