Tocomocho es la palabra que me dio Madori, y es muy española. Es una especie de timo por el cual, unos ladrones consiguen dinero de alguien haciéndole creer que está pagando por algo que tiene mucho más valor (como un billete de lotería premiado). Nadie puede imaginarse mi cara cuando tuve que describir algo así en este drabble y no lo he conseguido del todo. Sob.
Muchas gracias por los comentarios, los seguimientos y los favoritos. Me temo que voy a tardar bastante en descubrir el pastel, así que espero que seais pacientes. ¡Muchas gracias por leer!
Siete - Tocomocho
Feliks había casi dos semanas viviendo con Toris y todo lo que le rodeaba era un misterio. No solo su pasado, del cual nunca hacía la más mínima referencia, sino también lo que hacía durante el día, cuando se marchaba después de ayudar con la huerta o las tareas de la casa.
Hasta sus hobbies eran algo difíciles de averiguar. Nunca veía la televisión pero se metía en internet justo cuando Toris no podía estar con él. Usaba el viejo netscape que aún estaba instalado y siempre mantenía el historial limpio, sin dejar rastro de lo que estaba buscando.
Toris se sintió mal el día que fue a mirar el historial del navegador, y sólo pudo pensar en que había dado la razón al otro chico. Había violado su intimidad y se prometió no volver a hacer aquello para poder ganarse la confianza de Feliks, que parecía bastante difícil de conseguir de por si.
Eso le hacía aún más fascinante.
Con su pelambrera rubia y la sonrisa que cada día que pasaba siempre se veía más y más amplia, no parecía que fuera más que un chico normal. Los dos eran muy distintos pero se complementaban bastante bien y Feliks siempre intentaba ayudarle en todo lo que podría.
La vida de Toris no era fácil.
Le gustaba estar siempre ocupado, y esa sensación estupenda al descansar después de una jornada bien aprovechada era el mejor premio que podía disfrutar. Tener a Feliks a su lado era toda una alegría añadida, cuando traía feliz esos pequeños pagos que le daban los vecinos por sus pequeños trabajos, sean cuales fueren éstos.
Era una sensación especial estar con alguien tranquilamente, aprender a vivir con él poco a poco.
Pero no quería acostumbrarse. Algún día Feliks se marcharía para seguir su camino y le dejaría solo, sintiéndose timado, como si le hubieran prometido un décimo de lotería premiado y en lugar de eso se hubieran llevado todo su dinero.
No debía pensar en Feliks como el premio de su vida.
Era todo un misterio, de dónde sacaba la comida, de dónde venía, el motivo de su huída. Y cuanto más tiempo pasaba, mas cercano se sentía a él.
Toris quería creer que había conseguido un amigo, no que simplemente estaba acogiendo a un chico con problemas. ¿Pero Feliks sentía lo mismo que él? ¿Lo consideraba su amigo o simplemente el dueño de la casa dónde dormía?
Aquella noche, a su lado, respiraba suavemente, tapado con el edredón hasta el cuello. Toris retiró un mechón de cabello para poder ver mejor su rostro relajado, y suspiró.
Vivir el presente era mejor que pensar en lo que podía pasar en un futuro. Al final cerró los ojos, decidido a no rumiar sobre el día en que alguien le arrebatara la ilusión de tener el más preciado de los premios.
