Los personajes le pertenecen a SM, la historia es mia.
Capitulo 11
- ¿Edward?
Nada, solo sentí como me tomaba con delicadeza de la mano y me arrastraba hasta dentro del cine, caminamos unos cuantos pasos hasta que llegamos a la antesala de donde se pasaban los boletos, la mayoría de la gente que se encontraba ahí estaba concentrada en cualquier otra cosa, comprando palomitas de maíz, comprando golosinas, las entradas o hasta haciendo fila, nadie nos ponía atención así que encontré que era el momento perfecto para soltarme de su agarre y girar a mirarlo.
- Dime que es lo que está pasando – iba a interrumpirme pero no alcanzó – Edward – lo miré demostrándole que fuera lo que fuera podía confiar en mí, habíamos avanzado tanto que no quería que desconfianzas y falta de palabras nos pusieran de nuevo en un punto de partida – solo dime que es lo que ha pasado
Su boca se frunció antes de que sus labios se separan – Nos fotografiaron… afuera había un maldito fotógrafo pero te juro que no dejaré que publiquen nada yo – demasiado rápido para mi vista sacó su celular desde el bolsillo interno de su saco – voy a hablar con mi publicista y estoy seguro de que André será capaz de hacer algo… quizá una demanda o también podría…
- Ey – lo quité el celular de la mano – Si esto es tan importante para ti hazlo, pero antes cálmate ¿sí?
Cuando lo vi asentir y respirar hondo volví a entregarle su celular. Nuestras manos se rosaron y él aprovechó el momento para no dejarme ir, tomó mi mano y la apretó entre las suyas por un momento bastante largo.
- Yo no quiero que te arrepientas de esto – alzó su vista que estaba fija en nuestras manos - no quiero que mañana te levantes y veas tu foto y al lado diga "La nueva puta de Cullen" se como es la prensa y nunca me ha importado – suspiró y yo me mantuve en mi lugar – han salido fotos de mi follando hasta sobre un auto y me da lo mismo. – cerré los ojos con fuerza al recordar esa imagen, en ese momento me había puesto incomoda pero ahora me molestaba demasiado – ¡Ey! – los abrí para verlo frente a mi – nada de eso tiene sentido, por eso no quiero que esto nos afecte
- Si la gente quiere hablar puede hacerlo pero tú no puedes ir por la vida amenazando a quien haga algo que no te parece, así no funciona el mundo Edward
- El mío si – sonrió de lado pero sin mucho humor de por medio – en mi mundo si no me gusta algo mando a solucionarlo aunque eso le cueste el puesto de trabajo a alguien, es sencillo para mí y me funciona
Fruncí los labios buscando que decir - ¿Y si no hacen lo que quieres?
- ¿En serio? – ahora su sonrisa y su risa eran genuinas, creo que nunca lo había visto riendo tan tranquilamente. Aun no soltaba mi mano por lo que pudo moverme hasta pegarme a su pecho – soy Edward Cullen, cariño – con su mano libre acaricio mi rostro pero yo no podía reaccionar porque toda su esencia me había hecho perder el hilo de mis palabras – y en esta ciudad no hay nadie que quiera hacerme enfadar
- ¿Es broma? – me separé un pasó de él para poder verlo mejor - ¿Nadie? – alcé una ceja que lo hizo entender mis palabras
- Casi nadie – se acercó el paso que yo me había alejado y me tomó por la cintura. Ahora estos gestos se estaban volviendo completamente normales entre nosotros y ya no me inundaban las ganas de salir corriendo, ahora podía disfrutar de su toque – pero prometo no hacer nada hasta que alguien que se atreva a decir algo malo de ti – quise hablar pero un dedo en mis labios me lo impidió – y no acepto excusas, tu eres mi limite. Pero ahora… ¿Entramos?
La verdad es que nunca tuve ni la mas minina esperanza de que me dejara siquiera comprar las bebidas así que para ahorrarnos malos ratos a los dos me quedé de pie a su lado mientras lo veía como feliz pagaba todo. La película que elegimos era acción. Tal parecía ser que ninguno estaba muy interesado en ella porque en cuanto nos sentamos en nuestras butacas Edward tomó mi mano y comenzó a jugar con mis dedos por las siguientes dos horas, comimos y disfrutamos de la compañía del otro en una sala oscura donde nadie iba a juzgarnos. Quizás mañana cuando salieran esas noticias más de alguien de su familia tendría algo que decir pero por ahora me concentré en el presente.
- Debería irse ahora – murmuró en mi oído cuando la protagonista estaba bajo la lluvia esperando por su novio mafioso – si corre rápido nunca podrá atraparla
- Pero ella lo ama – la defendí, tenía que ser muy buena actriz la chica porque podía ver como sus ojos reflejaban amor puro por el malo de la película a pesar de todo
- ¿Y el amor justifica eso? – miré a Edward y él estaba concentrado en mí, no en la película – ¿Tu te quedarías con alguien sabiendo que no es un príncipe azul?
Me quedé prendada a su boca, creo que pocas veces no me hipnotizaban sus ojos – Si lo amo… si – lo miré más arriba – creo que el amor justifica muchas cosas
- Yo no soy un príncipe azul – sus dedos acariciaron mi brazo izquierdo hasta que llegaron a mi rostro – pero si me amaras…
No me di cuenta que tenia lo ojos cerrados hasta que los abrí para verlo, estaba tan cerca mío que no me resistí a besarlo, solo fue un roce pero algo hizo que delineara mi labio inferior con mi lengua, gemí demasiado alto para una sala de cine, cuando escuché un "shuu" desde atrás de nosotros me separé viendo como él también parecía estar en mi misma situación.
- No sabes cómo me gustan tus besos – acarició mis labios solo por un segundo antes de dejar de tocarme – pero ahora será mejor que terminemos de ver la película
Él se acomodó en su lugar y yo en el mío. Habíamos sacado el separa brazos que estaba entre nosotros así que pude recostarme en su pecho para mayor comodidad. La película terminó y como era de suponerse los protagonistas se quedaron juntos aunque furtivos ya que él había cometido demasiados delitos pero aun así ella nunca dejó de confiar en su amor, vivieron huyendo pero juntos, eso era suficiente.
Las caricias de Edward sobre mi brazo me había dejado un tanto… alucinada, las hormonas de mi embarazo estaban en el pick y esas caricias en vez de hacerme sentir mejor me estaban dejando en un pésimo estado porque sabía que no iban a llegar mas allá, aunque… ¿Por qué no?
- ¿Quieres que vayamos a comer? – ya estábamos en al auto cuando volví de mis pensamientos
Negué con la cabeza – No… quiero ir a casa, las palomitas me dejaron satisfecha
- ¿Segura? – asentí y él puso en marcha el auto – bien, entonces nos vamos
El camino fue bastante difícil, Los Ángeles estaba más caluroso que nunca y ni siquiera llevar la ventanilla abajo lograba que me bajara la temperatura, aunque tampoco sirvió mucho que pasáramos por calles colmadas de gente besándose afuera de bares y esperando por tener una noche de sexo desenfrenado, bueno, eso no lo podía saber pero lo supuse. La hora que estuvimos en el carro de Edward hasta Santa Mónica se me hizo eterna, mi intimidad palpitaba y rogaba por ser atendida, quise concentrarme en el paisaje pero la noche solo creaba un reflejo en el cristal del vidrio que me dejaba ver el rostro serio de Edward al conducir, me mantuve concentrada mirándolo sin que él se diera cuenta solo consiguiendo que mi deseo por él aumentara hasta lo impensable, si hasta estaba segura que un cambio de bragas no iba a ser suficiente.
Cuando tomamos la carretera Santa Mónica Fwy vique me quedaba poco para estar compartimiento el mismo espacio vital que Edward así que apenas subió por Lincoln Blvd supe que era mi última oportunidad, apreté mis puños, respiré hondo y en cuanto el coche se detuvo me desabroché el cinturón de seguridad para dejarme caer en sus brazos. Al principio le sorprendió mi intromisión pero en cuanto mis labios encontraron el camino hacia los suyos me afirmó de las caderas y me respondió con toda esa pasión que sabía que él también estaba conteniendo.
Sus labios se movieron con cuidado sobre los míos dejándome sentir cada poro de su piel, quería tenerlo más cerca de mí y por eso me estiré lo mas que pude para poner mis manos en cualquier parte de su cuerpo, ignoré la palanca de cambio y sonreí feliz sobre sus labios cuando el lugar ganador fue su exquisito pecho que me recibió con alegría. A través del costoso traje que traía logré sentir como sus músculos se tensaban y ardían por mi toque, quise darle más y darme más, por eso dejé de lado cualquier otro pensamiento del mundo exterior y me concentré en esto, solo en este auto. Mis manos comenzaron a bajar por su cuerpo hasta que me topé con lo que quería, era la gloria, hacia tanto tiempo que quería esto y así me lo hizo saber mi intimidad cuando me obligó a juntar mis muslos rogando por algo de fricción. Edward estaba listo y duro para mí y yo iba a estarlo para él.
- Vamos – me separé jadeando pero sin dejar de tocarlo. Ambos gemimos cuando mis toques fueron un poco mas audaces – adentro… - lo miré fijo a los ojos y sin dejar de tocarlo para que entendiera mis palabras
- Bella…
Me separé cuando encontré las suficientes fuerzas para dejar de estar en contacto con sus labios pero ni aun así pude despegar mis manos de su pecho y él mucho menos puedo dejar de acariciar mis pecho… ¡Mierda! ¿Cuándo había comenzado a acariciarlos? Cerré los ojos y disfruté de la sensación de sus dedos apretando mis pezones malditamente sensibles, me removí lo más que pude llegando cerca de él y volví a besarlo pero esta vez duró demasiado poco… él me separó.
- Bella… por favor – miré hacia abajo y sus manos ya no estaban sobre mi cuerpo
- Vamos adentro – jadeé tomando su rostro entre mis manos pero sin conseguir moverlo - ¿Edward?... ¿Qué pasa?
Poco a poco el calor de cuerpo se empezó a leer de la sola posibilidad de que él no quisiera estar conmigo como yo quería… y claro, si estaba embarazada… de su hermano… ¡Jodida mierda! ¿Cómo había olvidado eso? Me recosté en mi asiento y estiré mi cabeza hacia atrás, había querido tanto disfrutar el momento que me olvidé de algo tan importante como mi bebé. Tratando de controlar mi respiración llevé mis manos a mi vientre encontrando la paz que necesitaba, respiré con calma hasta que el pánico pasó dejándome nuevamente en un estado de tranquilidad.
- Vamos a dentro – miré hacia arriba para ver como Edward estiraba su mano hacia mí. La tomé y salí del auto
No dije nada, solo me dejé guiar por él hasta que me encontré sentada en el sofá de mi sala, sentí como Edward se sentaba a mi lado y me rodeaba con sus brazos.
- Por esto es por lo que no quería seguir – besó mi frente y yo me terminé de relajar – pero tranquila porque cuando hagamos el amor será fenomenal… lo juro
- Lo siento – lo miré con los ojos entre cerrados pero aun así aprecié su sonrisa – pero gracias por esto
- Ya sabes que estoy para lo que quieras así que si pasa algo… lo que sea quiero que no dudes en llamarme porque yo vendré corriendo
Sabía que sus palabras eran completamente ciertas así que acurrucándome en sus brazos logré dejar todo lo que me hacía daño a un lado y me concentré solo en dormir.
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El incesante ring ring del timbre no me dejó continuar con mi sueño. Con esfuerzo conseguí sentarme en la cama ¿Cómo había llegado aquí? Miré por la habitación y no encontré a Edward pero si una nota suya, la tomé con tanta rapidez que la arrugue y estuve a punto de romperla.
Estas demasiado tranquila durmiendo así que no quise despertarte. Llámame si pasa algo con lo del periódico o si solo quieres hablar.
Besos, Edward
Sonreí como tonta releyendo la nota peor no alcancé ni a llegar a la mitad cuando el maldito sonido del timbre me volvió a traer de vuelta a la realidad. Me puse un vestido suelto que estaba tirado en una silla y bajé lo más rápido que me permitieron mis aun medias dormidas piernas. Abrí sin mirar y sin pensar… error.
- ¿Qué hacen aquí? – traté de la mejor de sonar cortés pero no sirvió de nada, me hicieron a un lado y entraron a mi casa como si fuera suya
- ¡Quiero que me expliques esto! – cerré la puerta para no darles un espectáculo a los vecinos y vi como Esme dejaba caer con fuerza un periódico en la mesa de centro
No se necesité verlo para saber de qué se trataba. Caminé hacia ella y me senté antes de que me vieran, no podía hacer esto de pie. Pensé bien mis palabras, miré de reojo el teléfono y decidí que yo podía con esto sola.
- Edward es mi amigo… no le veo nada de malo a eso
- No me vengas con estupideces niñita – Esme tomó asiento frente a mí y Rosalie quien aun no abría la boca la siguió – conozco muy bien a mi hijo y su… falta de decoro – me miró de tal forma que me cubrí con mis brazos por instinto – si quieres acostarte con él hazlo en algún hotelucho barato pero no lo obligues a que te saque en público
- Déjala Esme – por fin Rosalie abrió la boca, la miré esperando por mas – seguramente Isabella está disfrutando lo que no pudo con Jasper… salir en los periódicos debe ser toda una hazaña para ella
- Eso no es así
- ¡Y una mierda! – Esme alzó su voz las octavas necesarias para no perder su postura - ¡Conozco muy bien a las de tu tipo!
Respiré hondo y traté de que mi voz saliera lo más normal posible. Quería golpearlas pero yo no era sí, no me iba a rebajar a una pelea sin sentido.
- Ustedes no tienen ningún derecho de venir a mi casa a gritarme de esta forma – hice respiraciones para no agitarme más de lo necesario pero parecía que no sirvieron mucho
La estruendosa y escandalosa risa de Rosalie resonó en las paredes de mi casa – La que no tiene ningún derecho de nada aquí eres tu… ya sabía yo que tus garras irían tras Edward
- Edward es mi amigo… ya se los dije – sabía que tenía que llamarlo pero no quería ser una cobarde, esta era mi pelea y no quería involucrarlo, ya más tarde le explicaría todo con mayor detalle – no veo nada malo en eso… solo fue una salida al cine… nada mas – traté de no titubear en lo ultimo
- Mira niñita – le seguí y me puse de pie junto a ella para no sentirme inferior a su posición tan estirada – no vas a venir a…
Sus palabras murieron a la mitad de su boca. Todo pasó con esa misma lentitud de las películas, su mirada bajó hasta mi vientre, escuché unos jadeos, sus ojos y boca se abrieron y yo di un paso hacia atrás por precaución. Lo hice para mejor pero tal parecía ser que eso solo sirvió para que pudiera escanear con mayor detenimiento mi cuerpo y de esa forma confirmar lo que su cabeza estaba pensando. Sí, yo estaba embarazada y no pensaba escondérselo mas, no sé si era por Edward o no pero yo ya no le tenía miedo a la familia Cullen.
Como acostumbraba a hacer el último tiempo cuando me sentía indefensa, feliz, aterrada o lo que fuera, llevé mis manos a mi vientre y acaricié mi pequeña bolita – Esme…
- ¡PUTA! – solo por unos centímetros desvié mi mirada desde la abuela de mi pirigüín para ver a Rosalie ponerse de pie con demasiada rapidez – Ya sabía yo que eras una puta y que ibas a hacer hasta lo imposible por… - una sola mano alzada de Esme detuvo su discurso y sus pasos que se acercaban cada vez más a mi
- ¿De quién es? – volví mi mirada a la mujer quien estaba clavada viendo mi pancita - ¿Quién es el padre? – por fin dejó de ver a mi pirigüín y me vio a mí. Fruncí el ceño, ¿a qué refería con eso de quien es el padre? - ¿Jasper o… Edward?
- ¿Qué? – las miré deformando mi rostro por completo – No sé a que mierda estén acostumbradas ustedes pero yo cuando me acuesto con una persona que amo no lo hago con nadie mas – y podía estar orgullosa de eso, a pesar de lo de anoche nunca le había sido infiel a nadie y no estaba muy segura de que ella fueran así
- ¿Qué estas tratando de insinuar mocosa? – la furia en los ojos de Esme me dijeron que retrocediera un paso. Así lo hice – no tienes ni idea de con quién te estás metiendo… ¿Es que acaso para ti el apellido Cullen y Platt no significan nada?
- Cullen es el apellido de Jasper y será el apellido de mi bebé… eso es lo que significa – dejé a Edward afuera de la ecuación para tratar de apaciguar un poco las aguas
- Ese niño no es un Cullen
- Mi pirigüín es hijo de Jasper y será un Cullen… lo quieran o no y si quieren hacer de esto un escándalo ¡adelante!
- ¿Pirigüín? – la nota de burla en la voz de Rosalier hizo que mis ojos se aguara. Me aferré a mi vientre y me volví a alejar - ¿es así como le dices a tu bastardo?
Estaba tan lejos de ellas que no como conseguí llegar tan rápido hacia Rosalie y darle vuelta la cara de una cachetada. Mi mano me palpitó diciéndome que le había dejado una buena marca por lo que como tan rápido avancé volví a tomar distancia.
- ¡Afuera! – grité antes de que ellas hablaran - ¡Salgan de mi casa o juro por mi pirigüín que armaré un escándalo que pondrá sus rostros en primera plana mientras son arrestadas!
Subí rápido las escaleras y me refugie en mi cuarto, desde ahí las vi salir de mi casa y salir demasiado rápido en su auto último modelo, cuando el automóvil desapareció calle abajo me tiré a mi cama y lloré. Ellas no tenían ningún derecho a burlarse de cómo con Edward llamábamos a mi bebé, sé que no era algo usual pero "pirigüín" me parecía bonito, además que fue Edward quien primero lo llamó así.
Lloré y lloré por todo, ellas eran malas y no las quería cerca mío, quería a Edward pero no pensaba ponerlo de malas, conociéndolo era capaz de hasta enfrentarse a su madre y eso no es algo que yo iba a permitir.
Miré mi celular que estaba sobre la cama y vi que tenía un mensaje nuevo, lo abrí sin moverme más de lo necesario.
No me has llamado así que supongo que sigues durmiendo… llámame cuando despierte. Edward!
Sonreí sin nada de humor, me hubiera gustado contestarle pero temí que adivinará mi humor a través del mensaje de texto, dejé a un lado el celular y me acurruqué volviendo a dormirme. Soñé con mi pirigüín quien me devolvió la sonrisa.
El sonido del teléfono de la casa fue el encargado de despertarme esta vez, ¡malditos aparatos tecnológicos!, para la próxima iba a desconectar todo antes de cerrar mis ojitos. A tientas tomé el teléfono inalámbrico que estaba en mi mesita de noche.
- ¿Hola? – silencio. Nadie respondió - ¿Hola? ¿Quién habla?
- ¿Qué pasó?
Me pasé la mano por frente, maldita mi voz de zombi, sabía que no tenia caso engañar a Renée, me parió y me conocía como nadie.
- Esme y Rasalie vinieron… saben lo del bebé
- Voy para allá
Me quedé mirando el teléfono como sonaba sin nadie del otro lado de la línea, ni siquiera tenía el numero del hotel en donde se estaba quedando mi mamá para poder llamar a la recepción y avisar que estaba a punto de sufrir un colapso. Me paré de la cama y corrí hacia su cuarto se que tenía que haber una pista y aunque me demoré un poco en revolver todo conseguí encontrar un folleto con el nombre y el numero del hotel. Tenía el teléfono en la mano pero no alcancé a tomarlo bien cuando sonó… menos mal que mi madre había encontrado su sentido.
- ¿Isabella? – esa voz no era de alguien que pudiera reconocer pero era escalofriantemente familiar. No pude hablar - ¿Isabella? ¿Se encuentra Isabella?
Suspiré dejándole saber que si estaba. Me costó un poco pero logré encontrar mi voz - ¿Diga?
- Isabella… hablar Carlisle Cullen… tenemos que hablar
Y por fin el patriarca de los Cullen había aparecido en la historia.
Hola!
Les dejo un nuevo capitulo aquí
Y los invito a pasarse por mi nueva historia, Lounder.
Besos, Joha!
