Dieciocho – Fin
El viaje por Lituania había comenzado sin grandes eventos; Las tres amigas ya habían estado cuatro días en Vilna y ya en Kaunas se habían alejado un poco del centro de la ciudad para poder ir a un enorme mercadillo que salía recomendado en todas las guías y agencias.
E hicieron muy bien en visitarlo.
Era en verdad gigantesco, lleno de vecinos que vendían productos hechos a mano, o que labraban en sus propias huertas. No había nada más natural que el pan de centeno casero, una salchicha fresca, o enormes lechugas ideales para hacerse una ensalada. En un puesto pudieron comer los mejores cepelinai que habían probado nunca.
Eli se lamía los dedos mientras le comentaba a Bel las ganas que tenía de comprarse un collar de ámbar y ésta a su vez no estaba segura de hacerlo o no, pues no eran baratos. Las dos juntas eran una combinación explosiva, una castaña y la otra rubia, chicas muy animadas y excesivamente alegres que llamaban mucho la atención. También eran bonitas y femeninas y Felicja se veía como un adefesio a su lado. Cuando le comentaron sobre hacer un viaje solas por los Países Bálticos, ella tiró por lo práctico; se cortó su larga trenza rubia y la ropa que llevó al viaje era holgada para estar lo más cómoda posible. Creía que era un poco estúpido ir en tacones o con vestidos cortos haciendo turismo. Sus amigas pensaron igual, pero aún así estaban más guapas que ella o por lo menos no las confundían con un chico, como le había estado pasando desde que salieron de Polonia. El corte de pelo tenía mucho que ver en ese tema.
Aún así a Felicja le estaba gustando que los hombres pasaran de ella cuando se acercaban a ligar en un bar. Era mejor si pensaban que era el hermano pequeño de una de sus amigas, a veces venían muy borrachos y resultaba complicado deshacerse de ellos. Hasta el momento esa actitud solo le había dado ventajas así que no se quejaba mucho mientras las otras dos espantaban a los moscones.
Después de comer cepelinai se aproximaron a los puestos de bisutería, pero algo llamó la atención de Felicja. En un pequeño puesto que simplemente era una mesita cubierta por un mantel, un chico joven vendía pequeños pájaros y brujas hechas a mano y parecía que estaba teniendo éxito, pues ya le quedaban pocas unidades. Se acercó para mirar mejor, encaprichándose de uno de los pajaritos, que parecían hechos de paja y madera.
El vendedor en cambio le estaba poniendo nerviosa. Era muy atento, con una sonrisa encantadora aunque su nariz era algo grande. Felicja nunca había sido buena conversando con desconocidos y esta vez no iba a ser menos, ya que tal y como le hablaba el otro podía saber perfectamente que le había confundido con un chico joven, como siempre desde que iniciaron el viaje. Por un momento se le pasó por la cabeza que a lo mejor no hubiera estado tan mal llevar un vestido corto y tacones, a riesgo de parecer un travesti. Sus caderas no es que fueran prominentes y su pecho distaba mucho de ser grande.
Intentó aprovecharse de la situación diciéndole que no tenía dinero para conseguir una rebaja más grande aún de la que le estaba ofreciendo, pero no lo consiguió. El pajarito podía haber sido un souvenir perfecto para su hermana pequeña, pero era demasiado caro y Felicja, que acababa de terminar la carrera, no tenía una buena situación monetaria. Después del viaje tendría que ponerse a trabajar de inmediato si no quería depender de sus padres.
Por lo menos al final se llevó gratis una bolsa con un bonito dibujo de un gato. Se arrepentía de haber dado un nombre de chico en lugar del suyo real. Maldecía su timidez estúpida que le impedía ser como era realmente.
Cuando Eli le arrastró casi en volandas lejos del puesto, el arrepentimiento empezó a hacerse cada vez más grande.
oOo
– Te mola.
La que había hablado era Bel, con su sonrisa felina y ojos entrecerrados. Eli soltó una risa socarrona, sin quitar los ojos de la carretera. Estaban conduciendo un coche que habían alquilado para recorrer Lituania, y se dirigían al hotel dónde se iban a hospedar.
– ¿El chico ese de la nariz grande y la sonrisa bonita? – Eli decidió intervenir en la conversación la primera vez que veo a Fel tan interesada en un hombre. No ha parado de mirarle siempre que pasábamos por su lado.
Felicja quería morirse en ese momento.
–Tías, me parece mono y tal, vale. Pero o sea, no quiero cachondeos, ¿oki? Ya sabéis lo mal que lo paso con estas cosas.
Por el espejo retrovisor se podía ver una expresión suave en el rostro de Eli, aunque la de Bel era el reflejo de la misma maldad.
–Fel, hace eones que no tienes novio. Y mira, para echar un kiki ese chico no está mal. Si quieres llévate el teléfono, vas a buscarle y luego nos llamas y te recogemos – Bel suspiró, con ojos soñadores –. Este viaje es para celebrar que nos hemos librado de esa carrera espantosa y que somos libres para hacer lo que queramos. Y pocos chicos dirían que no a un momento de sexo con una chica tan linda como tu. Solo arréglate un poco y lo tienes en el bote.
–Es más joven que yo… – pero Eli interrumpió a Felicja parando el coche de golpe y dándose la vuelta para poder hablarle a la cara.
– Fel, solo tienes veintitrés años. ¿Y él cuantos? ¿Diecinueve o veinte? Los dos sois jóvenes así que da igual que tu seas un poco mayor. Además estamos de vacaciones. Bel, abre el maletero y tira sus cosas a la calle.
Felicja abrió los ojos como platos, sin creerse que su amiga estaba haciendo caso a Eli. Bel se había bajado del vehículo y como le habían ordenado, sacó la maleta rosa de Felicja y la dejó en el suelo.
–¿Estás tarada? O sea, ¿Qué haces?
Como Eli pensó que sucedería, Felicja salió corriendo del coche para evitarlo, y Bel aprovechó para entrar de nuevo y cerrar las puertas por dentro.
–Tías, él se cree que soy un chico – Intentó razonar pero Bel bajó la ventanilla un poco para que se la pudiera oír.
–Pues vuelve al mercadillo para decirle la verdad y que quieres pasar el día con él. Con lo que ocurra nos llamas ¿vale? Necesitas algo así, una aventura. ¡Es nuestro último verano en plena libertad, disfrútalo!
–¿Y si es un psicópata?
–Lo dudamos – Y Eli pisó el acelerador y dejaron a Felicja tirada en la calle, con la maleta en la mano y la cara desencajada por la incredulidad.
Al final decidió hacer como si se dirigiera al mercadillo, para esperar luego un poco y las llamaría por teléfono, diciéndoles que el chico del puesto no tenía ningún interés por ella. Total, no iba a ser difícil, con su pelo enmarañado y sus ropas masculinas no atraería ni a las moscas.
Empezó a caminar por la calle, con la mirada perdida.
–¿Feliks?
Además quizás terminara siendo un loco o algo peor. Tenía por amigas a una panda de inconscientes.
–¡Feliks!
El sonido de un claxon sacó a Felicja de sus pensamientos. Al darse la vuelta vio al chico del puesto en su coche destartalado, haciéndole señales para que se acercara.
Ups.
– Eres Feliks ¿verdad? ¿Me recuerdas?
Y tanto que le recordaba. Su pelo castaño parecía más brillante y sus ojos verdes eran tan intensos que restaban importancia a su nariz. Ahora en lugar de grande, le parecía hasta sexy. Pero aún así no le conocía y podía ser peligroso. Mentirle un poco y seguir simulando ser un chico no iba a ser tan terrible. Solo sería un momento y luego llamaría a sus amigas para seguir su viaje hacia Letonia.
Quien le iba a decir en ese momento que pasaría dos meses dando clases a niños a cambio de comida, diseñando muñecas y enamorándose poco a poco de su improvisado compañero de piso heterosexual.
Pero esa era una de las muchas cosas que le gustaban de él.
A veces, las cosas son más simples de lo que parecen ;3
Antes de nada, muchísimas gracias por los comentarios, las alertas y los favoritos. Siempre digo que las opiniones me sirven de mucho y es cierto, así que quiero dar muchos achuchones virtuales tanto a los lectores nuevos como a mis viejas conocidas de la otra cuenta :D os quiero mucho como la trucha al trucho, que aunque ya no haga menciones en cada capítulo, que sepáis que os ailuveo.
Aunque en esta historia no haya sexo. Ejem.
Una vez terminado esto, me quedan dos fics por finalizar y uno por corregir. ¡Manos a la obra!
