Siguiente drabble. Va a ser un relato algo lento, quiero mostrar como evolucionan estos dos personajes. También creo que las actualizciones van a ser bastante rápidas.

Muchas gracias por el comentario, Gore Hetare, y por los favoritos :D


Dos - Feliks

Lituania no es un país muy turístico y de entre todas las ciudades, Kaunas lo es menos aún. Por eso no era normal ver extranjeros por las calles y menos en el mercadillo donde siempre iba Toris a vender sus pájaros y brujitas, vestido con un traje típico bastante viejo que había encontrado en un arcón en el sótano de su casa. Normalmente vendía lo suficiente como para ahorrarse la comida de ese fin de semana, pero en ese momento no podía creer el negocio que estaba haciendo gracias a la cantidad de turistas que había en todo el paseo. Según había escuchado de una mujer que estaba vendiendo pan recién hecho, una guía de viajes conocida había recomendado el lugar y éste se incluía en los paquetes de las agencias como visita obligada, siendo ese el motivo de todo aquel tinglado que se había montado en tan poco tiempo.

Normalmente Toris reservaba diez brujas y veinte pajaritos para vender, y siempre llegaba con más de la mitad a su casa. En ese momento solo le quedaban tres brujas y cuatro pájaros, algo inaudito. Si la cosa seguía de igual manera, tenía que trabajar duro esa semana que entraba para poder enviar más pedidos a la tienda online y para tener algo que vender el fin de semana siguiente.

Vendió otra bruja y dos pajaritos a una pareja con niños, después de advertirles en inglés que eso que se llevaban no era un juguete. Atendió a otros tres clientes más antes de hacer caso a un chico que estaba mirando desde lejos, bastante inseguro pero sin duda interesado en lo que Toris estaba ofreciendo.

Era un muchacho rubio con melena y grandes ojos verdes que llevaba una pequeña maleta de la mano. Un chico que aunque parecía ser de lo más corriente, tenía una expresión en el rostro difícil de adivinar, entre serio y preocupado. Quizás las culpables de aquello eran sus cejas, muy finas y ligeramente arqueadas hacia arriba.

– ¿Cuánto cuesta? – Le preguntó con su inglés roto y un fuerte acento polaco. Le sonrió un poco, lo justo antes de que su cabello le cubriera el rostro. Toris miró el pajarito que había señalado con sus dedos finos.

– Cuarenta litas – Le contestó igualmente en inglés, observando como el otro giraba la cabeza, aunque aquella sonrisa leve desapareció dejando ver un poco de desilusión.

– Es un poco caro.

– Lo he hecho yo con mis propias manos. Aunque si eres tu quien me lo compra, te lo rebajo a treinta y cinco.

El chico polaco observó de nuevo el pajarito, con mirada de niño pequeño. Se le había antojado, adivinó Toris, pues esa manera de mirar el objeto era una clara señal de haberlo vendido en el momento. Posiblemente no hubiera necesitado la rebaja, pero le gustaba ser cortés con la gente y ya había ganado bastante más dinero de lo que era habitual así que no le importaba perder un poco con aquella venta.

– Lo siento, no tengo dinero.

Eso no se lo esperaba.

– ¿Cuál es tu nombre?

– Feli… Feliks – Le contestó un poco aturdido –. ¿Por?

– Siempre que alguien me compra una pieza escribo su nombre y le hago un dibujo en la bolsa – Y era exactamente eso lo que estaba haciendo, aunque el verdadero motivo era que solo lo hacía a las chicas que le compraban algo. Esta vez estaba haciendo una excepción porque Feliks le había dado pena por no poder comprar la figura –. Tus ojos me recuerdan a los de un gato, y eso es lo que estoy dibujando.

– ¿De verdad?

Un gato con una sonrisa encantadora, pensó mientras terminaba su trabajo y se lo entregaba.

– Pásalo bien en Kaunas.

– ¡Gracias!

Alguien apareció de pronto, empujando a los clientes y casi tirando una brujita al suelo. Una chica de pelo castaño con la cara colorada y jadeando como si hubiera corrido una maratón, había aparecido de pronto llevando una media sonrisa triunfante, asustando a Feliks que a juzgar por la cara que puso una vez se tranquilizó, parecía que la conocía. .

– ¡He encontrado un collar precioso! ¡Ven! – Dijo en un inglés fluído.

– ¡Eli!

Feliks se alejó entre la multitud, musitando antes un leve "gracias" en lituano. Su amiga, en cambio, le hizo un gesto con la mano para despedirse.

Toris estaba sonriente, el día no podía haber sido mejor para él. Gracias a lo que había vendido, podía comprar comida de sobra hasta mitad de semana y a lo mejor alguna lata de cerveza como premio a tanto esfuerzo.

Enseguida vendió las figuras que le quedaban y recogió su puesto para volver feliz a casa.