Disclaimer → HP es propiedad de J.K. Rowling y de Warner Bross. Solo la trama es mía.
¡Disfruten de la lectura!
Por cierto, agradecimientos especiales a Varne Cullen Belikov. ¡Tú inspiraste una frase de este capítulo, y si revisas tu review te darás cuenta de cuál!
Capítulo II – La Cena
El señor Evans le respondió con voz seca.
–Qué lástima no poder decir lo mismo.
Un silencio incómodo se instaló en la habitación. Lily miró horrorizada a su padre y James se quedó boquiabierto. Había pensado que, pese a la accidentada llegada a la casa de sus suegros (entrada marca Canuto), había causado una buena impresión. A Sirius se les salieron los ojos de las órbitas y Remus parpadeó rápidamente, apretando la boca, para no quedarse con la misma cara que James. El señor Evans, por su parte, miraba muy dignamente al novio de su hija, fulminándolo con la mirada.
Durante unos minutos, el silencio campó a sus anchas en el saloncito de los Evans. Fue entonces cuando Lily se fijó en la herida de Remus y decidió romper el hielo.
–¿Qué te ha pasado en la cara, Remus? –preguntó con voz temblorosa.
–Ha sido Canuto, me pegó un arañazo hace un par de noches.
Lily sabía que la noche anterior había sido luna llena. Fue una de las razones por las que decidió invitarlos a cenar ese día. Sospechaba que James sería incapaz de ir solo a su casa, y que se llevaría a los otros tres consigo, y sabía también que Remus no tenía muchos recursos siquiera para tomar una cena decente. Y que James y Sirius no eran mejores, pese a que en su casa había elfos domésticos (algo que a Lily le desagradaba profundamente. ''Esclavitud'' solía pensar). Si Remus tomaba al menos una comida decente aquella noche, se sentiría bien con su conciencia. Después de todo, su madre era una excelente cocinera.
Se acercó a Remus con la varita en alto y cogió la cara de su amigo por la mandíbula. Parecía un corte profundo, pero no estaba infectado. Acercó la varita a la herida y murmuró el hechizo para cicatrizar, y, a continuación, otro para que desapareciera la herida.
Cuando volvió a erguirse, su madre había vuelto a entrar en el salón, seguida de unos temblorosos Vernon y Petunia. James le sonreía pícaramente y murmuró, de modo que nadie más les escuchara.
–No tengo que ponerme celoso, ¿verdad?
–No tienes porqué, tonto –le contestó Lily del mismo modo.
Remus se tocó la cara sonriendo.
–Gracias, Lily. A veces Canuto es un salvaje, pero menos mal que estás tú.
–De nada.
Se dio la vuelta para sentarse de nuevo junto a su padre, pero se dio cuenta de que, como si el mundo conspirara contra ella, su madre y Petunia se habían sentado cada una a un lado de su padre, y Vernon ocupaba el resto del sofá. Azorada, se sentó entre Remus y James. Éste último sonrió de forma pícara y la alzó en brazos como a una niña pequeña, sentándola en sus piernas.
James sintió un escalofrío al mirar al señor Evans, que daba la impresión de querer matarlo con la mirada, así que decidió mirar a la señora Evans, que, al contrario que su marido, le dedicaba una amplia y cariñosa sonrisa... Tan similar a la de su propia madre...
–Entonces, James... ¿A qué quieres dedicarte? –preguntó la madre de Lily.
Su intención era romper el hielo, pero a la vez, saber si el chico cuidaría bien de su niña.
–Quiero trabajar en el Departamento de Aurores, con Canuto, Lunático y Colagusano. La verdad es que no me imagino en otra profesión.
–¿Canuto, Lunático y Colagusano? –repitió la señora Evans un poco confusa.
Lily decidió responder en lugar de su novio.
–Son Sirius, Remus y Peter, mamá. Ya te dije que se ponían apodos muy raros. ¡James se llama a sí mismo Cornamenta!
–¿Y qué son los aurores?
–Algo similar a los policías muggles, señor Evans –contestó Remus con tranquilidad.
Oh, bien. Parecía tener ciertas ambiciones.
–¿A qué se dedican tus padres? –preguntó el señor Evans con brusquedad.
James se tensó detrás de Lily. Remus y Sirius miraron preocupados a James, que, para sorpresa de todos, contestó.
–Mi madre falleció cuando estaba en sexto y mi padre ha muerto hace un par meses. Mi madre era ama de casa y mi padre fue auror.
–¡Oh, lo siento mucho! –Dijo sinceramente la madre de Lily–. Pero, ¿quién te ha mantenido todo este tiempo?
–Yo mismo –contestó él con voz desafiante.
Otro punto más a su favor. La mayoría de los jóvenes de su edad se habrían descontrolado, pero él parecía vivir con algo de cabeza. Era bastante responsable.
Lily apretó la mano de James como muestra de apoyo, un gesto que no pasó desapercibido a los ojos de su padre.
–¿Cómo os conocisteis?
–En el tren. Él y sus amigos me cayeron mal al instante, así que sólo me acerqué a Remus –contestó Lily sonriendo–. Es el único maduro y con algo de conciencia de los cuatro.
–Eso opinabas antes de saber que es Remus quien planifica nuestras travesuras –murmuró Sirius con voz perfectamente audible.
La muchacha pelirroja lo miró con molestia.
–Al menos es civilizado y no un hombre de las cavernas.
–¿Y yo? –murmuró James.
–Hmmm... Me lo tengo que pensar –contestó Lily sonriendo con picardía.
El señor Evans carraspeó fuertemente, recordándoles dónde estaban. Lily enrojeció, pero James permaneció impertérrito.
Vernon los miró con disgusto, sobre todo al muchacho. Él contaba con la ayuda económica de la familia de su novia para conseguir levantar su propia empresa, pero había un problema: no le caía bien a su suegra. Lo sabía. Había visto cómo le miraba, cómo le analizaba. Y ahora veía a ese desgraciado con una sonrisa que nunca le había dedicado a él.
Lo había planeado durante meses. Petunia era la chica perfecta para él: nunca se entrometía demasiado en sus asuntos, quería estar con él, y tenía un padre influyente, que fácilmente le haría un favor si se lo pedía con cuidado. No permitiría que James le estropeara los planes: ¡no, señor!
La señora Evans estaba encantada con James. Era un muchacho atento, cariñoso y divertido. Y lo más importante: quería a su hija.
–¿Por qué decidiste salir con ella? –preguntó el padre de Lily toscamente.
–El corazón no obedece a la razón, los sentimientos van más allá del control de la mente.
Todo un romántico. Lily sonrió encantada a James.
–¿Por qué quieres casarte con ella? –gruñó el señor Evans entonces.
James miró sorprendido a su suegro. Sabía que le caía mal, pero nunca se creyó del todo las advertencias que Lily le dio en el tren de vuelta, nerviosa y turbada. Pensó que su novia exageraba, hasta el punto de guardar el anillo que le había dado en una pequeña cadenita que siempre llevaba al cuello.
Pero todo daba muestras de que, por una vez, su novia no exageraba al hablar de su padre, de sus celos y su sobreprotección.
–Porque la quiero, señor. Más que a mi propia vida.
No se sintió avergonzado al hacer la afirmación. Lo había dicho innumerables de veces delante de Remus y Sirius. Lily se sonrojó de nuevo. Aquella noche, entre su novio y su padre, habían hecho que su rostro pudiera compararse con los geranios rojos de su padre.
La señora Evans aplaudió encantada. A su lado, Petunia estaba pálida de rabia. Los celos hacia su hermana le corroían el estómago como ácido hirviendo.
Vernon nunca le había dicho nada tan romántico, ni tan bonito. De hecho, nunca le había dicho ''te quiero''. Ni siquiera la besaba después de haber concertado su matrimonio. Se habían comprometido hacía relativamente poco, pero aún así...
El señor Evans se puso de un enfermizo color azul. Parecía estar conteniéndose para no estallar.
–¿Y cuándo celebraréis la boda? ¿Dónde viviréis después? –preguntó alegremente la madre de Lily.
James pareció contento con el giro de la conversación y Lily le sonrió tiernamente. En algunos aspectos era realmente un niño pequeño aún.
–Queremos casarnos a finales de agosto, para que le dé tiempo a todo el mundo a venir...
–Ustedes no conocen a Corn –interrumpió Sirius–, pero les aseguro que ha invitado a toda la comunidad mágica y a parte de la no mágica.
–Y, además, es conocido por ser un exagerado, así que les aseguro que mi amigo Canuto no miente. Porque entre su familia...
–... la de Corn...
–... compañeros de Hogwarts...
–... el antiguo club de admiradoras...
–... profesores de Hogwarts...
–... o más bien, todo Hogwarts...
–... conocidos...
–... e incluso los no tan conocidos...
–¡Hey! Ya lo han pillado, no hace falta que sigáis –interrumpió James fingiendo un enfado.
–Es que eres un exagerado, James.
–¡Oh, no! Hasta mis amigos y mi novia conspiran contra mí. ¿Para qué tener enemigos teniendo amigos así?
La sala prorrumpió en carcajadas, e incluso el señor Evans sonrió un poco. Podía entender que su hija se hubiera enamorado de aquel patán, pero seguiría luchando para mantenerla junto a él.
–Pero para finales de agosto... ¡sólo quedan dos meses y medio! –exclamó el señor Evans. No quería perder a su hija tan pronto, no quería.
–Por mí, me casaría con Lily mañana mismo, con una túnica de trabajo –le respondió James.
El padre de Lily se quedó anonado. Apenas pudo reaccionar a las siguientes preguntas que lanzó su esposa.
–¿Habéis pensado en vuestra luna de miel? ¿Preferís un destino más urbano o exótico? ¿Y el vestido? ¿Dónde celebraréis la boda? ¿Dónde viviréis?
El señor Evans finalmente pudo escuchar la última pregunta de todo lo que dijo su esposa.
–¡Eso! ¿Dónde viviréis? –preguntó frunciendo el ceño. Si su hija viviera al final de la calle...
–¡Oh, mamá! No podemos responder a tantas preguntas a la vez. Aunque creo que James quería vivir en Godric's Hollow.
Le sonaba tanto aquel nombre... ¡Claro! Era uno de los pueblecitos más famosos de Inglaterra que estaba a...
–¡100 kilómetros de distancia! –gritó horrorizado–. ¿¡Cómo puedes pretender siquiera llevártela tan lejos!
James se sobresaltó y casi deja a Lily caer. La sujetó justo a tiempo y dijo con voz sorprendida.
–Porque es la casa más cómoda y confortable que tiene mi familia. Además, el pueblo tiene historia. Allí nació y se crió Godric Gryffindor, uno de los fundadores de Hogwarts, y también es donde vive Bathilda Bagshot, autora de Historia de la Magia. Estoy seguro de que Lily y ella harán buenas migas –sonrió James.
El señor Evans protestó enérgicamente antes de que su esposa pudiera pedirle silencio. Petunia y Vernon se acomodaron para ver el enfrentamiento verbal.
–¡Pero eso está demasiado lejos! ¿No podríais vivir en Little Surrey o en Londres? ¿Cómo voy a ver a mi hija?
Antes de que James pudiese contestar, Lily le interrumpió de nuevo.
–¡Os podemos visitar con la Red Flu o instalaremos un teléfono en la casa! Estoy segura de que ambas cosas se podrían hacer, ¿verdad, James? –preguntó retadoramente a su prometido.
James tragó saliva pesadamente.
–Por supuesto que sí, Lily. Aunque preferiría saber qué es un telétono antes de instalarlo en mi casa. Quien sabe si es una máquina escupe personas... –murmuró James para sí. Para su mala suerte, Lily lo oyó y lo golpeó ''suavemente''–. Aunque también tenemos propiedades en Londres, podríamos vivir más cerca si quieres –añadió disimulando una mueca de dolor.
Vernon saltó de su asiento con el rostro morado, pese a su firme principio (recién levantado en la cocina) de no hablar con gente extraña y anormal.
–¿Propiedades, dices?
Remus asintió por su amigo.
–La familia Potter es una de las familias más antiguas y poderosas del mundo mágico, cuyo apellido original ya se ha perdido. El rastro se difumina entre Blair y Hayes... –murmuró Remus pensativo, sumiéndose en una especie de trance (en la cual, hablaba solo, murmurando cosas incomprensibles para los demás). Sirius le pegó un codazo brusco y su amigo volvió a la realidad–. Bueno, James tiene cerca de cincuenta propiedades repartidas por toda Inglaterra, cuenta con una de las cámaras acorazadas con más seguridad en Gringotts y las cuatro próximas generaciones de Potter's podrían vivir una vida de lujos sin trabajar siquiera (siempre que no malgastasen el dinero).
El señor Evans alzó las cejas como diciendo ''¿Y esa es una buena razón para dejar que mi hija se case?''. La madre de Lily miró apreciativamente al muchacho: guapo, inteligente, ambicioso, cariñoso, divertido y, además, rico. ¿Qué más se podía pedir en un hombre? Era ideal para su hija, lo veía perfectamente. Petunia compartía los mismos pensamientos de su madre, pero de un modo distinto: ¿por qué todo le salía bien a su hermana y a ella no? ¿Por qué la vida es tan injusta? ¿Por qué era Lily la favorita, siempre ella?
Vernon se puso pálido de la impresión. Cincuenta propiedades... ¡quién lo hubiera dicho!
–Si se casa con Corn, algo que sin duda pasará, lo único que no va a tener la pelirroja son problemas económicos. Eso se lo puedo asegurar. Corn nos mantiene a mí, a Lun y, a veces, incluso a Gus.
–¿Por qué? –preguntó con desconfianza su interlocutor.
ffsaber nada de mí. Lun tiene problemas con el dinero –sonrió disculpándose con su amigo que le miró con los ojos entrecerrados– y Gus tiene miedo de pedir dinero a su madre. Además, creo que es James quien se ocupará de todos los gastos de la boda.
–No, no me parece bien... –empezó a rebatir la señora Evans.
–¡De hecho, yo sigo en contra de que haya boda! –exclamó su marido furioso.
–¡Papá!
James puso una mano en la boca de su novia y la tranquilizó.
–Todo eso podemos discutirlo después de cenar. Me temo que hace un par de semanas ya que no tomamos una buena comida.
La señora Evans se levantó muy contenta, aunque algo confusa con el descaro del muchacho. Lily sólo le había hablado de su inmadurez.
–¡Claro, que despistada soy! Aunque me temo que sois más de los que esperaba, y no he hecho suficiente para todos.
Remus se levantó solícitamente, seguido por Lily, James y Sirius.
–Eso puedo arreglarlo. ¿Me dice dónde está la cocina, por favor?
Lily los condujo hacia la cocina y los tres sacaron las varitas. Vernon y Petunia los miraron con miedo y los señores Evans los miraron con asombro y admiración.
–¡Geminio!
Los cuatro realizaron el mismo e idéntico movimiento. Todos los platos se multiplicaron de repente por cuatro y los merodeadores y Lily sonrieron encantados. La muchacha pelirroja probó una de las duplicaciones con cautela y sonrió aprobadoramente.
–Perfecto.
–Como siempre, prefecta perfecta.
–Ya hemos dejado Hogwarts, Sirius.
–Pero tú no dejarás de ser la prefecta perfecta... Nunca –Sirius puso una voz dramática.
–Deja el dramatismo, Canuto, no te pega.
–¿Y tú qué sabrás de lo que me pega y de lo que no? Si tú tienes un sentido de la moda horrible, Corn, peor que el mío.
–¡No es tan horrible!
–¡Sí!
–¡No!
–¡Sí!
–¡No!
–¡Sí!
–¡Sí!
–¡No!
–¡Ja! ¿Lo ves, Lily, Lunático? ¡Canuto lo ha aceptado!
Los señores Evans asistieron con estupefacción a la conversación entre ellos. Lily negaba con la cabeza pacientemente, masajeándose las sienes. Salió de la cocina para avisar a Petunia y a Vernon, que la miraron como si fuera una cucaracha, pasando por su lado con aires de grandeza. Lily pensó que era una ironía que tanto magos sangre limpia y muggles le miraran de la misma manera, siendo ella una mezcla de ambas cosas. Sonrió tristemente y entró de nuevo en la cocina.
James, Sirius y Remus habían agrandado un poco la mesa, y su padre estaba ya sentado en uno de los extremos. Su madre ocupaba el otro extremo y ella se sentó a lado de su padre, mientras Petunia ocupaba automáticamente el otro asiento junto a su padre, y Vernon, obviamente, se sentó junto a su novia. Hizo una mueca de disgusto que Remus ignoró cuando se sentó a su lado, a la izquierda de la madre de su amiga. James ocupó la silla junto a su novia, enfrente de su cuñado y Sirius se sentó inmediatamente al lado de su amigo.
La señora Evans sirvió la comida y Sirius empezó a devorarla con ansiedad. Lily lo miró con sorpresa y James sintió ganas de matar a su amigo por lo que estaba haciendo. Sirius captó las miradas de sus amigos, e intentó disculparse (cuando lo mejor que pudo haber hecho era callarse).
–''Fo fiento'' –dijo con la boca llena–. ''Ef'' que nadie ''fabe cofinar'' en ''cafa'' de Corn –añadió.
–¡Oh, vaya! Parece que lleváis días sin comer.
–Eso no es del todo cierto, señora –intervino Remus con resignación, mientras Sirius tenía la decencia de parar unos momentos... para beber agua–. Sirius ha sido siempre un comilón, y James, él y yo llevamos sin tomar una buena comida desde que salimos del colegio.
El señor Evans miró con ojo crítico a Remus mientras empezaba a tomarse la sopa. Su mujer había hecho sopa casera y filete con patatas con su piel. Nada demasiado formal.
–Ahora que lo mencionas, es cierto que pareces un poco enfermo, muchacho. Tal vez debería recomendarte algunas vitaminas para que las tomaras, podrías enfermar de verdad si descuidas tus defensas.
–Gracias –murmuró Remus.
Lily intervino.
–Tal vez sería bueno, papá... Pero Remus tiene... como decirlo...
–Un pequeño problema peludo –interrumpió James mirando preocupado a su amigo.
El señor Evans suspiró.
–¿Se trata de algún tipo de enfermedad mágica?
Lily asintió, secundada por los merodeadores.
–Y es incurable. Aunque por lo que dicen, parece que están inventado una poción que podría aliviar los síntomas –hablaba de la poción ''matalobos'', de la cual habían hablado infinitas veces Remus y ella. Sobre todo, habían hablado de si era un simple rumor o algo real y tangible en poco tiempo. Remus estaba de acuerdo con lo primero, pero ella opinaba que la segunda opción era también probable.
El señor Evans asintió interesado, en parte aliviado de no tener que tocar más el tema del noviazgo de su hija.
–Últimamente la medicina avanza mucho.
James dejó de comer un momento para responder.
–Siempre me ha parecido curioso como los muggles consiguen salvar a la gente sin el apoyo de la magia.
Vernon gruñó con el rostro púrpura. James miró al joven, con cara de póker, guardándose para sí los comentarios acerca de su aspecto.
–Perdona, pero creo que no nos hemos presentado todavía –sonrió burlonamente, extendiendo la mano para estrechársela a Vernon–. Yo soy James Potter.
El novio de Petunia vio la mano de James acercarse como si fuera una acromántula. Retrocedió imperceptiblemente, y Sirius sonrió como un niño pequeño a punto de cometer una travesura al verlo. Los ojos de Remus brillaron con diversión y Lily miró a Vernon con desafío. Todos los magos (y bruja) se habían percatado del miedo que inspiraban en el joven Dursley. Petunia miró también a su novio y los señores Evans observaron el intercambio entre sus futuros yernos.
Vernon empezó a sudar la gota gorda, temblándole la papada incluso. Alzó la mano lentamente y se la estrechó rápidamente, fugazmente, a James.
–Vernon Dursley –masculló.
Y no volvió a hablar durante la cena.
James, Sirius y Remus comieron como si no hubiera un mañana. Todos repitieron unas cuantas veces, por lo que tuvieron que duplicar la comida por segunda vez. De postre la señora Evans sirvió tarta de manzana. Sirius devoró él solo media tarta y Lily duplicó lo que quedaba de tarta antes de que se agotaran las existencias sin que ella hubiese probado un bocado siquiera.
Hablaron de todo tipo de cosas. Remus estaba especialmente interesado en averiguar cómo funcionaba la electricidad. Era sangre mestiza, pero su padre era hijo de muggles y en su casa no hubo nunca aparatos muggles. Sirius sólo se ocupó de llenar adecuadamente su estómago y James conversaba con Lily y los señores Evans. Su suegro le miraba con muy mala cara, pero lo ignoraba con éxito. Tampoco le dirigía la palabra directamente.
Lo entendía, por supuesto. Si él tuviera alguna vez una hija como Lily, ni siquiera la dejaría ir a Hogwarts. O tal vez sí... Aunque con un cinturón de castidad hechizado. Para que no se abriera en treinta..., no, mejor, cuarenta años.
–Una cena estupenda, señora Evans –elogió James tomando un sorbo de agua.
–Deliciosa –continuó Sirius.
–Exquisita –a Remus le brillaron los ojos con diversión.
–Sabrosa.
–Perfecta.
–Rica.
–Buena.
–Gustosa.
–Delicada.
–¡¿Delicada? –se sorprendió Sirius–. ¡Se suponía que eras tú el merodeador inteligente! ¡Delicada no pega! Qué decepción, Lunático, qué decepción...
–Ciertamente, ciertamente –coreó James.
Remus se encogió de hombros.
–Me estaba quedando sin adjetivos.
El resto de la cocina estalló en carcajadas y a Lily le brillaron los ojos al mirar a su novio: ése era el hombre con el que se iba a casar, al cual, venían ligados tres más en el paquete. Suspiró aún riendo, pensando en que mejor no lo pensaba demasiado, no se fuera a arrepentir.
Se quedaron en el comedor con unas tazas de chocolate caliente (en algunos casos, de café) hablando de temas diversos.
Antes de lo que al señor Evans le gustaría, surgió de nuevo el tema de la boda. Permaneció callado mientras James y Sirius, con la ayuda del no menos importante Remus, elaboraban la lista completa de invitados, discutiendo sobre el lugar en el que debían celebrarlo. Lily y su madre habían juntado las cabezas y discutían en voz muy baja los detalles del vestido. Petunia y Vernon permanecían ajenos a todo, sin intervenir.
–Además, es obvio que el gran y famosísimo Sirius Black va a ser el padrino en esta boda.
–¡No, lo seré yo!
–¡Yo!
–¡No, yo!
–¡Yo!
De pronto, no pudo soportarlo más. Pasó lo que más temía Lily que pasara: explotó.
–¡¿Cómo queréis casaros SIN mi bendición? ¡Y encima planeándolo en mis narices! ¡Ya no hay respeto! ¡Si no quiero que Lily se case, NO SE VA A CASAR! –gritó, con el rostro púrpura de la rabia y la indignación.
El comedor se quedó en silencio de repente y todo el mundo miró al patriarca de la familia. Lily y su madre tenían miedo de que hiciera algo imprudente contra James. Mientras, él y sus amigos, miraban al señor Evans entendiendo de pronto de dónde había salido el mal genio de Lily. Petunia miraba a Lily con envidia, sus rápidos ojos miraban de Lily a su padre y de su padre a Lily. Vernon Dursley agradecía internamente que su suegro no hubiese hecho aquello cuando Petunia se lo presentó. No quería obstáculos en su matrimonio, y tampoco en sus negocios (que esperaban con ansias una ''ayudita'' del señor Evans).
–Disculpe, señor Evans –rebatió James firmemente–. Con todo el respeto, pero creo que Lily ya sabe lo que hace y lo que quiere. No es una niña. Y yo tampoco lo soy ya. Así que no entiendo por qué no debería casarme con ella.
–¡Porque no te la mereces, ni nadie lo hará jamás! –enfatizó la última palabra, poniéndose de pie, retando a su yerno, tratando de intimidarle.
–Ciertamente, nadie se merecerá lo suficiente a su hija, pero puedo intentarlo –repuso James con calma y seriedad. Sirius y Remus lo miraron incrédulos, pero él tenía los ojos clavados en los del señor Evans–. Me parece que su hija podría caer en las manos de alguien peor. En nuestro mundo existen los filtros de amor, ¿sabe? No niego que soy inmaduro, irresponsable, inconsecuente y todos los adjetivos con los que me ha tachado Lily durante años –a unas sillas de distancia, Lily tenía los ojos cristalinos y las mejillas sonrojadas–, pero puedo hacerla reír. Puedo hacerla feliz. Yo la quiero y creo que ella también a mí. Perdone si le ha parecido una cursilería, pero conmigo no le faltará de nada y soy capaz de protegerla con los tiempos que corren. Aunque no sé si la expondré más al convertirme en un traidor a la sangre... –murmuró por lo bajo, sin que el señor Evans le escuchara.
–¡BASTA! –gritó Lily dando un fuerte golpe en la mesa–. Papá, yo soy la única que tiene que decidir con quién quiero estar. Y creí que no juzgarías a James hasta que se fuera. Por favor, ¡no soy una niña! ¡Por las barbas de Merlín, tengo diecisiete años! ¡Ya soy adulta!
–¡Para mí siempre serás una niña! –gritó el señor Evans encolerizado.
–¡Pues acepta que he crecido! ¡Sé que no hemos tenido mucho contacto durante estos siete años en los que he estado estudiando, pero el tiempo pasa!
–¡Él no te merece!
–¡Yo decidiré eso!
–¡Es suficiente! –intervino la madre de Lily–. Vamos a sentarnos todos y a hablarlo de un modo pacífico, ¡no como animales del zoo!
Sirius, por lo bajo, le preguntó a Remus.
–¿Qué es un ''zoo''?
Su amigo le rodó los ojos, ignorándole. James observó preocupado la explosión de furia de ambos Evans. No, no cabía duda que el mal genio era una herencia paterna. Vernon y Petunia habían observado como simples espectadores toda la discusión, pero Petunia estaba pálida y temblorosa. Tenía celos de su hermana, eso era cierto... pero no quería que por un muchacho su realidad familiar se rompiera. Su familia había estado siempre unida, en la medida de lo posible, y no quería que nada cambiara... por nada del mundo.
Padre e hija se sentaron y se miraron a los ojos, con el rostro rojo y la mirada encendida. Por un momento, James se encogió de miedo interiormente.
–Esto no puede seguir así, querido. Sabes perfectamente que Lily tiene razón y que ya no es una niña. James es un buen chico, la va a querer y la va a cuidar, está a la vista de todos. No seas ciego y acéptalo –se giró hacia su hija–. Quiero que sepas, que sea lo que sea que decida tu padre, yo te apoyaré en todo lo que decidas. Quiero que tomes tus propias decisiones, aunque algunas sean equivocadas, que te equivoques y que te vuelvas a levantar... porque es así como crece una persona. Pero yo siempre estaré a tu lado, mi niña –sonrió.
Sirius sintió un retortijón en el estómago al ver a la madre de Lily, que debería ser el ejemplo de todas las madres del mundo... empezando por la suya. ¿Cuándo había recibido una muestra de apoyo como aquella? Nunca. ¿Cuándo su madre le había demostrado que le quería? Jamás.
–Gracias, mamá –susurró Lily parpadeando furiosamente.
James le rodeó los hombros con un brazo y miró con decisión al señor Evans.
–Creo que tendría que aceptarlo ya. No voy a dejar de casarme con Lily porque mi suegro se opone. No sea terco. Solo tiene dos momentos para asimilarlo: ahora o cuando Lily ya esté casada conmigo.
–¡Insolente...! –masculló el señor Evans.
–Tal vez –James se encogió de hombros–. Pero soy como soy, y he tardado cinco años en tenerla para mí, en conquistarla. No voy a dejar que se pongan más obstáculos en mi camino. ¡Ni siquiera Sirius lo ha sido en estos años, y él está en contra del matrimonio! Pero aún así me apoya. Gracias, hermano.
–Gracias a ti por estar conmigo todos estos años.
–Lo mismo digo, James –intervino Remus–. Gracias por entrar en la ilegalidad para acompañarme –murmuró, sin que nadie excepto sus amigos le escucharan.
James, soñadoramente, rodeó los hombros de Lily y alzó una espada imaginaria.
–¡Uno para todos, y todos para uno! –exclamó risueño–. Aunque no recuerdo de dónde sacaste esa frase, Lils –añadió mirando a su novia.
Ésta le sonrió, golpeándole suavemente el hombro, sin contestarle. Vernon bufó, ufano de saber algo que el otro muchacho no sabía. En el mundo muggle, hasta un niño pequeño sabría que esa frase provenía de ''Los Tres Mosqueteros''.
El señor Evans seguía más rojo que un tomate. Pero lejos de volver a discutir con James, se levantó de su asiento y subió a su habitación dando fuertes pisadas.
La madre de Lily suspiró.
–Bien, hemos avanzado –al ver la cara sorprendida de James y Sirius explicó–: El padre de Lily es terco, pero sabe reconocer cuando una batalla está perdida. Puede que no lo diga, porque tiene el orgullo muy subido en la cabeza –sonrió–, pero ya no se opone a que os caséis –finalizó en dirección a Lily y James.
Ambos se sonrieron ampliamente y se abrazaron con efusividad. Sirius gritó algo incomprensible y se unió al abrazo. Lily se echó a reír y James la secundó. Antes de que pudieran darse cuenta, la señora Evans y Remus se vieron también arrastrados al abrazo grupal (por Sirius) y todos se reían a carcajadas, felices de la vida.
Petunia y Vernon salieron de la cocina esbozando una mueca. Sin embargo, en su interior, Petunia estaba destrozada. ¿Qué tenía ella en comparación con su hermana? Nada, absolutamente nada.
Desde pequeña estaba a la sombra de Lily, que realizaba milagros, que estudiaba, que era guapa, que tenía una sonrisa cautivadora... Ella era la hija mayor que siempre pensaba en moda y en ropa, que era una más del montón, que no tenía nada de especial, la hija mayor a la que nadie hacía caso. Después, resultó que su hermana tenía magia en las venas, que hacía trucos espectaculares con la varita, fue admitida en un colegio muy prestigioso, único en todo el Reino Unido... Ella, en una secundaria pública, de barrio, y, para colmo, sacando malas notas.
Siempre la segundona, siempre detrás de Lily, siempre ''la hermana mayor de Lily'', la que carecía de nombre, la que era ''algo'' de Lily... Y no lo soportaba más.
Pero, ¿quién dijo que la vida es justa?
¿Quién le dijo a Petunia que años después se arrepentiría de sus celos?
Espero que os guste y espero comentarios.
Atentamente =)
lady Evelyne
