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Castle estaba inmovilizado, tenía demasiado calor y sed. Sentía un gran peso sobre las piernas. Todo estaba a oscuras. Kate no estaba a su lado. Comenzó a ponerse nervioso cuando empezó a notar un cosquilleo sobre el cuello. No podía recordar donde estaba. La sed le estaba matando. Tenía algo en su cuello, algo que se movía e iba ascendiendo por su mandíbula. Quiso pensar que se trataba de una mariposa, era el único insecto que no le hacía sentir repulsión, pero para su pesar, aquel bicho era húmedo y viscoso. ¿Quizá una lombriz? Era incapaz de mover las manos y aquella cosa se acercaba a su boca cada vez más deprisa.

Seguramente aquel bicho se metiese en su boca y se abriría paso por su cuerpo apoderándose de él e invadiendo la tierra, porque seguro que era un extraterrestre que había aprovechado un descuido para inocularle algún potente veneno inmovilizador. Pensó en Kate, quizá ella ya estaba convertida, y Alexis, y su madre e incluso… ¿Gates? La capitana vino a su mente, convertida en una enorme y viscosa araña, con ocho enormes patas y su regordete cuerpo sobre ellas, mirándole con cara de odio y acercándose peligrosamente a él moviendo sus dos enormes colmillos mientras babeaba con los ojos encendidos.

El húmedo insecto seguía aproximándose a su boca sintió como comenzó a moverse por sus labios, intentó cerrar la boca pero aquel bicho se la abría una y otra vez y tiró levemente de su labio inferior… Dios… ¿Qué estaba pasando? Quiso gritar pero si lo hacia terminaría abriendo la boca y se convertiría como Gates en cuanto aquel insecto se apoderase de su cuerpo.

Poco a poco sus labios fueron abiertos y el insecto invadió su boca. Castle se preparó para lo peor, una aguijonazo y todo terminaría, el gusano invadiría su cuerpo, ascendería por su cerebro y tomaría el control… Pero lejos de notar dolor, empezó a notar una sensación demasiado agradable, su lengua comenzó a jugar con ese insecto invasor, moviéndose a su compás, jugando con él… abandonó su boca y empezó a jugar sobre sus labios…

- Rick – le decía Kate besándole – nos hemos quedado dormidos, despierta, vamos a la cama.

- Mmm

- Vamos cariño – le decía Kate.

Castle abrió los ojos despertándose de golpe. Kate estaba entre sus brazos, besándole, con todo el peso de su cuerpo sobre él, inmovilizándole. En aquellas zonas de su piel donde ambos tenían contacto, notaba un inmenso calor humedecido por el sudor de ese roce. Correspondió al beso de la detective, eternizándose durante unos minutos, tras los cuales ambos separaron sus bocas mirándose y sonriéndose.

- Estoy sediento – dijo él mientras se inclinaba sobre la mesa sujetando a Kate y cogía la botella de agua - ¿Quieres? – preguntó y ella negó con la cabeza.

- Nos hemos quedado dormidos – le dijo ella.

- ¿Cuánto?

- Una media hora – aseguró Kate – quizá algo más.

- Pues menuda pesadilla estaba teniendo – le dijo y Kate levantó una de sus cejas interrogante.

- ¿Pesadilla? – preguntó.

- Nos invadían los extraterrestres – dijo – se apoderaban de nuestros cuerpos convirtiéndonos en insectos gigantes.

- Tu imaginación no para ni durmiendo – le dijo Kate sonriendo y acariciando su cara – vamos a la cama.

- Aún es pronto – afirmó Castle acomodándola sobre él.

- ¿En serio? – preguntó ella

- No has terminado Kate – dijo poniéndole carita de niño inocente.

Kate se permitió el lujo de mirarle unos instantes. Adoraba esos momentos que estaban compartiendo durante las últimas noches. Jamás había compartido con nadie tantas confidencias, incluidas las partes más dolorosas, Lanie conocía algún momento, pero no todos, al igual que ella conocía de Lanie parte de su vida, pero las más íntimas siempre son guardadas bajo llave en el cofre más recóndito del cerebro, allí donde nadie pueda entrar y sacar a pasear todos los miedos, allí donde nadie pueda llegar y descubrir el gran secreto de cómo hacer daño y utilizarlo de nuevo para hundirnos. Ahora ella tenía su alma al descubierto en manos de Castle, tanto como el alma de Castle estaba al descubierto en sus manos. Al contrario de lo que pensaba, eso la hizo sentirse fuerte. Ambos estaban afianzando unas raíces de algo que podría llegar a ser lo único que les importase durante el resto de su vida. Suspiró y decidió seguir hablando.

- Creo que me enamoré de Myke – confesó – pero no de él como una pareja – intentó aclarar – si no de él como un ídolo, como el modelo a seguir. Quería estar con él a todas horas, era feliz escuchándole contar todas esas historias. Era capaz de imaginar que íbamos a averiguar quien mató a mi madre, juntos, que él me ayudaría y lo conseguiríamos. Fueron unos meses increíbles – aseguró – estaba pegada a él, me protegía, me mimaba, me enseñaba… Y él me conocía Rick, leía mi mente…

- No cabe duda que fue el mejor instructor que podían asignarte – le dijo él cariñoso apretándola contra su cuerpo.

- Si – dijo ella con una sonrisa nostálgica – lo fue. Y su trato fue magnífico. Siempre me trató con respeto y después de que muriese, supe que también con admiración.

- ¿Te lo dijo en esa carta?

Castle siempre se había preguntado que le habría dejado escrito Royce en aquella carta a Kate. Estaba claro que el tipo sabía que iba a morir en Nueva York y que Kate sería la encargada de su caso. Uno no va por el mundo con una carta dirigida a una detective de homicidios en el bolsillo de la chaqueta, como mucho una persona escribe un testamento, tal y como él había hecho, y entonces si, podía dejar una carta para cada una de las personas que le habían importado en su vida, de hecho su abogado tenía cartas para Martha, Alexis y para Kate, pero jamás se le ocurriría llevar una carta en el bolsillo por si moría en "acto de servicio".

Un silencio se hizo entre ambos, Castle pensando que debía revisar su testamento, pues la carta que había escrito a Kate era anterior a su relación y ahora que la cosa había cambiado, esa carta podía resultar encantadora, pero debería redactar una donde expusiese con más rienda suelta todos los sentimientos que tenía hacia ella, y ahora que sabía que ella le correspondía, intentar calmar el dolor que ella podía sentir si, en el hipotético caso de su muerte y para su desgracia, tenía que leerla.

Por su parte Kate pensaba en Myke, en como la conocía tanto que le había escrito que apostase por Castle y no por su trabajo. Se preguntaba porque aquel curtido policía jamás había intentado aprovecharse de ella. Seguro que cualquier otro instructor se habría beneficiado de tener una alumna totalmente colada por él. Sin embargo él, había demostrado su honradez y nobleza.

- En esa carta me dijo muchas cosas Rick – soltó por fin ella – aunque no me aclaró porque decidió cambiar como lo hizo.

- Tendría sus motivos para no hacerlo Kate - dijo él pensando que quizá serían dolorosos para ella.

- Seguramente…

Kate le besó. Era un beso apremiante, lleno de necesidad. Castle se hizo con el control del mismo de inmediato, adivinando que Kate necesitaba sentir que lo era todo para él, acarició su cara, la apretó contra su cuerpo, la besó despacio hasta que ella comprendiese que él no iba a moverse de su lado, que estaba ahí para ella y para siempre.

Poco a poco fueron separándose y Castle la sonrío, obteniendo a cambio una gran sonrisa y un beso sobre su nariz.

- Ya te queda menos detective – le dijo apremiándola a continuar.

Kate sonrió metiendo un dedo para tocar su pecho entre hueco y hueco de los botones de su camisa.

- Después de acabar mi formación con Myke fui asignada a la 12 desde el principio – le dijo – Roy siempre fue mi jefe… mi único jefe.

- Un gran tipo – aseguró Castle – y no lo digo porque le caiga mal a Gates… - dijo y Kate se echó a reír.

- Montgomery era un gran policía – dijo Kate seria – supongo que nunca tuvo la conciencia tranquila por lo que hizo cuando era novato. Me imagino su sorpresa cuando se enteró que la chiquilla recién salida de la academia a la que pilló en los archivos husmeando el caso de la muerte de su propia madre – dijo Kate – era la hija de una inocente que murió en parte por él.

- Kate…

- No Rick – cortó ella – admiraba a Montgomery y siempre tendrá mi lealtad, pero eso no cambia el hecho de que utilizó su posición para extorsionar y sacar provecho propio. Sé como se arrepintió – aseguró Kate sosteniéndole la mirada – pero con su arrepentimiento no me devolvió a mamá…

- Lo sé cariño – le dijo

Castle no supo que más decir en ese momento. Era la primera vez que la oía llamar así a su madre, de aquella forma tan familiar y casi infantil que la volvía tan vulnerable. Besó su frente con la misma devoción con la que besaba a su propia hija cada vez que quería consolarla, dejando sus labios varios segundos sobre su piel, como si con ello pudiese absorber parte de su dolor y despejarle la mente de sufrimiento.

- Supongo que Montgomery quiso limpiar su conciencia y ayudarme – dijo.

- No debes quitarte méritos detective – le dijo Castle con los labios aún sobre su frente.

- En vez de caerme una sanción por husmear sin permiso en los archivos – dijo ella – me sacó de las patrullas y me puso a trabajar codo con codo con un inspector de homicidios a punto de jubilarse y con él.

- Y llegaste a ser la detective más joven de toda Nueva York – le dijo él.

- ¿Cómo sabes eso? – preguntó ella separándose para mirarle.

- Desde luego que por ti no lo sé – le recriminó él – pero gracias a Dios tengo mis propios contactos que me informan – le dijo sonriendo.

- Nunca me ha importado batir records – dijo ella con indiferencia – no busque ser la más joven en hacerlo y cualquier día alguien lo superará.

- Eso no es cierto mentirosilla – le dijo con vocecilla aguda – si no te importase no sabrías que aún nadie lo ha superado.

- Vale – admitió – pero yo no hice nada por superar ningún record.

- ¿Cuál es el siguiente record que puedes batir? – preguntó Castle después de unos segundos de silencio.

- Debería llegar a capitán antes de los treinta y nueve – dijo ella sin pensarlo.

- Lo conseguiremos – le dijo él riendo y ella se contagió de la risa.

Castle la retiró de encima de él y se levantó para ir a por más agua.

- Me muero de sed… ¿quieres algo?

- Un zumo - pidió

- ¿Me esperas mientras me cambio de ropa? – preguntó Kate.

- ¿Crees que voy a irme? – contestó él - ¿Prefieres que continuemos hablando en la cama?

- No – admitió Kate – o volveremos a dormirnos y no acabaré nunca.

- Te espero aquí – la apremió

Kate desapareció por la puerta de la habitación bajo la atenta mirada de Castle. Después de varios minutos, cuando ella volvió a aparecer él la esperaba de pie junto al sofá.

- ¿No te sientas? – preguntó ella acercándose.

- Después de esto – le dijo abrazándola contra él – necesitaba hacerlo.

Volvieron a sentarse y ella se acomodó de nuevo en su regazo, bebiendo su zumo.

- Detective – dijo Castle.

- Detective y casi novata – afirmó ella – imagina a Perlmutter la primera vez que me vio.

- Te ignoraría y a la primera ocasión te fulminaría con alguna de sus ironías – le dijo él.

- Menos mal que Cam sabía lo que hacía y se aseguró que Lanie estuviese con ella – le dijo – y Lanie que también era novata me lo explicaba con detalle.

- Y en esa época fue cuando conociste a Jared – le dijo aún algo molesto.

- Vamos Rick – le dijo sonriendo - ¿aún estás celoso?

- Si – aseguró – no puedo evitarlo.

Kate le acarició la cara sonriendo y le miró por unos segundos.

- Te quiero Rick – le dijo – no tienes motivos para estar celoso.

- Creo que voy a tenerte que decir más veces que estoy celoso – le dijo en sus labios – yo también te quiero Kate. ¿Qué pasó con Jared?

- Era divertido – dijo Kate – lo pasamos bien, pero… Jared era aún un chiquillo.

- ¿Te iban los maduritos? – preguntó sorprendido.

- No es eso – contestó ella – yo soy policía, no encargada de una guardería, aunque hace cuatro años me volvieron a asignar ese cargo – le dijo sacándole la lengua – Jared era divertido pero jamás fue nada serio, desde el primer momento sabíamos que era temporal, sin complicaciones ni para él ni para mí. Creo que ambos seguimos sorprendidos de que durase un par de meses – le dijo – puedes estar completamente tranquilo con Jared – confesó y el asintió.

- William Sorenson – dijo él.

- ¿No quieres saber cuantos hubo entre ambos? – le preguntó Kate muy seria.

- ¿Cómo? – dijo él confundido – pensaba que te habías dedicado a trabajar y trabajar…

- Existían los fines de semana Rick – contestó graciosa.

- ¿Me tomas el pelo verdad? – preguntó - ¿saliste con alguien más entre ellos?

- Claro – aseguró – pero no me preguntes…

- ¿Por qué? – dijo nervioso.

- No tengo tanta memoria – le dijo riendo.

- ¡Kate! – exclamó él.

- ¿Quieres ir diciéndome todas las azafatas, modelos, actrices, representantes y demás profesionales con las que has pasado una noche? – le espetó

Castle llevó su mano a la cabeza rascando su cuero cabelludo.

- Has dicho profesionales y yo jamás…

- No me refería a ese tipo de profesionales Castle – contestó ella – pero tu radio de acción se movía siempre entre ciertas profesiones – le dijo.

- Claro… y tus ex novios son casi todos policías o algo parecido – la repuso.

- Ya te conté lo de Will – le dijo – pero te lo recordaré de nuevo. Secuestraron a un niño después de asesinar a su padre – dijo Kate ignorándole – el homicidio era cosa mía, el secuestro era del FBI y asignaron a Will.

- Y tu encantada de colaborar con el FBI – le dijo llevándose un manotazo en el hombro.

- Confieso que al principio me pareció insoportable – dijo – no paraba de dar órdenes, todos en el FBI son así.

- Si – dijo él pensando en la agente Jordan Shaw

- Yo estaba desesperada – admitió – era la primera vez que me enfrentaba a un caso con una persona viva, mis casos siempre eran con víctimas muertas para las que lo único que podía hacer era encontrar al culpable – dijo – pero saber que alguien podía morir si no lo encontrábamos a tiempo… y encima un niño…

- Fue duro ¿no?

- Lo duro fue perderlo – confesó – no llegamos a tiempo y tanto Will como yo nos sentimos culpables. Después de terminar todo el papeleo y como estábamos hundidos decidimos salir a cenar y olvidar un poco y terminamos conociéndonos…

- ¿Vivisteis juntos? – preguntó él y Kate asintió.

- Casi un año – admitió – después eligió su ascenso y yo elegí seguir con mi vida.

- Os interrumpí aposta – confesó Castle.

- ¿El qué? – preguntó Kate perdida en recuerdos

- Vuestro beso – le dijo – cuando el secuestro de la niña… os interrumpí deliberadamente.

- Lo imaginaba – dijo ella sonriéndole – aunque gracias por admitirlo.

- Tenía que decírtelo – aseguró – por eso volví a preguntarte por él. ¿Alguien más antes que Demming?

- Ese dato no voy a dártelo – le dijo riendo – no insistas.

- Tenía que intentarlo – le dijo arrugando la nariz.

- Lo de Demming fue culpa tuya – le acusó.

- ¿Mía? – preguntó contrariado.

- Tuya y de los chicos – dijo ella – le acusasteis…

- Tú no te quedaste atrás…

- Mientras le distraía para que hurgaseis en sus cosas – aseguró Kate – me fijé más en él y me pareció un tío bastante…

- Déjalo ¿quieres? – interrumpió él – no hace falta que me des detalles.

- Vamos Rick – dijo Kate riendo – con Demming no hubo nada.

- Si claro – contestó él – por eso os pille más de una vez besuqueándoos en comisaría.

- Sólo era eso – admitió ella – no llegamos a más.

- Por cierto que no entiendo porque si podías estar con Demming o con Sorenson y no puedes estar conmigo – dijo – es absurdo yo no soy poli.

- Háblalo con tu amigo el "pez gordo" – le dijo Kate refiriéndose al alcalde – y que cambié las normas.

- Espera que entonces… ¿No hubo nada entre Demming y tú? – preguntó y ella negó con la cabeza – acabas de ganarte un enorme achuchón.

Castle la apretó contra él con tanta fuerza que ella tuvo que luchar para soltarse.

- ¿Quieres dejar de hacer eso o saco mi arma? – preguntó – vas a asfixiarme.

- Demming es un listillo – le dijo – me has dado una alegría.

Kate negó con la cabeza poniendo los ojos en blanco.

- Ya sólo me queda mi amigo el doctorcito – aseguró Castle con sorna – así que… soy todo oídos… ¿Cómo le conociste?

- Acompañé a mi padre a una de sus revisiones – dijo – poco después de morir mi madre le detectaron una arritmia sinusal.

- ¿Eso es muy malo? – preguntó él que desconocía ese dato sobre la salud de Jim.

- No – aseguró ella – son pocas y aisladas, aunque necesita revisión anual.

- ¿Josh era su médico? – preguntó Castle

- No, pero su médico había sido padre esa misma mañana y Josh se hizo cargo de sus pacientes – aclaró.

- Y no perdió el tiempo con la hija de su paciente – le dijo molesto.

- Tampoco se lo compliqué demasiado – afirmó Kate.

- No hace falta que me des esos detalles – le dijo serio – apuesto a que te dio su teléfono por si teníais alguna duda y le llamaste esa misma tarde.

Kate sonrió… Castle conocía la técnica.

- Algo parecido – le afirmó.

- ¿Por qué lo dejasteis? – preguntó directo.

- Ya te lo dije – le recordó – me gustaba mucho, pero no era suficiente.

- Esa es la misma frase que me dijiste pero no termino de creerte – le dijo.

- Me dijiste que me querías – dijo ella después de unos segundos de silencio – moviste mi mundo.

- El mio se quedó inmóvil cuando dijiste que no te acordabas – le confesó.

Se miraron en silencio. Realmente no habían hablado sobre eso.

- No estaba preparada para salir contigo en ese momento – confesó ella – y tampoco sabía porque lo habías dicho, si por decírmelo antes de que muriese o porque realmente lo sentías.

- Te lo dije porque era un cobarde y no me había atrevido a decírtelo antes – confesó – y no te lo volví a decir cuando me dijiste que no te acordabas por si me mandabas más lejos aún de lo que ya hiciste.

- Necesitaba tiempo – aseguró – necesitaba curarme, no solo de la herida, jamás había estado tan cerca de la muerte siendo tan consciente.

- En aquel congelador estuvimos cerca – le recordó él – y al desactivar la bomba…

- Castle – le dijo – estuve muerta… durante segundos estuve muerta – le dijo enfadada – y tengo dos cicatrices que me lo recuerdan día a día.

- Fue culpa mía – confesó – jamás debí remover el tema de tu madre, Montgomery estaría vivo y tu no tendrías que haber pasado por nada.

- Pero no sabría que Braken es el culpable – le dijo cogiéndole la cara con ambas manos obligándole a mirarla – ahora lo sé y aunque no haya podido encerrarle esperaré hasta que dé un paso en falso.

Castle asintió en silencio bajando la mirada.

- Josh jamás debería haberte culpado – le dijo y él levantó la mirada extrañado de que ella lo supiese – fue un estúpido al hacerlo. Era mi vida y no debía meterse.

- ¿Cómo…?

- Lanie – confesó Kate sabiendo que él iba a preguntar quién se lo había contado – Lanie me lo dijo. Siento mucho que te pegase y no sé como pedir perdón a Alexis por como debió pasarlo en ese momento.

- Josh no me pegó – aseguró Castle – tan sólo me empotró contra la pared. Te aseguro que si llega a tocarme…

- ¿Qué? – preguntó Kate pensando equivocadamente sobre él.

- Si llega a tocarme, Alexis le hubiese operado de la vista sin bisturí – aseguró el escritor y Kate sonrió abiertamente.

- Lanie dijo que casi salta sobre la espalda de Josh – dijo Kate divertida.

- Mi niña – dijo Castle orgulloso.

- Lo siento

- No era culpa tuya – le dijo – tu no tenías porqué controlarle.

- Pero si era culpa mía que tuviese celos de ti – confesó ella – yo siempre estaba contigo o hablando de ti, y él sabía que me ayudabas con el caso de mi madre, que eras tú quien más interesado estaba…

- ¿También lo dejaste por eso? – preguntó Castle.

- No soy propiedad de nadie – le dijo mirándole fijamente – odio los duelos de testosterona.

- Pues lo siento – dijo él – pero no creo que pueda evitar jamás sentirme celoso por cualquiera que respire a tu lado.

- Ya… - contestó ella – pues supongo que ya sabes lo que tienes que hacer ¿verdad?

- Si – aseguró él – confiar en ti.

- Ese es mi escritor – le dijo ella riendo y acercándose para besarle.

- Pero no te olvides que tu tienes que hacer lo mismo – dijo él en su boca

- No es lo mismo… - dijo ella alejándose unos centímetros

- ¿Ah no? – preguntó él.

- Yo soy policía, tengo una reputación, una integridad… - le dijo seria – soy respetable…

- ¿Sabes lo que tengo yo? – preguntó él levantándose del sofá con ella en brazos.

- ¿Qué? – preguntó mientras se aferraba con fuerza a su cuello y él comenzaba a andar hacía la habitación.

- Yo tengo una novia con mucha cara dura… - le dijo y ambos se besaron entre risas…