Disclaimer: Los personajes y lugares que aparecen en esta historia no me pertenecen, ya que son producto de la serie Once Upon a Time.

Este fic ha sido creado para el "Amigo Invisible" del foro "Bienvenidos a Storybrooke" - Éste es el regalo de angiskuldy

Las canciones usadas en los capítulos no son creación mía, sino de sus artistas correspondientes (Stay de Hurts y Save me de Gotye)


SEGUNDA PARTE – SAVE ME

In the mornings,

I was anxious

Was better just to stay in bed

Didn't wanna fail myself again

Running through all the options

And the endings

Were rolling out in front of me

But I couldn't choose a thread to begin

-¡Henry es tu nieto! –gritó Lacey al oír su respuesta-. ¡No puedes hacer…!

-Sí, puedo –le cortó Rumpel-. ¡Y lo haré!

Con un gesto de la mano, la hizo desaparecer y de repente Lacey se encontraba en su habitación del hostal, sin poder comprender nada. Pero una cosa estaba clara. No estaba loca. La noche que le dispararon, él la curó… con magia. Aquel hombre, que había ido a visitarla varias veces al hospital, que aquellos últimos días había ido tras ella y que había pegado a tantos tipos porque ella así lo deseaba… Y ahora estaba decidido a acabar con su nieto Henry, todo porque piensa que así podrá estar con su hijo de una vez por todas. Aquel plan era horrible. Algo en su interior le hacía ver que tenía que ayudarlo y pararle los pies antes de que hiciera nada de lo que después pueda arrepentirse. Tenía que hacer algo.

Empezó a dar vueltas por la habitación, muy confundida al haberle visto a Gold con esa apariencia. Era como si lo conociera de otra vida… La imagen de una rosa roja le venía a la mente una y otra vez… ¡Era todo tan extraño! Muy cansada, se acostó en la cama sin siquiera quitarse la ropa y pensando en alguna forma de salvar a Henry, se durmió aferrada a la almohada.


And I could not, love

Cause I could not love myself

Never good enough no

That was all I'd tell myself

And I was not well

But I could not help myself

I was giving up on living

El Oscuro se encontraba observando a su hijo Neal de camino a Granny's con su prometida Tamara, mientras él se escondía en un callejón para que nadie le viese… Mejor dicho, para que él no le viese… así.

-Estás distinto, ¿no te das cuenta? Solo lastimas a los demás.

-Decreté una tregua en la guerra de los ogros, Bae. Entré en el campo de batalla y le puse término. Los niños retornaron a sus moradas…Un hombre que salva miles de vidas tal vez…

-¡...ha cumplido! Un hombre que hace eso se da por satisfecho, papa. Deja de emprender gestas.

-No puedo, necesito más poder. Lo hago para protegerte.

-No haría falta si tú no tuvieras poderes.

-No puedo evitarlo.

-¿Lo has intentado?

Los recuerdos de su vida pasada, allá en el Bosque Encantado con su hijo Bae antes de que le tragara aquel portal, eran constantes en la mente de Rumpelstilskin. Y más aún ahora, desde que lo había encontrado en Nueva York. Bae era todo para él, no podía volver a perderlo. Por ello, dejando un rastro de humo morado tras de sí, desapareció de aquel callejón y apareció en el sótano de su casa. Se sentó en una silla y miró interesado a la persona maniatada en la asiento de enfrente, entrelazando sus largos dedos y apuntándole con los dedos índices a su víctima.

-¿Qué tal, muchacho? ¿Todo bien?

Henry empezó a forcejear sus ataduras y de ese modo el pañuelo que llevaba atado en la boca se calló dejándolo respirar entrecortadamente.

-¡Emma vendrá a buscarme! ¡Y papa y los abuelos!... y…y… Regina también.

-Lo dudo mucho, chico. Regina está algo ocupada siendo interrogada por ciertos forasteros llamados Greg y Tamara –río enloquecido-. Y tu familia la está buscando. Nadie se ha dado cuenta de tu ausencia, querido.

De repente sonó un móvil. Rumpel cogió extrañado aquel aparato levantándose de la silla inquieto.

-¿Si?

-¿Gold? Soy yo, Lacey. Necesito hablar urgentemente contigo. Ven al hostal lo antes posible, por favor.

Colgó el teléfono y mirando al niño por un momento con las cejas arqueadas, reforzó las ataduras con movimiento rápido de la mano.

-Me ausentaré por un rato, Henry.

-¡No..! –el joven se encontró de nuevo con la boca tapada y sin poder hablar. Respiraba deprisa por la nariz mirando a aquel monstruo desaparecer de su vista en un abrir y cerrar de ojos.


In the morning

You were leaving

Travelling inside the gate

And you said you were not unprepared

And all the dead ends

Disappointments

Fading from your memory

Ready for that lonely life to end

La treta le había salido bien. Después de comprobar desde la ventana que daba al sótano que Henry estaba solo, Lacey corrió a socorrerle y sacarlo de allí antes de que él volviera a aparecer.

-¡Vamos, deprisa! Debes escapar –dijo nerviosa mientras le quitaba la banda de la boca y desataba todas las cuerdas que lo aprisionaban.

-Gracias Belle –le susurró el chico mirando hacia todos lados por si acaso.

-Belle… no soy… - Empezó a decir la castaña, pero paró, ya que aquel nombre cada vez se le hacía más familiar. Miró al niño pensativa pero de inmediato se recompuso-. Debes irte, ¡vamos!

-Tienes que venir conmigo –dijo Henry nervioso-. No puedes quedarte aquí sola. Además eres la única persona que puede hacerle cambiar. Tienes que venir conmigo, por favor.

Lacey aceptó; al fin y al cabo, el Oscuro estaría furioso con ella al haberle engañado de esa manera. Corrió detrás de él y lo siguió por la calle sin saber a dónde le llevaban sus pasos. Hasta que al fin el chico se paró enfrente de la tienda de empeños del señor Gold.

-¿Por qué me has traído aquí?

-Tienes que recordar, Belle. Es la única forma de que él vuelva a ser como era antes.

Entraron en la tienda y comprobaron que no había nadie. Henry cogió el móvil de Lacey y llamó a Emma mientras la castaña se paseaba por las estanterías curioseando los objetos que allí estaban depositados. Cuando Henry colgó el teléfono, vio a la joven interesada en unas flechas doradas que había encontrado en un rincón.

-¡Ah sí! Me acuerdo de esa historia en el libro… -empezó a decir el muchacho-. Esas flechas son especiales. Son mágicas. Quién tenga esas flechas en su poder…

-…nunca fallará su puntería –susurró la mujer. Un vago recuerdo se posó en su mente. Un hombre y una mujer embarazada… Una flecha mágica que falló… Montones de libros… Un abrazo…

-¡Sí! ¿Cómo lo has sabido?

-No lo sé… -dijo contrariada.

Henry de repente vio algo y su cara se iluminó por completo.

-¡Mira Belle! La taza desportillada –señaló un pequeño objeto escondido detrás de un joyero pequeño.

Lacey fue corriendo y cogió aquella taza sin poder ocultar una sonrisa.

-Pero… Yo la hice pedazos en el hospital… La debió reparar… Aunque le sigue faltando un pequeño trozo –cogió la taza entre sus manos con una tímida sonrisa dibujada en sus labios.

Henry, por su parte, salió fuera de la tienda para ver si Emma, Mary Margaret o David aparecían de un momento a otro.

La joven castaña, muy confusa, volvió a dejar la taza en su sitio y sin querer, movió la tapa del pequeño joyero que estaba a su lado. Empezó a sonar una melodía suave y melodiosa y no pudo más que curiosear en su interior, esperando encontrar algo interesante. Se quedó sin palabras. En el interior de aquella cajita se encontraba el pequeño trozo de porcelana que faltaba a la taza. La cogió con cuidado y tomando de nuevo la taza, encajó las dos partes.

De repente, su mente se llenó de imágenes y recuerdos de una vida pasada. Una vida donde había compartido muchas cosas con un hombre que todos consideraban una bestia, pero que para ella era su héroe, su amor verdadero. Un grito la sacó de su ensoñación.

-Rumpel, no…


And you gave me love

When I could not love myself

And you made me turn

From the way I saw myself

And your patient love

And you helped me help myself

And you save me

-¿Pensabas que te ibas a escapar tan fácilmente de mí, pequeña sabandija? –dijo aquel hombre temible alzando del suelo a Henry con una mano mientras con la otra sujetaba su poderosa daga.

El Oscuro, después de haberse aparecido en su casa y ver que su pequeño invitado no estaba donde lo había dejado, recorrió la ciudad sin miedo a que lo vieran hasta encontrar al niño saliendo de su tienda.

-Gold, no puede hacer esto. Soy su nieto. ¡Así nunca recuperará a su hijo Bae!

Rumpelstiltskin posó al niño en el suelo, dejándolo inmovilizado. Le miró de arriba abajo. La verdad es que le recordaba a su hijo cuando era joven. Tenían el mismo espíritu bondadoso y honesto. Bajó la mirada al suelo, pensativo.

-¡Qué sabrás tú sobre Bae! ¡Hace unos días ni lo conocías! –alzó de nuevo la daga amenazante.

En ese mismo momento, Emma, Snow y David cruzaban la esquina y se quedaron helados viendo aquella escena. Neal, por su parte, llegaba corriendo y empezó a gritar.

-Pero aun así… -empezó a decir Henry mirándolo con temor-. Sé lo que es no tener un padre y la sensación de vacío que es vivir con ese pesar. Gold… He leído su historia y lo que he aprendido de ella es que siempre se ha refugiado en la magia para no tener que enfrentarse a los desafíos que nos pone la vida. Su magia fue su escudo del que no se deshizo en ningún momento, incluso cuando se enamoró de Belle y ella quiso romper su embrujo. Siempre lo ha arreglado todo con magia y eso es exactamente lo que no quería su hijo… Bae lo que quiere es tener a su verdadero padre de vuelta, no a un Ser Oscuro con un corazón igual de oscuro…

Rumpel le escuchó atentamente cada palabra que le decía. Miró a Henry y afirmando levemente con la cabeza, dirigió su mirada a Neal con los ojos brillantes.

-Por ti, Bae…

Y clavó la daga profundamente en su pecho. Calló de rodillas, liberando a Henry de su inmovilización.

-¡PAPA! ¡NOOOO! –gritó Neal corriendo hacia él con lágrimas recorriendo su rostro.

Belle salió entonces de la tienda y vio a Rumpel cayendo al suelo, herido de muerte por su propia daga mágica.

-RUMPEL! ¡POR FAVOR, NO! –se tiró al suelo a su lado, sin saber que hacer mientras miraba llorando a su amado-. Soy Belle, tu querida Belle… Lo recuerdo todo… -dijo sollozando.

Rumpel levantó una mano y pasó sus dedos por su mejilla, secándole las lágrimas.

-Belle, ¿en serio eres tú? –preguntó entrecortadamente.

-Sí… -dijo agarrándole sus dos manos fuertemente-. No quiero que mueras… No lo soportaré… Te amo.

Diciendo aquellas palabras, acercó su rostro al de él y le besó en los labios tiernamente, sintiendo tantas cosas a la vez. Alegría por recordarlo todo, dolor porque se estaba muriendo… Pero sobre todo, un profundo amor por él, como nunca lo había sentido.

De repente, cuando sus labios se encontraron, una luz dorada salió del cuerpo de Rumpelstiltskin. Todo su cuerpo se iluminó y empezó a cambiar su apariencia. Su piel se transformó y se volvió humana… y sus ojos, que estaban cerrados, se abrieron y tornaron a marrones. La daga cayó al suelo y la herida sanó sin dejar ninguna cicatriz.

Todos los allí presentes se maravillaron de aquel milagro.

-¿Qué está pasando? –dijo Emma mirando a todos.

-Eso, mama, es la magia más poderosa del mundo –dijo sonriente Henry-. La magia que surge del amor verdadero.

-Papa… ¿estás bien? –dijo Neal sujetándolo con cuidado.

-Sí, Bae… Estoy bien –susurró Rumpel mirándolo con ternura mientras entrelazaba sus manos con las de Belle-. Pero no hay tiempo, tenemos que parar los pies a Greg y a Tamara.

Empezó a incorporarse y agarró la daga, guardándola en su chaqueta y volviendo la mirada a todos ellos.

-Sois mi familia y haré todo lo posible porque esos dos no consigan destruir nuestro hogar y separarnos los unos de los otros.

FIN