Voy a ver si puedo avanzar un poco con esto antes de ponerme con Invierno en Vilna, así que podeis esperar el siguiente mini capítulo pronto. Creo que quedan unos cuatro o cinco para terminar.
Muchísimas gracias por los comentarios y siento mucho haber eliminado los fics de mi anterior cuenta. Iré poniéndolos poco a poco aquí igual que estoy haciendo con Invierno en Vilna, con revisiones y modificaciones menos en dos de ellos que posiblemente los rehaga tanto que no parezcan ni los mismos.
De todas formas muchas gracias por seguirme aquí también :D
Trece – Bricolaje
A veces los trabajos llegaban a ellos de las formas más inesperadas y esta vez no fue una excepción; una de las vecinas junto con su marido llamó a la puerta de casa con un paquete alargado que no parecía tampoco muy pesado, mostrando en su rostro una desesperación absoluta.
–Mis hijos pensaron que era una buena idea comprarnos una estantería en Ikea, pero no podemos montarla. Si pudierais echarnos una mano os lo agradeceríamos mucho – les dijo ella con la mejor de sus sonrisas –. Os pagaremos por hacerlo y os regalaremos además una bolsa grande de patatas, si os parece.
– Si, parece ser que querían mantenerme ocupado con una cosa de estas pero no entiendo mucho las instrucciones – Él parecía disculparse, el rostro ligeramente colorado detrás de su poblada barba.
No hubo dificultad en meter el paquete en la casa y no parecía, después de desembalarlo y mirar las piezas, que fuera difícil de sacar por la enorme puerta principal una vez montado. Los vecinos se fueron y Toris empezó a mirar las instrucciones, bastante claras al parecer, y organizó todas las piezas mientras Feliks buscaba las herramientas en una de las cajas de madera que estaban amontonadas en el salón.
La estantería era una Billy de color blanco, el modelo más grande. Tenía varias placas para los estantes, dos para las paredes y un cartón enorme para el fondo. Feliks se sentó en el suelo mirando a Toris usar el destornillador mientras le pasaba los tornillos uno a uno, cuando éste los iba necesitando.
– Podrías ayudarme un poco, vago.
– ¿Y que es lo que estoy haciendo, tío? – Pero una sonrisa juguetona se formaba en la cara de Feliks.
El proceso era largo y aburrido. Toris estaba en silencio, haciendo fuerza pues los agujeros eran ligeramente más pequeños que los tornillos para lo que estaban hechos. Luego resultó que se había equivocado y tuvo que volver a empezar desde el principio, agradecido por no haberlos deformado mucho. No quería tener que comprar otra estantería.
– Se veía venir, Tor. Macho, ¿no sabes leer?
– Feliks, las instrucciones no están escritas. Y si tan listo eres, hazlo tú. O sujeta eso de ahí, si haces el favor.
Feliks se levantó y le ayudó a colocar las tablas que estaba señalando, haciendo la tarea mucho menos complicada.
Seguían casi en silencio. Toris pensó en aprovechar ese momento para preguntarle a Feliks cosas sobre él, pues se moría de la curiosidad. La muñeca rubia, colocada con cuidado encima de una silla, le recordaba con su cabello dorado lo poco que conocía al otro muchacho.
– Oye Feliks, ¿Cómo se llamaba tu hermana?
– Nadzia – Respondió sin dudar, y luego se quedó algo pensativo, sabiendo que había tenido un desliz al decir aquel nombre. Toris frunció el ceño, pensando que no había mentido.
– Yo no tengo hermanos. Bueno, alguna vez han llamado mis padres, a ellos les has cogido el teléfono. Nunca pensaron en tener más hijos.
– Si, o sea, parecen muy amables.
– Lo son – Comentó, intentando que la conversación fuera más natural. Toris estaba observando a Feliks, que seguía callado, hasta que volvió a notar que se había relajado. Entonces, volvió a hablar –. Nunca me hablas de ti, y me apetece mucho saber cómo era tu vida antes de conocerte. Ya sabes, llevas tiempo viviendo en mi casa y creo que te puedo considerar mi amigo ¿no?
Feliks volvió a ponerse tenso, mirando con miedo a todas partes menos a Toris. Algo ocultaba, algo bastante serio, y Toris no iba a dejar que se quedara callado durante más tiempo.
Terminó de montar las baldas en una de las paredes de ka estantería y se levantó para poner la otra pared encima de ellas.
– Ayúdame, por favor – Le pidió con voz suave y educación.
Feliks se levantó del suelo y sujetó la enorme placa de madera, ayudando a que no se moviera mientras Toris terminaba de atornillar.
– Oye, Tor.
–Dime.
Toris ya estaba terminando de atornillar las últimas piezas, pero no paró de trabajar, aún así bien atento a lo que Feliks tenía que decir.
– Te he estado mintiendo.
Eso fue suficiente para que Toris levantara la cabeza, algo incrédulo aunque dentro de él sabía que eso había podido pasar. Lo único que no podía creer es que hubiera sido tan fácil hacerle confesar.
– Pero no puedo decirte nada, o sea, ha pasado mucho tiempo y tal y creo que te puedes enfadar y eso. No es nada malo, en plan que sea un delincuente o algo así ¿sabes? Es que no sé, creo que mi vida es un caos y eso y…
– Es complicado.
– Mazo complicado – Afirmó Feliks.
– Pero Feliks, no puedo enfadarme contigo. Seguro que lo entenderé.
El muchacho rubio, en cambio, le miró con ojos llorosos y una sonrisa desganada. No dijeron nada, pero volvieron al trabajo, terminando en poco tiempo la estantería.
Las patatas asadas que cenaron esa noche le supieron a Toris a confusión y tristeza.
