Siguiente drabble. Ya es Diciembre e iré más lenta por todos los regalos y amigos invisibles que tengo que hacer, así que lo siento mucho. Pero terminar los fics, los acabaré seguro. Como siempre, gracias por los favoritos y los comentarios, como siempre :D lo agradezco muchísimo.
Doce – Cabello
Había pasado algo más de un mes desde que Feliks empezó a vivir con él. La vida ya se había normalizado para ambos y no paraban de hacer cosas juntos, aunque el chico rubio siempre pensaba en alguna excusa para no trabajar más de la cuenta, pues siempre alegaba que él no había nacido para el trabajo duro.
Aún así siempre ayudaba en muchas tareas y Toris estaba agradecido de estar con él. Era un alivio tener menos trabajo y una persona con la que compartir las vivencias, aunque fueran monótonas.
Seguían trabajando en nuevos artículos para vender en el mercadillo. Toris siempre reservaba las noches para hacer pequeños pajaritos y lechuzas, alguna que otra brujita de vez en cuando ya que se vendían bastante menos. Feliks le advirtió que él iba a ocuparse del prototipo de la muñeca, y que ni se le ocurriera mirar. Se encerraba en el cuarto de la torre, guardando con celo los avances en su bolsa cuando terminaba de coser.
Un día, al fin, bajó corriendo las escaleras de caracol, casi tropezando al final y asustando a Toris, que no entendía el origen de tanto entusiasmo.
– ¡Tío! ¡Toris, tío! – Feliks daba tumbos agitando algo en la mano. Era una muñeca de trapo que se movía peligrosamente de un lado a otro, pero aún así parecía que no iba a romperse tan fácilmente – ¡Tío! ¡He terminado! O sea, ha quedado súper mega preciosa.
Le dejó la muñeca en los muslos con cuidado, como si fuera un niño, contrastando de esta manera los meneos que antes le había dado. Toris pestañeó unas cuantas veces antes de coger la muñeca con ambas manos. La cara estaba bordada con mucho cuidado y poniendo énfasis en cada detalle de los ojos y la boca, entreabierta y sonriente. Tenía un poco de color en las mejillas, hecho seguramente con maquillaje.
El vestido era una obra de arte. Era un típico traje lituano de color rojo, incluso la tela era la que normalmente se usa para la fabricación de dichos trajes. Podía ver muchísimos detalles; el delantal que cubría la falda a cuadros tenía las rayas bordadas de igual manera que la cara de la muñeca. La faja de lino era preciosa, se ajustaba perfectamente en la cintura de la muñeca y los extremos no quedaban ni muy largos ni muy cortos. Como remate, la muñeca llevaba un par de collares que se podían adivinar como antiguas pulseras.
Toris se había quedado sin habla, y con menos palabras se quedó cuando Feliks le puso un gorrito a la muñeca hecho de la misma tela que la falda. En ese momento Toris se dio cuenta que la pobre creación del polaco no tenía pelo.
– Es preciosa, Feliks – Pudo decir al fin, casi tartamudeando –. Pero no sé si serás capaz de hacer unas cuantas así para vender, es demasiado trabajo. Y necesitamos conseguirle una peluca o algo que no sea caro. ¿Has pensado en usar hilo? O lana a lo mejor.
–Nope, creo que sería mega cutre. He pensado en esto y tal – se fue a la torre de nuevo y bajó algo alargado y dorado – Esto es pelo humano.
Toris miró el cabello muy sorprendido. Era una trenza muy larga y gruesa, atada con dos lazos rosas a ambos extremos. La antigua propietaria tenía el pelo muy cuidado, con un tono rubio oscuro precioso, muy parecido o igual al de Feliks.
–¿De dónde has sacado esto? – Toris estaba escéptico, pero Feliks solo le sonrió.
– De mi hermana pequeña. Pero he pensado que molaría mazo que una muñeca lo llevara también.
–Va a ser muy difícil coserlo a la cabeza de la muñeca.
–Tengo mis medios – Le contestó Feliks, guiñándole un ojo – Ya veré, si no puedo coserlo, pues mala suerte ¿no crees?
Toris le dio permiso para hacerlo, antes de caer en un detalle. Mientras Feliks subía las escaleras de dos en dos peldaños, la imagen de él teniendo una familia de verdad se le hizo extraña. Para Toris, Feliks era como un gato que había adoptado de la calle y como estos animales, no tenían ninguna conexión hacia su familia, pero de pronto, aquello no era así. Feliks podría volver a su casa en cualquier momento, ya que no tenía ni idea del motivo de su huída. Podría haber sido algo terrible que no le hiciera querer volver, pero también podría ser una simple ansia de aventuras. Fuera lo que fuese, cada vez era más patente que no se conocían en absoluto y aquello les iba a traer problemas.
