Castle pasó uno de sus brazos por la cintura de ella en cuanto salieron a la calle. Ella le miró sonriendo y se apretujó contra el costado de él pasando su brazo por detrás hasta colar su mano en el bolsillo del pantalón trasero de Castle que pegó un pequeño respingo al notar como los dedos de ella le estrujaban levemente el trasero por encima de la tela.
- ¿Estas segura que quieres dar un paseo? – le preguntó con picardía - ¿no prefieres que subamos a la habitación?
- ¿No te apetece pasear Castle? – respondió ella volviendo a estrujarle.
- Si continuas así, no se si voy a poder contenerme – avisó y ella soltó una sonora carcajada.
- ¿Te provoco? – le preguntó
- Lo haces a todas horas – confesó – pero si sigues tocándome el culo así…
- ¿Tú sabes lo que es soportarte a ti en comisaría? – le preguntó parándose en seco
- Oye… yo no te toco el culo en comisaría – contestó el riendo mientras tiraba de ella para volver a caminar – tan sólo…
- ¿Tan sólo que, Castle? – le preguntó medio riendo - ¿tan sólo me rozas cada vez que puedes? ¿tan sólo te acercas demasiado con cualquier excusa? ¿tan solo te pones más colonia que antes?
- Ni que eso fuese un delito – contestó sonriendo.
- No lo es, pero a veces me dan unas ganas de… - le dijo callándose y apretando los labios.
- ¿De detenerme y llevarme tu misma a los calabozos? – preguntó divertido.
- No sé si llegaríamos a los calabozos – afirmó y ambos rieron.
Cruzaron la calle hasta la valla del parque Lafayette, Castle bromeó al mirar hacía la Casa Blanca, asegurando haber visto a Obama a través de una ventana, y ganándose un manotazo de Kate por haberla asustado al elevar la voz y por haber provocado que las decenas de turistas que tomaban fotografías desde la puerta, se alterasen arremolinándose contra la valla y lanzando un torpedeo continuo de "clicks" con sus cámaras.
Continuaron bordeando el parque, inaccesible a los turistas y rodeado de seguridad, hasta la Avenida 17 noroeste, por la que pasearon hasta llegar al monumento en recuerdo a los caídos de la primera división, atravesando el pequeño parque tras el monumento dirigiéndose hasta el parque de la elipse.
- ¿Dónde quieres ir por aquí? – preguntó Castle viendo que ella le conducía a través del parque.
- Quiero que leas algo – le dijo – y a ser posible lo grabes en tu mente.
Él la miró sin saber muy bien a lo que se refería. La besó en la mejilla y se dejó conducir. Caminaron hasta una escultura de bronce, con la figura de un hombre y una mujer flanqueando a un niño vestido de boy scout.
- ¿El monumento en memoria de los scouts? – preguntó él medio riendo.
- Lee - ordenó ella.
- ¿De verdad quieres que..? –
- Lee…
- Está bien – dijo él suspirando y comenzó a leer:
Por mi honor haré todo lo posible para cumplir con mi deber hacia Dios y mi patria y obedecer la Ley Scout para ayudar a los demás en todo momento, mantenerme físicamente fuerte, mentalmente alerta y moralmente recto.
- La próxima vez que prometas algo con "palabra de Boy Scouts"…
- ¿Todavía te acuerdas? – le preguntó rodeándola la cintura con ambos brazos y atrayéndola hacía él.
- Claro que me acuerdo – le contestó molesta por la duda.
- ¿Te acuerdas de más cosas que haya hecho? – preguntó besándola.
- Me acuerdo de todo – aseguró en sus labios y él comenzó a reír
- Lo sé… y eso lo podías haber dicho antes – le dijo sonriendo – me hubiese ahorrado casi un año de hacer el tonto…
- No hiciste el tonto – dijo ella besándole – necesitaba espacio.
- Bueno, ya da igual – afirmó – tengo lo que quiero – dijo abrazándola fuerte contra él.
Continuaron caminando por el parque de la Elipse, dirigiéndose al monumento a Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, un impresionante obelisco de ciento setenta metros de altura construido en mármol y granito. Kate comenzó a hablar sobre la construcción del mismo, la más alta de la ciudad desde su construcción, y la más alta del mundo hasta que fue desbancada por la Torre Eifell de París, hablaba sobre como fueron donadas muchas de las piedras utilizadas y como tuvieron que pararla por falta de dinero, le señaló la diferencia visible del tipo de piedra en el primer tercio del monumento.
Castle la miraba entusiasmado, le gustaba la facilidad con la que Kate hablaba de la historia, en especial de aquella que representaba los valores y pilares sobre los que fue fundado su país, y por un momento viajó en la historia, imaginando a una revolucionaria Kate luchando por la independencia de los ingleses en 1776, y defendiendo ante todos la creación de un lugar donde todos fuesen libres, independientes e iguales, y no podía imaginarse a él mismo de otra forma que no fuese estar cerca de ella, cuidando de su caballo, preparándole café y abrazándola en la fría noche de las tiendas de campaña después de las batallas.
- Rick… ¿ocurre algo? – le preguntó al ver que tenía sus ojos perdidos en algún lugar de los suyos.
- No… - contestó el sonriendo – te escuchaba.
- Escuchabas pero no procesabas – le dijo – siento aburrirte, me apasiona la historia de nuestro país.
- No me aburres – aseguró – al contrario Kate. Te imaginaba en otro lugar, en otro tiempo.
- Eso me recuerda que tú – le dijo clavándole el dedo índice en el pecho – tienes que situarme en otro tiempo de tu vida.
- Vamos al estanque del reflejo – le dijo – nos sentaremos y seguiré.
- Vamos – dijo ella inquieta tirándole de la mano mientras caminaba de espaldas hacia el estanque.
El turno le tocó a Castle, que le explicó que estanque del reflejo, era una gran piscina de casi setecientos metros de largo por cincuenta de ancho, que no superaba los setenta y cinco centímetros de profundidad y que separaba los monumentos de Washington y Lincoln. La escasa profundidad y la ausencia de fuentes, hacía que la calma la inundase y su superficie se convirtiese en un espejo sobre el que se reflejaban los monumentos y la vegetación que la rodeaban.
- ¿No te interesa verdad? – le preguntó cuando vio su cara de decepción.
- Es sólo un estanque, bonito pero un estanque – contestó.
- ¿Ves ese banco de ahí? – le dijo – vamos.
Él se sentó y la colocó sobre su regazo, pasando sus brazos alrededor de la cintura de ella.
- ¿Por donde íbamos? – preguntó sonriéndola.
- Ligabas en el parque mientras Alexis jugaba – aseguró Kate.
- Si claro – río él – eso… no era para tanto… la mayoría eran madres casadas y nunca he intentado ligar con una mujer con novio o marido.
- A mi me besaste y estaba con Josh – le dijo ella separándose y mirándole.
- Y no me arrepiento en absoluto de haberlo hecho – aseguró ladeando la cabeza - ¿te molestó?
- No – dijo ella riendo suavemente – no me molestó, me pilló por sorpresa – admitió.
- Había que hacer algo o ese tipo… - comenzó.
- ¡Venga ya Rick! – le dijo riendo - lo estabas deseando y no perdiste la oportunidad, podías haber hecho cualquier cosa en vez de besarme.
- Era más creíble besarte – le dijo – e increíble además –añadió -y yo creo que te gustó ¿eh pillina? Porque cuando me lo devolviste casi me dejas sin respiración.
- Había que hacer algo o ese tipo… - replicó ella repitiendo sus palabras mientras le sonreía.
- Lo estabas deseando – le dijo – admítelo.
- No lo estaba deseando – negó ella – además yo estaba con Josh y...
- No me lo recuerdes – pidió él – seguro que tu doctorcito besaba muy bien.
- ¿Celos Rick? – preguntó graciosa.
- Creo que ya lo he superado – le dijo besándola en la nariz.
- Si, admito que lo has superado – le dijo Kate sonriendo – tu besas mejor – admitió.
- Y… también ¿estoy más bueno? – le preguntó acercándose a sus labios.
- ¡Rick! – regañó ella – no me hagas esas preguntas. Ligabas en el parque – le recordó.
- Conocí a un buen número de madres divorciadas – aseguró – así el parque no se hacía tan aburrido – confesó – era divertido estar con Alexis, pero cuando se juntaba con otros niños, pasaba de su padre y me aburría soberanamente… algo tenía que hacer.
- ¿No podías llevarte un libro como todo el mundo? – preguntó ella.
- Si leía no estaba pendiente de mi niña – aseguró – ya sabes cuando me meto en la lectura…
- Claro, claro, mirar mujeres no te distraía de cuidar a Alexis – espetó Kate.
- ¿Celos Kate? – devolvió él.
- Tu sabrás lo que haces… - contestó.
- Lo sé – dijo él llevando su mano a la espalda de ella justo en la cinturilla de pantalón de Kate – tienes esto y no dudarás en usarlo – dijo palpando el arma escondida.
- Aprendes rápido – dijo besándole – continua…
- No sé si esta parte va a gustarte – aseguró.
- Gina – adivinó ella y el asintió – y no tenemos una copa – le dijo sonriendo.
- Yo tenía como editor a John – comenzó – un buen día mientras hacía deporte por Central Park su corazón le dio un aviso serio y pasó en el hospital más de tres meses, la editorial me asigno a Gina.
- No te pares – le dijo.
- Al principio Gina me pareció una estúpida niña pija y malcriada – comenzó – poco a poco fui descubriendo que tan sólo era exigente con el trabajo, muy exigente. Y en ese momento esa forma de exigirme puso un punto de tranquilidad en mi vida. Creo que fue la primera vez que entregué una novela antes de tiempo y para celebrarlo la invité a cenar. Alexis ya tenía ocho años y era condenadamente preguntona y yo no podía responder a todas sus preguntas, lo intentaba, pero hacer de padre y de madre era bastante complicado, y te juro que fue entonces cuando entendí por lo que tuvo que pasar mi madre criándome sin ayuda – dijo fijando la vista en el estanque.
- No te pares Rick – le apremió Kate poniendo su mano sobre la cara de él y obligándole a mirarla.
- Empezamos a quedar con asiduidad – continuo él - ella sabía que yo tenía a Alexis y quiso conocerla, así que, un día quedamos para ir al zoo de Central Park y sorprendentemente resultó increíble. Alexis y Gina compartían gustos sobre los pingüinos y cuando quise darme cuenta una de sus manitas se agarraba a la de Gina y la otra a la mía. Esa fue la señal.
- Y le pediste que se casase contigo… - aseguró Kate.
- No tan rápido– dijo lanzando una carcajada – pero si lo hicimos más serio, no podía meter la pata con Alexis de por medio. Meredith se había ido a Los Ángeles y apenas la veía dos o tres veces al año, no podía darle a mi niña esperanzas de tener una familia sin estar seguro de que iba a funcionar, Alexis estaba entusiasmada, Gina la llevaba de compras, iban juntas a la peluquería, se probaban ropa durante horas…
- Cosas de chicas – aseguró Kate
- Exacto, cosas que no podía hacer conmigo –aseguró - y aunque mi madre pasaba mucho tiempo con ella, poco a poco fue dejándole sitio a Gina.
- ¿Martha y Gina se llevan bien? – preguntó curiosa Kate.
- Bueno, después de la pasta que me costó divorciarme – le dijo – su simpatía hacía ella bajo un poco, pero si, en general no se llevan mal.
- Así que ¿yo soy afortunada con tu madre? – preguntó sonriendo.
- Es de tu club de fans – aseguró – ya te lo he dicho.
- ¿Cuándo te casaste? – preguntó Kate cambiando de tema y sonriendo al pensar en Martha.
- Como buena organizadora – comenzó él - Gina tenía que organizarse una boda digna de su nivel y eso llevaba su tiempo, desde que le pedí que se casase conmigo hasta que nos casamos paso casi un año, aunque vivíamos juntos.
- ¿En tu loft? – preguntó Kate.
- No – contestó él y Kate se alegró secretamente de su respuesta – nos mudamos a una casa en Tribeca, muy cerca de la editorial, no quise vender mi casa, y me alegro de no haberlo hecho – le dijo sonriendo.
- ¿Qué pasó para que te divorciases? – preguntó Kate
- ¿Te puedo contestar mientras andamos un rato? – preguntó él – hace frío.
- Si – dijo ella levantándose - ¿hacia el monumento de Lincoln
- n? – preguntó tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse.
- Vamos – contestó incorporándose y tirando de ella para acercarla y abrazarla mientras andaban.
- ¿Qué paso? – insistió Kate metiendo su mano en el bolsillo trasero del pantalón de él.
- Me encanta que hagas eso – le aseguró sonriendo y ella volvió a estrujarle el trasero - ¿te podré pedir que lo hagas en comisaría?
- ¿Quieres dejar de cambiar de tema y continuar? – preguntó ella pellizcándole levemente.
- ¡Auch! – protestó – está bien… la verdad es que no me case demasiado convencido – afirmó – la convivencia con Gina empezaba a saturarme. Quise pensar que eran los nervios, Gina quería tener todo bajo control, a la milésima y eso la estresaba y me estresaba a mi también, pero con Alexis era diferente, seguía dedicándole tiempo y le ayudaba con sus tareas y me aliviaba con sus preguntas y simplemente pensé que tenía que hacerlo, que tenía que casarme, que era lo mejor para los tres – aseguró – de vez en cuando volvía a mi casa allí podía escribir con tranquilidad. Gina poco a poco fue haciéndose más y más exigente. No sé si aquello era un matrimonio o una relación de esclavitud.
- No exageres – le dijo ella riendo.
- No exagero Kate – afirmó – no podía negarme a ninguna fiesta, a ninguna presentación o firma, era como un pelele moviéndome al antojo de mi mujer, que además ejercía de jefa, cuando no era por acompañarla era para promocionarme. Alexis era lo más importante para mi y aunque ella estaba feliz, yo cada vez estaba más triste, mi vida cambiaba de vida a trabajo, y poco a poco íbamos discutiendo cada vez más, y yo iba huyendo a mi casa con más asiduidad, o aceptando firmas lejos de casa, y en uno de esos viajes me lleve conmigo a Alexis, estuvimos una semana en Canadá con la promoción de mi último libro, y como no, mi hija la gran preguntona me preguntó si era feliz
- ¿Cuántos años tenía? – preguntó Kate.
- Doce o trece – contestó pensativo él – trece… y eran los suficientes para hacerme entender que ella no sería feliz viéndome cada vez menos por casa y cuando lo hacía sólo oyendo como Gina y yo discutíamos por trabajo. Solo trabajo. Así que cuando volvimos de Canadá, ni pasamos por Tribeca, fuimos directos a casa y después de hablarlo o discutirlo durante un par de meses, pedí el divorcio.
- ¿Lo pediste tú? – preguntó extrañada.
- Gina no es tonta Kate – aseguró él – cuanto más ganase yo con mi último libro, más se embolsaba ella con el divorcio, así que, ella no tenía prisa.
- Y después de divorciarte apareció de nuevo el Castle mujeriego – aseguró Kate.
- Si – sonrió él – mi madre se mudo a vivir con nosotros, su último marido la había dejado en la ruina, ella recuperó a su nieta y poco a poco las ganas de volver a salir y divertirse, pero mientras lo hacia, era yo quien salía, tranquilo porque Alexis estaba con mi madre.
Llegaron hasta el monumento a Lincoln, un templo griego de estilo dórico, en cuyo interior y sentado mirando hacía el obelisco en memoria del primer presidente, la figura del decimosexto presidente de los Estados Unidos. Kate escuchó las leyendas sobre la posición de las manos del presidente, que según afirmaba Castle formaban en lenguaje de signos las iniciales de su nombre AL. Otra leyenda contaba que la parte posterior de la cabeza de la escultura era la cara de Robert E. Lee, el general confederado que se rindió ante Ulysses Grant poniendo fin a la guerra civil. Un confederado y defensor de la esclavitud compartiendo cabeza con el presidente de los Estados Unidos que abolió la misma. La leyenda cuenta que el general Lee mira hacia el cementerio de Arlington, construido sobre las que fueron sus tierras.
- Eso son… – protestó Kate
- Leyendas urbanas – continuó él – pero mira sus manos y mira detrás, su cabeza…
- No digas tonterías – le reprendió- anda vamos cruzar el Potomac.
Continuaron andando bordeando el monumento a Linconl y divisaron el puente de Arlington, si lo cruzaban, al otro lado del Potomac estaba el cementerio de Arlington, donde estaban enterrados los restos de los veteranos de las diferentes guerras en las que habían participado los Estados Unidos. También descansaban los restos de la familia Kennedy, y los restos de los tripulantes de los transbordadores Challenger y Columbia.
Al llegar al principio del puente, dos grandes esculturas equestres doradas flanqueaban cada lado del puente. Representaban el valor y el sacrificio.
Accedieron al puente, Castle tenía que elevar la voz para hacerse oír entre el tráfico.
- Entonces tu madre vive con vosotros desde hace cinco años – aseguró Kate.
- Y creo que no hay forma de echarla – se lamentó él y Kate se puso a reír.
- Martha es un encanto Rick – aseguró.
- Eso es porque no has vivido con ella – le dijo.
- ¿Los días que estuve en tu casa no cuentan? – preguntó ella sonriendo.
- No cuentan, estaba Meredith – dijo él – no tenía fuerzas para atacar a nadie más, se reservaba para ella.
- Vamos Rick – se quejó ella – la pintas como una arpía cuando en realidad…
- ¿Cuántas veces nos ha interrumpido? – preguntó él sonriendo.
- Pero, ella estaba en su casa – contestó ella – yo no…
- ¿Y el día de la explosión en el banco? – preguntó él directamente y Kate se paró apoyándose sobre la barandilla mirando un avión que sin duda iba a aterrizar en el cercano aeropuerto Ronald Reagan.
- Ese día… - dijo ella
- ¿Pensabas que había muerto? – preguntó él
- Alexis estaba fuera – comenzó ella – estaba muy nerviosa e incluso yo diría que enfadada conmigo, ella sabía que estabais los dos dentro y cuando oí la explosión… me asusté, temí por ti, por Martha y porque no sabría que decirle a Alexis… y me vino a la mente aquella vez que me hiciste prometerte que cuidaría de ella si te pasaba algo y…
- Entonces si lo pensaste – le aclaró él poniéndose detrás de ella y colocando sus manos sobre la barandilla, una a cada lado del cuerpo de ella que se inclinó hacía atrás apoyándose en él.
- Si – confesó ella – lo pensé y tuve miedo, y cuando te vi allí sentado en el suelo, tranquilo y mirándome, yo… - dijo dándose la vuelta en su abrazo – me hubiese gustado besarte ¿sabes?
- Y a mi me hubiese gustado que lo hicieses – le dijo con una media sonrisa.
- Ese día fue especial Rick – le dijo acercando sus labios a los de él – tenía tantas dudas… pero cuando me di cuenta que podías haber muerto ahí…
- Llego mi madre y lo estropeo – le dijo él besándola – pero no importa, estoy convencido, completamente convencido que mereció la pena la espera.
Tras un largo abrazo, volvieron a caminar hasta llegar al otro lado del puente, llegando hasta el cementerio.
- ¿Saludamos a los Kennedy? – preguntó él sonriendo.
- Si, pero desde allí volvemos en taxi – dijo señalando sus tacones.
- Como tú quieras – le dijo sonriendo.
- Yo quiero que continúes – le dijo.
- Creo que desde el divorcio hasta el día que fuiste a la presentación del último libro de Derrick Storm – le dijo – mi vida fue una continua fiesta, pero ya no eran las fiestas a las que tenía que ir con Gina. Me sentía libre de órdenes y el color de mi cara había cambiado, ahora eran mis fiestas, era mi momento. Mi niña estaba creciendo, mi madre estaba en casa con ella, mis libros triunfaban, tenía dinero, fama… y estaba muy bueno – le dijo riendo – en esa época fue lo del caballo – dijo riendo – tendrías que ver la cara de tus compañeros persiguiéndome por Central Park – le dijo – claro que tendrías que haber visto también los cardenales que tuve en ciertas partes – sonrío.
- Y retiraron la denuncia – afirmó ella.
- Weldon… - dijo él – el alcalde estuvo riéndose de mi forma de andar durante semanas.
- No entiendo porque no dejo que al menos te pusiesen una multa – se preguntó.
- Hice una donación – aseguró – creo que alguno de los caballos de la policía montada de Nueva York lleva mi nombre.
- Los ricos siempre os libráis – le dijo – dinero…
- Weldon sabía que lo hice sin maldad – le explicó.
- Lo que hiciste con maldad fue perseguirme – aseguró ella.
- Eso fue culpa tuya detective – le dijo – apareciste en mi fiesta justo cuando yo le decía a Alexis que tenía que cambiar de vida, estaba harto de no saber el nombre de la chica con la que amanecía.
- ¡Oh! – dijo Kate parándose.
- ¿Qué ocurre? – preguntó él asustado.
- Oye, con ese pasado tuyo y no te he pedido ningún certificado médico – le dijo.
- ¡Kate! – protestó él – oye que siempre he tenido cuidado, estaría borracho más de una vez, pero eso de tener embarazadas llamando a mi puerta…
- Tendré que hablar con tu médico – le dijo ella.
- ¿Quieres su número? – preguntó sacando del bolsillo su IPhone – mis revisiones siempre han salido bien. ¿Y tú que? ¿A qué llamo a tú médico?
- ¿Quieres el teléfono de Josh? – le dijo graciosa – Creo que no eres su tipo…
- Que graciosilla eres – le dijo abrazándola con más fuerza contra él mientras andaban.
- ¿Qué paso después de que te sacase de esa fiesta? – le preguntó.
- Me pareciste tan… - comenzó – tan fuerte, tan indomable, un reto… y cuando atrapamos a aquel niño rico y me rechazaste, fui a casa y escribí durante horas – le dijo - ¿sabes cuanto tiempo llevaba sin escribir? No me quedaba más remedio que pedirle a Weldon que me hiciese el favor.
- Me costó mucho perdonártelo – le aseguró ella – y a Montgomery le hacia tanta gracia…
- A veces miró al despacho de Gates y me parece verle – confesó él.
- Oye Rick – le dijo volviendo a parar - ¿en que parte de tu vida está Sophia?
- Sophia no fue… - explicó – es cierto que nos acostamos pero… fue antes de Gina – dijo cortando – si no te importa no me apetece hablar de ella.
Caminaron en silencio durante unos minutos, Kate entendió su silencio, entendió que aquella mujer le había decepcionado y quería borrarla de su vida, como si fuese una mancha que salpicase su propio historial, se alegraba de haber participado en aquel caso, pero cada vez que venía a su mente la consecuencias que matar a aquella niña habían podido tener para el mundo le entraban nauseas, y más al pensar que la mujer a la que admiraba podía haber sido la causante de tal caos.
Kate le paró y le acarició la cara, besándole.
- ¿Algo más que confesar que yo no conozca de los cuatro años que llevas incordiándome? – preguntó Kate.
- Creo que lo sabes todo sobre mí, detective – confesó él – tal vez no sabes que me matabas de celos cada vez que aparecías con un novio nuevo
- ¿Un novio nuevo? – preguntó ella sorprendida
- Sorenson, Deming, Josh…
- ¿Sorenson? – le dijo riendo – un buen amigo.
- Espero que no sigas besando a tus amigos así – le dijo recordándole que les había pillado besándose.
- Soy irresistible – le contestó riendo – ya te lo dije.
- ¡Oye! – regañó él – esa frase es mía.
Llegaron hasta la tumba del matrimonio Kennedy y él llamó a un taxi para que fuese a recogerles y llevarles de regreso al hotel.
Mientras Kate hablaba con Gates sentada en el sofá, Castle preparaba el prometido baño ardiendo y llenaba dos copas con el vino que había encargado a la hora de la comida. Kate seguía hablando y decidió esperarla dentro de la bañera, cerró los ojos, cansado por la larga caminata que habían dado y se quedó ligeramente dormido.
Kate entró en el baño y le miró sonriendo, se desnudo deprisa despertándole cuando apoyó su cabeza en el hombro de él.
- ¿Todo bien con Gates? – preguntó
- Si, todo bien – contestó – estas agotado ¿eh?
- Sólo un poco cansado – afirmó - ¿quieres que te de un masaje en los pies? – preguntó al ver como ella se masajeaba.
- ¿Lo harías? – preguntó deseando que la respuesta fuese afirmativa.
- Date la vuelta – le pidió y ella apoyó su espalda al otro lado de la bañera él atrapó su pie izquierdo entre sus manos y comenzó a hundir sus dedos con maestría.
- ¡Guau! Rick…
- Mejor ¿Verdad? – preguntó
- Genial – dijo ella cerrando los ojos
- ¿Qué pasó cuando tenías dieciocho? – preguntó de improviso él y Kate abrió los ojos y él ni siquiera se dio cuenta, seguía masajeando con fuerza el pie de Kate.
- Después de cenar – le contestó y él paro sus dedos.
- Ahora – ordenó – después de cenar el resto de tu vida pero ahora quiero saber como fue tu primera vez.
- Yo no he dicho que se tratase de eso – protestó.
- Kate…
- Vale… pero continua – dijo moviendo el pie – por favor.
- No hasta que no empieces.
Kate cerró los ojos, como si al no verlo pudiese sentir menos vergüenza.
- Tenía casi dieciocho años – comenzó y él volvió a su masaje – había empezado en Standford, ya sabes los primeros días son un caos, lejos de casa, de los amigos…
- Sigue o pararé – amenazó él.
- No me costó hacerme amiga de la chica con la que compartía habitación – continuó Kate – ella era de San Francisco y tenía un gran número de conocidos, ya sabes, la cercanía… y el primer fin de semana me llevó con ella a una de las fiestas que daban sus amigos más mayores en la casa que compartían y allí conocí a Laurent…
- ¿Laurent? – preguntó Castle
- Si… Laurent, francés – explico Kate – estudiante de tercer año de derecho.
- ¿Francés? – interrumpió de nuevo él - ¿el de la realeza que decía Madison?
- ¿Oye quieres que te lo cuente o…?
- Perdona, perdona… - se apresuró a decir- continua
- Me has interrumpido tantas veces que ya no sé ni como seguir – le dijo.
- ¿Dónde fue? – preguntó para que ella retomase la conversación.
- Había quedado en volver a Nueva York para acción de gracias – continuo – mis padres estaban pasando unos días en su cabaña, al norte, y volverían en coche el día antes, pero yo no tenía clases y regresé el fin de semana anterior. Laurent y yo hablábamos por teléfono se suponía que iba a viajar a Francia para estar con su familia unos días, pero decidió hacer escala en Nueva York sin avisarme. No tengo ni idea de cómo consiguió mi dirección, pero se presentó en mi casa… su avión salía al día siguiente, cenamos en casa y como mis padres no estaban le dije que se podía quedar allí y…
- No se enteraron.
- Creo que mi madre siempre lo supo – afirmó – pero nunca lo hablamos, así que tendré siempre esa duda.
- ¿Por qué crees que lo sabía?
- ¡Rick! Mi habitación era la de una adolescente llena de fotos de actores y…
- ¡Kate! ¿En serio? – comenzó a reír - ¿en la cama de tus padres?
- No creo que haya sido la primera hija en …
- Para, para, para – le dijo él – como a Alexis se le ocurra meter a un chico en nuestra cama la desheredo – dijo alarmado.
- Para eso tendrías que enterarte – le dijo sonriendo – y supongo que Alexis procuraría borrar sus huellas.
- La desheredo – advirtió.
- Exagerado – le dijo salpicándole en la cara
- ¡Oye! No hagas eso – le dijo tirando de su pie y haciendo que ella se sumergiese en el agua.
- ¡Rick!– le regaño al sacar la cabeza y volvió a salpicarle
- ¡Tú te lo has buscado! – dijo agarrándola de ambos pies y arrastrándola hacia él hasta pegarla a su cuerpo inmovilizándola con sus brazos - ¿y ahora que, detective? – le dijo riendo.
- Cállate y bésame… - dijo ella besándole y pasando sus manos por el cuello de él.
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