Capítulo IX: Nochevieja –Oficialización de la Relación– Año Nuevo –Un Deseo–
El tan esperado día 31 ya llegara. Era el último día del año y todos, a excepción de Shun e Ikki, se habían reunido en la Mansión de Saori. Pegaso tenía una sorpresa preparada para Saori, aunque se había comprometido en el Pico de los 6 Antiguos Ancianos, pero oficializaría la Relación en Año Nuevo, había adquirido la Alianza y la colocaría en el dedo de su Diosa en Nochevieja.
Aún dormían, con tranquilidad, después de una noche de pasión desenfrenada; en la gran cama de la Diosa. El joven rodeó con uno de sus brazos a la chica, como si intentara protegerla incluso en sus sueños, y el otro lo utilizó para asegurar la cabeza de su amada, reconfortándola más.
Tatsumi llegara al cuarto para despertar a su Señora. Ya pasaban de las 10 de la mañana y a la 1:00 de la tarde tenía que ir a la Fundación para firmar unos papeles para hacerlas llegar a las Oficinas de la Fundación en América. Al entrar en la habitación vio a los dos jóvenes allí y no pudo contenerse y explotó.
– ¡¿Qué estás haciendo en esa posición con la Señorita, insolente?! – exclamó espantado.
– Eh... – Seiya abrió los ojos lentamente, intentando ver a Tatsumi con claridad.
– Um… Calvo… Déjame en paz. – la joven despertó rápidamente, mirando para la calva de Tatsumi y descendiendo la vista hasta los sorprendidos ojos…
– "Aquello no podía estar pasando… ¡Saori con aquel descarado!" – horrorizado Tatsumi.
– "Ah… ¡No! ¡¿No bastaba con la viniese a ver que ahora tendría que verlo a todas horas?!".
– Saori... – la llama, mientras la basaba en la boca.
– Voy a irme a mi casa, ¿está bien?
– Está visto que no soy bienvenido aquí. – miró para Tatsumi y le sacó la lengua, en muestra de burla.
– Te amo...
– Está bien, Seiya. – al cruzar la mirada con la de su pareja se perdía en esta última.
– Te veo por la noche ¿no?
– Sí. – sonrió girándose para marcharse.
Las horas había pasado y la noche llegó. Todos estaban callados en la Mansión de Saori. Seiya, quien había tardado más que los demás en llegar, ya que había ido a resolver unos asuntos; lo estaban esperándolo. Todos los empleados ya se habían ido a sus casas, todos menos Tatsumi, quien estaba con los chicos.
– Has tardado... – sonrió, felicitando a Seiya.
– Sí… Tenía algunos asuntos que resolver, por eso he tardado. – el mencionado se detuvo para observar a su amada, quien lo miraba con ternura.
– Oye, Saori... – dice acercándose a ella y juntando sus manos.
– Discúlpame por el retraso.
– Está bien...
– Antes erais tímidos, ahora os mostráis en público. – comentó entre risas, Hyoga, mientras los aludidos se sonrojaron intensamente.
– ¡Cierra la boca! – exigió Seiya…
– Ve a buscar una mujer...
– Y quién dice que no la tengo ya.
– ¿Tienes novia? – preguntó con incredulidad, Saori.
– ¿Quién es?
– Flare... – rió, girando el anillo que llevaba en el dedo anular de su mano derecha.
– Tras festejar el Año Nuevo, me iré a vivir para Asgard y viviré allí con ella.
– Pero… ¿nos dejarás? – Seiya se entristeció.
– Parece que estaremos solos Shun, Saori y yo y de vez en cuando Ikki…
– Ah, con respecto a Shun, este me llamó para avisar que se quedaría en el Santuario con June. – explicó Shiryu sentándose.
– Entiendo… Buena noticia. – contestó Seiya, mientras retiraba algunos mechones que tapaban la cara de Saori.
– Bien… Saori y yo también estamos saliendo.
– Aleluya… Al menos ya os habéis decidido ¿eh? – rió Hyoga.
– ¿Tanto se nos nota? – respondió Seiya, un tanto nervioso.
– Así es… Se os nota a leguas, debido a vuestras miradas y gestos... – contestó Hyoga, mientras que Shiryu se estaba riendo..
– Mas todo está bien… eso es lo que hace el Amor con las personas...
– ¿Vamos a comer? – preguntó Hyoga, a quien ya le rugían las tripas.
Ya habían pasado las horas y el reloj ya marcaba que apenas faltaban 30 minutos para el Año Nuevo. Estaban sentados en el sofá de la Sala de Estar, brindando con champán y conversando tranquilamente.
– ¿Vas a volver al Santuario? – Shiryu preguntó tras haber bebido un trago.
– Creo que no para quedarme… Lo máximo una vez al mes. – rió, recostando la cabeza sobre el hombro de Seiya.
– No preciso quedarme allí, aquí ya estoy protegida con mi Pegaso.
– Eso mismo. – sonrió, entretanto acariciaba la larga melena de su Diosa.
– No dejaré que nada malo te pase.
– Por cierto, Saori... – él comenzó a pasar los dedos por el rostro de la joven Diosa.
– Quiero pedirte oficialmente que sea mi novia. – comentó mientras sacaba una cajita de su bolsillo y la abrió, ella aceptó emocionada.
– Ah, Seiya… – lo besó muy emocionada. Tras más de 200 años, todo fue como debería haber sido.
– Mi Pegaso...
La noche pasó muy rápidamente y en poco tiempo ya estaban en un nuevo año y la nueva mañana estaba brotando ya. Saori miraba como el Sol salía tímidamente desde la terraza de su Mansión, pensando en todo lo que había sucedido tras haber leído las Memorias de Tong Hu. El joven llegó hasta ella y la abrazó, mientras que Saori percibió el fuerte olor a alcohol que él tenía encima y estaba visiblemente bebido.
– Seiya... – dijo ella agarrándolo por un brazo.
– Vamos. Necesitas dormir, estás bebido y ya te veo las ojeras.
– No. – agregó riendo.
– Estoy bien...
– No, tú n… – fue interrumpida por el chico, que la empujó, besándola en el cuello.
– Te amo... – le decía, con una tierna sonrisa. Saori percibió que aunque estaba bebido sabía lo que hacía.
– Desde que volví de Grecia... – dijo él tranquilamente, intercambiando caricias con la joven.
– Seiya… lo llamó, rindiéndose a las caricias, su cordura ya se había ido hace mucho tiempo.
– Quisiera hacerte solo una sugerencia más...
– Puedes pedir lo que desees, Saori.
– Sí por las circunstancias quedase embarazada… quiero que nuestro pequeño, si es niño se llame Tenma y si es niña, Sasha.
– Cómo desees, mi Diosa... – sonrió, abrazándola por la cintura y atrayéndola hacia sí.
– Ya sabes que tus deseos son órdenes para mí.
Continuará…
