Capítulo tres: Una oferta que no podrás rechazar.
Con las Marcas de Dibella en su puño, se acercó una vez más a esa despreciable mujer dueña del albergue.
–¿Otra vez tú? ¿Vienes a golpear a mis clientes y a hacerte el héroe? –Haelga barrió con la mirada al joven.
–Oh no, vengo a enmendar mi cruel falta, si tú me lo permites –Freyr alzó dos veces su ceja derecha.
–¿Ah sí? –Haelga se mostró algo emocionada. Pensaba que el caballero se le estaba insinuando, por lo que su ego había sido acariciado al sentirse deseada–. ¿Y cómo piensas... Pagar tu pequeña penalización?
–Ah, devolviéndote algo que es tuyo, por supuesto. –Azotó su mano contra la mesa, y al quitarla reveló tres Marcas de Dibella.
Haelga quedó estática, parecía una estatua detallada de cera.
Svana, quien se encontraba observando todo desde la seguridad de las mesas, miró confundida a Freyr, éste alzó las manos con las palmas hacia arriba para decir que él tampoco tenía idea de lo que estaba pasando.
–No... Tengo... Idea de qué estás hablando. –La rubia dijo al salir de su trance. Svana se quedó boquiabierta e irritada por la hipocresía de su tía.
–Dioses ¿acaso esa es la frase del día? –Freyr se pellizcó el puente de la nariz, no pudiendo evitar sentirse molesto.
–Mira, no sé de donde sacaste la idea de que esas cosas son mías, no sé dónde las obtuviste y no me importa –la mujer sabía actuar, pero eso no iba a engañar a Freyr, sobre todo porque ya contaba con las evidencias que le confirmaban lo contrario.
–Ajá, alguien con una estatua de 70 centímetros de altura de Dibella en su recepción no sabe lo que son las Marcas de Dibella. Oh sí, suena legítimo –el joven expresó con sarcasmo.
–¿A qué quieres llegar con esto? –Haelga miró desafiante al hombre frente a ella.
–Haelga, querida –Una sonrisa amplia se dibujó con las comisuras de la boca del caballero–. No puedes esconder que has estado practicando tus finas artes Dibellianas con algunos señores de este lugar. No le diré a nadie, pero a cambio te pido un poco más de respeto y consideración para tu sobrina.
–Debes estar borracho, tu aliento apesta a licor –la dueña del albergue siseó. La reacción del vampiro fue exhalar en su mano y olerla, admitió que tenía razón–. Si no tienes más acusaciones baratas e injustas qué hacerme, sabes dónde están las puertas. Procura no golpearte el trasero al cerrar.
Freyr asintió apretando sus labios en una línea delgada y plana. Giró a su derecha y abandonó la recepción.
–Estuvo cerca –Haelga dijo con alivio para sí misma, tomó las marcas y las guardó en uno de los paneles de su mueble. Quizá encuentre otros dueños para ellas.
–¿Pero qué tenemos aquí? –Una voz masculina se escuchó detrás de ella. Cuando giró, notó que Freyr no se había ido, al contrario, logró escabullirse detrás de ella y tomar de su bolsa una hoja de papel.
–¡¿Cómo?! –los ojos de la mujer estaban abiertos como platos. El terror se apoderó de ella cuando el joven desdobló la hoja y comenzó a leer su contenido.
–"Mi dulce Haelga" Qué tierno –el sangre de dragón evadió un par de intentos de la mujer de arrebatarle la pieza de papel–. "La noche pasada fue la más maravillosa de mi vida" –rodeó corriendo el mueble de madera, huyendo de la fúrica mujer–. "Las cosas que me enseñaste... las cosas que hicimos... Nunca hubiera soñado que eso fuera posible".
Todos en el área aullaron. Haelga se prendió del brazo del joven intentando bajarlo para acceder a su carta, sólo para que Freyr cambiara el papel de mano y usara el brazo invadido para mantenerla alejada.
–"Quién hubiera sabido que alguien pudiera manipular su cuerpo de tal forma vistiendo botas Daédricas" ¡Oh! Debes decirme dónde las conseguiste.
Svana se mordía las uñas, aguantándose la risa, aunque el resto de los presentes lo hacían de forma abierta. El ver a su tía desesperada y casi histérica, era oro puro.
–¡Pagarás por esto! –la rubia cerró su mano en un puño y tiró un golpe, los rápidos reflejos del muchacho le permitieron esquivarlo con mucha facilidad. En un momento, comenzó una persecución alrededor de las mesas.
–"Eres toda una maestra de las artes Dibellianas mi amor" –el vampiro movió su cabeza a un lado para evitar que un tarro se estrellara contra su cabeza. Se movió velozmente a otra esquina–. "Doy crédito a tu religión" Yo también.
Haelga estaba roja como un tomate debido a la ira y el bochorno, llegó al grado de saltar sobre una de las mesas para taclear al guerrero, tirando comida y vajilla por doquier. Una vez más, su intento fue en vano.
A una distancia segura, Freyr se sentó a lado de Wujeeta, la abrazó con su brazo derecho y le acercó la carta. –No alcanzo a leer esto ¿me ayuda usted con sus preciosos ojos argonianos?
Wujeeta, halagada, continuó con la peculiar lectura, con su voz ronca y siseante– "Tal vez nos encontremos de nuevo pronto...".
–Una revancha ¿eh? –Freyr saludó a distancia a Haelga, quien ya se había rendido en su cacería.
La anciana argoniana continuó –"Pero la próxima vez, permíteme llevar la trucha. Tu amante secreto".
El ambiente se sumió en una marea de chiflidos, gritos y golpeteos en las mesas, producto de todos los clientes excepto de Freyr, Wujeeta, quien recibía un apapacho del antes mencionado y Svana, quien finalmente rió sin tapujos mientras aplaudía.
–Bueno se diviertieron un rato ¿no? ¿Fue gracioso? –la propietaria hizo guardar silencio a todos en el recinto–. A ver qué hacen bola de borrachos santurrones si me veo obligada a cerrar este lugar por culpa de ustedes.
–Aquí nadie te está reprochando nada... –Grelka refunfuñó– Zorra –agregó en volumen bajo para que Haelga no la escuchara.
Varios admitieron que sin Haelga y su albergue no tendrían donde quedarse.
–Relájate Haelga, esto no saldrá de aquí ¿cierto muchachos? –Niluva Hlaalu comentó.
–Aye –los demás respondieron.
–Pero, reconsiderarás mi oferta ¿verdad? –Freyr preguntó.
–Sí, como sea. Solo quiero que te mantengas lejos de mí y mi negocio –la dueña del establecimiento respondió.
–Ow ¿por qué? no me la había pasado tan bien aquí en mucho tiempo. –Wujeeta se quejó, apuntando con la mirada al caballero a su lado.
–Usted sí sabe madam –Freyr señaló a la mujer con ambas manos–. Pero este ambiente es un poco... Hmm... Intenso para mí –se levantó de su asiento y se trasladó a la salida–. Estaré unos cuantos días más rondando por aquí, si es que quieren charlar y beber un rato. ¡Buenas noches a todos! –Dijo antes de salir.
Los demás respondieron cada quién a su manera a la despedida y continuaron con su fiesta.
–Svana ¿puedes ir a mi alcoba un momento? Haelga solicitó con calma.
–Sí –la joven, nerviosa, dejó su asiento, caminó y entro a la habitación. Haelga, quien iba detrás de ella cerró la puerta.
–Svana ¿tú le dijiste a ese hombre que hiciera lo que hizo hoy?
–No, tía Haelga –la camarera mintió– tal vez hizo eso por lo que vio ayer en la tarde.
–Bueno, eso ya no importa, lo hecho, hecho está –la rubia miró directamente a los ojos de la señorita–. Te voy a preguntar algo y quiero que me contestes con la verdad.
Svana sintió como si una ráfaga de aire helado se colara por su vestido y recorriera su columna vertebral –Dime.
–¿En serio te trato tan mal? – la señora alzó el entrecejo, consternada.
–Grrr maldita sensación ¡ya vete! –Freyr deambulaba por su vivienda a altas horas de la noche, luchando una vez más con su colosal antojo de hemoglobina. En un intento desesperado, tomó un tomate, le clavó viciosamente los colmillos y comenzó a chupar el dulce jugo que guardaba el alimento en su interior. No era lo mismo, pero servía para alivianar la tensión. Tal vez debería intentar morder carne fresca de venado.
Unos golpes leves en su puerta resonaron.
–Efsta ien Iona, yo afbro –el muchacho se acercó a la puerta y la abrió.
–Hola –se trataba de Svana, quien sostenía un enorme escudo enano en sus manos–. Ah...
Freyr dejó de morder el fruto y lo lanzó a la chimenea –Hola ¿en que te puedo ayudar? .
La muchacha rió como una colegiala –Lamento llegar a esta hora, solo quería agradecerte por lo que hiciste.
–¿Quieres decir que funcionó? –Freyr se entusiasmó.
–Bueno, sí, al menos mi tía acordó en no dejarme con todos los quehaceres, e intervendrá cuando algún desgraciado quiera pasarse de la raya conmigo. –Extendió los brazos con algo de esfuerzo para acercarle el pesado escudo al caballero–. Quiero que te quedes con él, era de mi padre, pero creo que estará mejor contigo.
–¡Oh, gracias! Me será muy útil –el sangre de dragón recibió con mucho gusto la pieza de armadura.
–Bueno, será mejor que vuelva a la cama. Hasta mañana –luego de eso, la contenta muchacha regresó al albergue donde vivía.
El Dovahkiin cerró la puerta. Eran interesantes las cosas que podía recibir como muestra de agradecimiento. Complacido, dejó cuidadosamente el escudo a lado de su cama antes de recostarse y perder su vista en la madera del techo.
Cruzó por su cabeza la idea de hacer un cuarto de trofeos en el caso de construir su propio hogar a su gusto, donde guardaría con aprecio su preciada colección de artefactos adquiridos por sus buenas acciones. Aunque dichos objetos, no se comparaban con la sensación de regocijo que llenaba su corazón, al saber que había mejorado aunque fuese un poco la vida de alguien.
Eso y los bollos dulces, los adoraba.
Fin.
Nota final: Y ¡Corte! Han sido tres historias publicadas en menos de dos meses, ando con todo. Muy bien, se despide de ustedes su servidora, agradeciendo su tiempo y atención, y esperando que hayan disfrutado este fic. Recuerden, si desean comentar algo al respecto no duden en dejar un review. ¡Hasta la próxima!
