Él la observaba secarse el pelo a través del espejo del baño mientras terminaba de ponerse el aftershave y recolocaba su flequillo. Kate apagó el secador y lo colocó en su sitio cruzando su mirada a través del cristal.
- ¿Qué? – le preguntó al observar su sonrisa.
- Nada – contestó riendo – sólo que hoy eres tú quien tiene mucho que contarme.
- Después de cenar – le dijo besándole en el hombro.
- ¿Eso es la puerta? – preguntó él al oír un golpeteo rítmico.
- Parece que sí – contestó Kate – voy yo – le dijo señalando la pequeña toalla con la que él rodeaba su cintura.
Kate salió rápidamente atravesando la habitación y abrió la puerta. No había nadie y salió al pasillo, viendo a Lanie y a Espo alejarse hacía el ascensor y que se giraron al oírla.
- Pensábamos que no estabais – dijo Lanie sonriendo al verla descalza y vestida únicamente con la suave bata del hotel - ¿hemos interrumpido algo?
- Lanie – reprendió ella.
- Íbamos a cenar – comenzó Espo - ¿ya habéis cenado?
La puerta de la habitación se cerró de golpe y Kate miró hacia atrás.
- Y nosotros pensábamos que dormíais – les dijo llamando a la puerta – íbamos a pedir la cena ¿os quedáis y pedimos para los cuatro? – preguntó volviendo a llamar con insistencia.
Lanie miró a Espo, que asintió de buena gana, le dolía la cabeza y no le apetecía en absoluto salir a buscar un restaurante.
- Vale – contestó Lanie acercándose seguida de Espo.
- Abre Castle – dijo Kate volviendo a llamar temiendo que algún cliente del hotel la viese.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Castle abriendo la puerta.
- Ha debido cerrarse con el aire de la ventana abierta – aclaró Kate entrando seguida de Lanie y Espo que sonrieron al ver la guisa del escritor que sujetaba con una mano la pequeña toalla alrededor de su cintura
- ¿De verdad no interrumpimos nada? – preguntó Espo riendo.
- Si hubiésemos estado ocupados ¿De verdad crees que habría salido a abrirte Javi? – contestó Kate – tengo prioridades.
- Guau. Que contestación. Esa es mi detective – dijo Castle abrazándola con la mano libre y besándola en la mejilla.
- Reconocer que tenéis toda la pinta de… - dijo Lanie
- ¿De salir del baño? – preguntó Castle con inocencia.
- ¿Por qué no llamáis a recepción para pedir la cena? – preguntó Kate ruborizada e intentando cambiar de tema.
- ¿Por qué no os ponéis algo de ropa y la elegimos entre los cuatro? – replicó Lanie cogiendo el listado del menú de la mesa.
- Vale – contestó Castle – anoche tenían italiano…
- No quiero italiano de nuevo – se quejó Kate.
- Ahora lo vemos – dijo Castle tirando de ella hacia la habitación.
- Tenemos hambre – les gritó Lanie mientras desaparecían por la puerta – dejar para luego la parte de los besitos.
- Ir pidiendo si tardamos – contestó Castle llevándose un manotazo de Kate.
Salieron cinco minutos más tarde, ambos en pijama y Castle llamó a recepción para saber si esa noche también había algún tipo de especialidad.
- Chicos hoy tienen comida japonesa – les informó.
- Me encanta – dijo Kate entusiasmada.
- ¿Pescado crudo? – preguntó Espo – creo que es justo lo que necesita mi estómago.
- Puedes pedir lo que quieras – apostilló Castle – no tienes porqué comer japonés.
- Si te digo la verdad – aseguró Espo – me conformaría con un sándwich de queso caliente y puré de patatas.
- Vale – le dijo Castle – pues sándwich y puré para ti.
- ¿Tendrán? – preguntó el detective.
- No te preocupes, si no lo tienen lo harán – le afirmó Castle con una sonrisa.
- ¿Lanie? – preguntó Kate.
- Si la comida japonesa esta a la altura del hotel –dijo la morena – elijo japonés.
- ¿Rick? – le dijo Kate – sólo quedas tú.
- Eso Rick – dijo Lanie enfatizando el nombre – sólo quedas tú.
- Japonés – contestó él besando a Kate para intentar incomodar a Lanie - ¿algo en especial o pido una degustación como ayer?
- Por mi degustación – dijo Kate sonriendo – ayer estaba todo buenísimo.
- Vale – afirmó Lanie – está bien.
Castle llamó a recepción y pidió la cena mientras Kate les relataba el paseo que habían realizado aquella tarde y Castle se unió al relato cuando colgó el teléfono.
En menos de treinta minutos, dos camareros preparaban la mesa.
- ¿Cerveza? – sonrió Espo mirando a Castle.
- ¿No es eso lo que bebes? – le contestó con otra pregunta.
- Bah… claro tío – dijo Espo – peor que anoche no creo que acabe – y Lanie le miró con su habitual movimiento lateral de cabeza.
- ¿Y que decisión tomasteis? – preguntó Kate a ambos.
- ¿Decisión? – preguntó Espo - ¿Sobre qué?
- Sobre que Ron es el mejor, claro – afirmó Kate riendo.
- El Don Q sin duda – dijo él.
- ¡Kate! – regañó Lanie – no empieces o acabaremos como anoche. Aunque a mi me gustó más el Matusalem – dijo en voz baja par que solo la oyese Kate.
- Te he oído – dijo Espo.
- Javi – le llamó ella mimosa – a mi me gusta más…
- Chicos vamos a comer – dijo Castle tras cerrar la puerta y entregar una generosa propina a los camareros.
Kate destapó los entrantes y leyó los nombres de los platos.
- Tempura de verduras – dijo señalando el plato – Korokke que es masa de bechamel con mariscos – dijo señalando otro – Hiyayakko, que es tofu – explicó- y tallarines fritos Yakisaba
- Y para ti – le dijo riendo Castle a Espo – puré de patatas – y destapó plato del humeante puré.
Castle sirvió vino blanco en las copas de Kate y Lanie, sin que esta última pusiese ninguna objeción.
Espo y Lanie explicaron detenidamente como la noche anterior habían hecho una degustación del ron con los ojos vendados y que Vaziri había coincidido con Espo eligiendo siempre el mismo, mientras que tanto ella como Cam después del segundo no habían conseguido distinguirlos.
Los cuatro reían cuando Espo les relataba lo mal que le había sentado a Vaziri el alcohol y como le declaraba a Cam todo su amor delante de ellos.
- Vamos a ver lo que hay de plato principal – dijo Castle pasando su sándwich a Espo y descubriendo el resto.
- Guau – exclamó Kate viendo los platos – Gyoza – leyó – raviolis rellenos de verduras, también Kushiyaki brochetas de carne y verduras, Teriyaki de pollo y verduras y…
- Sashimi, sushi, ura maki, karami maki, aamai maki, atsu maki y kudamosno – explicó Lanie que conocía a la perfección los distintos tipos de platos de pescado crudo con arroz, enrollados con algas, picantes, dulces con frutas, flameados…
- ¿No es demasiada comida? – preguntó Espo
- Te lo parece porque estás con el estómago revuelto – afirmó Castle.
Continuaron con la cena, Lanie les decía que tarde o temprano Gates tendría que saber que ambos estaban juntos.
- Lanie si Gates se entera no nos dejará trabajar juntos – dijo Kate seria.
- Yo creo que ella ya lo sabe – le dijo Lanie – me parece absurdo que habiendo trabajado en asuntos internos no lo sepa.
- No podemos arriesgarnos – afirmó Castle – aunque confieso que no me importaría – dijo mirando a Kate que le sonrío sabiendo que estaba harto de esconderse.
- Si Gates se entera – empezó Espo – Kate será sancionada, y será su segunda sanción – dijo mirando a Kate y ella asintió – puede ser peor que la otra vez, puede costarle el puesto.
- Contrataré un buen abogado y Weldon no creo que lo permitiese – afirmó Castle – es una norma irracional.
- Es una norma lógica – dijo Kate – tiene su porqué y prefiero que no haya que llegar a nada de eso – dijo Kate – no se enterará y ya esta.
Llegaron al postre.
- Wagashi – dijo Castle – dulces hechos con arroz molido y también tenemos Imagawayaki pasta con relleno de masa de judías dulces.
- Y helado de té – añadió Lanie.
- Yo quiero uno de esos que has dicho al principio – dijo Espo mirando el plato.
- ¿Para el dulce no estás enfermo? – preguntó con malicia Kate.
Castle llamó de nuevo a recepción para que retirasen el resto de la cena.
- ¿Sabes algo de la orden de registro? – preguntó Espo a Kate
- No – contestó ella – Booth dijo que llamaría en cuanto la tuviesen, será que la fiscal no lo ha conseguido aún.
- Cam dice que Caroline es de las mejores – dijo Lanie – lo conseguirá.
- ¿Qué ha dicho Gates? – preguntó Castle a Kate pues sabía que había hablado con ella.
- Que el Lunes nos quiere en comisaría – contestó ella – si nos quedamos aquí el fin de semana será a cuenta de nuestros días libres.
- Pues nos quedan tres días – dijo Espo – hoy es jueves.
- Yo abro la puerta – dijo Castle cuando llamaron.
Castle despidió a los camareros y se acercó riendo a los sofás donde estaban sentados los tres.
- Bueno, bueno… - les dijo - ¿Don Q o Matusalem? – preguntó enseñándoles las dos botellas que había pedido.
- Castle – regañó Kate - ¿Cómo se te ocurre?
- Don Q para mí – dijo Espo.
- Matusalem – añadió Lanie.
- Yo haré caso a Espo – dijo Castle – el caribeño es él.
- ¿No tenéis remedio sabéis? – dijo Kate riendo.
- Lo sabemos – dijo Espo cogiendo vasos pequeños para tragos cortos– pero elige.
- Me fio de Lanie – dijo Kate – tiene mejor cara que tú, será que el ron es mejor.
- Cambiarás en cuanto lo pruebes – le advirtió.
Se sentaron en los sofás, cada pareja en uno y poco a poco, los cuatro fueron repitiendo de ambas bebidas, haciendo que sus mentes y cuerpos se relajasen y sus lenguas comenzasen a soltarse.
- ¿Así que te ha contado toda su vida? – preguntó casi en un grito Lanie – a ver si copias Javi – le dijo a Espo dándole un suave empujón en el brazo.
- Yo soy muy simple cariño – respondió Espo besándola rápido en los labios – soy lo que tienes delante.
- ¡Eh! ¿besitos y todo? – preguntó Castle metiéndose con ellos – dejarlo para luego.
- ¿Te crees que eres el único o que? – le contestó Lanie.
- Yo tengo una razón para esconderme llamada Gates – dijo él – y ahora aprovecho pero vosotros…
- Se los daré cuando se los gane – dijo Lanie mirando a Espo.
- Tío no me la mosquees – le advirtió Espo a Castle.
- Vale vale – dijo Castle levantando ambas manos.
- En cuanto a ti escritor ¿Algo interesante de tu vida que compartir con la afición? – inquirió Lanie que no olvidaba la conversación anterior.
Kate miró a Castle y ambos se echaron a reír.
- Nada Lanie – contestó Kate.
- ¡Oh vamos! – se quejó la forense – ambos os partís de risa… ¿Por qué?
- Lanie – dijo Castle – hay cosas que sólo puedo compartir con mi pareja – añadió.
- ¡Venga ya! – se quejó – Kate soy tu mejor amiga.
- No insistas – le dijo Kate – no es mi vida, es la de él y bastante me ha costado sonsacarle a mí – Castle la abrazó contra él besándola en la mejilla.
- Al menos decirnos que parte de su vida es la que tanta gracia os hace – insistió Lanie – no hace falta detalles.
- Está bien – dijo Castle envalentonado por el efecto del alcohol – nos reímos de mi primera vez.
- Su precoz primera vez –añadió Kate riendo.
- ¿Precoz? – preguntó Espo - ¿Cuántos? Porque yo tenía catorce.
- Quince – contestó Castle – me ganas tío – le dijo riéndose.
- Te ganaré en desastre – le dijo – porque ella tenía uno menos nos pilló su hermano que era mi mejor amigo, y que dejó de serlo claro – dijo Espo y los tres rieron.
- ¿En serio Javi? – preguntó Kate - ¿Cómo se te ocurre con la hermana de tu mejor amigo?
- Estaba muy buena – dijo él encogiéndose de hombros – y yo le gustaba. Y eso que todavía no tenía este cuerpazo – dijo doblando el brazo para enseñar los músculos – y Lanie se echo a reír.
- No te vería esta otra parte cariño – le dijo pellizcándole la tripa a la que le sobraban unas cuantas cervezas.
- ¡Oye! – protestó él – pues bien poco que te quejas cuando me ves sin camiseta.
- Pero eso es porque sólo te miro a los ojos – replico Lanie y Kate soltó una carcajada.
- ¡Seguro Lanie! – le dijo Kate – conociéndote seguro que solo le miras a los ojos.
- Calla anda – le dijo a Kate - ¿ella también te ha contado como fue su primera vez? – le preguntó a Castle.
- Lanie – advirtió Kate.
- Creo que eres demasiado bueno con ella Castle – le dijo al escritor llevándose una mirada medio asesina de Kate.
- Será porque estoy enamorado – contestó de inmediato él y sin pensarlo.
- Guau jefa – dijo Espo – le tienes en el bote.
- Eso espero Javi – contestó Kate dándole un beso a Castle en los labios.
- Sigo pensando que deberías interrogarla – añadió Lanie.
- ¿Y porque en vez de tanto preguntar no empiezas largando tú? – replicó Kate abrazándose más a Castle.
Espo la miró divertido. A él no se le habría ocurrido, al menos por el momento, preguntar al huracán Lanie nada sobre su pasado, aunque intuía que era bastante tempestivo y que estaba marcada por él.
- Yo tenía quince – admitió Lanie – aunque tu eso ya lo sabías, tardona – la espetó.
- Pero veo que Javi no – argumentó Kate.
- ¿Tardona? – preguntó Espo riendo.
- Pues ahora te toca a ti decírselo a Castle – sondeó la forense.
- ¿Y quién te ha dicho que no lo sé? – contestó Castle riendo.
- ¿Lo sabe? – preguntó chillando a Kate – has hecho trampa para que yo hablase – admitió.
- Pero no has dicho con quien – añadió Castle.
- Ni tú – le dijo ella cortante.
- Bueno… yo… - dijo Castle mirando a Kate – fue con una de mis profesoras – dijo sin mentir del todo pero sin dar más explicaciones.
- ¿Profesora? – preguntó Espo – eso suena a que era bastante mayor que tú.
- Digamos que… - asintió Castle – podría casi doblarme la edad.
- Clases particulares – dijo Espo sonriendo - choca esos cinco tío eres un hacha – le dijo tendiéndole la mano para que Castle la chocase.
- Kate… - dijo Lanie – estamos esperando.
- Si eso jefa – añadió Espo – yo ya tengo curiosidad.
- Lanie aún no te ha dicho con quien – contestó Kate sonriendo y provocando que Espo se girase para mirar a Lanie.
- Bueno, fui a un concierto… - dijo ella
- ¿Y? – apremió Kate riendo
- Tenía ganas de conocer al cantante – alegó ella – y resultó ser un encanto.
- ¿Quién? – interrogó Espo
- No, no – dijo Lanie – eso si que no te lo voy a decir, te puedo decir que era un rapero y que tenía cinco años más que yo, pero no pienso decir nada más – espetó la forense.
- Vale – contestó Espo – no voy a preguntarte más – dijo besándola en la mejilla – jefa es tu turno
Kate había notado que Castle no había hecho ningún comentario a Lanie y le miró extrañada, observando que él se había quedado algo pensativo y taciturno.
- ¿Qué ocurre? – le preguntó despertando el interés de Lanie y Espo.
- Alexis – dijo él llenando de nuevo su vaso y haciendo un gesto a Espo que asintió para que le llenase el suyo.
- ¿Le pasa algo a Alexis? – preguntó Lanie preocupada por la chica a la que tenía en gran estima.
Castle con la botella en la mano miró a Lanie y después a Kate y ellas asintieron.
- Estamos aquí – dijo bebiéndose de un trago el ron – hablando de nuestras primeras veces y no me había llegado a dar cuenta que tengo una hija que seguramente ya ha tenido su primera vez – dijo melancólico – o si no lo ha hecho estará a punto – observó - ¿Cuándo se ha hecho tan mayor?
- Vamos, vamos escritor – le dijo Lanie – la vida pasa…
- Y lo que es peor – añadió cambiando la mirada - ¿con quien? – dijo casi en un grito provocando la risa de los otros tres.
- Eso es fácil de contestar – le dijo Kate
- ¿Lo sabes? – le preguntó girándose a toda prisa para mirarla.
- Nooo – contestó rápido Kate - Alexis sólo ha tenido dos o tres novios desde que te conozco.
- ¿Me lo dirías verdad? – le insistió Castle.
- Rick, claro que no – le dijo – eso es algo entre Alexis y tú.
- ¿No me lo dirías? – medio grito – eres mi novia…
- No – insistió Kate – y ella es tu hija, si yo lo supiese no traicionaría su confianza, tendría que ser ella quien te lo dijese.
- Es verdad – apuntó Lanie - ¿tu le dijiste a tu madre cuando y con quien?
- No – dijo él pensativo – pero no estamos hablando de mí – se defendió.
- Yo no les dije nada a mis padres – dijo Kate.
- Ni yo a la mía – dijo Espo.
- Yo tampoco – añadió Lanie.
- Todos, cuando hemos pasado por ello hemos guardado silencio ante nuestros padres – dijo Kate – es lo normal, es lógico que no te lo cuente.
- Seguro que lo sabes y no me dices nada – dijo Castle con ojos interrogantes a Kate.
- Jamás traicionaría su confianza – le repitió ella con decisión.
Castle la miró en silencio, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
- Antes mi madre y Alexis confabulaban contra mí – aseguró – y ahora en vez de unirte a mi contra ellas…
- Basta Rick – le pidió.
- Por ahora – concluyó él.
- Alexis es una chica increíble – dijo Lanie – inteligente sensata y responsable, no deberías preocuparte – añadió mirando a Kate e intuyendo que sabía más de lo que aseguraba.
- No lo entenderéis hasta que no tengáis hijos – les dijo alternando su dedo índice de Lanie a Espo.
- Eso es improbable – contestó Espo esquivando a Castle para que Lanie no se enfadase – jefa estoy a la espera…
- ¿No se te olvida? – preguntó Kate bebiéndose de un trago el ron.
- Creo que es justo – contestó – soy el único que no lo sabe.
- Dieciocho – casi escupió Kate – con un estudiante de mi universidad cuatro años mayor… ¿contento?
- ¿Dieciocho? – preguntó Espo con una sonrisa – así que no eras la chica mala que pensaba… - le dijo y Kate le sacó la lengua.
- ¿Sorprendido? – preguntó Castle – pues eso no es nada, el tipo era de la realeza francesa.
- ¿De la realeza francesa? – preguntó Lanie sorprendida - ¿Por qué no me habías dicho eso?
- Porque eso no es verdad – aseguró Kate – era solo una suposición de Madisson.
- Chica – dijo Espo a Lanie – creo que ya es hora de meterse en la cama.
- Vaya prisas – rio Castle.
- Tío no es lo que piensas – le aclaró – estoy muy cansado – dijo poniéndose en pie.
- ¿Cansado? – preguntó Lanie levantándose y ladeando su cabeza provocando las risas de Castle y Kate.
- ¡Oh! Vamos Lanie – dijo Kate – no seas muy dura con la marmota.
- Anda, marmota – dijo Lanie cogiendo del cinturón a Espo – vamos a dormir. Chicos – les dijo con un gesto de su mano – podéis seguir con lo que estuvieseis haciendo cuando llegamos.
Castle y Kate acompañaron hasta la puerta a la pareja, despidiéndose. Kate cerró la puerta apoyándose en la misma volviéndose hacía él. Castle la miró sonriendo y dio un paso pegándose contra ella.
- Esta situación me suena – dijo besándola.
- ¿Ah si? – respondió ella en su boca – recuérdamelo – le dijo lanzándose a besarle.
- No – contestó él separándose y dejándola sorprendida.
- ¿No? – preguntó desconcertada.
- No vas a distraerme para que lo olvide detective – dijo besándola en la punta de la nariz – tienes algo que contarme.
- Bueno… al menos lo he intentado – confesó ella.
- Y ha sido un buen intento – le dijo – voy un momento al baño ¿preparas una copa y me esperas en el sofá? – le dijo besándola de nuevo y ella asintió mientras andaban hacia el sofá.
Kate le soltó la mano y él fue a la habitación mientras ella sacaba hielo de la nevera y llenaba un par de vasos donde sirvió de una de las botellas de ron. Se sentó en el sofá y le miró mientras él se acercaba.
- ¿Tienes frío? – preguntó señalando la bata del hotel que se había puesto él.
Castle no contestó, se limitó a sentarse encima de ella en el sofá acurrucándose en su regazo.
- ¡Rick! – le dijo divertida – pesas demasiado para mi.
- Oye esto es un cambio de puestos – explicó – tu me abrazas mientras me lo cuentas y si te portas bien, te dejaré que mires que llevo puesto debajo de mi bata.
Kate comenzó a reír sonoramente contagiándole a él que hundió su nariz en el cuello de ella haciéndola cosquillas y dándole suaves besos.
- No seas ganso – le reprendió – pesas demasiado para mi.
- Sabía que reirías y me encanta verte reír – manifestó él sentándose sobre el sofá y obligándola a que ella lo hiciese sobre su regazo.
- Y a mi me encanta que hagas el ganso – le dijo sonriendo - ¿Qué quieres saber? – le preguntó directa.
- ¿Sinceramente? – ella asintió – quiero saber todo de ti, pero quiero que seas tú quien decida lo que quieres contarme, así que, si ahora únicamente decides contarme que te aterraba cuando eras niña, seré feliz de que compartes eso conmigo.
Kate le miró y subió su mano hasta acariciarle la mandíbula, acercándose muy despacio a él y depositando un lento y cálido beso sobre sus labios.
- ¿Recuerdas el día de la presentación de Ola de calor? – le preguntó muy bajito ella mirándole a los ojos y el asintió.
- Recuerdo que estabas preciosa con ese vestido azul de Herve Leger – le dijo sonriendo.
- Aseguraste algo de mí y estabas equivocado – le reveló.
- ¿Qué dije? – preguntó confuso – sabes que digo muchas tonterías al cabo del día – aseguró rozando sus narices.
- Me dijiste que a mi nadie me había puesto los cuernos – declaró.
- ¿Y tú que me dijiste? – preguntó él con curiosidad.
- Que como podías asegurarlo – contestó Kate.
- ¿Qué hombre podría haberte despreciado alguna vez? – preguntó él.
- Eso mismo fue lo que dijiste – sostuvo Kate – y la realidad es que si hubo alguien que lo hizo.
Castle la abrazó contra él, haciendo que ella hundiese su nariz en su cuello y perdiese el contacto visual para que no se sintiese tan avergonzada. Castle sintió como Kate abrió la boca para hablar en un par de ocasiones, él lo notaba en su cuello, por el movimiento de sus labios, besó su cabeza y ella suspiró.
- Seis meses después de empezar a salir con Laurent lo dejamos – comenzó – y poco después conocí a Mark, fue antes de acabar el primer año y pasamos casi todo el verano juntos, conociendo California desde San Francisco a San Diego, antes de que yo tuviese que volver a Nueva York para ir de vacaciones con mis padres y él a Chicago con los suyos.
- ¿Tus últimas vacaciones con tus padres? – preguntó él adivinándolo por la edad de Kate.
- Si – afirmó ella notando como él la apretaba más contra si – y confieso que no tenía ningunas ganas de volver para estar con ellos, y ahora me lamento de no haberlo hecho antes para haber podido pasar más días juntos – se lamentó- después del verano volvimos a Standford y ambos fuimos a Moscú el primer trimestre. Pasábamos las veinticuatro horas del día juntos.
- Ibais en serio – observó él.
- Eso parecía – dijo dejando escapar una triste carcajada – volvimos a nuestras casas para pasar la Navidad y fue cuando…
- Tu madre – le dijo besándola en la frente y volviendo a apretarla contra él.
- Le llame mas de cien veces y no contestaba – afirmó Kate – necesitaba hablar con él, necesitaba verle, necesitaba que estuviese a mi lado, pero no contestaba.
Castle se mantuvo en silencio, entendía que Kate le estaba abriendo la parte más dolorosa de su vida, la muerte de su madre y ahora descubría que algo más pasó durante esa época, algo que explicaría porque Kate se había cerrado tan completamente al resto del mundo.
- Me llamó tres días después – dijo Kate secándose una lágrima que había rodado por su mejilla – dijo que había ido a la casa de un familiar unos días y había olvidado el teléfono en su casa. Hablamos durante horas y horas durante los siguientes días, y cuando llegó el momento de volver a clase, voló hasta Nueva York para que fuésemos juntos a Standford.
Castle comenzó a acariciar con suavidad su brazo haciéndola saber que estaba ahí para escuchar si ella quería seguir, o para abrazarla y mimarla si decidía parar.
- Después de Moscú habíamos decidido que cuando volviésemos a Standford viviríamos juntos y fue lo que hicimos –dijo- aunque mi cabeza sólo estaba pendiente de saber quien había podido habernos hecho tanto daño a mi padre y a mí. Algunos días no era capaz de concentrarme en clase y tenía que salir para poder respirar. Uno de esos días volví a casa, incapaz de ir a clase…
Kate hizo un silencio y él le limpió las lágrimas, besando sus mejillas.
- Los encontré al entrar en casa – le dijo Kate – ella también estudiaba en Stanford y era de Chicago, no hizo falta sumar mucho para darse cuenta donde había estado Mark cuando le llamaba.
- Lo siento – acertó a decir Castle.
- Metí parte de mis cosas en una maleta y volví a casa en el primer vuelo.
Kate comenzó a llorar más amargamente.
- Y cuando entré en casa ella no estaba ahí para consolarme – dijo entre hipos – mi madre no estaba Castle… y yo sólo tenia rabia, rabia y el corazón doblemente roto y nadie me decía quien había asesinado a mi madre ni porqué… ¿Por qué? ¿Por qué unos meses antes yo era feliz? ¿Por qué me había pasado todo eso?
Castle se incorporó levemente con ella en su regazo y comenzó a moverse acunándola entre sus brazos.
- Shsss tranquila Kate, tranquila mi vida. Lo siento, siento mucho todo por lo que tuviste que pasar – le dijo apretándola muy fuertemente y moviéndose con ella – estoy aquí…
- Lo sé – contestó ella – lo sé, sé que estas aquí. Ojalá hubieses estado entonces – confesó entre hipos.
- Ojalá – dijo él – porque no habrías creado ese escudo.
Se mantuvieron en silencio, abrazados durante unos minutos, los suficientes para que Kate calmase su llanto, ayudada por los suaves besos de él sobre sus mejillas y las caricias de sus manos sobre su espalda y su brazo.
- Deberíamos ir a dormir – le dijo él – no me mires así, he dicho dormir.
- ¿Puedo hacerte dos preguntas? – preguntó Kate con la voz ronca por el llanto.
- Claro – contestó él sonriendo y levantándose del sofá con ella en brazos.
- ¿Qué es lo que quieres de mí Castle? – le preguntó
- Lo quiero todo Kate – contestó mirándola – quiero lo bueno y lo malo que hay en ti, y lo quiero para siempre.
Ella le sonrío y él la beso suavemente mientras empezó a andar hasta la habitación.
- ¿Y la segunda pregunta? – le dijo mirándola muy pegado a ella.
- ¿Qué llevas puesto bajo tu bata?...
Kate le sonreía acariciándole la mandíbula suavemente, él se sostenía sobre sus antebrazos, suspendido sobre ella e inmovilizándola con su cuerpo.
- Sé que te ha gustado – afirmó él besándola muy suavemente.
- ¿Cómo puedes ser así de ególatra? – le preguntó ella.
- ¡Eh! – dijo riendo suavemente – no Kate, no me refiero al sexo – le dijo – aunque no creo que tengas ninguna queja… - le dijo triunfal y ella le dio un suave manotazo en el desnudo hombro.
- ¿A que te refieres entonces? – le preguntó.
- A la ropa que llevaba debajo de la bata – aseguró.
- ¿Los calzoncillos con el dibujo al monumento de Washington? – preguntó riendo suavemente.
- Te han gustado ¿a que si? – le dijo sonriendo y besándola.
- Deberían detenerte por faltar al respeto a nuestro primer presidente – le dijo.
- ¿Serias tú quien se encargaría de esposarme? – preguntó besándola en el cuello.
- Debería hacerlo – dijo ella gimiendo ante el contacto de las caricias de sus labios sobre su piel – debería esposarte para que te estuvieses quieto.
- Puedes hacerlo cuando quieras – le dijo entrecortadamente mientras seguía centrado en su cuello – me dejo.
- No me des ideas – dijo Kate jadeando y él levantó la cabeza mirándola.
- Quieres que… ¿quieres que pare? – le preguntó con suavidad.
Kate le cogió por el mentón y pasó su dedo pulgar por los labios de él.
- ¿Quieres callarte y seguir con lo que hacías?
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