Muchas gracias a todos por leer. Este relato ha llegado a su fin. Gracias por los comentarios, animan mucho.

EPILOGO.

Hacía ya algo más de dos meses que ambos habían vuelto de Washington. Tiempo en el que la vida de ambos había dado un gran giro, su relación había sido desvelada por la prensa y contrariamente a lo que en un principio temió Kate, este hecho no había sido causa de sanción por parte de Gates. La capitana únicamente les había dicho que se abstuviesen de demostrar en público mientras trabajasen excesivas muestras de cariño, pues estaban en una comisaría, no en el instituto.

Castle incluso una de las veces en las que la capitana les sorprendió besándose en plena sala de descanso, llegó a ruborizarse tanto como Kate y pedir disculpas a Gates, que salió de la sala tras coger su comida de la nevera y lanzándoles una única frase: "niños compórtense en mi comisaría", frase que tan sólo les tuvo que decir en un par de ocasiones, pues sabedores de su buena fortuna, no querían provocar a la capitana.

Por su parte Gates, tras ser consultada por el Alcalde, conocedor de los temores de su amigo escritor y su novia, se había limitado a contestar al regidor: "prefiero un policía feliz resolviendo casos y haciendo bien su trabajo, que uno indiferente y frustrado que al final se pase al bando delincuente, y créame si sé de lo que hablo, he pasado años viendo cosas parecidas en asuntos internos"

Fuera de comisaría, la pareja disfrutaba de su recién estrenada vida compartida. Kate se había mudado a la casa de Castle, aunque la detective conservaba su apartamento, al menos hasta que acabase el contrato de alquiler. Castle había desalojado la mitad de su armario, trasladando a una de las habitaciones del piso superior parte de sus cosas. Había remodelado su despacho a gusto de ambos y ahora tenía una enorme mesa que ambos compartían con sus respectivos equipos informáticos. Había dejado sitio en su baño, ahora casi tomado por los productos de cosmética, colonias y cuidado del pelo de ella. La presencia de Kate poco a poco se iba notando en la casa de él, algunos adornos habían desaparecido, dejando sitio a otros recién llegados de la casa de ella. Fotografías nuevas eran colocadas sobre el piano o la mesa del despacho. La reportera que publicó su historia, fue finalmente perdonada por Castle, y a cambio le dio todas las fotos que habían obtenido de ellos dos y sobre la cómoda de la habitación, Castle había colocado una copia del famoso beso en la puerta del hotel de Washington.

Martha y Alexis se habían tomado la noticia de la mudanza de Kate con alegría, no obstante, ambas con un poco de miedo, pues aunque la detective les parecía la persona adecuada para él, temían que la convivencia con los tres la hiciese huir. No era habitual irse a vivir con la persona amada, si esta a su vez vivía con su extravagante madre y su hija universitaria. Pero al contrario de lo que Martha pensaba, Kate le confesó que jamás se habría ido a vivir con Richard si él hubiese tenido que elegir entre ella y su familia. Tampoco es que coincidiesen demasiado, Alexis vivía en la residencia universitaria y acudía de vez en cuando a verles y quedarse a dormir y Martha tenía el horario cambiado, se levantaba tarde e iba a sus clases que casi eran nocturnas y cuando volvía a su casa, ellos ya llevaban un par de horas durmiendo.

Kate valoraba la relación que él tenía con su familia y le encantaba poder sentirse parte de ella, se había integrado desde el primer día, cuando llegó con su bolsa y sus enrojecidas mejillas y fue recibida con abrazos y besos por parte de las dos mujeres. Martha le daba consejos sobre muchos aspectos de sus vivencias y la trataba como su fuese su hija y Kate a su vez tenía una relación con Alexis en la que la joven le pedía su intervención con su aspecto, sus compras, los chicos…

Aquella mañana de sábado era especial para ambos. Era el día de su primer aniversario como pareja y Richard se había encargado de reservar una suite en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad el Ty Warner Penthouse del Four Seasons, donde tras una relajante sesión de SPA cenarían con las más espectaculares vistas de Nueva York desde la quincuagésima planta.

Richard sabía que la sorpresa que le había preparado a Kate sería de su total agrado y había contado con Alexis como cómplice para ayudarle. El día anterior la joven había acabado con los exámenes y había decidido volver a su casa unos días para pasarlos con su familia.

- No entiendo porque tienes que reservar en ese hotel – le dijo Martha – Alexis y yo podemos irnos y dejaros solos, yo podría ir a la casa de Betty y Alexis volver a la residencia.

- No es igual abuela – contestó Alexis defendiendo a su padre – es mucho más romántico así – dijo mirando a su padre y dedicándole una enorme sonrisa.

- Ya pasamos todos los días en casa – dijo él – quiero que sea algo especial y quiero poder repetirlo todos los años.

- Esta bien – claudicó Martha – supongo que tenéis razón los dos. Ese pescado tiene una pinta estupenda querido ¿tardará mucho Kate hoy? – preguntó Martha con ganas de cenar.

- Ha salido de comisaría hace cinco minutos – contestó él – no creo que tarde mucho en llegar. ¿Madre estás mejor de tu estómago? ¿Prefieres que te prepare algo más suave?

- No querido – se quejó Martha – no quiero comidas insulsas dijo mientras preparaba la ensalada.

- No quiero que enfermes madre – advirtió él.

- No debes preocuparte – contestó Martha – los nervios del estreno de mis alumnos y comer demasiado deprisa seguro que son las causas de mis molestias. Me apetece mucho que cenemos los cuatro juntos – dijo – entre mis clases, tu universidad y vuestro trabajo en comisaría apenas nos vemos.

- Madre, espero que no se te escape nada de lo de mañana – pidió él.

- Descuida querido – dijo ella con un toque de indignación – sé como guardar un secreto ¿recuerdas? – le dijo haciendo un guiño.

Kate llegó minutos después saludando a cada uno con un beso.

- ¿Querida te encuentras bien? – preguntó Martha tomándola de la barbilla y mirándola los ojos vidriosos y las ojeras.

- No es nada Martha – le dijo – mi estómago me está molestando. Y tú ¿Estás mejor?

- Me da la sensación que va a ser un virus – le dijo ella.

- Pues creo que hoy dormirás sola – le dijo con gracia Richard – me niego a que me lo contagies.

- Quizá habéis comido las dos algo en mal estado – dijo Alexis.

- Podría ser – contestó Kate – ese pescado tiene muy buena pinta – le dijo a Richard abrazándose a su espalda.

- ¿Quieres que te haga otra cosa? – le preguntó al igual que lo hizo con su madre.

- No – le dijo Kate besándole la mejilla – me apetece cenar ese pescado.

Los cuatro cenaron escuchando las novedades de Alexis y las anécdotas de Martha, rieron con los gestos e imitaciones que esta hacía de sus alumnos.

Después de unas horas y mientras Kate, Richard y Alexis elegían una película para verla juntos, Martha se retiró para descansar.

- ¿Creéis que esta bien? – preguntó Kate a Alexis y Richard una vez que Martha desapareció en la planta superior.

- La vigilaré esta noche – se ofreció Alexis.

- Me quedaría más tranquila si lo haces – aseguró Kate

- Vamos – intervino Richard – no te preocupes tanto tiene las mismas molestias que tu.

- Rick – regañó Kate – nos separan bastantes años – le dijo – no nos reponemos igual.

- ¿Quieres tranquilizarte? – le dijo Rick – te prometo que si mañana la veo igual la llevaré al médico – aseguró – y tú vendrás con nosotros como sigas igual – Kate miro a Alexis que la devolvió la mirada con una sonrisa.

- No pienso interceder por nadie – dijo Alexis levantando las manos – al menos en temas de salud.

Un par de horas más tarde y justo después de meterse en la cama Richard abrazaba a Kate contra su cuerpo y la besaba sobre la frente.

- ¿Me acompañarás mañana a mi casa? – preguntó Kate – quiero recoger la correspondencia.

- Si claro – le dijo - ¿a que hora quieres que vayamos?

- Temprano – dijo ella medio dormida

- Nada de eso – aseguró él – dormirás hasta que te canses de hacerlo, la correspondencia puede esperar-

- Está bi… - dijo ella sin terminar la frase, quedándose dormida.

Él la miró sonriendo y acarició su brazo. Era muy afortunado de tenerla a su lado.

Kate se despertó buscándole con el brazo al no sentirle pegado a ella. Tenía los ojos aún cerrados. Seguramente se había levantado a prepararle el desayuno. Kate se incorporó despacio y volvió a sentir la misma sensación de la tarde anterior. Se levantó y fue al baño e intentó vomitar sin que pudiese hacerlo.

Se lavó los dientes y refrescó su cara y su cuello y salió para buscarle a la cocina.

- Hola Alexis – saludó a la joven - ¿has visto a tu padre?

- Hola Kate – contestó ella – la abuela no ha pasado buena noche y la llevó al médico hace como dos horas – aseguró - ¿Tú como te encuentras?

- Pues no demasiado bien – le dijo – sigue molestándome el estómago.

- Deberías haber ido con ellos – dijo Alexis.

- Tu padre no se molestó en despertarme – aseguró Kate.

- Lo sé – dijo Alexis sonriendo – dijo que quería que descansases.

- ¿Y tu a donde vas? – preguntó Kate observando que estaba vestida y se ponía la chaqueta.

- Voy a la farmacia – informó – me ha empezado a doler la tripa y…

- ¿Igual que a Martha y a mí? – le dijo Kate.

- No – le dijo Alexis sonriendo – lo mío son dolores menstruales – aseguró

Kate la miró asintiendo y su cara empezó a tornarse pálida. Alexis la miró asustada acercándose a ella que se apoyó sobre la encimera buscando como pudo un taburete para poder sentarse.

- ¡Kate! – le dijo Alexis rodeándole la cintura - ¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien? ¿Te llevo al hospital?

- ¡Oh Dios mio! – dijo Kate.

- ¿Qué ocurre Kate? ¡Me estas asustando! – le dijo la joven.

- ¿Me das un vaso de agua por favor? – le dijo Kate

Alexis cogió un vaso llenándolo de agua sin dejar de mirar a la detective. Le asustaba su palidez y temía que se cayese del taburete donde se había encaramado.

- ¿Me puedes acercar ese calendario? – pidió Kate señalando el tríptico que reposaba sobre la encimera.

Alexis le dio el vaso de agua y el calendario y se colocó junto a ella. Kate bebió el contenido del vaso y lo dejo sobre la encimera suspirando.

- ¿Estás mejor? – preguntó la joven aún asustada.

- Alexis – dijo volviéndose para mirar a la joven – creo que…

Kate hizo un silencio revisando el calendario.

- ¿Kate? – le preguntó.

- Alexis creo que estoy embarazada – aseguró a la joven.

Alexis abrió mucho los ojos

- ¿Qué? – preguntó la joven totalmente impresionada - ¿Cómo?

- Cuando has dicho que tenías dolores menstruales, he pensado en las pastillas que tomo yo para el dolor – le dijo – y me he acordado que hace mucho tiempo que no las necesito…

- ¡Kate! – exclamó la joven nerviosa y contenta.

- Dios mio – dijo Kate llevándose la mano a la frente y hundiéndose en ella.

- ¿No estás contenta? – preguntó extrañada la joven.

- No… si… si… supongo que sí – dijo Kate confundida - ¡Dios Alexis no lo esperaba!

- Papá y tú no… - dijo algo tímida Alexis - ¿no tomabais precauciones?

- ¡Claro que sí! – dijo Kate - ¿Recuerdas que te dije donde guardaba tu padre los preservativos el día que viniste aquí con Max?

- ¿Entonces? – le dijo sonriente - ¿tengo que regañaros yo a vosotros?

- Creo que tu padre y yo tuvimos un pequeño "descuido" cuando estuvimos en Washington – confesó.

- ¿Estás segura? – preguntó - ¿no será una falsa alarma?

- Necesitaré un test – dijo Kate – pero… suelo ser muy puntual… con todo el lio de la prensa, mi mudanza y… se me había olvidado completamente…

- A papá le hará muy feliz saberlo – aseguró Alexis sonriendo.

- ¿Me guardarás el secreto verdad? – le pidió a la joven cogiéndole de la mano y mirándola fijamente.

- Claro Kate – dijo ella sonriendo al pensar que guardaba dos secretos, uno a su padre y otro a la novia de su padre.

- Ve a la farmacia y tráeme un test de embarazo – pidió a Alexis

Alexis cogió su bolso y salió de la casa rápidamente. La joven estaba entusiasmada ante la idea, le gustaba Kate y la idea de tener un hermano cuya madre fuese ella hacia que se sintiese feliz.

Kate miró a Alexis salir de por la puerta y negó con la cabeza sonriendo. No es que estuviese entusiasmada ante la idea de tener tan pronto un hijo, pero se sorprendió a si misma al comprobar que la sensación que ahora mismo cruzaba por su mente era muy agradable. Imaginó la cara de Richard cuando se lo dijese y deseo que Alexis volviese cuanto antes con el test para poder confirmar que sus sospechas eran ciertas.

Cuando Alexis volvió de la farmacia Kate se encerró en el baño y salió unos minutos después mirando a la joven que estaba casi tan nerviosa como ella.

- ¿Cuándo lo sabremos? – preguntó

- De cinco a diez minutos – dijo Kate.

Kate pensó que aquellos diez minutos eran los más interminables que había pasado en su vida. Alexis la miró interrogante cuando llegó el momento.

- ¿Lo mirarás junto a mí? – le ofreció a Alexis que abrió la boca entusiasmada.

- Vamos – dijo cogiéndola de la mano y tirando de ella entrando al baño.

Ambas se inclinaron mirando el test confirmando las sospechas de la detective. Estaba embarazada. Alexis la abrazó dando pequeños grititos y Kate tuvo que calmarla y hacerle prometer que no diría nada hasta que ella hablase con su padre. Alexis asintió, estaba demasiado contenta.

- ¿Cuándo se lo dirás? – preguntó Alexis.

- Conozco a tu padre y sé que esta noche ha preparado algo para celebrar nuestro aniversario – le dijo – así que… se lo diré esta noche.

- Papá estaba seguro que no te acordabas – aseguró Alexis.

- Y ni tú ni yo le diremos que me acuerdo – le dijo Kate sonriendo – me gusta ver como cree que me sorprende.

Richard y Martha volvieron poco después. Martha tenía un virus estomacal y tendría que someterse a una dieta blanda, alimentándose en pocas cantidades varias veces al día.

Richard notó un cambio en su novia, irradiaba felicidad tenía mejor cara y él supuso que había descansado y el virus que posiblemente le había contagiado su madre, había sido más débil que ella.

Después de que los cuatro comiesen juntos, y con la excusa de llevar a Kate a recoger el correo, Richard la convenció para salir de la casa, y guiñó un ojo a su hija mientras cerraba la puerta, leyendo en los labios a Alexis que le deseaba suerte sabiendo lo importante que era para su padre aquella noche.

Richard condujo alejándose el camino que llevaba a la casa de Kate.

- ¿Dónde vamos? – preguntó ella haciéndose la sorprendida.

- Quiero que veas una cosa – le dijo él y ella asintió.

Cuando Richard giró entrando en el aparcamiento del lujoso hotel, Kate no pudo reprimir su sorpresa, no esperaba que él la llevase allí, esperaba una cena en cualquier parte exclusiva de la ciudad pero no en ese hotel.

Él rodeó su Mercedes hasta abrirle la puerta ayudándole a salir y la abrazó mientras andaba hasta el ascensor el hotel. Pulsó el botón de la planta cincuenta y la sonrió.

- ¿Qué vamos a ver aquí? – dijo ella

- Las mejores vistas de Nueva York – aseguró él

El ascensor paró en su planta y ambos bajaron abrazados. Él sacó una tarjeta magnética y abrió la puerta de una de las suites, dejando que ella entrase primero.

Kate miró a su alrededor. Las vistas desde aquellos enormes ventanales eran impresionantes, por un lado veía el Central Park y por el otro los rascacielos más altos de la ciudad.

- Tenemos que cambiarnos – le dijo Richard sacando del armario el bikini que había preparado la tarde anterior con la ayuda de Alexis – nos esperan en el SPA

- ¿SPA? – preguntó ella sonriendo

- Quiero que te relajes, te lo mereces. Y luego subiremos a cenar con estas maravillosas vistas – le dijo abrazándola contra él – y después nos quedaremos aquí a dormir.

- ¿Ah si? – preguntó ella - ¿y puede saberse porque?

- Porque hace exactamente un año que soy feliz a tu lado – le dijo – y no quiero que se me olvide ese día.

Kate le sonrió besándole y pensando que no podía haber mejor padre para su hijo, ni mejor persona en su vida que él.

Disfrutaron de una relajada tarde de SPA y masajes, una sofisticada cena con las luces de la ciudad como compañía, cenaron vestidos únicamente con el suave albornoz del hotel y cuando los camareros retiraron los restos de la cena, Richard preparó dos copas de bourbon y la llevo de la mano hasta el sofá, donde se sentó y la acomodó en su regazo.

- Creo que mis mayores confesiones te las he hecho sentado en un sofá de un hotel contigo en mis brazos – le dijo besándola en la cabeza.

- ¿Vas a hacerme otra confesión hoy? – preguntó ella sonriendo y tratando de averiguar que cara pondría él cuando ella se confesase.

- Si – dijo él cogiendo el vaso y dándole un trago - ¿quieres? – ella negó con la cabeza y él volvió a dejar el vaso en la mesa.

- ¿Qué tienes que decirme? – preguntó un poco preocupada al darse cuenta que podría tratarse de algo que a ella no le gustase.

- Quiero confesarte – le dijo él – que soy inmensamente feliz desde hace un año – aseguró – y que estos dos últimos meses a tu lado, son los mejores que he pasado en mi vida – le dijo y ella se sintió aliviada – y quiero que el resto de mi vida sea así.

Kate se acercó a sus labios para besarle.

- Kate – le dijo cogiendo su mano y colocando en su dedo un anillo que ella no supo adivinar de donde había salido – quiero confesarte que te necesito para siempre y que no debes tener miedo, porque no vas a perderme jamás si tu no quieres. Quiero confesarte que lo que mas deseo en este mundo es que me digas que te casarás conmigo, aunque no quiero presionarte… ¿lo harás en algún momento? – le dijo terminando de deslizar el anillo hasta el final de su dedo.

Kate le miró sonriendo.

- ¿En algún momento? – preguntó muy bajito.

- Cuando tú decidas – aseguró él sin querer asustarla.

Ella cogió su mano y le ayudo a meterla bajo su albornoz, acompañándole mientras él le acariciaba el abdomen con suaves círculos.

- Tendrá que ser pronto Rick – le dijo suavemente apretando su mano contra la suya para que notase su vientre – o tu hijo comenzará a crecer y no podré encontrar un vestido…