GRACIAS...

Lanie miró a Castle que le pidió perdón en voz muy bajita por entrometerse en su vida sin su permiso.

A ella en parte le molestaba que el escritor hubiese investigado su pasado sin consultarle primero, aunque también era consciente que si él lo hubiese hecho, jamás le habría contado nada de su "lado oscuro".

En ese momento a Lanie le parecía haber movido varios centímetros una gran losa que cubría una de las puertas de su vida, justo la puerta que tenía un cartel en el que ponía "familia" y por ese alivio al poder moverla, sentía una agradable sensación que inundaba de alegría su mente, no podía regañar al escritor.

Por eso y porque a pesar de conocer parte de sus secretos, él no había hecho absolutamente nada por airearlos. Tan sólo los había utilizado muy sutilmente en la comprensión de su personaje como Lauren Parry.

- Espero que sepas que esto… - comenzó ella.

- Es algo que queda entre tu y yo – terminó él.

- Ni siquiera a Kate – exigió la forense – ella sólo sabe una pequeña parte.

- Lanie ellos son tu novio y tu amiga – dijo mientras sonreía a Kate que le hacía gestos porque había vuelto a acertar en pleno – si tu no se lo has dicho, no es asunto mio hacerlo.

- Confío en ti Rick – le dijo Lanie.

Castle la miró sorprendido. No esperaba que ella le dijese eso, más bien esperaba que le lanzase amenazas en las que incluyese las palabras bisturí, cortar, dolor, castración…

- Me alegra oír eso Lanie – confesó él – y si aceptas un consejo de amigo que valora tus consejos… - él hizo un silencio a la espera que ella aceptase.

- Suéltalo – dijo ladeando lateralmente como una serpiente.

- Te aconsejo que se lo cuentes cuanto antes a Espo – le dijo – estoy seguro que te apoyará en vez de dedicarse a sobreactuar para no meter la pata sin saber muy bien que es lo que te molesta de vuestra relación.

Lanie esbozó una gran sonrisa.

- ¿Crees que lo hace? – preguntó ella.

- Si – aseguró – y yo haría lo mismo – confesó.

- Quizá te haga caso – le reveló - ¿Qué tal si volvemos con el resto antes que alguien se pregunte de que hablamos?

- La única persona que me importaría que se hiciese esa pregunta – dijo él mirando a Kate – confía plenamente en ti – aseguró poniéndose en pie y provocando la risa de la forense.

Los dos fueron hasta la mesa donde el resto hablaban y reían mientras observaban y seguían las puntuaciones de los cinco tiradores uniéndose a su conversación mientras tomaban un trozo de la tarta que Ángela había traído.

Castle perdió su mirada en Kate, que reía ante los comentarios de sus oponentes ajena a que él la observaba. Él había esperado por ella y la espera había merecido la pena. Cada persona en este mundo soportaba pesadas cargas que le impedían ver las cosas con la claridad necesaria para poder tomar decisiones acertadas de cara al futuro.

Pensó en la suya propia. Su carga. Esa que no estaba compartiendo con nadie y que le impedía pasar a la acción y hacer lo que estaba deseando desde hacía casi un año. Sabía que no podría estirarlo mucho más tiempo y que tarde o temprano tendría que decidirse. No quería volver a meter la pata, quería que esta vez fuese, como ella dijo "la tercera y definitiva" pero para eso tenía que estar completamente seguro que no hacía lo que debía y si lo que realmente quería. Y el hecho de tener que estar escondiéndose de medio mundo no le ayudaba en absoluto.

- Richard – llamó Ángela - ¿Qué dices? ¿participas?

- Perdona Ángela – contestó él prestándole atención - ¿Participar? ¿en que?

- Cinco dólares – dijo ella – di un ganador – dijo señalando a los cinco.

Castle busco en el bolsillo de su pantalón y sacó un billete de cinco dólares.

- Mi chica – dijo poniéndolo sobre el montón.

- Que romántico – dijo Padme sonriendo.

- ¿Tú no has apostado por Jared? – le preguntó.

- Soy más realista – aseguró la chica – y lo he hecho por Booth.

- Yo también soy realista – confesó él – confió en las posibilidades de Kate.

- Pues si gana Kate – dijo Hodgins – te llevas toda la pasta – dijo revisando el listado – eres el único que ha apostado por ella, el resto por Booth o por Espo.

- ¿Y Jared y Sweets? – preguntó curioso mirando el listado.

- ¿Sweets? – dijo riendo Hodgins – dispara mejor Brennan.

- Tengo buena puntería – afirmó ella – pero Booth no me deja llevar arma.

- Te entiendo – contestó Castle – a mi me pasa igual. ¿Y Jared?

- Naa – dijo Padme – lleva mucho tiempo fuera del ejército.

- Ganará papá – aseguró Parker con los labios sucios de nata.

- Ya veremos campeón – le contestó Castle riendo.

Los turnos de tiro siguieron, Booth estaba a la cabeza de la puntuación, seguido muy de cerca de Espo y de Kate, y tras ellos Jared y Sweets que casi iban empatados. Kate se acercó a Castle dándole un leve beso y cogiéndole la copa de champagne para tomar un sorbo.

- No, no, no – dijo él retirándola de su alcance.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Kate

- He apostado por ti – le confesó – así que nada de alcohol hasta que ganes – le dijo entregándole una botella de agua – si ganas nos llevamos 40 pavos.

- Castle – le regaño ella arrebatándole la copa y tomando un pequeño sorbo – eres rico.

- Pero me encantaría ganarles – le dijo poniendo morritos que ella no pudo evitar besar.

- No tienes solución – le dijo volviendo junto a los otros cuatro que acababan de abrir otra ronda de cervezas.

Tras un fallo bastante espectacular de Sweets, que se asustó cuando un pájaro se cruzó por delante de la diana, todos comenzaron a reír y el siguiente en tirar, Espo, falló por la risa incontenida al recordar el susto del psicólogo, y aunque dio en el objetivo, no sumó los puntos suficientes y Kate se colocó por delante de él a falta de dos rondas para terminar.

La siguiente ronda no aclaró nada, todos siguieron en su línea. Le tocaba el turno a Booth que acabaría el primero si volvía a acertar.

Booth se hizo el interesante dándose más tiempo de lo normal para apuntar. En el momento que se disponía a disparar, Michael arrebató un juguete a Christine que lanzó un agudo grito y comenzó a llorar y Booth disparó mientras desviaba la mirada a su pequeña, no llegando a acertar en ningún punto de la cartulina.

Booth miró la cartulina encogiéndose de hombros sonriendo y en la mesa lanzaron exclamaciones de sorpresa.

- No pasa nada papá – le dijo Parker – tu dices que lo importante es divertirse.

- Claro que sí – le dijo al chico mientras iba a consolar a Christine.

Jared era el siguiente en disparar, pero aunque consiguiese el centro no superaría la puntuación ni de Booth ni de Kate ni de Espo, no obstante Jared acertó de pleno.

Era el turno de Kate, que no quiso mirar a Castle sabiendo que podría presionarla.

- Vamos jefa – alentó Espo y Kate le miró sonriendo – haz que Castle gane esos 40 pavos, se los merece después de pagarnos ese hotel.

Kate asintió y se preparó para disparar. Sonrío imaginando la cara de Castle si conseguía su objetivo, apretó el gatillo y…

- ¡Esa es mi chica! – le dijo Castle levantándose y abriéndole los brazos para que ella fuese a su encuentro.

Kate se acercó despacio a él y se hundió entre sus brazos.

- Has ganado a dos francotiradores – le dijo Castle riendo

- Ha sido suerte – dijo ella.

- Has sabido aguantar mejor la presión – afirmó.

- ¿Y que vas a hacer con esa ingente cantidad de dinero que acabas de ganar? – le preguntó ella sonriendo.

- ¡Parker! – dijo Castle - ¿Tienes hucha campeón? – preguntó mientras besaba a su novia.

La tarde fue pasando para todos y pasaron la velada al interior de la casa, donde cenaron las sobras de la barbacoa y bebieron demasiadas cervezas.

Comenzaron las despedidas, los cuatro tenían que volver a Nueva York al día siguiente. Castle ofreció una habitación en su casa a todos los que quisieran ir a visitarles, muy especialmente a la pareja formada por Hodgins y Ángela, con quienes había congeniado a la perfección.

- Espero poder contar contigo para el diseño de la portada de mi próximo libro – le dijo a Ángela – me ha encantado tu obra ¿lo harías?

- Claro – dijo Ángela sorprendida – sería agradable cambiar un poco este trabajo.

- Cuento contigo – aseguró Castle – y contigo, le dijo a Hodgins, eres el rey del laboratorio y te rindo pleitesía – admitió inclinándose ante la sonrisa del "príncipe normando"

Todos se intercambiaron los teléfonos con todos. Castle recordó a Sweets que acudiese a él si tenía algún problema con la publicación de sus libros, provocando que Brennan se molestase un poco por no acudir a ella. Castle cambió de tema hábilmente mencionando a la antropóloga que recurriría a ella si tenía dificultades para describir causas de muerte o diferencias entre restos de las víctimas imaginarias de sus libros y se ofreció para leer sus libros y ayudarle con las partes en las que la antropóloga no lograba sentir empatía con sus personajes o en aquellas partes en las que ella presentaba un exceso de tecnicismos. A Brennan le sorprendió que el escritor intentase corregirla.

- Señor Castle – le dijo – a mis lectores les gusta como escribo.

- Supongo – contestó él – si no, nadie te leería – le dijo – pero lo harían más si te identificases más con ellos y menos contigo misma, al igual que yo venderé más si no me equivoco en describir los daños ¿no es así?

- Esa es una buena idea Huesos – dijo Booth – os podéis ayudar mutuamente – dijo mientras tomaba a Christine de los brazos de Kate que se despedía de la niña.

Lanie sonrió abiertamente ante el comentario de Castle, estaba claro que aquel día Richard Castle tenía las palabras justas para cada uno.

Kate se despidió de Jared con un abrazo y una gran sonrisa que a Castle no le paso desapercibida.

- Me alegra mucho habernos podido encontrar de nuevo – dijo él

Se despidieron de Daisy, a la que no habían conocido demasiado, pero a la que veían bastante afectada por la ruptura con Sweets.

Cam y Lanie se tomaron un buen rato para despedirse, ambas forenses eran grandes amigas y volver a compartir trabajo y confidencias por unos días había sido muy nostálgico para ambas. Kate se acercó a ambas y las tres se fundieron en un abrazo que la detective rompió para acercarse a Castle, que la abrazó por la espalda entendiendo que ella también había vuelto por un momento a aquellos días y reconfortándola la hizo saber que los días futuros junto a él serían los mejores que pudiese darle.

El taxi que les llevaría hasta el hotel llegó a la puerta de la casa de Booth y Brennan. Lanie sonrió a todos y fue la primera en meterse en el taxi. Espo la siguió saludando a todos con la mano y se acomodó junto a ella dándole un beso en la mejilla y abrazándole contra él. Kate se despidió de todos dándoles las gracias y deseando volver a verlos lo antes posible y entró al taxi junto a Lanie, que contrario a todo lo que Kate podía pensar, se había emocionado con la despedida y una lágrima rodaba por su mejilla mientras Espo la abrazaba.

- Vamos Lanie – le dijo Kate – ya sabemos que echas de menos a Cam, pero… yo te necesito ¿sabes? – le dijo cogiendo su mano.

- Y yo más – confesó Espo mientras besaba su cabeza.

- Vámonos – dijo Castle entrando al coche y sentándose en el asiento delantero - ¿Qué ocurre? – dijo mientras miraba a Lanie.

- Nada Castle – dijo Lanie – sólo fue un pequeño ataque de melancolía.

- Espero que cuando Gates me eche de la doce también llores por mí – le dijo él sonriendo y provocando que los cuatro se echasen a reír.

El taxista les dejó en la puerta del hotel y los tres ocupantes del asiento trasero bajaron mientras Castle le entregaba al taxista un billete y sin esperar al cambio se bajó rápidamente dándole la mano a Kate.

- ¿Queréis tomar algo antes de ir a dormir? – preguntó Castle

- Me debes un bourbon – aseguró Lanie al escritor que asintió riendo.

- ¿Cómo es eso? – preguntó Espo mientras entraban y se dirigían al bar del hotel.

- Es una larga historia tío – contestó Castle.

- Déjales Espo – intervino Kate – hoy creo que ambos dormirán en el sofá.

- ¡Hey! – dijo Espo sonriendo – eso estaría bien, por una vez que sea Lanie la que duerma en el sofá…

- Cosa que no puede decir Castle – afirmó Kate riendo – es repetidor – dijo riendo.

- ¡Oye! – dijo Castle tirando de Kate y abrazándola - ¿Cómo que repetidor?

- Has dormido en tu sofá y en el mío – aseguró Kate - ¿miento?

Castle sonrió divertido, claro que había dormido en el sofá tanto de su casa como en el de la suya propia, pero nunca desde que estaban juntos. Aunque eso no lo sabían ni Espo ni Lanie, Kate miró a Castle y le guiñó un ojo. Menuda gamberrilla estaba hecha engañando a sus compañeros. Y él la siguió el cuento, ganándose se sobra su lugar de siempre junto a ella en la cama.

Bebieron un par de copas y cuando los cuatro notaron que si continuaban bebiendo posiblemente acabarían perdiendo el control, decidieron retirarse e ir a dormir.

- Mañana seré yo quien madrugue para llamar y que os lleven el desayuno – prometió Espo – mientras salían del ascensor.

- A ver si es verdad – le retó Kate caminando abrazada a Castle.

- Pienso dormir hasta la hora de comer – dijo Lanie.

Espo tiró de la mano de Lanie haciendo que desapareciese en la suite ante las sonrisas de Kate y Castle.

- Bueno inspectora – le dijo él – sólo quedamos tú y yo dijo abriendo la puerta de la suite.

- ¿Te interesa alguien más? – le preguntó ella con picardía.

- A decir verdad – contestó él – me interesaría seguir conociendo a la señorita Beckett antes de que se convirtiese en policía.

Castle dejo que ella pasase y cerró la puerta caminando hasta el minibar.

- ¿Agua? – preguntó a Kate mientras tomaba una botella

- No – dijo ella sentándose en el sofá sin dejar de mirarle mientras él caminaba hasta llegar a su lado.

- ¿Qué más hiciste en el instituto? – preguntó directo - ¿algo más que contar?

- Nada del otro mundo – admitió – no fui demasiado mala, ya sabes ¿no? fingir estar durmiendo y salir por la ventana a un concierto, volver a casa con una borrachera e intentar disimular con la excusa de tener dolor de cabeza, pelear con Madison por el mismo chico.

- ¡Oh Dios! – dijo Castle mientras la sentaba sobre su regazo y la abrazaba.

- ¿Qué? – preguntó ella.

- ¿Cuántas veces me habrá tomado el pelo Alexis? – preguntó.

- Supongo que todas las que haya querido – dijo Kate divertida.

- No me digas eso – dijo poniendo cara de pena.

- Vamos Castle – le dijo – tu también engañabas a Martha.

- ¿Castle?

- Es costumbre – dijo ella acercándose a su cara y besándole sobre la nariz.

- ¿Por qué quisiste ir a Standford? – preguntó de repente él.

Kate suspiró para tomar después aire.

- Necesitaba alejarme de mis padres – le dijo mirándole – ya sabes, ser hija única es duro. Me apetecía conocer que se sentía teniendo libertad, sin tener que tener cuatro ojos pendientes de todo lo que hacía, cuatro manos detrás de ayudarme… hubiese dado cualquier cosa por tener un hermano para que me aliviase de ese peso. Así que, en cuando me llego la carta de Standford no lo pensé, cambiar de costa, conocer el sol de California… Incluso a ellos les pareció bien, una de las mejores universidades y me habían admitido.

- Y la gamberra de Kate Beckett atravesó el país – le dijo él besándola repetidamente sobre el pelo.

- Lo pintas como si fuese lo peor de Nueva York, que sepas que cuando llegué a California volví a sentirme de nuevo como en el colegio, tímida, retraída… lo que hacen las amistades ¿eh? – le dijo acariciándole la cara

- ¿Lo dices por mi detective? – preguntó inocente y ella asintió.

- Llegaste, interrumpiste mi mundo y te fuiste metiendo poco a poco hasta hacerme pensar y cambiar de opinión por completo – le contestó mirándole fijamente.

- ¿Y eso ha resultado traumático para ti? – preguntó él algo contrariado.

- Para nada – afirmó decidida ella – al contrario. Creo que iba decidida a hacer con mi vida algo que realmente no quería aunque estaba convencida que sí.

- ¿Y que era lo que ibas a hacer si puede saberse? – preguntó él jugando con sus dedos sobre la piel de la cintura de ella.

- Trabajar – afirmó Kate – trabajar y trabajar, resolver todos y cada uno de los casos que me asignasen.

- Sin tregua – terminó él.

- Si – le dijo ella sonriendo – sin tregua y sin permitirme ninguna distracción.

- Hum… ¿te distraigo mucho? – preguntó él sonriendo centrado en su cintura.

- Mucho, Rick, muchísimo – contestó ella divertida – pero me encanta que lo hagas y me alegra que utilizases tus redes maléficas para convencer al alcalde y a Montgomery para que te dejasen seguirme – dijo inclinándose y besándole.

- No vas a conseguir tu objetivo detective – le dijo en su boca y las palabras sonaron huecas y graves.

- ¿No? – preguntó Kate separándose un poco de él.

- Me niego a que sigas interrumpiendo continuamente la conversación y me dejes a medias – aseguró – no pienso dejarte dormir hasta que acabes – ella comenzó a reír sonoramente.

- Creo que es peligroso que empieces a conocerme tanto – confesó.

- Y yo creo que jamás he conocido a nadie como a ti – aseguró – y quiero seguir haciéndolo, quiero saber que quieres cuando me mires, quiero adivinar tus pensamientos cuando vea como te mueves, quiero interpretarte cuando cambies el tono de tu voz y saber que pasa por tu mente con sólo acariciarte y sentir el calor de tu piel y como te estremeces bajo mis dedos, quiero anticiparme a tus deseos y ser todo lo que necesites que sea para ti.

Kate cambió la sonrisa de su boca por una línea fina y recta. La habitación desapareció de su campo de visión. Sólo podía ver sus ojos interrogantes, la inmensidad azul con la que llevaba soñando desde hacía años y en aquel momento tras aquellas palabras se sintió realmente en casa, en su hogar, protegida en ese color.

- Bonitas palabras escritor – acertó a decir ella después de un rato.

- Es la segunda vez que me dicen eso hoy – respondió él – pero no estoy hoy aquí como escritor, cariño… - ella sonrió ante la frase.

- ¿Y cual es tu papel hoy? – preguntó sonriendo.

- El que ha sido siempre contigo – afirmó – el del hombre enamorado que quiere todo de ti, que quiere ser todo para ti y que ahora tiene la valentía de poder decírtelo.

- ¿Estas seguro de lo que dices?

- Completamente – respondió de inmediato.

- ¿Sabes que me resulta imposible seguir hablando en este momento? – le dijo ella mientras desabrochaba los dos primeros botones de la camisa de él.

- Pero vas a hacerlo – contestó él cogiendo sus manos y alejándolas de su camisa para llevarlas a su boca y besarlas sin dejar de mirarla.

- Te quiero ¿sabes? – le soltó ella iluminando su cara como un relámpago.

- Lo sé – confirmó él – por eso quiero que continúes, porque me quieres, porque yo te quiero a ti, porque necesito conocerte, porque quieres que yo lo haga… porque no podemos permitirnos el lujo que haya ningún secreto entre nosotros, no pienso permitir que ninguno de nuestros pasados vuelva para fastidiarnos – le aseguró y a su mente vino Jared – te quiero demasiado y soy muy egoísta, te quiero sólo para mí y para el resto de mi vida.

- Ya sabes lo que pasó en California – le dijo – mi primer curso con Laurent, después conocí a Mark, viajamos juntos por California, estudiamos en Moscú y comencé a vivir con él…

- Volviste a Nueva York después de que aquel idiota no se enterase bien de lo que dejaba escapar entre sus brazos – aseguró Castle – cosa que agradezco – dijo besándola en la nariz.

- Mi padre había caído en picado durante los dos meses que yo había estado fuera – dijo con tristeza – no podía soportar que mi madre ya no estaba y había empezado a beber. Yo no me di cuenta. Me lo confesó mucho después – dijo con una lágrima asomando por su ojo – una copa para ayudarle a meterse en la inmensa cama vacía sin ella noche a noche. No me di cuenta Rick – le dijo mirándole.

- Jim no es tonto cariño – aseguró él intentando protegerla entre sus brazos – no iba a hacerlo delante de ti. Cuando alguna vez me has desesperado tanto como para querer beber todo mi mueble bar – confesó – lo he hecho después de asegurarme que Alexis estaba completamente dormida.

- ¿Qué has hecho que? – preguntó ella sorprendida - ¿te he desesperado? ¿yo?

- No preguntes y sigue – pidió él – me has desesperado tanto como yo a ti – confirmó.

Kate hizo un pequeño silencio, pensando en los pequeños y grandes enfados que habían tenido durante aquellos años de trabajo y adivinando que no siempre la causa habría sido un enfado, sino más bien una reacción de ella.

- Casi todos los días llamaba a homicidios para preguntar si había alguna novedad y siempre me decían lo mismo – continuó – "estamos investigando señorita, en cuanto sepamos algo más nos pondremos en contacto con usted y con su padre"

- Respuesta estándar – dijo él sin poder evitarlo.

- Hasta que me harte – dijo – un día vi a uno de mis vecinos arreglando la ventana del rellano junto a su puerta y que no le dejaba dormir cuando golpeaba por las noches y al mirarle extrañada me dijo: "al final si quieres que las cosas se arreglen tienes que hacerlo tu mismo" el señor Preston estaba harto de decirle al portero que arreglase la ventana.

- Y te apuntaste a la academia.

- Si – confesó – si quería averiguar quien había matado a mi madre y meter a ese hijo de puta en la cárcel tendría que hacerlo yo misma.

- ¿Y como fue?

- Duro – suspiró – si no fuera porque mi mente estaba en blanco y sólo tenía rabia no podría haberlo conseguido – aseguró – lo mío era estudiar no hacer deporte. Cuando me dijeron las pruebas físicas que tenía que superar e intente hacerlas en el tiempo marcado, confieso que pensé que no lo conseguiría.

- Lo hiciste.

- Apareció Laura con sus tablas de ejercicios y sus tiempos – dijo – y me cambió horas de entrenamiento por horas de estudio, ella me ayudaba a entrenar y yo a ella a estudiar. Me convenció que el deporte era un hábito y yo la convencí a ella que estudiar era un mero entrenamiento, pero mental y nos ayudamos mutuamente.

- ¿Por qué no conozco a Laura? – preguntó él.

- Murió en una misión dos años después de salir de la academia – dijo Kate.

- Ella y su compañero perseguían a un tipo con el coche y chocaron contra un camión de recogida de basuras – dijo – murieron en el acto.

- Lo siento.

- Una forma absurda de morir – le dijo – y una gran pérdida para nosotros – aseguró – Laura era jodidamente buena en su trabajo.

- ¿Qué pasó con Michael Royce? – preguntó Castle sacándola de esos días.

- Royce – dijo ella suspirando – era mi oficial de entrenamiento cuando salí de la academia. Era el súper héroe de la policía que todo el mundo desea conocer – dijo con una sonrisa – conocía todos los trucos, a todos los tipos malos y como atraparlos. Una cosa era la academia, y otra muy distinta las calles de Nueva York y él me enseño a protegerme, a interrogar… a sobrevivir.

- Lo sé – le dijo él acariciando su espalda – me encantan las calles de Nueva York cuando voy a tu lado – ella le miró extrañada – quiero decir que me encanta ver la variedad de gente y eso, no los asesinatos – intentó excusarse y ella levantó las cejas – bueno… vale, confieso que me gustan esos asesinatos – afirmó – pero sólo porque puedo tener ideas de cómo… ya me entiendes… soy escritor – dijo con voz chillona.

- No tienes remedio – le dijo acariciando su mandíbula – sigo sin entender como puedes tomarte tan a broma todas las situaciones que hemos vivido, todos esos peligros, todas las muertes…

- No me lo tomo a broma – dijo él con la voz más seria y grave que Kate jamás le había oído – tan sólo intento evadirme de la cruda y dolorosa realidad, porque si lo pensase, no dejaría que ni tú, ni Alexis ni mi madre salieseis a la calle.

Kate le sonrió y se inclinó sobre él fundiéndose en un profundo beso. Se separaron y el colocó su pelo mirándola y abrazándola contra él, como si la vida de ambos fuese a escaparse en cualquier momento si dejaba de hacerlo. No quería pensar en que sería de él si a ella le pasase algo, su alma se había quedado desnuda desde hacía cuatro años y estaba seguro que no podría sobrevivir jamás a su pérdida.

Kate se dejo abrazar, su mundo era él. No podía tener nada más claro en su vida que ese gran detalle. Se hundió en su cuello intentando aspirarle por completo.

Ninguno de los dos se dio cuenta de cuando se abandonaban al sueño, y allí, sentados en el sofá, con Kate en su regazo hundiendo su nariz en el cuello de él, durmieron tranquilos, el uno en brazos del otro, como si fuese suficiente ese abrazo para protegerlos del mundo…

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