Los personajes le pertenecen a SM, solo la historia es mia.


Capitulo 8

Cuando llegué a mi casa no estaba para nada cansada, al contrario estaba excitadísima, amaba atender pacientes y aunque no pude hacer mucho hoy el solo hecho de haber estado en el hospital me bastó para sentirme como yo nuevamente. No me había dado cuenta que pasaron tantos meses desde que me puse una bata que solo eso me ponía contenta, por supuesto que el recuerdo de mi Jasper me acompañó todo el día pero a estas alturas estaba bastante segura de que iba a ser así por siempre, pasara lo que pasara en el futuro él siempre iba a ser mi amor y el padre de mi hijo, nada lo iba a cambiar y yo no quería cambiarlo.

Moví la cabeza un par de veces para despejarme, no quería deprimirme ahora y lamentablemente pensar en mi Jazz me llevaba siempre a ello, a pensar en los "y si" cosa que no tiene sentido solo dolor.

Cuando entré a mi casa sonreí aun más contenta porque había olor dulce, no estoy segura de que era pero despertó un mi antojo inmediato de lo que fuera así que me fui directo a la cocina para encontrarme con mi madre sacando unas galletas de algo del horno. Ni siquiera la saludé, solo me avancé a ellas tomando una y metiéndomela en la boca. Error, estaban condenadamente calientes, tanto que tuve que escupirlas en el acto.

- Si me hubieras saludado te podría haber advertido sobre que estaban calientes

- ¿Calientes? – hablé como si no tuviera lengua - ¡Están hirviendo! – sobre la mesa había un poco de jugó el que me tomé como si no fuera nada

- Bella…

- Me dio antojo – me defendí – sabes cómo son los antojos así que no es mi culpa, es la tuya por hacer cosas tan ricas – me rodó los ojos y comenzó a negar con la cabeza

- Entonces prepárate porque hice tu plato favorito para la cena – me enderecé como si me hubieran tirado un balde de agua fría - ¿Qué pasa hija?

- No te enojes – error, esa es la peor forma de comenzar a decir algo – pero Edward me invitó a cenar de hecho – miré el reloj que estaba encima de su cabeza – ya debe estar por llegar así que debería ir a arreglarme

El rostro impávido de mi madre no me gustó para nada - ¿Es broma cierto? – se cruzó de brazos siendo el perfecto retrato de una madre mandona – Bella dime que estas bromeando porque o si no…

- ¿Qué? – ahora era yo la que estaba un poco molesta – si no es broma ¿Qué? – me encogí de hombros – no entiendo porque tanto problema de que salga a cenar con Edward, es el hermano de Jasper y el tío de mi bebé, es como mi cuñado – solté la palabra de golpe – y no tiene nada de malo que quiera conversar un poco con él

- ¿Es que no lo ves? – chilló demasiado fuerte para mi gusto – ese hombre no quiere ser tu amigo y mucho menos ¡tu cuñado! ¡Por Dios hija! ¿Es que no lo ves?

Abrí la boca un par de veces buscando las palabras correctas - ¿Y qué es lo que tengo que ver?

- ¡QUE ESE ALCOHOLICO ESTA CALIENTE CONTIGO!

Entrecerré mis ojos no queriendo darle la razón porque de ninguna forma iba a confesarle que dos veces habíamos estado a punto de besarnos, en lugar de responderle cualquier cosa me giré y salí casi corriendo a mi cuarto. Sabía que si le decía cualquier cosa me iba a descubrir aunque sé que escuché un "por algo arrancas".

Ya en mi cuarto no quise pensar así que me metí a la ducha para dejar que el agüita caliente me devolviera mi buen ánimo. ¡Mierda! venia tan contenta y ahora estaba toda cabreada, Edward no tenía la culpa y no quería amargarlo con mi ánimo por lo que me obligué a calmarme y lo conseguí o más bien el agua caliente lo consiguió. Para vestirme elegí un vestido sencillo y la verdad es que era el único que me entraba, suerte de que fuera anchito en la panza y apretado en busto, si hasta me veía más embarazada con el rosado pálido de la tela. No era una cita así que seguí con los accesorios simples, solo un par de aritos y nada más. A las 7 en punto estuve bajando a abrir la puerta, mi madre se había encerrado en su dormitorio y dudaba mucho que fuera a salir para saludar a Edward.

- Hola – ni bien me vio extendió una rosa roja frente a mi rostro. La tomé algo contrariada – yo… pensé que te podía gustar

- Oh si – le sonreí – es solo que me sorprendió – al alcé riendo y oliéndola – me encantan las rosas rojas

- Lo sé – lo miré nuevamente extrañada – Jasper – asentí no queriendo pensar mucho en él ahora – lo siento

Negué tratando de darle mi mejor sonrisa – Estoy bien… ¿Nos vamos?

- Claro – lo vi mirando hacia adentro como buscando algo o a alguien – ¿Tu mamá?

- Ehh, ella está enferma – dudé tanto que no creo que me haya creído – ¿vamos?

Me condujo hasta su auto y abrió la puerta para mi, todo un caballero hasta el momento, bien, aun no estaba arrepentida por haber aceptado esta cita… no, esta cena, no cita, no cita. Repetí tanto eso en mi cabeza que después de la tercera vez perdió sentido ¿en qué mierda estaba pensando?

- ¡Bella! – me sobresalté poniendo mi atención en Edward que ¿ya estaba conduciendo? - ¿Dónde estabas?

- ¿Qué?

Rio y aunque me mordí la mejilla interior de mi boca me encontré mirándolo casi con adoración – Desde que salimos de tu casa que estas ida

- Oh – me encogí de hombros – yo soy así de rara

- Lo sé – volví a sonreír de forma torcida y lo noté porque toda su atención estaba en el camino

Ya eran muchas veces que Edward decía conocer algo mío y no pude dejar de lado mi pregunta - ¿Jasper te hablaba mucho de mí? – hablé mirando directamente por mi ventana. Tanta gente que pasaba y yo los veía tan lejanos

- Algo – me giré para verlo mucho más serio

- ¿Qué tanto?

Giró su cabeza para verme – Bella… no vayas por ahí por favor

- Bien – no sé porque pero algo en su rostro me dijo que aceptara sin chistar lo que me estaba diciendo

En poco tiempo llegamos al restaurant, sé que Edward se molestó un poco por mío pregunta pero no lo demostró. Como el caballero que descubrí que es me abrió la puerta del auto y me guió hacia nuestra mesa en donde corrió la silla para que yo pudiera sentarme, le sonreí y él me sonrió de vuelta, si, esa sonrisa sí que había sido sincera.

- Buenas noches – un mesero apareció en nuestra mesa. Le entregó solo una carta a Edward y a mi nada

- Edward – lo miré sacándolo de su lectura - ¿Y mi carta? – susurré lo más bajito que pude para que el mesero no me escuchara

- Yo pediré por ti – ni siquiera subió su vista para verme cosa que me enfureció

Preparé mis cuerdas vocales para yo misma pedir mi comida, iba a abrir la boca cuando Edward abrió la suya.

- Yo quiero langosta con salsa blanca y la señorita pato a la naranja – sip, abrí la boca pero para babear

¡Mierda! quería golpear a Edward por pedir por mi pero la sola idea de pato a la naranja pasando por mi garganta hizo que mis palabras se trabajar aunque solo por unos segundos porque ni bien el mesero se fue me crucé de brazos y encajé mi mirada en la suya. Él me vio y notó que estaba enojada.

- ¿Qué hice mal?

- ¿Qué, que hiciste mal? – alcé mi ceja derecha para darle un toque dramático a mis palabras – déjame decirte lo que hiciste mal… hiciste muy pero muy mal en pedir por mí, no sé con qué clase de mujeres estas acostumbrado a tratar pero créeme que soy perfectamente capaz de ordenar mi propia comida

Se encogió de hombros alzando una copa de vino que no sé cuando le habían llenado – Lo siento pero acostumbro a pedir la comida de mis acompañantes – odie como el infierno su maldita sonrisa intento de sexy – pero si quieres cambiar…

Comenzó a alzar el brazo - ¡NO! – apreté los labios tanto que casi se me desaparecieron – por hoy el pato a la naranja está bien – todo lo ultimo lo dijo con los dientes apretados

- ¿Antojo?

- Algo así – me encogí ahora yo de hombros – vi que tenía una copa frente a mi así que la tome. Era solo agua

- Cuéntame de tu primer día de trabajo – ya había terminado su primera copa e iba por la segunda. No es que estuviera contando

- Fue perfecto – sonreí de solo recordarlo – echaba de menos ponerme una bata y usar un estetoscopio – puse mis manos sobre la mesa para mayor comodidad – además de que Alec es un amor, en un gran jefe y entiendo muy bien mi situación. Oh y además me van a contar las horas que trabaje para el internado, de verdad que Alec es un excelente doctor y me gané un premio al tenerlo de jefe

- No me gusta este Alec – su voz sonó tan fría que me hizo ponerme seria – no quiero que trabajes con él. Hablaré con Thomas para que te consiga trabajo con él… seguramente debe tener alguna vacante y si no…

- Espera, espera – lo interrumpí antes de que siguiera hablando sin sentido – no entiendo lo que quieres decir. ¡Ni siquiera conoces a Alec!

Rellenó su copa por tercera vez – No necesito hacerlo para saber que quiere algo mas contigo… quiero que dejes de trabajar con él. Te conseguiré un trabajo con Thomas y punto

- ¡Y punto y una mierda! – hablé un poco más alto pero solo un poco – no tienes ningún derecho a meterte en esto Edward, además que no entiendo de qué viene tanto desagrado hacia alguien que no conoces

- Ya te dije que no necesito conocerlo… se perfectamente como son los hombres como él

No entendía una mierda de donde venia, sus palabras no tenían ninguna lógica para mí pero parecía ser que él si las encontraba porque estaba demasiado serio como para estar bromeando. Esperé unos segundos, tomé un sorbo de mi copa de agua pero su rostro seguía igual de impasible.

- ¿Y por qué? – me encogí de hombros – dame una razón lógica y puede que considere pensar en ello

- Porque… - sus manos se apretaron en puños sobre la mesa – porque… ¡Porque estas embaraza!

Lo miré atónita por los primeros segundos pero luego rompí en risas – Edward esa no es una razón lógica y ni de cerca – por lo menos ahora tenía un mejor humor

- Me importa una mierda la lógica – me tensé considerablemente cuando lo vi tomarse su copa de un solo sorbo y con rabia. Sabía de su problema con la bebida pero no esperaba verlo borracho esta noche

- Edward – negué – siento mucho que pienses así pero no voy a dejar de trabajar con Alec

Mis palabras tuvieron poca fuerza pero no podía hacer mucho más. La comida llegó y seguíamos en un silencio demasiado incomodó para mi gusto, la noche había empezado bien pero ahora era mierda, quería comer luego para irme, hasta ya perdí mi antojo y eso no me había pasado en todo lo que iba del embarazo. Cuando ya no pude seguir comiendo el ahora no tan exquisito pato a la naranja me dedique a mirar de reojo a Edward, su rostro estaba mucho más serio de lo normal, estaba sentado con la espalda apoyada perfectamente en la silla y comía con demasiada formalidad, cualquier que lo viera pensaría que estaba en alguna cena formal y con protocolo y no en una simple comida con una amiga o con su cuñada. Edward es extraño, lo sé, sé que tiene problemas con el alcohol y ahora estoy más que segura que tiene cierta necesidad de estar siempre en control de las cosas. Tal parece ser que mi cuñado no es más que un dominante alcohólico.

- ¿Qué piensas?

Pestañeé varias veces enfocando mi vista en él – Pienso en que tienes problemas con el control y con el alcohol – lo siento pero mi boca se abrió antes de que mis neuronas hicieran sinapsis

Esperé una mala cara, que se parara y se fuera, que me tomara del brazo y me sacara a rastras de ahí, que me dejara botada y saliera con aires de grandezas. Esperé tantas cosas pero no lo que pasó. Edward no hizo nada de eso, no puso cara de culo solo estalló en carcajadas que llamaron la atención de más de alguien a nuestro alrededor.

- Eres una mujer única Isabella Swan

- Bella – murmuré con los dientes apretados – odio que me digan Isabella

- Oh sí, lo había olvidado – rodé los ojos ante su respuesta

- Tu eres un hombre único Edward – ya había alzado una ceja en tono algo coqueto así que me vi obligada a bajársela – eres único de lo tan extraño que puedes llegar a ser. Desconcertante

- Entonces supongo que entre raros tendremos que entendernos

Nuestros ojos se cruzaron en un choque que no me gustó mucho. Mi cuerpo inmediatamente recordó esa tarde en su oficina y lo que estuvo a punto de pasar. Odiaba a Edward por hacerme esto, por provocar estas cosas en mi solo con una mirada o con una sonrisa. Bueno, aunque quizás la del problema era yo por esto de las hormonas y esas cosas ¿o no dicen que las mujeres embarazadas andan mucho más calientes? quizás solo era eso, después de todo él ha sido el único hombre con el que he mantenido contacto durante este tiempo o por lo menos un contacto mas duradero porque de ninguna manera el hermano de Jasper podía despertar en mi algo más.

- ¿Qué piensas ahora?

Ya estábamos afuera del restaurant y estaba helando como nunca en LA – En que hace frio - mentí a media

- Oh bien – en un segundo su chaqueta estuvo sobre mi cuerpo – por cierto – su cuerpo estaba demasiado cerca mío. El olor de su chaqueta ya se había colado por mis fosas nasales – estas condenadamente hermosa Bella – quise mover mi rostro en cuanto me tocó pero no pude – el embarazo te sienta de maravilla, resalta tu hermosura de una manera perfecta

Me perdí, ahora solo estaba concentrada en su rostro – Yo…

- ¿Quieres un helado? Sé que tienes frio pero un helado nunca se rechaza – solo pude asentir porque no me salían palabras – bien, entonces caminemos. Por esta cuadra hay una heladería exquisita

Su brazo se estiró ante mí y no dudé mucho en enredar el mío con el suyo. Él se encargó nuevamente de comprar los helados mientras yo lo esperaba sentada en una banca afuera del lugar. Aun estaba algo aturdida por todo lo que estaba sintiendo, no soy tonta, sé que está mal sentir cualquier cosa por él, que no es correcto y quizás ni siquiera es natural, pero ahora, con su chaqueta en mi cuerpo solo puedo pensar en su aroma y en cómo me gustaría no dejar de olerlo o sentir nunca.

- Voy a pensar en que mi compañía es una verdadera mierda – negué tratando de verlo mejor - ¿Qué pasa Bella?

- Nada – mi voz salió como un susurro mientras no dejaba de verlo

- Bella – sus manos fueron a mi rostro y sin necesidad de mucho más supe que quería. Su voz era un murmullo demasiado cálido – mírame por favor – con esfuerzo pude enfocar mi vista en él – yo sé que no es correcto pero…

- No Edward, – bajé la vista y apreté los ojos y mis manos para controlarme pero no alcancé a siquiera pensar en ellos cuando su mano alzó mi barbilla – no lo hagas…

Sus dedos con gran delicadeza fueron a mi mejilla derecha – No llores por favor - ¿estaba llorando? Ni siquiera había pensado en ello – no quiero hacerte llorar, solo… no te alejes

- Esto está mal – no sé si se lo dije a él o me lo repetí por enésima vez a mi – yo solo… es que esto no debería pasar Edward

Sus ojos se clavaron a los míos y nos quedamos así por unos momentos, no tengo completa claridad de cuanto fue, solo sé que fue el tiempo necesario para que viera en él al hombre que tan pocas veces dejaba salir, tan frágil, tal humano… tan… no él. Haciendo caso omiso a la parte más racional de mi cerebro elevé una de mis manos y acaricié su mejilla logrando que sus luceros se cerraran, pero no me importó porque ahora mis dudas se estaban esfumando.

- Edward…

- No me rechaces – sus ojos seguían cerrados – solo deja que te demuestre que soy mucho más que ese maldito borracho, deja que te muestre que hay mas en mi aparte de toda esa mierda que te he enseñado… solo… déjate llevar

- No me hagas daño Edward… ya estoy rota y no podré…

Mis labios se cerraron cuando uno de sus dedos se puso sobre ellos. Esto era todo, estaba a punto de besar a Edward… y quizás muy cerca de entregarle mi roto corazón.

- Bella… yo nunca te haría daño, tienes que saberlo

No quise pero una imagen perfecta de mí besando a Jasper por primera vez se coló en mis pensamientos haciéndome sentir como la peor perra en la faz de la tierra. Mi corazón y mi alma eran de él y con su muerte estaba más que claro que no iba a haber un segundo hombre en mi vida a no ser que nuestro bebé fuera un niño. No, de ninguna forma yo iba a traicionar la memoria de mi Jasper besado a su hermano.

- Lo siento

Ahora si que estaba llorando como toda una Magdalena y así me levanté del banco para salir corriendo hacia no sé dónde. A penas y conocía Los Ángeles y no tenía ni una sola idea de donde estábamos. ¡Mierda!, me sentía tan mal, consideré la opción de besar a Edward, no solo esta vez, la vengo considerando desde hace mucho y eso hace que todo sea peor porque es algo que he pensado y re pensado. Quise seguir dándole vuelta a lo perra que soy pero no pude porque su olor se volvió a colar en mis sentidos cuando me giró hacia él.

- Esto está mal – lloré sin verlo al rostro – yo amo a Jasper y nunca va a haber nadie. ¡NADIE! – grité ahora golpeado su pecho como si toda la culpa fuera suya – si es tu culpa, ¡es tu culpa porque siempre estás ahí!, estas ahí y me confundes y no puedes confundirme porque eres el hermano de Jasper. ¡ESTO ESTA JODIDAMENTE MAL!

- No está mal – su voz sonó tan calmada que tuve que alzar la vista – en mi puta vida he sentido por alguien la mitad que siento cuando pienso en ti. ¡Mierda Isabella! mi vida es tan jodida que ni siquiera te lo imaginas – pese a que sus manos estaban sobre mis brazos no apretó el agarre – tuviste razón antes. Si soy un puto dominante y alcohólico, no dejo que nadie tome decisiones por mí y yo tomo todas las decisiones por los demás, he entrado a AA por lo menos unas cinco veces pero nunca duro mucho. Jamás he tenido una puta razón para querer dejar de emborracharle y matarme de a poco… hasta ahora – sus manos se movieron hasta tomar mi rostro por completo – soy un dominante y un alcohólico pero por ti sería capaz de cambiar Bella… solo no te alejes de mi

- Edward

No dejé que dijera una sola palabra más. Ni siquiera sé quien fue pero cuando mis pensamientos encontraron el camino hacia mi conciencia me di cuenta que estaba de puntitas con mis labios sobre los suyos. Si, Edward Cullen esta jodido, pero yo también y quizás me joda más después de esto pero que mi Jasper me perdone, no puede seguir muriéndome de a poco, necesito volver a vivir.


Hola!

Se me habia olvidado subir aqui :)

Besos, Joha!