Este es el penúltimo capítulo y quiero terminar el fic antes de ponerme con los otros que tengo a medias. Como siempre, muchas gracias por los reviews y los favoritos, y espero que os guste el desenlace que comienza ahora.


Diecisiete – Dientes

Nadie con la descripción de Feliks aparecía en los listados de personas desaparecidas en Polonia. Teniendo en cuenta que habían estado hablando en inglés desde que se conocieron y el fuerte acento de ésta, quedaba descartado que fuera de cualquier otro país.

–¡Tío, tío, tío! ¡Tío!

Toris cerró la pestaña del navegador de inmediato y vio aparecer a Feliks por la puerta, con muchísimo mejor humor y energía, nada que ver con lo mal que estuvo unos días atrás. Aún tosía un poco y por eso siempre estaba con un caramelo en la boca, aunque estaba claro que simplemente lo estaba usando como excusa para poder comer más dulce sin sentirse culpable.

– ¿Qué te pasa ahora? – Preguntó Toris. Feliks le sonrió, mostrando sus dientes blancos.

Ella tenía una sonrisa preciosa, con la boca algo entreabierta que le iluminaba el rostro. Nada mas verla se adivinaba que era feliz y se sentía satisfecha.

Toris esperaba que él fuera la causa. O por lo menos una pequeña parte de ella.

Ya fue problemático entonces. Cuando empezó a ver esos pequeños detalles en Feliks cuando creía que era un chico, detalles que le gustaban. A veces era un vago y demasiado infantil, pero eso último era lo que le hacía adorable. Tenía demasiada creatividad y su alegría resultaba contagiosa.

Su sonrisa entornada, hermosa.

"No quiero enamorarme de él"

A Toris le gustaban las mujeres, no pensaba que fuera capaz de sentirse atraído hacia un hombre. Feliks estaba resultando ser una honrosa excepción que demostraba que estar a su lado era lo que quería, sin esperar nada más. No le urgía acariciarle o besarle, aunque no le hubiera importado hacerlo tampoco. Eso le preocupaba en exceso, pues no sabía si él mismo podría ser capaz de aceptar esos cambios. Por Feliks merecía la pena, pero la duda seguía latente, martirizándole desde hacía semanas.

Pero el deseo que pidió una noche de verano tardío no se cumplió.

Quien iba a decir que su corazón pudiera latir tan fuerte solo con el cambio de sexo de una persona. Darse cuenta que eso era lo que evitaba que sus sentimientos fueran a más. Al fin y al cabo, lo que siempre le había gustado eran las curvas de una mujer.

Su amor platónico se mezcló con deseo carnal. Ahora quería tocar a Feliks con cuidado y besar sus labios, lamer sus dientes blancos…

Aún tenía el recuerdo de aquella noche con Feliks febril en sus manos y el ataque de risa nerviosa que le dio cuando descubrió el secreto que la chica intentaba ocultar a toda costa.

Vivir con ella no iba a ser fácil. Los dos descansaban en el mismo cuarto, compartían todo. ¿Y si otro chico apareciera en sus vidas? Toris moriría de la pena. No era posible estar de esa forma, sin saber siquiera si el sentimiento era mutuo.

– ¿Me has escuchado?

– ¿Eh? No, lo siento. Estaba pensando en otras cosas.

– Macho, o sea, llevas unos días así de mazo preocupado. ¿Quieres hablar de algo?

La valentía era algo que le sobraba a Toris y cuando quería era impulsivo. Quizás no estaba de más poner en práctica esto último.

De perdidos al río.

– Tengo un secreto. Y quiero decírtelo.

Feliks volvió a sonreír, cogiendo una manzana de la mesa, que era la merienda de Toris, y mordiéndola con sus dientes perfectos, mirándole con curiosidad.

– Pues dímelo y tal.

El muchacho tragó saliva y se tocó sus largos cabellos castaños, como intentando peinarlos, aunque era evidente de que se trataba de un tic nervioso.

– El deseo que pedí durante la lluvia de estrellas no se cumplió.

– Bueno, los deseos no siempre se cumplen y eso. Si fuera así tendría un pony súper mono pastando en el huerto.

– Esto es más importante que un pony – intentó llamar la atención de la chica, pues si seguía la conversación por esos derroteros no podría terminar lo que había empezado –. Es algo que podría cambiar muchas cosas entre nosotros.

Feliks frunció el ceño, haciendo un sonido fresco al morder de nuevo la fruta.

– Okis, pues dime que pediste.

– No quería enamorarme de ti.

Feliks dejó de masticar, tragando el bocado tal y como estaba en su boca y miró a su compañero con los ojos muy abiertos.

– Pero si eres…

– Si, sigo siendo heterosexual.

– Pero…

– Eso es lo que te gusta de mi, ¿no? Estás de enhorabuena, supongo.

Feliks estalló en carcajadas, con el rostro sonrojado hasta las orejas. Toris hizo lo mismo, pero ya sabiendo que lo había apostado todo a un único número y de momento no estaba perdiendo.

– Quiero preguntarte cosas, Feliks. Como ves, no estoy enfadado, solo… tengo curiosidad – era cierto y Toris esperaba que ella confiara en él.

– ¿Mas cosas que lo evidente? – Preguntó la chica.

Si Toris solo pudiera morder sus labios como ella hizo con aquella manzana…

– Empieza por decirme tu verdadero nombre.

Ella cerró la boca y le regaló una sonrisa astuta, de esas que entrecierran los ojos, igual que los niños pequeños. No parecía infantil, sino picarona, como si hubiera perdido el juego pero estuviera satisfecha y no enfadada por haber sido descubierta.

Tomó un poco de aire.

– Felicja – lo expulsó en un susurro.

– Felicja – Volvió a repetir Toris, saboreando con su lengua la pronunciación de cada sílaba.