Cuando estaba escribiendo el anterior capítulo me bloqueé, y pregunté en twitter si alguien quería algo creepy, sin decir para qué era. Y Papli me respondió…

"Todo lo creepy es bueno"

O algo así, que mi memoria falla mucho. No era tampoco intención que la escena fuera de esta forma, pero al final la idea me pareció divertida junto con el "gran descubrimiento". Y como veo por los comentarios, no os ha disgustado mucho. Ya sabéis que cualquier opinión positiva o negativa es buena y que la espero con impaciencia. ¡Muchas gracias!


Dieciséis – Ciervo

Todo parecía haber salido de una ilusión, pero cuando Toris abrió los ojos somnoliento, lo que ocurrió aquella noche le vino a la mente con una claridad poco usual.

Entró en pánico.

Feliks seguía durmiendo plácidamente en su colchón sin sospechar nada mientras su amigo bajaba corriendo por las escaleras hacia la cocina para hacer algo, cualquier cosa que le mantuviera ocupado y no pensar en eso. Había estado compartiendo su vida con una mujer sin saberlo y no se veía capaz de enfrentarse a la nueva situación.

Si ella notaba que él sabía su secreto, volvería a abandonarle como pasó unas semanas atrás. Y no solo eso, lo peor es que él la estuvo tocando. Toris sabía que en su mayor parte aquello fue fruto de su incredulidad pero también necesitaba disculparse por lo que hizo, y no iba a ser tan fácil ya que la piel el pecho de Feliks era muy suave, y las yemas de los dedos aún le cosquilleaban al recordarlo. Por primera vez Toris hubiera deseado ser gay.

–Buenos días, Feliks. Verás, he descubierto que eres mujer….

No, así no.

Carraspeó y volvió a intentarlo mientras sacaba los ingredientes de la alacena. Tenía la intención de prepararle una tarta a su vecina como agradecimiento por ayudarle, tal y como prometió.

–Feliks, sé tu secreto. Y siento mucho haberte tocado el pecho para comprobar que no era una alucinación. Bueno, los dos pechos.

¡Eso menos!

Rompió los huevos en un bol y empezó a batirlos con ímpetu, intentando olvidar aquel incidente, como si pudiera quitarse de la mente algo así.

Le besé entre sus pechos, por el amor de Dios.

La fuerza del tenedor contra la cerámica del cuenco se escuchaba cada vez más fuerte.

- Feliks, me da igual si eres hombre o mujer, yo…

Yo… ¿Qué?

El pidió un deseo una noche de lluvia de estrellas y no se ha cumplido. Y si Feliks llegara a enterarse también de eso, posiblemente también eso pudiera precipitar su marcha. Todos los caminos llevaban a perderla, Toris se sentía como si quisiera domesticar a un ciervo, un animal hermoso que nunca podría ser suyo.

–Feliks…

–¿Qué quieres?

Feliks estaba apoyada en el quicio de la puerta, tapada con una bata y una manta colocada hecha un desastre encima de los hombros. Tenía los ojos rojos y medio abiertos, los labios cortados y su cara era el reflejo de todo menos de la misma felicidad.

Toris tragó saliva y sonrió como el idiota que se estaba sintiendo. Feliks siempre le había parecido guapa antes como chico y en ese momento no había perdido ni una pizca de atracción hacia ella.

–Supongo que no querrás tarta ¿verdad? – Intentó disimular, pero no podía sonreír de manera que quedara convincente. Estaba seguro que sus pensamientos podrían ser leídos sin ningún problema por ella.

– Bueno, o sea, supones bien – Aún con la voz ronca, Toris notaba sin duda un deje agudo en su voz.

Había estado literalmente ciego y sordo durante mucho tiempo.

No era un buen momento para confesar lo que sabía y lo que había hecho, no mientras ella estuviera enferma. Iba a ser difícil tratar a Feliks como siempre lo había hecho, pero tenía que intentarlo aunque fuera por unos días.

No quería que Feliks se escapara como un ciervo acosado.

–Vete a la cama. Ahora te subo algo para que no tengas el estómago vacío.

Curiosamente le hizo caso y se dio la vuelta, subiendo las escaleras de caracol de mala gana pero sin chistar. Se debía encontrar realmente mal como para no poner ni el más mínimo puchero.

Toris suspiró.

–Feliks, yo…

No sabía que hacer para explicar sus sentimientos, ni a ella ni a él mismo.