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Kate se despertó enredada entre los brazos y piernas de él. Pudo levantar levemente la cabeza alcanzando a ver la hora. Tenía pensado dormir hasta más tarde, pero la fuerza de la costumbre había hecho que a las siete y media estuviese despierta. Se desenredó de su abrazo y se deslizó con cuidado fuera de la cama, poniéndose la bata y saliendo a la sala cerrando la puerta de la habitación con cuidado para no despertarle.

Fue hasta el teléfono y llamó a recepción después de echar un vistazo al menú, pidiendo el desayuno tanto para ellos como para que se lo llevasen a Lanie y Espo, y se sentó en el sofá a esperar que lo subiesen mientras conectaba el televisor y veía las noticias.

Un cuarto de hora después abría la puerta al camarero que sonriente accedió a la habitación y se dispuso a preparar la mesa.

- No por favor, no hace falta que prepare la mesa- le dijo ella.

- Como quiera – replicó el camarero - ¿Quiere que pase a retirarlo?

Kate cerró la puerta al camarero y revisó lo que había pedido. Abrió la puerta de la habitación, él se había movido y estaba durmiendo boca arriba, emitiendo un ligero ruido al respirar, le miró y empujó el carrito que tintineaba levemente, hasta el costado de la cama. Se sentó a su lado y retiró con cuidado el edredón, dejando parte de su torso al descubierto. Se permitió el lujo de mirarlo durante unos largos segundos para pasar después su mano por su torso, acariciándole suavemente para despertarle, cosa que consiguió con cierta dificultad, teniendo que intensificar sus caricias e incluso inclinarse sobre él para besarle.

- ¿Qué hora es? – preguntó él mirándola.

- Son las ocho – contestó Kate – hora de desayunar – le dijo enseñándole el carrito.

- ¡Kate! – exclamó – era yo quien debía traerte el desayuno mientras tú dormías.

- ¿Y que? – le dijo ella encogiéndose de hombros - ¿No podía hacerlo yo?

- Si claro – contestó él – pero prefería mimarte yo – protestó.

- Si es por eso – rio ella – en cuanto acabemos el desayuno dejaré que me mimes.

- Eso esta hecho – dijo él sentándose sobre la cama

Kate colocó la bandeja sobre las piernas de él, que extendió las patas de la misma.

- ¡El desayuno de Lanie! –exclamó él soltando el tenedor con un trozo de tortita.

- Tranquilo – le dijo Kate aprovechando su boca abierta para meterle una uva – lo pedí también para ellos.

- Te mereces muchos mimos – le dijo sonriente.

- Lo sé – respondió ella – pero no hace falta que te atragantes para terminar antes – le dijo riendo mientras él tosía.

Una hora después ambos sobre la cama y boca arriba normalizaban su respiración. Él alcanzó un extremo del edredón tapando a ambos con el y se abrazó a ella colocando su cabeza al lado de la de Kate besando su cuello.

- Duérmete – ordenó él – te despertaré a las doce.

- La verdad es que no tengo sueño – confesó ella – pero no pienso moverme de aquí.

- Yo tampoco tengo sueño – dijo acariciándola la tripa – y tampoco pienso moverme de aquí – le dijo sonriendo.

- Y seguro que tienes un plan alternativo – le dijo Kate.

- Pues… si – le dijo él – tengo otro plan alternativo – dijo incorporándose para mirarla – pero no es lo que estas pensando viciosilla… para eso necesito un rato más – aseguró.

Kate empezó a reír y él se contagió.

- ¿Me lo vas a explicar? – dijo al fin Kate.

- ¿Crees que podrías contarme más cosas de ti? – preguntó mirándola serio.

Kate asintió en silencio.

- Puedo – le confirmó.

- Pero no quiero que te sientas triste – pidió él.

- No todo en mi vida ha sido triste Rick – le dijo girando su cuerpo hasta ponerse frente a él.

- Sólo quiero que…

- Rick – le cortó Kate - ¿quieres saber más o no?

Castle se acomodó a su lado sonriéndola.

- Quiero saber todo – pidió.

- ¿Por donde empiezo? – se preguntó a ella misma

- ¿Por el principio? - sugirió

- Bueno, mi madre tuvo dos abortos antes de tenerme a mí – comenzó – así que, cuando llegué era la niña más mimada y querida del mundo, en parte también porque tuvo que estar casi siete meses en reposo, en cama, lo consideraron un embarazo de riesgo. Por eso no tuve hermanos – confirmó – también era la única nieta por parte de mi madre y mis abuelos… - dijo nostálgica – cuidaban de mi mientras mis padres trabajaban.

- Tienes primos – aseguró Castle.

- Si – afirmó – pero viven en Detroit, no nos vemos mucho.

- Tiene que ser alucinante tener abuelos, tíos y primos – aseguró él.

- Adoraba a mis abuelos – confirmó Kate – mi abuelo me llevaba con él a todas partes, recorríamos Manhattan mientras me contaba mil historias sobre la ciudad. La abuela mientras, se quedaba en casa y preparaba enormes bizcochos y cuando volvíamos siempre tenía preparadas dos tazas de café para ella y el abuelo y una de cacao para mí… ¿y sabes que le ponía? – preguntó a Castle.

- ¿Vainilla? – preguntó.

- Exacto – sonrió Kate – la vainilla de mi café es por culpa de la abuela. Cuando empecé a ir al colegio, les veía menos, pero el abuelo iba a buscarme cuando mi madre no podía ir, y esas tardes eran geniales. Un día que el abuelo salió a pasear por la mañana, la abuela se quedó en casa y cuando él volvió a ella le había dado un ictus y la encontró en el suelo de la cocina, no pudieron hacer nada – dijo algo triste – yo tenía diez años. El abuelo la siguió rápido – dijo – a los pocos meses le detectaron cáncer en el estómago y mamá siempre dijo que se dejó llevar, que no luchó, que echaba demasiado de menos a la abuela. Murió al año siguiente.

- Lo siento – dijo Castle pensando en lo afortunada que era Alexis al tener a Martha.

- Fueron de los mejores años de mi vida – afirmó ella con una sonrisa.

Castle la besó en la mejilla, rozando con su dedo su nariz.

- ¿Cómo eras en el cole? – preguntó él intentando cambiar de tema.

- Obediente, aplicada – dijo Kate – y según mi padre muy terca y valiente.

- Recuerdo que tu padre dijo que no querías dormir con luz – afirmó.

- Si, es cierto – afirmó – pero mi padre lo decía porque me pegué con Tommy Sullivan.

- ¿Quién era Tommy Sullivan? – preguntó él.

- Un idiota que se mofaba de mi forma de escribir la letra erre en la pizarra – aseguró Kate – y un día me hartó.

- Las escribes como eles – le confirmó él.

- No empieces tu también si no quieres que te dé un puñetazo en la nariz como se lo di a él – amenazó Kate

- ¿Le hiciste eso? – preguntó riendo.

- Y casi se la rompí – aseguró – comenzó a sangrar de una forma… la profesora se asustó cuando cayó al suelo.

- Me sorprendes detective – le dijo riendo.

- No volví a pegar a nadie hasta la academia – aseguró.

- ¿Te pegaste con alguien en la academia? – preguntó.

- ¿Qué tal si vamos por partes? – le dijo ella riendo.

- ¿Te castigaron? – preguntó Castle

- Me expulsaron una semana – confesó – pero a Tommy también por provocarme, al fin y al cabo yo era una alumna brillante y él sólo buscaba bronca.

- ¿Cuántos años tenías? – preguntó besando su nariz

- Catorce – dijo – casi para quince.

Castle se quedó pensativo, imaginando a una Kate a esa edad, seguro que aún era una niña demasiado alta y delgada, vestida con uniforme, llevando sus libros bajo su brazo, con el pelo recogido en trenzas y a la que sólo se la veían ojos y una sonrisa con brackets.

- Y a partir de ese puñetazo empezaste a ser una gamberra – le dijo.

- Bueno no fue exactamente así – aseguró ella – pero digamos que aquel puñetazo me abrió la puerta de algunas amistades que jamás hubiese tenido.

- Te ganaste el respeto de los malos de clase – confirmó él.

- Tommy era un idiota, todo el mundo le tenía ganas – dijo ella – y lo mejor es que no volvió a meterse conmigo jamás – le dijo sonriendo.

- ¿Cómo era la Kate gamberra? – preguntó jugando con un mechón de su pelo.

- No era tan gamberra – aseguró – lo que si es cierto es que cambié. Empecé a ser más atrevida, a saltarme algunas normas, a interesarme por otros temas…

- Chicos…

- Bueno… también – dijo riendo – conocí a Maddison y se convirtió en mi mejor amiga, nos saltábamos clases, nos maquillábamos a escondidas, nos besábamos con chicos en el gimnasio cuando no había nadie…

- ¿Qué decía Jim? – preguntó refiriéndose al padre de Kate.

- No se enteraban – le dijo Kate – hasta el día que mi profesor de francés llamó a mi madre para ver si necesitaba que me llevase los deberes a casa. La excusa para no ir a clase era que estaba enferma… me cayó una buena bronca, pero como mis notas seguían siendo buenas… lo tomaron como una tontería.

- Gamberrilla pero aplicada – le dijo él besándola.

- Si – le dijo ella – quería estudiar derecho como mis padres, no iba a echar a perder mis notas.

- ¿Cuándo te compraste la moto? – preguntó él.

- Con dieciseis y después de trabajar todo el verano – aseguró – mis padres no se opusieron a que la tuviese, pero se negaron a comprármela, pensaban que se me pasaría

- Pero eres muy cabezota – afirmó Castle – y conseguirías lo que querías. ¿Y ese tatuaje que decías que te hiciste y que no he logrado encontrar? – Kate soltó una gran carcajada.

- Te juro que me hice un tatuaje – afirmó – pero era temporal, no me gustan las agujas – confesó.

- ¿Dónde te lo hiciste? – preguntó él que llevaba un par de años fantaseando con ello.

Kate le cogió de la mano y la dirigió a la parte baja de su espalda, por encima de su trasero.

- Aquí – dijo depositando la mano de él y llevando la suya a su cara para acariciarle.

- ¿Y que era? – dijo pasando los dedos por su piel, notando los dos hoyuelos que tan loco le volvían.

- Un dibujo tribal – dijo besándole.

- ¿A cuantos chicos besaste? – dijo sin poder contener la pregunta

Ella le miró negando con la cabeza.

- ¿Tienes que saberlo todo no? – le preguntó – creo que te dije en una ocasión que no me pidieses números que no te los diría.

- Yo te he contado todo – se justificó.

- A unos cuantos – le dijo Kate sonriendo – besé a los suficientes creo…

- ¿Crees?

Kate le cogió su cara entre sus manos y le beso intensamente.

- ¿No crees que fueron suficientes? – preguntó ella sonriendo después de separarse de su boca.

- Eres… - le dijo pero no pudo terminar porque ella volvió a besarle para callarle.

Se relajaron abrazados, besándose, y sin que se diesen apenas cuenta, se quedaron dormidos. Kate despertó y lo primero que vio fue el azul intenso de sus ojos frente a los suyos.

- Buenos días –le dijo sin dejar de mirarla.

- Nos quedamos dormidos – afirmó ella.

- Aún no son las doce – informó él – y aunque te hayas dormido no pienso olvidar que nos hemos quedado en tu instituto.

- Esta noche – le dijo ella acercándose a su cara y moviendo su nariz contra la de él hasta que poco a poco sus labios fueron juntándose.

Casi una hora después Kate secaba su pelo mientras Castle con una toalla alrededor de la cintura se afeitaba mirándola a través del espejo.

- Podría acostumbrarme a esto – le dijo él.

- ¿Qué dices? – preguntó Kate apagando el secador – no te he oído.

- Que me estoy acostumbrando a esto – le dijo rodeándola la cintura.

- ¿A afeitarte? – le preguntó ella picándole.

- Si – le dijo – a afeitarme… pero mientras te miro por el espejo.

Ella se limitó a sonreírle y él la besó en la frente. Había sido un pequeño intento y volvería a hacerlo en cuanto tuviese ocasión.

Salieron de la habitación y Castle llamó con los nudillos en la puerta de la suite de Espo y Lanie.

- Hola chicos – dijo Lanie abriendo la puerta y saliendo seguida de Espo.

- ¿Has dormido lo suficiente Lanie? – preguntó Castle.

- Gracias por el desayuno escritor – contestó la forense con una sonrisa.

- No me las des a mí – contestó el abrazando a Kate - yo me quedé dormido.

- Vaya jefa – dijo Espo – gracias por acordarte.

- No me acordaba de ti Espo – le dijo para molestarle – sólo quería asegurarme que Lanie recuperaba fuerzas – terminó riendo y la forense la miró ladeando su cabeza.

- Yo podría decir lo mismo ¿sabes? – le dijo airada

- Bueno – aseguró Kate – creo que yo estoy en mejor forma que tú – contestó llevándose un leve empujón de Lanie.

- Y yo puedo dar fe de eso – dijo Castle levantando las cejas y abriendo mucho los ojos.

Los cuatro rieron mientras bajaban en el ascensor hasta el parking. Kate seleccionó en el navegador la dirección de la casa de Booth y Brennan y atravesaron el parking en completo silencio, cortado por un grito de Lanie avisando a Kate que una mujer interrumpía en su camino sin mirar. Kate paró en seco.

- Lo siento – se disculpó la mujer - pero… no hace ruido – dijo señalando al coche.

- La culpa es mía – aseveró Kate – no estaba atenta – le dijo a la mujer.

- ¿Beckett disculpándose por su forma de conducir? – dijo Espo intentando molestarla devolviéndosela por su comentario del desayuno, mientras reanudaban la marcha.

- Debí estar más atenta, pero la realidad es que este coche es un peligro al no hacer ruido – aseguró ella.

Quince minutos después y gracias al escaso tráfico por ser sábado, llegaron hasta la zona de viviendas unifamiliares marcada en el navegador.

- Debe ser esa – dijo Kate señalando una casa y viendo el coche de Booth aparcado – no os dejéis nada en el coche – les dijo – luego volveremos en taxi.

Los cuatro salieron del coche después de revisar que no olvidaban nada y se dirigieron a la puerta. Castle se quedó un par de segundos parado, observando la casa.

- Bonita ¿eh? – le dijo Kate dándole la mano.

- Tiene que haber costado una fortuna – aseguró él - ¿Brennan vende más libros que yo? – preguntó pensativo.

- ¿Envidia? – le dijo Lanie riendo

- No – contestó él – pero si ella vende más con todas esas palabras técnicas y rollos médicos, pienso pasar mucho más tiempo en tu laboratorio – advirtió a la forense.

- Ni lo sueñes – contestaron Kate y ella a la vez provocando una risotada de Espo.

Espo llamó a la puerta y una nerviosa Brennan acudió a abrirles la puerta dejándola abierta y alejándose.

- Pasar – dijo medio gritando – tengo la comida de Christine en el fuego.

Los cuatro se adentraron en la casa siguiéndola hasta la cocina.

- Booth está en el jardín – les dijo a Castle y Espo señalando la puerta de acceso al jardín.

- Vamos a ver si tiene problemas con esa barbacoa – dijo Espo y Castle le siguió soltando la mano de Kate.

Kate descubrió a Christine sentada en una silla alta para bebé, jugando con una cuchara de madera haciendo ruido contra un pequeño envase plástico.

- Hola preciosa – dijo Kate acercándose para darle un beso.

- Creo que necesitas ayuda – dijo Lanie a Brennan observando la comida a medio preparar sobre las encimeras - ¿me dejas un delantal? – preguntó

- Te lo agradezco – le dijo a Lanie sacando un delantal de un cajón.

- ¿Te importa? – le dijo Brennan dándole un recipiente con la comida que acababa de separar del fuego, un bol de plástico con dibujos de animales y una cuchara de goma – al lado de ese biberón – le dijo señalándole – está su babero creo que el puré aún esta muy caliente.

- Claro, yo se la daré – contestó Kate con una sonrisa - no te preocupes dime donde hay otro bol y me encargo de enfriarlo.

Brennan le dio otro bol y una papilla de frutas y mientras troceaba junto a Lanie los ingredientes de una ensalada, observó como la detective pasaba el puré de un bol a otro, enfriando con agua el vacío y volviéndolo a llenar de nuevo con puré de forma que este último se enfriaba poco a poco al contacto con las paredes del recipiente. Cuando consideró que estaba a la temperatura ideal, tomó un poco con una cuchara y lo probó y se sentó junto a la niña que la miraba empezando a protestar por el hambre. Kate le puso el babero y comenzó a darle la comida a la pequeña.

- Parece que se te da muy bien – le dijo Brennan.

- Cuidé de mis vecinos mellizos durante un tiempo – contestó ella y Brennan asintió sonriendo.

- Kate – dijo Lanie – no esperes mucho para darme un sobrino.

- Lanie creo que ya lo hemos hablado – respondió ella – dejar de presionar, Castle y yo no llevamos aún ni un año.

- Yo me quedé embarazada de Christine sin estar saliendo con Booth – confesó Brennan provocando que Kate y Lanie se mirasen – fue nuestra primera vez y única en varios meses y no empezamos a estar juntos hasta que no supe que estaba embarazada.

- ¿Vuestra primera y única vez? Vaya puntería– dijo Lanie.

- No es cuestión de puntería – comenzó Brennan – simplemente estaba ovulando en le momento justo y …

- Créeme cariño – dijo Lanie cortándola – sé como funciona.

- Bueno – continuó la forense – mucha gente opina que el hombre es el que tiene más o menos destreza para provocar el embarazo y pensé que opinabas igual.

- Estudié medicina – contestó Lanie algo molesta – no soy famosa por ello pero sé como funciona el cuerpo humano.

Kate intuyó que aquella conversación podía enfrascar a Lanie en una pelea con Brennan, dado que la primera podía sentirse atacada y la segunda sólo se atenía a razonamientos lógicos.

- ¿Os habéis casado? – preguntó Kate elevando la voz para que Lanie entendiese que debía de cambiar de tema.

- No lo creo necesario – contestó la antropóloga – aunque sé que Booth desearía hacerlo cuanto antes y por el rito católico.

- Las bodas católicas son muy bonitas – añadió Lanie – hace poco se casó uno de nuestros compañeros, Ryan, y fue una boda muy emotiva.

- A lo largo de la historia la humanidad ha celebrado distintos ritos para solemnizar la unión entre un hombre y una mujer – comenzó Brennan – no estoy de acuerdo en los religiosos, un dios inexistente no tiene porqué darme su visto bueno para amar a Booth y formar una familia a su lado. Hay ritos mucho más bonitos y que valoran el compromiso de una pareja que los religiosos, que son imperativos. Nadie debe obligar a nadie a hacer algo el resto de su vida que no desea – afirmó.

- Intuyo que Booth lo tiene complicado para convencerte – le dijo Lanie.

- Y tú – preguntó Brennan a Kate - ¿Tienes pensado casarte con Castle?

Kate enrojeció no esperaba la pregunta.

- No digo que no lo haya pensado – aseguró – pero vuelvo a repetir que aún es pronto.

- Cualquier día de estos nuestro chico escritor te lo pedirá – afirmó Lanie – y espero que le digas un "si" rotundo.

- Lanie – reprendió Kate

- Vamos Kate – le dijo ella – tú y yo sabemos que dirás que sí, lleváis casi cinco años esperando.

- ¿No habías dicho que un año? – preguntó Brennan

- Se conocen desde hace cinco – añadió Lanie – desde que él decidió seguirla como un perrito con la excusa de tomar ideas para sus libros.

- Yo estuve seis años trabajando con Booth – afirmó Brennan – antes de que nos acostásemos… al principio era un suplicio trabajar con él – afirmó y Kate rio ante la similitud con ellos – casi estuve a punto de renunciar a mi trabajo con tal de no tener que trabajar con el FBI… pero ahora no puedo pensar en trabajar sin él.

- Lo entiendo – aseguró Kate cogiendo a Christine en brazos para lavarle la cara después de haberse terminado el puré y una papilla de frutas – si mi jefa se enterase probablemente tendríamos que dejar de trabajar juntos y no puedo hacerme a la idea – dijo suspirando.

Mientras ellas seguían hablando en la cocina, Espo se encargó de encender la barbacoa que Booth no había conseguido dominar.

- Menos mal que llegaste – le dijo Booth – si llego a decirle a Huesos que no podía encenderla, me hubiese contado alguna historia sobre neardentales y las obligación del hombre por mantener el fuego… - dijo aliviado y Espo y Castle rieron.

- Sois completamente diferentes – observó Castle.

- Eso es lo que hace que estemos juntos – contestó rápidamente.

- Supongo que tienes razón – dijo Castle pensando en lo diferente que era él de Kate.

- Oye tío – le dijo Booth – gracias por enviar el vino y esas cervezas canadienses – le dijo – lo ha traído esta mañana un mensajero - ¿queréis una?

- Claro – contestaron ambos a la vez.

Sonó el timbre de la puerta, Brennan se miró las manos, manchadas de aguacate y miró a Kate que jugaba con Christine en brazos.

- Kate ¿te importaría abrir la puerta? – preguntó – seguramente sean Ángela y Hodgins.

- Claro – dijo Kate correteando hacía la puerta y haciendo que Christine soltase una carcajada.

Kate abrió la puerta esperando encontrarse, tal y como le había dicho Brennan, a Ángela y Hodgins, sin embargo no pudo reprimir una cara de sorpresa.

- Hola Kate – dijo Jared traspasando la puerta con una caja en los brazos y dándole un beso en la mejilla – te presento a Padme, mi mujer – le dijo – ella es Kate – le dijo a Padme.

- Hola – acertó a decir Kate mientras la chica la saludaba.

- Esto pesa mucho – dijo Jared acercándose a Kate y dando un beso a su sobrina – lo llevaré al jardín – le dijo a su mujer andando rápido a la cocina.

- Me alegra conocerte – le dijo Padme a Kate mientras hacía una caricia a la pequeña – Jared me ha hablado de ti – Kate observó con detenimiento la belleza exótica de la joven india.

- ¿En serio? – preguntó Kate recordando el beso que él la había dado unos días antes.

- Entre Jared y yo no hay secretos – le dijo – me contó que te besó y también lo de las amenazas.

- ¿Cómo? – preguntó Kate sorprendida.

- Ya sé que fue él quien lo hizo – le dijo ella – y que no fue culpa tuya.

- ¿Qué es eso de las amenazas? – preguntó Kate

- Tu novio le amenazó – aseguró Padme.

- ¿Castle? – preguntó incrédula Kate.

- Si – confirmó ella – el escritor. Amenazó a Jared si volvía a hacerlo.

- No puedo creerlo – dijo Kate – Castle no es así…

- Me pareció encantador lo que le dijo – aseguró Padme.

- ¿Me puedes decir que le dijo? – preguntó Kate algo nerviosa.

- Que – comenzó la joven - no dudaría en partirse los dedos dándole un puñetazo aunque estaba completamente seguro que saldría perdiendo en cuanto Jared se lo devolviese, pero que no le importaría quedarse sin fuerzas hasta que le tumbase. Le aseguró que no era un tipo duro y que sabría que saldría perdiendo.

- Vaya – dijo Kate arrugando los labios.

- Debe quererte mucho – le dijo a Kate - ¿me dejas coger a Christine?

- Si… - contestó Kate cediéndole a la niña – si claro…

- Deberías ver la cara de Jared cuando me lo contó – le dijo – dice que jamás ha sentido a nadie tan valiente encarándole.

Kate se quedó pensativa durante un momento y en ese instante Castle apareció.

- Kate ¿puedes dejarme las llaves del coche? – dijo – creo que se me ha caído el móvil – le dijo mirando a la mujer.

- Ella es Padme – dijo Kate – la mujer de Jared – y este es Castle – le dijo a Padme – el escritor valiente – dijo con ironía.

- ¿El escritor valiente? – le preguntó Castle mientras saludaba a Padme.

- Tu y yo ya hablaremos Castle – le dijo dándole la llave del coche – ya hablaremos…

Castle salió a la calle confuso sin saber muy bien que era lo que estaba pasando.

- Insisto – le dijo la joven – si alguien dijese algo así por mí, sería porque me quiere demasiado…

- Ya… - respondió Kate pensativa – no lo dudo…. - aquella noche tendría que hablar con él, intuía que no conocía a ese Castle, el capaz de volar hasta París a por su hija, de amenazar sutilmente a Braken en la sala de observaciones, y ahora hasta de pretender que le diesen una paliza por un antiguo novio...

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