Y el capítulo que prometí que subiría pronto. Ahora tengo que ponerme con otro de los fics, así que posiblemente tarde mucho más para el siguiente.
Muchísimas gracias por los comentarios ¡y las teorías! Me encanta leer lo que opináis de la historia.
Catorce – Estrella
La noche era clara y sin luna. Ahí dónde vivían, apenas sin contaminación en el aire, el cielo estrellado de una noche así era un espectáculo digno de ver, y mucha gente se congregaba en los jardines y tejados para tener unas vistas privilegiadas de aquel evento. A veces podrían llegar a ver estrellas fugaces, así que a pesar del gentío que se arremolinaba en las calles del barrio, reinaba un silencio casi sepulcral roto en alguna ocasión por un niño nervioso que deseaba pedir un deseo antes que nadie.
Toris y Feliks eligieron subir al torreón y sentarse delante de una de las ventanas, con un vaso de leche caliente en las manos y tapados con mantas finas, pues hacía frío. Casi no soplaba viento, pero cuando lo hacía no era molesto. Los finos cabellos de Feliks se movían al compás de la brisa y Toris, con su rostro algo sonrojado, le miraba de soslayo, manteniendo oculta una sonrisa en sus labios.
– Tío, si ves una estrella fugaz ¿qué deseo vas a pedir?
Toris encogió los hombros, pues no lo había pensado. Ni cuando era pequeño se tomaba en serio esas cosas y solo pensaba en conseguir juguetes que al final le terminaban regalando por sacar buenas notas. A lo mejor de haber deseado que sus padres no se divorciaran, podía haber comprobado si esa superstición era cierta o no.
– No te puedo decir el deseo, o nunca se cumplirá.
– Macho, que coñazo eres a veces.
Pero esa frase no estaba dicha con malicia o desesperación. Feliks estaba igual de tranquilo que él, pero mucho más jovial, poniendo un pequeño puchero juguetón con el labio inferior sobresaliendo un poco, rosado y apetecible como una manzana.
Toris podía notar que salivaba pensando en ello, como si su estómago estuviera vacío. Pero no eran precisamente las tripas lo que le estaba doliendo.
– ¿Y que vas a pedir tu? – Cambió de tema, para no pensar en cosas peligrosas que podían costarle la salud mental. .
– Es secreto y tal – Y Feliks se llevó un dedo a los labios, aguantando una carcajada.
– Mira que listo eres – Pero Toris no se enfadó, nunca podía llegar a enfadarse con él por estas nimiedades. Volvió a mirar al cielo, para ignorar a su compañero y no pensar más que en su deseo.
Era una superchería pero siempre estaba esa pequeña duda alojada en su pecho, preguntándose si era posible que esa esperanza se hiciera realidad. Por probar que no quedara, pues ya tenía el "no" asegurado.
Volvió a mirar a Feliks por el rabillo del ojo.
– ¡Tío, tío! ¡Mira!
Llegó tarde al aviso del rubio y la luz se esfumó tan pronto como había aparecido.
– Lo siento, creo que no lo he visto, ¿y tu?
– Yo ya he pedido mi primer deseo – Le contestó Feliks, mirándole con sus ojos verdes y brillantes, igual de ilusionado que un niño pequeño
Toris no forzó otra sonrisa y miró al cielo de nuevo, esperando su oportunidad. Pasaron varios minutos en silencio, roto alguna vez por un vecino que había visto su estrella por alguna parte lejos de la mirada de los otros dos.
Y Toris la vio. Rápida y dorada, había aparecido justo frente a él.
No hizo falta que lo pensara. Su deseo, que más parecía una plegaria, se fue brillando igual que la estrella.
– He pedido mi deseo – Le dijo al fin. Feliks le pasó la taza con la leche humeante como premio y Toris echó un trago, sintiendo el líquido bajar por la garganta hasta el estómago.
Esa sensación de calidez que sentía en el cuerpo no era provocada por la bebida. Sabía exactamente a qué se debía, pero no quería creerlo, ni siquiera pensarlo. Feliks seguía a su lado, mirando el cielo con el rostro relajado y ajeno a todas las tribulaciones que estaban carcomiendo la mente de su compañero.
