Tenmgo un pequeño bloqueo, pero me quiero recuperar lo antes posible. A ver si en estos días lo consigo y actualizo los tres fics (o por lo menos dos de ellos, "Tres Veces" necesita aún mucha revisión.
Siento que los capítulos sean cortos, pero no puedo alargarlos mucho al ser una colección de drabbles. La misión de este fic es ayudarme a salir de bloqueos y a despejarme de los otros que estoy escribiendo. Gracias por leer y comentar.
Cinco – Naranja
Feliks llevaba casi una semana con él, sin vistas de marcharse enseguida. Eso no le preocupaba realmente a Toris; el chico era una buena compañía, aunque no le resultaba de mucha ayuda. Era torpe cocinando, se le olvidaba la mitad de las cosas que debía comprar en el Maxima y realmente lento a la hora de hacer las tareas de la casa.
Pero por lo menos, lo intentaba. Algo era algo.
Feliks no parecía aburrirse mucho, pero por las tardes, cuando Toris estudiaba, se marchaba al pueblo más cercano y siempre regresaba con algo. El primer día trajo salchichas para comer al día siguiente, el segundo un colchón de muelles bastante bien conservado. El tercero, volvió a casa de nuevo con más salchichas, esta vez para la cena.
Gracias a esto ya no se preocupaban tanto por los gastos en comida y el colchón se colocó en la torre, junto con el de Toris. Feliks le dijo que no quería verle con la espalda rota de tanto dormir en el sofá y así confirmó definitivamente que se iba a quedar más tiempo de lo que pensaba.
El quinto día, cuando Toris había terminado de estudiar y estaba haciendo sus pajaritos de madera en la mesa larga del salón, Feliks entró con una bolsa de naranjas en la mano.
– ¿Naranjas esta vez? – Le preguntó Toris –. ¿De dónde sacas todas esas cosas?
Llevaba días luchando contra su curiosidad por no preguntarlo. No quería saber si había algo ilegal en lo que hacía Feliks cuando no estaba a su lado pues entre otras cosas, no estaba seguro sobre el motivo de su huída, así que era muy probable que fuera un pequeño delincuente.
– Hago trabajos de vez en cuando y tal, y me pagan con comida.
– ¿Qué clase de trabajos?
Feliks parecía meditarlo un poco, luego bajó la cabeza, algo sonrojado.
– Nada importante. O sea, nada que merezca un pago más grande. Pero algo es algo, podemos desayunar mañana con zumo.
– Y también cenar hoy una naranja. ¿Cuántos kilos llevas ahí?
– Dos – Le contestó mientras se dirigía a la cocina –. Me ha dicho que eran de zumo, así que vamos a ver si me ha mentido o no.
Toris se levantó para ir seguirle y coger una de las naranjas que Feliks había separado del resto. Éste ya había pelado la suya con gran facilidad y Toris comprobó que la que tenía en la mano era igual. Madura y dulce, casi sin pipos. Arrancó un gajo para metérselo en la boca y saborearlo.
– Está buenísima.
– ¡Totalmente!
Y Feliks rió, con voz clara y satisfecha por haber contribuido con algo a su pequeña vida en común con aquel chico que le había acogido.
