Capítulo 2: Se puede hacer algo.
Al acercarse al origen del preocupante sonido, no le sorprendió que se tratase nada más ni nada menos que Svana. Intuyó que seguramente se debía por los acontecimientos de hace varias horas.
Sentada y con las manos cubriendo su rostro, la joven no pareció detectar la presencia del hombre hasta que éste habló.
–Hey ¿qué sucede? –El rubio se agachó e inclinó su cabeza para mirar el rostro de la muchacha.
–¡Es Haelga, la odio! –respondió Svana sin levantar la mirada.
–Bueno, sí, pero ¿por qué sigues trabajando ahí? ¿Qué te tiene atada a ese lugar?
–¡No entiendes! –la camarera alzó su cabeza y golpeó sus rodillas con las palmas de sus manos– Haelga es mi tía, ella me acogió cuando mis padres murieron, pero ¿cómo iba a saber que ella es una mujer tan detestable? –usó el puño de su blusa para limpiarse las lágrimas que se acumularon en sus ojos– Estoy atascada aquí, soportando a sus clientes tocándome y diciéndome cosas horribles.
Freyr alzó una ceja –¿Y por qué odias a tu tía tanto? Bueno, no se portó muy amable, y quizá fue algo imprudente, pero deben haber más motivos ¿no?
El rostro de Svana cambió de manifestar tristeza a asco y enojo. –Ella es repulsiva, se toma su devoción a Dibella muy en serio. ¿Sabías que se acostó con tres hombres diferentes en menos de un mes? ¿Qué clase de mujer hace eso?
–Wow... Nop, definitivamente no sabía eso. –Freyr se quedó con la boca abierta unos momentos.
La señorita apretó los dientes –Por una vez me gustaría verla retorcerse como skeever, en vergüenza, quiero restregarle eso.
–Debe haber una manera de hacer eso –Freyr dijo con picardía.
–¿Ah sí? ¿Cómo? –Svana no parecía muy convencida.
–Ah... No sé, tú la conoces mucho mejor que yo –el sangre de dragón se encogió de hombros.
Luego de pensar unos momentos, la mujer tuvo una epifanía. Del gusto tomó al rubio de los hombros –¡Sí! ¡Eso!
Freyr cambió su expresión facial para corresponder al de Svana –¡Síii! ¿Quéee? –de inmediato hizo clara su confusión.
–Mira, luego de hacer el amor, ella les regala a sus compañeros una muestra de aprecio llamada "Marca de Dibella". Si la confrontas con esas marcas, estará tan, pero tan avergonzada que bueno... –sacudió vigorosamente al hombre frente a ella– ¡No sé qué podría hacer!
–Sí, claro –el guerrero se encontraba levemente mareado por la sacudida– Yo te puedo ayudar con eso.
Recibió otra sacudida –¡Esto será genial!– exclamó Svana.
Gentilmente Freyr tomó las manos de la mujer y las quitó de sus hombros, se veía delicada la muchacha, pero gozaba de fuerza.
–¡Oh! Lo siento –Svana no podía ocultar su algarabía–. Bueno, debes conseguir las marcas de Dibella de Bolli, Hofgrir e Indaryn. No sé cómo lo vas a lograr pero has tu mejor intento.
Freyr miró hacia arriba unos segundos, tomando nota mental –Ok, de acuerdo.
–Confronta a Haelga con ellos y el resto saldrá solo.
Ambos se pusieron de pie y Freyr acompañó por unos pocos metros a la dama hasta la puerta del albergue. Antes de entrar, Svana aclaró –Por favor, trata de obtener las marcas sin violencia, no quiero responsabilizarme de sus muertes... o la tuya.
El rubio guiñó un ojo –Descuida –con su mente despejada de pensamientos predatorios, regresó a su domicilio.
Al mediodía siguiente, luego de un buen desayuno preparado por "Lydia 2", el señor de los vampiros Freyr, empezó con la búsqueda de aquellos tres hombres.
Primero se encontró con Bolli, el caritativo pescador y mercader.
–Hola, gracias por llevar el tratado comercial a Markart –el comerciante saludó.
–No fue nada –respondió Freyr– Y ya que hablamos de agradecimientos y compañerismo, mi estimado Bolli, me enteré que Haelga te regaló una Marca de Dibella. La necesito.
La simpatía del sujeto cambió a hostilidad en un instante –No sé de qué me estás hablando, jamás me acosté con nadie que no fuera mi querida esposa.
Freyr alzó un dedo –¡Ojojo! ¿Acaso mencioné algo de que te acostaste con ella?
Al poder sentir el pulso cardíaco de los seres vivos a su alrededor, el sangre de dragón se dio cuenta que Bolli se sintió acorralado.
–No... No sé de qué estás hablando.
Freyr, en un gesto amigable, rodeó con su brazo los hombros del mercader. –Oh vamos, si me lo entregas, nadie, y te lo juro por mi preciosa alma, se va a enterar de esto.
Bolli suspiró, y luego de hurgar en el bolsillo trasero de su pantalón, sacó el pequeño objeto y se lo entregó. No sin antes quitar el brazo del otro hombre de encima. –Solo fue una noche, ¿ok? Además, pienso que le puso algo a mi bebida, no he ido a su albergue desde entonces. Toma esa maldita cosa, ya no quiero saber nada de esto.
–Gracias –Freyr dijo, y restregó la marca sobre su pálida mejilla– Oh, está calientito.
–Largo de mi vista –el pescador gruñó.
–Soy un hombre muy ocupado. ¿Necesitas algo o puedo volver a trabajar? –El elfo oscuro Indaryn se dirigió al joven guerrero como si se tratase de un skeever con sarna.
–Bueno, ya que estás tan ocupado en tus cansadas labores de capataz, seré breve –El rubio puso mano en su cintura– Haelga te obsequió una Marca de Dibella por jugar a "las escondidas" contigo. La necesito.
–¡Muchacho insolente ¿Estás loco?! ¡¿Cómo te atreves a hacer esa acusación?!
Freyr optó por reciclar su argumento usado anteriormente. –Oh, Indaryn, si me lo entregaras nadie tendría por qué enterarse.
–No sé de qué estás hablando. Ahora, si no vas a comprar algo te sugiero que te marches –el elfo cruzó los brazos.
–¿Comprar, eh? –El vampiro se acercó al aparador donde uno de los empleados se encargaba de vender el aguamiel Espino Negro y colocó la cantidad de septims exacta para una botella. –Voy a llevar un aguamiel si eres tan amable.
Ungrien, el vendedor, colocó en la superficie de madera el recipiente y tomó el efectivo. Freyr retiró el corcho, tomó un largo sorbo, y dijo en voz alta –Oh está más bueno que en otras ocasiones ¿Haelga te enseñó alguna receta nueva, Indaryn?
Las miradas de todos en la tienda se enfocaron en el hombre de piel gris, el cual tragó saliva.
Luego de tomar otro enorme sorbo, Freyr agitó su dedo índice –Hmm... Había oído que las mejores cosas se preparan con amor, ahora compruebo que es cierto.
Ungrien, un elfo de bosque bastante joven, rió –¿De qué estás hablando?
El guerrero, sintiendo los efectos del alcohol, se recargó en el aparador y le hizo una seña al caballero para que se acercara –Entre tú y yo, me gustaría que supieras que tu amado jefe... –Alzó la voz y señaló con total desfachatez al Indaryn– ¡Sí, ese señor de allá! Le gustan los caramelos de nuez chupados. ¿Sabes qué quiero decir? –El bosmer negó con la cabeza.
–Bueno, sin metáforas, él estuvo... –Freyr no pudo terminar la frase, pues el capataz lo tomó del brazo y lo llevó a la bodega.
–Tú ganas, maldito. –Indaryn se arrancó del cuello la marca que colgaba de una delgada cadena de oro, oculta debajo de su ropa– Sólo cállate, si los demás se enteran que dormí con ella perderé el respeto de todos en la licorería. – Con un golpe colocó el objeto en el pecho del nórdico, el cual lo tomó.
–Mis labios están sellados. Pero ¿era tan difícil? –Sin perder su aspecto relajado, el sangre de dragón agregó sal a la herida.
–Largo, o llamaré a los guardias –el capataz señaló con su dedo índice largo y delgado la salida.
Freyr asintió, pasó de largo las instalaciones y abrió la puerta.
–¡Vuelve cuando quieras! –El elfo de bosque expresó.
Freyr, en respuesta, alzó la botella y la sacudió levemente, al momento de salir.
Los empleados en la refinería pasaron del silencio a una oleada de risotadas, hasta que Indaryn se hizo presente.
–¿De qué se ríen ustedes? ¡A trabajar! –el jefe ordenó antes de volver algo apenado a las bodegas.
–S... Sí, señor –el vendedor acató haciendo lo posible por no reír de nuevo.
Ya iban dos, sólo quedaba una pendiente. No sería difícil encontrar al tercer amante, pues era quien se encargaba de los establos.
–Solo espero no que envenene a Evelyn luego de esto –Freyr temió por el bienestar de su yegua.
Encontró entonces a Hofgrir, quien se encontraba colocando herraduras en los cascos de uno de sus caballos.
–Hey Hofgrir ¿Cómo te va?
–Estoy ocupado –contestó el señor–, así que si me quieres decir algo que sea rápido.
–Ja, resulta que todo el mundo está ocupado hoy –pensó el vampiro–. Muy bien, estoy en la caza de unos objetos muy peculiares para mi colección, Hofgrir. Y estoy seguro que tú posees la pieza que me falta.
–¿Ah? el encargado de los establos soltó la pata del animal, alzando una ceja.
–Sí, un objeto pequeño, idéntico a este –Freyr abrió su mano mostrando la marca que había conseguido de Bolli.
–Jamás he visto una cosa como esa –el hombre frunció el ceño, pero su gesto no engaño a los sentidos extrasensoriales del Dovahkiin– ni siquiera sé a qué te refieres.
Bien, tenía que realizar otra labor de convencimiento y se le estaban agotando las ideas. Freyr miró a su alrededor para darse cuenta que el Hofgrir fue lo suficientemente descuidado como para dejar su preciada marca tirada sobre un montón de paja del establo. Sin dudarlo, se introdujo en la caballeriza y tomó la pieza mientras recibía unos coletazos equinos, cortesía de su propia yegua.
–Evelyn, basta –el sangre de dragón escupió lo que parecían ser pelos de caballo.
–¿Sí? ¿Ocurre algo? –Hofgrir, colocó sus manos en su cintura, pretendiendo intimidar.
–No, me tengo que retirar... Ciao, como dirían los Bretones –con una mano tras su espalda y cuidando de estar viendo siempre en dirección del cuidador, volvió al interior de las murallas de Riften.
–Fenómeno –susurró el hombre antes de continuar con su trabajo.
Eso estuvo muy fácil. Solo quedaba hacer la confrontación final.
Nota aclaratoria: "¿Ciao? Nunca hé oído a un Bretón decir eso" Tienes toda la razón, eso lo agregué yo. Y es que los Bretones, debido a sus nombres y algunos aspectos culturales, se asume que están basados en los italianos, así como los Imperiales lo están de los romanos, los Nórdicos de los escandinavos y los Guardias Rojos de las personas que habitan el Medio Oriente.
