Sigo intentando dar forma a esto. Muchas gracias por seguir la historia, aunque sea lenta, incluso más que Invierno en Vilna.
Intentaré dar pistas de lo que se puede avecinar en siguientes capítulos.
Cuatro – Secretos
Toris esperaba que el olor del desayuno recién hecho despertara al bello durmiente que seguía sin salir del cuarto circular de la torre. Tenía zumo de pomelo, bacon frito, huevo cocido, café y tostadas. Si Feliks tenía que marcharse, tal y como acordaron el día anterior, debía coger fuerzas.
Intentaría prestarle algo de dinero, pero no era algo que le sobrara. Eso era lo único que podía hacer por él. De hecho no quería que se marchara tan pronto, se podía ver claramente que acababa de empezar su viaje, no tenía mucha idea de cómo sobrevivir en la calle y no le quedaba nada. Era un chico en apariencia demasiado frágil, delgado y femenino. Podía vivir muchas experiencias poco agradables, aunque se temía que aquello ya hubiera sucedido de alguna forma.
Como había pretendido, al final Feliks se despertó con el olor de la comida que llegaba a lo alto de la torre a través de la escalera de caracol.
– Buenos días – Dijo nada más entrar en la cocina. Toris, que estaba de espaldas a él, se dio la vuelta para contestarle con una sonrisa.
Feliks tenía cara de sentirse culpable de llevar aún su pijama dos tallas más grande de lo que debería cuando el otro chico ya llevaba preparado unas cuantas horas, pero la expresión de su cara cambió por completo cuando vio su plato con el desayuno listo encima de la mesa.
- Quiero que comas bien. ¿Qué tal has dormido?
- Súper – Feliks esperó a que Toris terminara con el bacon para sentarse a comer -. Tu cuarto es una pasada y el colchón súper cómodo.
- Me alegra que te guste. ¿Quieres mermelada? La he hecho yo. No me ha salido tan mal para ser la primera, he seguido una receta que vi en Internet.
Realmente estaba deliciosa, pero no era algo que Feliks fuera a decir por culpa de su timidez, o no por lo menos en voz alta. Sus labios curvados hacia arriba y apretados mientras saboreaba la tostada lo decían todo.
- ¿Hacia dónde vas a viajar?
- No lo sé. O sea, a lo mejor voy al norte, a Letonia.
Toris arqueó las cejas hacia arriba, visiblemente preocupado.
- No me digas que estás dando vueltas sin un rumbo fijo y sin dinero.
Eso era lo que estaba haciendo, pero Feliks no quería que Toris supiera sus pequeños secretos.
Aún no.
- Si, pero no pasa nada ¿sabes? Seguro que encuentro una forma de sobrevivir.
- ¿Y si te quedas aquí una temporada?
Feliks levantó la mirada de golpe al escuchar eso. No podía creer que un desconocido estuviera confiando en él hasta ese punto.
Y que él quisiera confiar en Toris de la misma manera.
- Tío, me acabas de conocer.
- No pareces mal chico y puedo recomendarte para hacer trabajos y que ahorres un poco. No es bueno que andes por ahí solo viajando.
O Toris era una persona muy buena, o un completo idiota.
- Oki. Pero en cuanto pueda valerme, me iré. O sea, no puedo quedarme mucho tiempo en el mismo sitio.
¿Debía decir más? ¿O mejor quedarse callado?
- No tengo ningún problema. Espero que por lo menos lo pases bien mientras estés viviendo aquí.
Feliks quería proteger sus pequeños secretos de todo el mundo y Toris no era una excepción.
Quizás en algún otro momento.
