El esqueleto de esta parte fue escrito antes del drabble "Lentejas", por eso las similitudes (Quitando a Polonia-cajero). Por lo demás con esto llego a completar el comienzo de la historia y luego comenzarán los pequeños drabbles cotidianos. Ya tengo unos cuantos prompts que me han dado mis amigos por twitter.

Es genial ver que me han comentado lectores de mi otra cuenta :D ¡gracias!

Contestando a MileyAndre, Polonia en el canon es tímido, por eso le hago siempre así en mis historias AU cuando no conoce a Lituania de antes. Luego ya se suelta, pero le cuesta al chico.

¡Gracias por los comentarios, como siempre!


Tres - Supermercado

Por suerte Toris encontró un Maxima de camino a casa y se detuvo en el aparcamiento a hacer la compra, esquivando de un volantazo a unos chicos que había salido de comprar alcohol para pasar la noche del fin de semana. Nada más entrar en el establecimiento vio una buena rebaja en cerveza, así que decidió aprovecharla.

Pudo comprar bastantes ingredientes de platos que quería hacer en el antiguo horno de piedra que tenía la cocina. Siempre había querido experimentar ahí, pero hasta ese momento no había podido conseguir suficiente dinero para hacerlo y no quería desaprovecharlo haciendo pizzas. También se hizo con salchichas, patatas para hacer puré y cepelinai, porque no podía cultivarlas en su pequeño huerto. Las cervezas eran su pequeño capricho, pero además compró gominolas y chocolatinas, dándole una a la cajera porque se sentía con muy buen humor.

Salió cargado de bolsas y dando tumbos hasta que llegó a su coche. Por fin desde que le regalaron esa antigualla de color verde pudo llenar el maletero con bolsas de la compra y colocó la bolsa de gominolas en el asiento del conductor para ir picando en los semáforos. Se sentía tan bien que puso una cinta de casette de Queen para ir escuchándolo durante el regreso.

Se lo estaba pasando como si fuera un niño pequeño en un parque de atracciones. Giró a la izquierda y paró en un semáforo en el momento en el que estaba prácticamente chillando "Don't stop me now" cuando le vio. ¿Ese que cruzaba justo por delante de su coche no era el chico que quiso comprarle la figura del pájaro por la mañana? ¿Cómo se llamaba?

Arrastraba la maleta y parecía perdido. Al parecer no iba acompañado de su amiga, como le había visto unas horas antes.

Ah, se llamaba Feliks.

Estaba demasiado alejado de las zonas turísticas, quizás estaba buscando la casa de alguien que le hospedaba. Decidió ayudarle aunque se desviara un poco de su camino, de todas formas nada de lo que había comprado se iba a estropear por estar unos minutos más fuera de la nevera.

– ¿Feliks? – Toris gritó, sacando la cabeza por la ventanilla. El chico no se paró, siguió andando, como si eso no fuera con él – ¡Feliks!

Toris juraría que ese era su nombre. Aceleró un poco hasta ponerse a su lado y cuando lo hizo, tocó el claxon.

El chico se sobresaltó al fin.

– Eres Feliks ¿verdad? ¿Me recuerdas? – Este asintió con la cabeza y parecía bastante confundido – ¿Te has perdido?

– N-no exactamente – Le contestó al fin.

– Sube a mi coche, te llevo – Feliks parecía dudar un poco –. No voy a secuestrarte, tranquilo. Solo dime la dirección y te llevo ahí.

– No se la dirección.

– ¿Tienes alguna referencia?

Feliks miró a los dos lados, sin saber muy bien que decisión tomar, temeroso por algo que evidentemente quería evitar revelar pero que no le iba a quedar mas remedio que hacer.

– No tengo a dónde ir – Reveló soltando un suspiro.

– Pero te he visto con una chica y era tu amiga, ¿no?

– Estuve viajando con ella y su amiga Bel cuando me encontré con ellas en el tren de camino a Kaunas. O sea, solo las conozco de eso y… no puedo pagar un hostal tampoco. Han sido súper amables conmigo y tal pero no quiero que me sigan invitando, por eso me he separado de ellas.

– Sube al coche.

Toris habló sin pensar.

– Tío, no puedo.

– No puedes pasar la noche fuera. Sube a mi coche.

Feliks dio un paso hacia atrás.

– No tengo dinero y o sea, tampoco hago favores sexuales.

Toris no quería imaginarse lo que ese chico había tenido que pasar durante su viaje. Ya comprendía perfectamente su timidez.

– ¿Q-que dices? No quiero nada tuyo, tengo comida y una casa donde puedes pasar la noche. ¡Y no soy gay!

Feliks soltó una pequeña risa y corrió hacia el asiento del pasajero, llevando su maleta casi en volandas.

– Tío, eso es precisamente lo que me acaba de convencer para irme contigo.

– Cuidado, deja la maleta detrás.

Feliks se colocó con entusiasmo en el asiento del pasajero, dándole las gominolas que estaban ahí colocadas a Toris, que se las devolvió en el momento.

– Come las que quieras.

No hizo falta decirlo dos veces. Poco a poco la bolsa fue menguando por el camino hasta que la bolsa quedó completamente vacía. Feliks se acomodó un poco, recostando la cabeza en el cristal de la ventanilla mientras el viento removía un poco su cabello, tranquilo al fin. Buscar un lugar dónde refugiarse debía ser algo muy estresante para él. Posiblemente no llevara mucho tiempo buscándose la vida.

Cuando llegaron a la pequeña parcela, la mandíbula de Feliks cayó al suelo nada más ver cómo la torre sobresalía de la casa, como le pasaba a todo el mundo que visitaba a Toris.

– Es súper.

– Es mi lugar favorito de la casa, luego te lo enseño. ¿Puedes ayudarme a coger las bolsas?

Toris fue ayudado con mucho ímpetu y en poco tiempo pudo colocar toda la comida en su sitio. Se dispuso a enseñar las habitaciones a Feliks; dónde estaba el baño, el salón, el comedor, la salida al porche y el huerto. Éste estaba encantado y realmente interesado en la casa. Fue entonces cuando Toris le subió a la torre.

Feliks perdió el habla.

Quizás era por la escasez de muebles y el colchón en el suelo, el colgador de ropa expuesto para que todo el mundo lo viera, o los cojines amontonados en un lado. Daba la sensación de ser un lugar con orden en su propio desorden, un poco como la casa del árbol que todo niño quiere tener.

– Mooola.

No dijo nada más a parte de aquel comentario, pero Toris sabía que también iba a ser su parte favorita de la casa.

– Puedes quedarte a dormir aquí arriba si quieres. Te prepararé sábanas limpias, sube aquí tu maleta.

La sonrisa de Feliks le dio pie a pensar que estaba de acuerdo.

– Gracias. O sea, no molestaré, sólo voy a dormir aquí una noche y me voy.

– Pero antes cenemos algo, ¿Te apetece? Tengo salchichas y puedo hacer puré de patatas.

– ¡Chachi!

Hay muchas cosas que un niño aprende cuando es pequeño y casi todas tienen que ver con el trato a los desconocidos. No confiar en ellos, no llevarlos a casa, no estar con ellos a solas. Toris había roto cada una de esas reglas y no se arrepentía para nada, pues ante todo pensaba que estaba ayudando y no poniéndose en peligro.

– Hace mucho tiempo que no tengo invitados a casa. Mis amigos vienen muy de vez en cuando y yo estoy casi siempre ocupado. Me alegra tenerte aquí.

– Tío, ya te dije que no hago favores sexuales – le volvió a recordar, esta vez sonando más a guasa que otra cosa. Toris entornó la mirada.

– Ya te dije que soy heterosexual.

– Y yo ya te dije que eso es lo que me gusta de ti y tal.

– ¿Y tal?

– No te he dado permiso para que te rías de mi, ¿eh?

Bajaron a la cocina y entre los dos prepararon una buena cena. Después de un rato hablando sobre trivialidades, Feliks estaba tan cansado que se fue a dormir.

Toris se quedó en el sofá, tapado con una manta, lo suficiente como para pasar la noche cómodamente. Cayó dormido enseguida, con la mente en blanco y muy satisfecho por cómo había vivido ese día.

Lo que no podía adivinar era que ese chico no era lo que parecía.

Para nada.