Un capítulo un poco más largo e importante. Creo que no he hecho buen uso de la palabra "chipirón", tampoco he descrito bien lo sucio que debía estar Lituania.
Pero me lo he pasado bien escribiéndolo.
Como siempre, muchas gracias por los reviews y los favoritos, se agradecen mucho, aunque voy a seguir con mi plan y hacer este fic más lento para ver si soy capaz de hacer una bonita evolución de la relación entre los dos personajes. El famoso secreto será revelado a su debido tiempo, así que tened paciencia.
Ocho – Chipirón
Toris fue levantado por unos fuertes meneos en el hombro.
No se había vuelto a quedar dormido mientras leía, de hecho no recordaba que había pasado en su vida desde que se sentó hasta el momento en el que abrir los ojos parecía una batalla perdida.
– Urgh, tío. Apestas, necesitas un baño así como que ya.
La voz de asco de Feliks le regresó al mundo de los vivos. Toris había estado todo el día ocupado mientras el otro buscaba telas para hacer una muñeca; la noche anterior le había confesado que sabía coser y que quería ayudar con dinero a parte de hacer su parte de las tareas.
Toris, siendo el maniático de la limpieza que era, no podía aguantar viendo cómo las cosas que Feliks tenía que hacer seguían sin empezar, además no sabía cuanto tiempo iba a tardar en su periplo buscando telas baratas.
Su boca estaba pastosa, no pudo decir nada más que soltar un gruñido desde lo profundo de su garganta. Feliks volvió a zarandearle antes de alejarse de él como si le hubiera dado un calambrazo.
– Hueles a chipirón.
– ¿A que?
Su voz parecía salir de una cueva, no de su boca. Carraspeó un poco antes de sentarse con dificultad.
– A chipirón, o sea, como un calamar mega peque.
– Si es algo salido del mar, no creo que huela muy bien – Toris acercó la nariz a su axila y separó la cara en el momento –. Me temo que tienes razón.
– Ni te acerques – Feliks dio un paso atrás, usando las manos como escudo –. ¿Qué demonios has hecho hoy para apestar de esa manera?
– No sé, lo normal. Arreglé la cocina, el salón y regué el huerto, también hice el cuarto y estuve lijando un par de muebles de la vecina. Y terminé un trabajo sobre la influencia de Shakespeare en la narrativa actual.
El otro le miró incrédulo.
– Creo que quedamos en que yo haría los cuartos, el salón y la cocina.
– Si, pero estabas fuera y no sabía si te iba a dar tiempo.
– O sea, te has dado la paliza de tu vida.
– Básicamente si – Y Toris volvió a olerse un poco –.Y ahora huelo a pichirón.
– Chipirón, bobo. Un amigo español me decía eso cuando olía mazo mal. Pero dice que están ricos y tal, la gente se los come sin problemas.
Toris sonrió ampliamente y se levantó tambaleándose un poco, después de estirar bien los brazos. Se sentía entumecido pero bien después de aquella pequeña siesta. Si no fuera por su olor corporal, todo sería perfecto.
– Date una ducha – le indicó Feliks, aunque era una orden más que una petición –. O mejor aún, un baño caliente. Te lo has merecido después de lo de hoy y tal ¿sabes?
Toris asintió con la cabeza y dejó que el otro corriera como loco al baño, que estaba al lado del salón, en la planta baja. Si siempre corría de esa forma tan rara, de puntillas, era algo que nunca hasta ese momento se había planteado.
Había demasiadas cosas que no sabía de Feliks y ahora que llevaba un mes viviendo con él se estaba dando cuenta de la caja de sorpresas que era a veces. Era muy reservado, nunca contaba nada. Había que descubrirle poco a poco.
– ¡Feliks!
Era raro que contestara a la primera. Al principio eso pasaba demasiado a menudo, como si el rubio estuviera en su propio mundo, sin enterarse de lo que estaba sucediendo a su alrededor.
De pronto, se le pasó por la cabeza una idea. Posiblemente "Feliks" no fuera su nombre.
– ¿Feliks? – Volvió a repetir. El sonido del agua era muy fuerte y cuando llegó a la puerta, vio que éste estaba preparándolo todo, hasta tenía un pequeño bote de esencias que la madre de Toris le había regalado cuando se independizó junto con un montón de jabones.
– Vas a usar esto y olerás a rosas y tal. Bueno, aquí dice "flor de azahar" pero vamos, eso de las rosas una expresión molona y tal.
Echó un par de bolitas doradas al agua y en ese instante el aroma inundó el baño. La vieja bañera era grande y daban ganas de meterse dentro de lo cómoda que parecía.
– Oye Feliks, podía haberme duchado antes, es lo que se suele hacer antes de darse un baño cuando uno huele tan mal.
– Bueno, o sea, es culpa mía – se rió frotándose la nuca con una mano, con la otra movía el agua con cuidado –. Ya te dejo solo, ahí están las toallas limpias.
– ¿No te bañas conmigo?
Feliks se dio la vuelta, con el ceño fruncido, como si no hubiera escuchado bien.
– ¿Perdona?
– Podemos bañarnos juntos, si no te importa, claro. La bañera es grande y el baño va a terminar hecho unos zorros, pero será divertido.
Toris no tenía malicia, pero la cara de Feliks se asemejaba a un tomate maduro. Se separó, como llevado por el pánico. Su timidez aún le daba por aparecer de vez en cuando y eso le pareció a Toris demasiado divertido. De todas formas, a él no le daba vergüenza que le vieran desnudo, cuando jugaba al baloncesto se le quitó el pudor, siempre rodeado de sus compañeros de equipo. Empezó a desvestirse a la vez que la cara de Feliks se desencajaba por momentos.
– Tío, me voy – Su voz parecía más aguda de lo normal aunque curiosamente, resultaba bastante natural, a pesar del tipo de situación en la cual se encontraba.
– No puedo creer que te de vergüenza. Venga, Feliks, será como estar en una piscina.
– Pues me la da. Tío, no puedo verte así y yo no quiero que me veas desnudo tampoco.
– No es para tanto, los dos somos chicos y ya te he asegurado que soy heterosexual y no tengo ningún interés especial en ti.
En ese segundo temió que esa era la raíz del problema. Toris movió los labios un poco, pensando en las palabras adecuadas antes de soltar la bomba, algo que lo más seguro haría que se arrepintiese de decir.
– Feliks, ¿Eres gay?
Éste no contestó, pero en su rostro se podía ver alarma y en sus tartamudeos, algo que quería ocultar a toda costa.
¿Ese era el secreto? Un secreto que le hizo huir de su casa, una familia que no le quería tal y como era. Tenía sentido.
"Eso es lo que me gusta de ti" le dijo al comienzo de conocerse, cuando Toris le dijo que no le iba a hacer daño, pues era heterosexual.
Pero con esa frase, el sentido de aquella teoría se perdía por completo. Feliks, en cambio, daba dar muestras de todo lo contrario.
– Vale, no pasa nada, yo me bañaré solo. Respetaré que no quieras verme, pero tranquilízate, por favor.
Feliks no contestó, se dio media vuelta, dando un portazo en cuanto salió del baño. El olor de las sales se hizo más denso y agobiante, Toris no pudo disfrutar ni relajarse y cuando salió una vez se sintió limpio, la casa parecía estar más silenciosa de lo normal, igual que un mes atrás, como si el único inquilino fuera él de nuevo.
Feliks se había ido, dejando tras de sí un mutismo perturbador y extraño. Esa noche, para desesperación de Toris, no regresó a casa.
