Kate salió de la sala recibiendo un gran abrazo por sorpresa de Caroline.

- Bien hecho detective – le dijo la fiscal saliendo disparada para acudir a los juzgados.

- Gra… gracias – acertó a decir ella.

- Tómatelo como un gran cumplido – le dijo Booth – Caroline no suele hacer eso nunca.

- Has estado genial – le dijo Castle abrazándola.

- El mérito es de Sweets – contestó ella mirando al joven que le sonrió agradeciéndole el cumplido – tengo que llamar a Gates.

- Yo llamaré al Jefersonnian – dijo Booth.

- ¿Crees que podría llamarte alguna vez? – preguntó Castle a Sweets que le miró curioso- ya me entiendes, cuando necesite un perfil para algún libro.

- Claro – contestó el joven riendo - ¿Crees que yo podría llamarte cuando necesite apoyo en una editorial para publicar algún libro?

- Está hecho – dijo Castle tendiéndole la mano que Sweets estrechó – aunque supongo que con Brennan no necesitarás mi apoyo.

- Me abstengo de decirles nada – respondió él señalando con la cabeza a Booth.

Kate le contaba a Gates como había finalizado el caso y esta les felicitaba indicándole que hablaría con el alcalde para que hiciese un comunicado de prensa.

- ¿Volverán hoy? – preguntó Gates

- Ehm… no señor – contestó algo confusa Kate – el agente Booth nos ha pedido que mañana seamos sus invitados en un acontecimiento familiar y hemos accedido, volveremos el domingo.

- Está bien detective – dijo suspirando al otro lado Gates – pero el lunes quiero un informe detallado lo antes posible.

- Si claro señor – contestó Kate.

- Buen trabajo detective – concluyó Gates.

- Gracias señor – dijo Kate – pero sin la colaboración de los doctores del Jefersonnian no hubiésemos podido resolverlo.

- Ya – contestó al otro lado de la línea la capitana – pues espero que hayan construido una relación y que podamos recurrir a ellos en si algún momento necesitásemos de su colaboración.

- Creo que si señor – afirmó Kate – Castle se ha ocupado de esa parte.

- ¿Castle? – preguntó la capitana – quizá deba recordarle que no forma parte del equipo policial.

- Lo sé señor – dijo Kate deseando decirle algo más – pero los doctores tampoco pertenecen a ningún cuerpo de seguridad, Castle ha sido quién más se ha acercado a ellos.

- Esta bien – claudicó Gates – no importa como, el caso es que podamos recurrir a ellos. En cuanto al FBI…

- En ese terreno no hay problema señor – afirmó Kate – el agente Booth sirvió con Esposito en el ejército y…

- Me alegra saberlo – afirmó Gates – detective, tengo que cortar, tengo asuntos pendientes. Les veo el lunes. Adiós.

- Señor…

Kate cortó la comunicación con una mueca.

- Libres hasta el lunes – afirmó Kate al resto – aunque tengo que hacer un informe.

- Me están enviando toda la información desde el Jefersonnian – le dijo Booth – y pensaba ponerme ahora con mi informe, así que, si quieres, podíamos trabajar lo que queda de mañana juntos y lo tendrías hecho para el lunes.

- Eso sería estupendo – dijo Kate - ¿y vosotros que vais a hacer? – preguntó Kate a Espo y Castle.

- Yo me encargo de enseñarles todo esto – se apresuró a decir Sweets - ¿nos vemos a la hora de comer?

- Para entonces espero haber terminado – dijo Booth - ¿me pasas tu informe para incluirlo? – le preguntó a Sweets.

- Claro – le contestó él – vamos a mi despacho y te lo enviaré por correo.

- Nos vemos luego – le dijo Castle a Kate.

- Castle…

- Lo sé… - contestó el soplando – no tocaré nada…

- Eso es – dijo ella sonriendo - buen chico.

Sweets les indicó que le siguieran mientras Kate miraba como se alejaba Castle observando las instalaciones.

- ¿Vamos detective? – preguntó Booth – pediré un portátil para que puedas hacer tu informe.

Sweets les hizo pasar a su despacho y tomaron asiento en un sofá mientras él enviaba datos desde su ordenador a Booth. Tras varios minutos y después de dejar de escribir, se levantó y se acercó a ellos sentándose en la butaca que tenían enfrente.

- En realidad quería hablar con vosotros – dijo sin rodeos el psicólogo.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Castle.

- Me gustaría ayudaros a resolver vuestro problema de confianza – les dijo cruzando sus dedos y llevándolos a su barbilla.

- ¿Problema? – preguntó Espo - ¿De que hablas? Nosotros no tenemos ningún problema tío.

- Yo creo que si – afirmó Sweets enfrentándose a la negativa del detective.

- Dejemos que continúe – dijo Castle a Espo.

- Quiero que le digas a tu compañero – le dijo a Espo – porque aunque no sea policía es tu compañero, cuanto te costó procesar y revisar todas las pruebas que le incriminaban en un asesinato.

- ¿Cómo? – bramó Espo - ¿pero que dices? No pienso hablar de aquello.

- ¿Seguro? – preguntó Sweets – porque como no se lo aclares Richard seguirá pensando que disfrutaste encontrando pruebas…

- Oye tío – dijo Espo levantándose – no sé que pretendes y no pienso aguantarlo.

- Espo – le dijo muy serio Castle – siéntate por favor – le pidió.

Espo miró a Castle, que le sonrío levemente señalándole el sofá. Espo resopló levantando las cejas al escritor que le asintió y volvió a sentarse negando con la cabeza.

- ¿Qué pasó exactamente? – preguntó Sweets mirando a ambos.

- Nos llamaron para acudir a un asesinato – comenzó Castle – el escenario era espeluznante, una chica grapada literalmente al techo con alambre de espino y una extraña marca grabada en su frente.

- Fuimos siguiendo las pistas – siguió Espo – en un principio nos conducían a su jefe, su compañera de piso decía que salía con alguien que podía permitirse el lujo de comprarle regalos muy caros y llevarle a restaurantes de moda. Ella no sabía de quien se trataba, por lo visto él quería llevarlo en secreto, deducimos que por estar casado.

- Entonces aparecieron mis huellas en el escenario del crimen – aseguró Castle.

- Y tuvimos que pelear con los CSI – suspiró Espo – aseguraban que las huellas estaban allí antes que Castle llegase, y no les gusta que les llevemos la contraria, ya sabes como son los técnicos.

- Lo sé – dijo Sweets pensando en Hodgins.

- Me lleve una charla de Beckett por no tener cuidado – aseguró Castle.

- Y uno de los CSI y yo – dijo Espo – no nos hablamos desde entonces – Castle le miró ante la confesión y le sonrió.

- Pero antes de llegar a descartar al jefe de la chica– dijo Castle – encontramos un pendiente que según la compañera de su piso, le había regalado su novio secreto, y encontramos al diseñador de la joya que lo identificó enseguida y nos mostró unas grabaciones de la persona que los había comprado en metálico.

- La sorpresa de todos es que quien compraba esos pendientes era Castle – dijo Espo – Ryan me confeso que sabía que estabais juntos desde hacía unos meses – le dijo a Castle – y admito que me molestó mucho no haberme enterado y que lo mantuvieseis en secreto.

- No era por ti – se quejó Castle – era por Gates, Beckett temía que ella me echase y la sancionase, tan sólo habían pasado unos meses desde su primera sanción.

- Me molestó – le dijo Espo- pero me alegré por vosotros, todos sabíamos lo que ambos sentíais en uno por el otro y lo difícil que había sido desde el principio para los dos. Beckett merece ser feliz y todos sabíamos que tú eras el único que le arrancaba sonrisas y ganas de seguir trabajando.

Castle sonrió mirando hacía el suelo, recordando fugazmente el tiempo que había luchado por Kate sin atreverse a más.

- Cuando Beckett vio la grabación se derrumbó – continuó Espo - y nos pidió que investigásemos concienzudamente tus llamadas sin descubrir lo vuestro – añadió – y pidió tus movimientos bancarios para descartarte, estaba segura que se trataba de algún error o una maldita casualidad.

- ¿Por qué pedisteis la orden de registro de mi casa? – preguntó Castle.

- Ryan encontró una retirada de efectivo de tu cuenta por 2000 dólares el mismo día que se compraron por ese mismo importe y en efectivo esos pendientes – dijo Espo.

- Yo retiro de mi cuenta esa misma cantidad de vez en cuando – le dijo a Espo – tengo una madre y una hija en casa y ambas tienen gustos caros – dijo medio riendo.

- Coincidía tío – le dijo – y Beckett aun así no podía creerlo, tuvimos que hablar con Gates, lo hizo Beckett, ella insistía que debía tratarse de un error y nos hizo seguir investigando únicamente para descartarte. Le preguntamos si ella estuvo contigo la noche del asesinato, pero curioso, estuviste sólo en tu casa escribiendo.

- Iba retrasado – dijo él con los ojos perdidos.

- Cuando fuimos a su casa con la orden – prosiguió Espo – encontramos una bolsa con alambre de espino igual al utilizado para colgar a la chica.

- Y me condenaste – le aseguró Castle.

- Luchamos por descartarte – dijo Espo – huellas, dinero en efectivo, una grabación de vídeo y el alambre en tu casa… no pintaba nada bien, pero Beckett nos dijo que investigásemos tu ordenador y el de la chica. Estaba desesperada y Ryan y yo haremos todo lo que Beckett nos pida… sea lo que sea – aclaró.

- Para entonces yo ya estaba encerrado – dijo Castle – y no tenía ni idea de quien podía estar intentando implicarme.

- Cuando investigamos tu portátil… la cosa empeoró – aseguró Espo – documentos borrados, mails cruzados con la chica en la que le pedías que se callase sobre lo vuestro… te habría matado ¿sabes? tu no viste la cara de Beckett – le dijo Espo – sólo quería que te pudrieses en la cárcel.

- Gracias – le dijo Castle sonriéndole.

- Tío… me sentí engañado – se quejó Espo - pensaba en como Montgomery nos había hecho aceptarte junto a nosotros, todos los casos que habíamos resuelto, como nos habíamos hecho amigos… y sobre todo pensaba en Beckett y como debía de estar pasando en esos momentos.

- Lo entiendo – dijo Castle.

- Cuando conocí a Beckett – dijo Espo – me conmovió su historia, su lucha, su entrega completa al trabajo sólo por dar a los demás lo que ella no había podido obtener. Yo había estado en el ejército y eso me hacía pensar que era un tipo duro – confesó con una triste carcajada – había visto morir a compañeros y a centenares de civiles, incluidos mujeres y niños, pero jamás había visto hasta donde es capaz de llegar una persona por el dolor de perder a un familiar, jamás había visto el dolor como lo vi en Beckett.

Se hizo un silencio en el despacho de Sweets, Castle fijaba su vista en un lugar perdido de la alfombra abandonándose en sus tonos oscuros y Espo movía la cabeza negativamente.

- Cuando Montgomery nos asignó a Ryan y a mi para trabajar con ella – continuó Espo – nos hizo prometer que la cuidaríamos como si fuese nuestra hermana pequeña, más allá de jerarquías y de trabajo – le aseguró a Castle mirándole fijamente – y yo solo quería matarte con mis propias manos por hacerle eso.

- No confiaste en mí Javi – le dijo Castle – me conocías y no confiaste en mí.

- Lo sé – confesó – estaba cumpliendo una promesa Castle, debía protegerla y en ese momento era de ti.

Castle asintió en silencio, se inclinó ligeramente hacía delante y cerrando su puño se lo mostró a Espo, quien hizo una mueca con su boca y cerrando a su vez el puño lo chocó contra el de Castle.

- Espero que mantengas siempre esa promesa – le dijo y Espo asintió.

- Y yo espero que no se lo digas a Beckett o se cabreará – le dijo Espo.

- No lo haré – le aseguro y Espo arrugó sus labios asintiendo.

Sweets les observó sonriendo.

- ¿Qué tal si os enseño esto? – les preguntó y ambos asintieron.

La mañana fue pasando para todos. En el Jefersonnian preparaban pruebas para dárselos a Caroline, Kate y Booth rellenaban informes y Castle, junto a Espo y Sweets tomaba nota mental de todo aquello que veía, con la intención de poder plasmarlo tarde o temprano en alguna de sus novelas.

Cuando llegó la hora de comer, todos acudieron a uno de los restaurantes preferidos de Booth y que había dejado de ser su territorio cuando el resto lo descubrió. Se saludaron entre ellos felicitándose mutuamente por haber conseguido atrapar a Jennifer, se sentaron en una mesa larga que el dueño del local les había preparado y Castle observó como el dueño comenzaba a poner platos de comida sin que nadie hubiese pedido aun lo que querían comer.

Kate fue a abrir la boca para protestar ante un plato de tallarines con bambú y pollo y Ángela, que estaba sentada a su lado cogió su mano para que no terminase de llamar al camarero.

- No Kate – le dijo – él nos sirve la comida que él considera que realmente necesitamos, no te resistas y pidas otra cosa, hazme caso.

- El primer día que vine aquí – añadió Hodgins – me negué a comer lo que me puso y pedí otra cosa, me estuvo doliendo el estómago durante horas – aseguró – cuando volvimos al día siguiente fue él quien me dio el mismo plato que yo había pedido y mi estómago se recuperó por completo.

- Espera a que traiga lo mío y si te gusta más – le dijo Castle sentado a su lado – te lo cambio.

- No – dijo Kate extrañada por la situación– está bien así – me gustan.

Después de comer, todos volvieron a sus trabajos excepto los cuatro neoyorkinos, que volvieron al hotel. Habían quedado en verse de nuevo por la noche en "Los padres fundadores" para tomar unas cervezas y celebrar que habían cerrado el caso.

- Creo que Lanie y yo vamos a ir a pasear y conocer un poco la ciudad – dijo Espo – me disteis envidia con vuestro paseo – les dijo y ellos le sonrieron.

- A mi me apetece tomar un largo y relajante baño – dijo Kate suspirando.

- ¿Os parece que quedemos sobre las ocho y tomemos un sándwich en algún sitio antes de ir a por esas cervezas? – preguntó Castle.

- Ocho y media – dijo Lanie consultando su reloj – o no me dará tiempo a arreglarme.

- A las ocho y media- dijo Kate y tiró de la mano de Castle hacía el ascensor.

Lanie y Espo salieron del hotel siguiendo la ruta que el día anterior habían hecho sus amigos. Castle abrió la puerta de la suite y dejó que entrase Kate.

- ¿Terminaste el informe para Gates? – le preguntó

- Tarea terminada – dijo Kate enseñándole una memoria USB con el logo del FBI.

- Guau que chula – dijo Castle - ¿me la darás cuando descargues el informe? – preguntó como un niño pequeño.

- ¿Y que me vas a dar tu a cambio? – preguntó ella acercándose y entrecerrando los ojos.

- ¿Qué es lo que quieres? – dijo Castle medio riendo.

- Me lo pensaré – dijo Kate torciendo sus labios – voy a preparar el baño – le dijo.

- Yo voy a llamar a Alexis – dijo Castle mirando la hora – ya ha tenido que acabar las clases.

- No la obligues a ir a tu casa para cuidar que Martha no haga una fiesta en tu ausencia – le dijo Kate mientras iba al baño.

- Mi madre no sabe cuando volveré – le dijo él.

- Si lo sabe – aseguró Kate asomándose por la puerta – me ha llamado esta mañana cuando tu estabas con Sweets y Espo.

- Necesito a Alexis – dijo él buscando rápido su teléfono.

- Exagerado – le dijo Kate riendo y volviendo al baño – mándale un beso de mi parte – le dijo.

Kate se sumergió en el agua caliente, posando su cabeza sobre el borde de la bañera y aspirando el olor relajante de las sales de baño y la espuma. Cerró los ojos oyendo a Castle hablar por teléfono. Sin duda padre e hija se estaban poniendo al día. A Kate le gustaba la complicidad que ambos compartían, era algo que siempre le había fascinado de Castle, cada vez que Alexis le planteaba un problema, él maduraba treinta años en tres minutos, para volver a perderla en cuanto Alexis solucionaba el asunto, y volver a ser el Castle despreocupado e infantil que tanto adoraba.

Abrió lentamente los ojos al oír un pequeño tintineo y se topó con la cara de Castle cerca de la suya con una copa de vino blanco en cada una de sus manos, se inclinó sobre ella dándole un beso sobre la mejilla que alargó más de lo normal.

- Alexis te manda un beso enorme – aclaró mientras le tendía la copa.

- ¿Te hago un hueco? – le preguntó Kate echándose hacía delante mientras le veía desabrocharse la camisa.

Ambos, inmóviles, mantenían los ojos cerrados Castle acariciaba el brazo de Kate y ella apoyada en el hombro de él giró levemente su cabeza besándole el cuello.

- Kate

- ¿Mmm?

- Sweets ha hecho que Javi y yo hiciésemos las paces – le dijo muy bajito.

- ¿Habéis regañado por algo? – preguntó demasiado relajada Kate y casi sin hacerle caso.

- Por lo de mi detención – confesó él y Kate abrió los ojos prestándole atención.

- ¿Y que ha pasado? – preguntó ella tensándose.

- Bueno, Javi me ha dado sus motivos – dijo Castle besándola sobre el pelo – y he entendido todo, y él ahora sabe que yo estaba molesto.

- Me alegro que lo hayáis aclarado– le dijo cogiendo la mano de él y besándole el dorso.

- Gracias – le dijo apretándola contra él.

- ¿Por qué? – preguntó ella riendo

- Porque Javi me ha dicho que estabas totalmente empeñada en buscar pruebas para demostrar que yo no había sido - reconoció él.

Kate volvió a besarle la mano, y él se removió acomodándola más a su cuerpo.

Un par de horas después, ambos salían por la puerta del hotel, dando un corto paseo por la calle, Castle quería comprar unos caramelos a Martha que elaboraban de forma artesanal en una repostería cercana.

- Siempre que vengo a la ciudad se los llevo – informó a Kate – le encantan.

Kate sonrió, Castle siempre estaba renegando de su madre, pero ahora, después de sus días de confesiones mutuas, sabía que el escritor adoraba a Martha, a la que ella además tenía en gran estima. Kate apreciaba siempre los consejos que ella les daba, tanto los que iban a ella, como los que Castle le contaba que recibía él mismo. Kate reía con algunas de las extravagancias de la actriz y con su forma de vida. Encontraba a Martha una mujer jovial en quien confiar plenamente y que le había mostrado desde el primer día e incondicionalmente todo su cariño. Sonrió al acordarse de la primera noche que pasó en la cama de Castle y como Martha, pese a confesar más tarde que sabía que ella estaba allí, no les había incomodado y había actuado con total discreción.

- ¿No puedes elegir una un poco más grande? – preguntó Kate al ver que él pedía la caja más pequeña.

- ¿Y que me acuse de hacerle perder su figura porque es incapaz de controlarse y se los come de una vez? – le dijo él.

- Pues compra varias y no se las des a la vez – le sugirió Kate.

Castle la miro y sonrió.

- Está bien – le dijo pidiendo al dependiente que le pusiese varias cajas.

- Si sólo se los llevas cuando vienes aquí – le dijo – últimamente no le llevas muchos ¿verdad?

- ¿Sabes? – le preguntó Castle – creo que al final voy a salir perdiendo, te llevas demasiado bien con mi madre y con Alexis. Al final confabulareis en mi contra y saldré perdiendo, como siempre.

- No seas quejica – le dijo ella besándole la mejilla.

- Deberías ponerte de mi lado no del suyo – le dijo devolviéndole el beso y pagando al dependiente.

- Bueno – le dijo – en algunas ocasiones prometo ponerme de tu lado.

- ¿Qué pasa si yo hago lo mismo? – le preguntó saliendo de la tienda y abrazándola por la cintura para caminar.

- ¿Con tu madre y Alexis? – dijo Kate hundiendo su mano en el bolsillo trasero del pantalón de él – supongo que si os ponéis los tres en mi contra será para que salga de tu vida.

- Me refería a ponerme de lado con Espo y Ryan – aclaró – mi madre siempre se pondrá de tu lado, y no creo que ninguna de las dos quiera sacarte de mi vida – aseguró – ya me daban por un caso perdido, eres su salvación.

- ¿Espo y Ryan? – dijo Kate – uno de los dos siempre estará de mi parte para equilibrar.

- ¿Cómo puedes estar tan segura? – preguntó él.

- Mas les vale – aseguró ella riendo – aunque también puedo recurrir a Lanie. ¿Por qué estás tan seguro que Martha siempre estará de mi lado?

- Soy su hijo – dijo levantando los hombros – quiere lo mejor para mi.

- ¿Y lo mejor para ti es ponerse de mi lado? – preguntó Kate extrañada.

- Lo mejor para mi – afirmó él – eres tú, así que, hará lo posible por hacer lo que sea necesario para que sigas a mi lado.

- ¿Aunque no esté de acuerdo conmigo? – le dijo riendo

- Eso es lo malo – confirmó él – que siempre está de acuerdo contigo – bufó.

- ¿Y que pasa con Alexis? – preguntó Kate algo inquieta – ¿ella no está del todo de acuerdo conmigo?

- Alexis lo ve de otra forma – aseguró – desde su perspectiva adolescente, Kate. Ve las cosas a corto plazo, no piensa aún en el futuro. Ella siempre se pondrá del lado de la resolución más rápida, aunque esa no sea precisamente la más duradera.

- Me está costando entenderte Rick – confesó Kate.

- Te pondré un ejemplo – le dijo tranquilo – después de que te disparasen, Alexis se enfadó conmigo cuando después de tres meses volví para trabajar a tu lado. Ella sabía lo que yo te había dicho en el cementerio. Sabía lo que me había dolido tu silencio y como lo había interpretado y no me quería ver sufrir más, para ella el asunto estaba claro, debía olvidarte y seguir con mi vida – continuó – sin embargo mi madre veía mi sufrimiento y la pequeña brecha de luz que se volvió a abrir en mi vida cuando viniste a buscarme a la firma.

- Martha te animó a que siguieses – le dijo y él afirmó - ¿crees que tendría que comprarle yo también unas cajas de esos caramelos? – preguntó sonriendo – ya sabes, para darle las gracias por animarte a insistir.

Castle se paró mirándola fijamente, levantó su mano libre cogiéndola bajo la barbilla y acercándose para besarla. Se separaron después de unos minutos, sonriéndose y dándose cuenta que eran el centro de las miradas de quienes pasaban por su lado.

- Nos detendrán por escandalo – dijo él riendo.

- Supongo que pensarán que ya somos mayorcitos para besuquearnos en plena calle – repuso ella apretándose contra él mientras reanudaban la marcha.

- No te confundas con Alexis – dijo él - unos días después, ella también entendió que yo tenía que hacer mi elección a largo plazo.

- No estoy confundida con ella – respondió Kate – tu lo has dicho antes, es una adolescente, el concepto del mundo que tiene es diferente al nuestro, pese a lo madura que es.

Pasearon durante un rato, y cuando se acercaba la hora acordada con Lanie y Espo, entraron en el hotel, donde Castle pidió que le guardasen los caramelos.

- Nos quedan diez minutos aún – dijo Castle consultando su reloj.

- Que fácilmente pueden convertirse en veinte conociendo a estos dos – afirmó Kate.

- ¿Quieres que tomemos algo en la cafetería? – ofreció Castle.

- No me apetece ¿a ti? – preguntó ella.

- No especialmente, pero se me ocurre una idea – dijo sonriendo pícaramente.

- ¿Qué? – preguntó ella medio riendo

- Nadie nos conoce en Washington – le dijo

- Bueno, lo correcto es que a mí nadie me conoce- afirmó ella.

- Yo paso desapercibido a tu lado – le dijo – eclipsas – y ella empezó a reír.

- ¿Qué quieres proponerme? – le preguntó con curiosidad.

- ¿Qué tal si salimos a la calle y escandalizamos un poco a la gente besuqueándonos? – le dijo con un alegre brillo en sus ojos.

- Eres incorregible – le dijo riendo y tirando de él en dirección a la puerta.

- ¿Eso es un sí detective?...

GRACIAS POR LEER HASTA AQUI.