Siguiente prompt. Para saber el "secreto" de Feliks tendreis que esperar bastante, me temo. De momento el eje central de la historia es la evolución de la amistad y posiblemente Toris lo averigue antes que el lector. De todas formas intentaré dar pistas a lo largo de los drabbles.
¡Muchas gracias por leer!
Seis – Lechuza
Si algo había heredado Toris de su padre era una buena mano para hacer manualidades. De pequeño siempre ayudaba a su progenitor a hacer pequeñas aves de madera y paja, muñecas o accesorios decorativos. Si algo tenía su antigua casa era un poco de olor a añejo, pero no desagradable, sino dulce y hogareño. Quería lo mismo para su pequeña parcela en las afueras y por la cara de tranquilidad que tenía Feliks cuando estaba con él, sabía que lo había conseguido.
Gracias a eso también en aquella casa entraba algo de dinero. Los pajaritos de Toris eran muy bonitos y por eso mismo se vendían bien, pero él sentía que debía crear algo distinto, para variar un poco y no cansarse de hacer siempre lo mismo.
– ¿Qué es esa cosa tan rara?
Si Feliks empezaba preguntando aquello, el progreso no iba tan bien como podía esperarse.
– Es una lechuza.
– Ah. La forma no es así como alargada y el pico se lo has hecho súper largo. ¿De verdad quieres hacer una lechuza y no un colibrí gigante?
– ¿Entonces debería tener el cuerpo más largo? A ver… – Toris cogió lápiz y papel, Feliks dibujó en él una especie de óvalo.
– Y los ojos tienes que hacerlos mega grandes. Y que sea blanquita, como la de Harry Potter. Seguro que así vendes más.
Toris siguió con el boceto, intentando añadir más detalles al dibujo, pensando a la vez los materiales que debía usar. Feliks se había ido un momento al salón, dónde estaba el ordenador y cuando regresó a la media hora encontró a Toris aún inmerso en cábalas y garabateando como si no hubiera un mañana.
– Si no te sale la lechuza puedes, no sé, usar mini colibríes como llaveros. Pero tienes que hacer mazo de esos, que si los pones más baratitos te los comprarán enseguida.
Eran buenas ideas que volaban por el aire como si nada una vez salían de la boca de Feliks, lo más seguro que sin pasar por su cerebro antes. Aquel chiquillo tenía gracia e ingenio.
– ¿Eso crees? Entonces haré una prueba con cinco llaveros para la siguiente semana.
– ¡Súper!
Toris volvió a abocetar en otra hoja de papel, con más ánimo y seguro que los pequeños pajarillos tendrían el éxito que Feliks auguraba.
No tardó en comprobar aquel domingo que tenía toda la razón, cuando regresó a casa sin ninguna sobra de las ventas y un bote extra de salchichas para cenar.
