Capítulo VI. El Final de la Crónica.


Era un sábado tranquilo. Shiryu tomaba su café del desayuno, tranquilamente, cuando ojeó el reloj, eran las 10 de la mañana, estaban Shunrey y él solos, ya que nadie más había despertado. Estaba feliz, al final vio a Seiya y Saori besándose la noche anterior, fue el único que los espió y vio el acto que habían consumado. Su misión estaba completada, mas sabía que tendría que terminar de leer las Crónicas de su Maestro, él ya conocía el final y no era bueno y en especial para Sasha y Tenma.

– Buenos días. – saludó Seiya entrando en la cocina, y por supuesto, sonriendo.

– Buenos días, Seiya. – Shiryu le entregó una taza de café, quien se acomodó en la mesa.

– Por lo que veo la noche fue muy buena, eh.

– Así fue. – movió la taza, sin embargo, las ojeras eran muy visibles.

– ¿Dormiste bien?

– Poco, más bien.

– ¿Y Saori?

– Aún está durmiendo.

– Pensé que iba a levantarse antes que tú, ya que duermes más que nadie. – Shunrey le sonrió.

– Sí, pero la curiosidad no me deja dormir. – sonrió rascándose la nuca.

– Quiero saber cómo acaba… – aunque la verdad era que ya conocía el final de la historia, pero no era el final de todo, ya que Tong Hu no conocía más allá del final de la Guerra Santa.

– Hmm... – Shiryu se levantó yéndose hacia la puerta.

– Seiya, voy a ir has la cascada, para meditar un rato.

– Voy contigo.

– Bien. – rió.

– Así me comentas lo que sucedió la noche de ayer. – este se sonrojó intensamente pero contestó.

– S… sí... – llegaron a la cascada le contó varias cosas, mas omitió algunas otras, pero Shiryu ya sabía lo que había pasado la noche pasada, sin embargo, decidió seguirle la corriente y no presionarlo.

Dos horas después:


Ya habían pasado dos horas cuando todos se despertaron, no era extraño, ya que se habían ido a dormir sobre las 4 de la mañana.

– Finalmente volvisteis. – dice Saori sonriendo.

– Ya estábamos preocupados.

– Fuimos a meditar un poco. – sonrió el aludido devolviéndole la mirada a la joven.

– Perdón por el retraso.

– Sí… sí. Basta pareja. – se levantó Ikki llamando la atención de todos.

– Quiero conocer el resto de las Memorias del Viejo Maestro. – todos marcharon hacia la habitación del viejo maestro y se colocaron en el mismo lugar que la noche anterior.

– Bien… entonces comenzaré.

– Sí... – le contestaron todos.

CARTA:


…Todo eso cambió cuando comenzó, realmente, la Guerra Santa. Se separaran rápidamente y solo pudieron verse cuando tuvieron que enfrentarse a Hades. No hubo posibilidades para el reencuentro antes del enfrentamiento final con el Emperador del Inframundo. Frente a frente.


– Así como Saori y Seiya hicieron ahora. – sonrió Shun, observando para los mencionados. No habían demostrado ninguna señal de afecto hasta ahora.

– Fue muy impresionante cuando Seiya rompió la Esfera Vital dónde estábamos protegidos, para proteger a Saori.

– No quería perderla... – contestó con timidez.

– Pero podría haberte perdido... – murmuró la Diosa.

– Claro que no Saori...

– ¿Puedo continuar con la lectura? – comentó seriamente Shiryu haciendo que todos se callaran.

CARTA:


Mas recuerdo otros tantos momentos muy románticos. Sucedió en un Año Nuevo en que lo encontré, algún tiempo después, me contó lo que había sucedido entre ellos, Tenma y Sasha, aquella noche…

– ¿Tenma? – lo llama restregándose los ojos.

– Sasha... – le contestó, observándola mientras dormía instantes antes de llegar.

– Pronto entraremos en un Nuevo Año. – sonrió tiernamente, acariciando la cara de la joven.

– Sí... – lo abrazó.

– Que sea un buen Año Nuevo, que haya Paz para poder vivir buenos momentos… Momentos aún mejores que los de este año. – lo besó dulcemente, provocando que él se lo retribuyese.

– Sabes... – la abrazó fuertemente.

– Desearía que Alone también estuviese con nosotros… Desearía que toda esta Guerra fuese solo una ilusión.

– También me gustaría a mí, Tenma… Pero eso solo es una ilusión que nunca será posible. – comenzó a llorar.

– Mas creo que eso nunca sucederá.

– Eh... – el corazón de Tenma se partía cuando la veía llorar, la amaba tanto…

– No llores... – sonrió levemente, lo silenció con un beso. Observaban ascender los fuegos artificiales… Qué momento tan especial. Se habían agarrado las manos y nunca se soltaron.


– Que bonito... – la mirada emocionada de la Diosa estaba pronta a llorar. Seiya y ella habían vivido una historia muy bonita en el pasado…

– Saori... – el chico se aproximó a ella, agarrándole la mano.

– Creo que es mejor que paremos la lectura un tiempo. Vamos a tomar el aire Vamos allá, comer algo… Vamos entonces. Después continuaremos… Por vuestro bien...

– Entonces haremos una pausa. – comentó Shiryu colocando un marca-páginas en medio de las hojas.

– Seiya y yo aún no hemos desayunado. – se levantó.

– Shiryu, yo no tengo hambre. Puedes ir para allá, voy a quedarme aquí haciéndole compañía a Saori. – salieron, de nuevo, de la casa como la noche anterior.

En el jardín cercano:


– Entonces, Saori... – sonrió, asegurando la mano de la joven Diosa.

– O Sasha, ya no sé más. – rió.

– Todo eso es muy bonito, ¿no? – lo abrazó besándolo en la mejilla.

– Estoy feliz de ver que hemos podido ser felices por un corto período en el pasado.

– Y lo seremos en el presente ¿no? – pasó las manos por las mejillas de la joven, acariciándoselas.

– Quería hacerte una petición... – tragó con dificultad, aunque la noche anterior se había entregado el uno al otro, jamás pensó que aquello sucedería.

– ¿De mano…?

– Y... – le dio a una piedra que se había encontrado, estaba nervioso, ya que aún era un poco tímido, a pesar de lo sucedido la noche anterior.

– Ya sabes… Hemos perdido tanto tiempo en Batallas y ahora, la última cosa que me viene a la cabeza es la de ser feliz contigo a mi lado...

– ¡Acepto! – le contesta abrazándolo.

– Te amo, Seiya, te amo mucho...

– Yo también, yo también mi Diosa, mi Saori... – correspondió el abrazo, mientras acariciaba su melena.

– Hey... – escucharon un grito, pero al fin habían localizado a un chico con una camiseta azul… Era Hyoga.

– ¡Estamos esperando por vosotros! Para terminar de leer las últimas páginas de la historia de Tenma y Sasha. ¡Vamos sino os lo vais a perder!

– ¡Nos haríais esto! – contestó Seiya, corriendo con la mano de Saori agarrada.

Ya en la habitación:


– Nuestra misión ya concluyó. – se rió, Shiryu.

– Ya estáis juntos. No habría necesidad de continuar leyendo, mas somos buenos amigos terminaremos lo que empezamos. – Entraron todos corriendo.

– Bien… Es la última escena romántica. Después tenemos el desenlace de la historia y algunas otras páginas dónde nos confiaban a Atenea.

CARTA:


En una Batalla contra Hades, Sisifo de Sagitario salió muy mal herido y no pudiendo proteger más a Atenea, entonces mi Discípulo se le encomendó el cuidado de Atenea. Algunos estaban extrañados por la decisión conjunta de Atenea y del Sumo Sacerdote, mas la mayoría estaba de acuerdo con la decisión. Al final, demostró gran fuerza y superación contra Hades, salvando a Sasha de Cerbero y derrotándolo con un único ataque. Ella se sentía segura al lado de Tenma por motivos que ya habían descubierto.

– ¡Tenma! – la joven lo abrazó, hacía casi un mes que no se veían.

– Te extrañaba tanto... Supe que fuiste a buscar los Frutos del Árbol de la Sabiduría y la Vida. – el joven estaba muy herido, debido a que tuvo que enfrentarse contra diversos espectros al lado de Yuzuriha y Yato, para que Asmita pudiese concluir el Rosario de las 108 Cuentas.

– Estás tan malherido... – le dijo acariciando el cabello del joven.

– Sasha... – sonrió, extendiendo la garantía de que los espectros no volverían más por su amada.

– Asmita me confió este Rosario y a ti a mí… Y prometo que os protegeré, aunque me cueste la vida.

– Y sobre eso mismo me gustaría hablar contigo... – se giró dándole la espalda al joven, agarrando algunos de sus cabellos.

– ¿Qué pasó?

– Sé que debes estar aprovechando esta rutina para ir a los lugares más extraños y luchar contra muchos espectros, mas me reuní con el Sumo Sacerdote y decidimos que tú seas mi protector personal...

– Pero Sasha, eso es genial. – sonrió, confirmando, si no estaba ya claro, que nadie los miraba y se besaron.

– ¡Es la mejor noticia que podría haber recibido! Prometo cuidarte para siempre. – dijo, casi bociferando.

– Debes tener mucho sueño. – rió, llevándolo hasta la habitación.

– Bien, puedes dormir en mi cama.

– Gracias, señorita Atenea. – le contestó a ella, riendo.

– ¡Tonto! – rió también. Solo Tenma podía hacerla reír en un momento tan tenso.


– Que enamorados. – Ikki aparentaba estar muy centrado, que milagro.

– Continua, por favor.

– Sí Shiryu, continúa. – dice Seiya.

– Ya estamos en la última parte. – pasó la página.

– Creo que ahora apenas tenemos descripción de los dos…

CARTA:


Bien… creo que detallé demás ese romance, todo eso para que Seiya y Saori supieran que no es ningún sacrilegio lo que desean. Ellos lucharon juntos contra Hades y salieron victoriosos, mismo pudiendo haber muerto. Fueron hasta los Elíseos y dieron sus vidas para Sellar a Hades… Creo que al ver a mi discípulo tan dedicado allí, sacrificándose, nunca me había sentido tan mal en mi vida.


– Yo sentí lo mismo cuando se sacrificó, Maestro... – dijo Shiryu, cabizbajo.

– Bien… Eso es todo.

– Shiryu... – Seiya estaba con una expresión seria.

– ¿Puedo llevarlo? – preguntó mirando al libro.

– Es el último recuerdo que me queda de mi Maestro, mas quiero que se quede aquí. – sonrió.

– Voy a cuidarlo para que dure más siglos, te lo prometo. Pasará a la siguiente generación, ¿no Saori? – sonrió abrazándola. Todos los miraban con malicia.

– Bien… Voy a volver a Siberia. – se levantó Hyoga, agradeciéndoselo a todos.

– En Fin de Año estaré en la mansión para comenzar el Nuevo Año.

– Voy a usar el billete, que Shun me regaló, para pasar el Año Nuevo en la Isla Reina de la Muerte. – abrazó a su hermano.

– Cuídate, Shun y vosotros también.

– Vale... – contestó Shun un poco triste y los demás solo asintieron.

– Hasta entonces, Ikki. Yo voy para el Santuario, allí me espera June.

– Nos vemos en Fin de Año, entonces... – sonrió Seiya, mirando a los demás.

– ¿Y vosotros? – pregunta Shiryu poniendo la mano sobre el hombro de Seiya.

– ¿Vas a volver a Japón, Saori?

– Sí, Seiya. Preciso resolver los problemas de la Fundación.

– Entonces voy contigo. – la abrazó besándola en la mejilla.

– Voy a cumplir la promesa que te hice hace 200 años.


Continuará...