Los personajes le pertenecen a SM. La historia es mía.
Capítulo 23
- Yo…
Mi corazón latió demasiado fuerte. En el fondo siempre pensé que Edward saltaría feliz a abrazarme y besarme cuando le dijera que quería más con él, pero estaba equivocada ya que sus ojos perdidos y rehuyendo a los míos me decían que lo había puesto en una situación incómoda.
- Tranquilo Edward, era solo un decir, no tiene porque ser así.
- Bella amor, no es que no quiera pero… - tomó mis manos. Era un tacto de consuelo, no lo que esperaba, pero hice todo lo posible porque él no notara mi desconcierto ya que estaba segura que eso lo haría sentir peor.
Cuando me sentí lo suficientemente segura le sonreí, me dolieron las mejillas por el esfuerzo pero lo ignoré – Está todo bien Edward, de verdad.
- ¿Quieres comer algo?... ¿Algún antojo? ¡Pizza!, sí, pidamos pizza.
Se levantó tan rápido del sofá que me dejó más que claro cuanto quería evitar el tema. Me levanté detrás de él, necesitaba salir de aquí.
- Voy al baño amor.
- ¡Claro! – tapó con una mano el teléfono -, ¿quieres algún ingrediente en especial en tú pizza?
- No, lo que elijas está bien – asintió y volvió al teléfono, se giró dándome la espalda.
Ahora sí, mucho más depresiva por su falta de interés, sentí la necesidad de huir. Mi cuerpo pesaba tanto que me costó mucho más caminar, hice el camino hasta el del segundo piso porque no quería que Edward escuchara las lágrimas que se salieron de mis ojos en cuanto cerré la puerta.
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- Bells… cariño, despierta.
Abrí los ojos pero me costó, los tenía llenos de lágrimas, pegajosas y mojadas lágrimas que no me dejaban dormir desde hace más de una semana. Los recuerdos de esa tarde en la que Edward, olímpicamente, rechazó mi sugerencia de que viviéramos juntos aún se repetían una y otra vez en mi cabeza, quería olvidarlo y pasar al siguiente tema pero me era algo realmente difícil. Sabía que debía hablar con él del tema pero estas semanas habían sido realmente ocupadas para Edward y no quería molestarlo, porque además algo me decía que su estrés combinado con mi lluvia de hormonas podría llevarnos a una pelea épica.
- Cariño… últimamente esta tan extraña, ¿peleaste con Edward?
Negué tratando de sonreír – No, es solo que lo extraño… tiene mucho trabajo y no quiero molestarlo.
- Bueno, entonces no sé si hice bien pero lo llamé – iba a intervenir pero ella no me dejó -, me tienes bastante preocupada y mucho más el hecho de que Edward no haya venido ayer, yo solo quería saber si pasaba algo y él es quien quiso venirse a dar una vuelta.
- ¿Está acá?
- No, pero debe estar por llegar así que te recomiendo que te asees un poco.
Me destapé y mi madre me ayudó a sentarme en la cama – No deberías haberlo llamado.
- Lo sé, no me gusta meterme… pero la verdad es que no lo pensé bien.
Me sonrió, se veía verdaderamente sincera – Para la otra trata de meditar las cosas bien antes actuar. Ahora es muy probable que Edward haya pensado que había algo mal, sabes que es un mandado para preocuparse de más.
- Cariño, sí que hay algo mal – me detuve sentada en la cama. La miré con cara de póker para que pensara que no la entendía -, y aunque sé que no me contarás nada ahora espero que lo hagas después.
Mi madre me ayudó a terminar de levantarme y me dejó sola, lo que me demoré en arreglarme no fue mucho. Ya estaba cerca de los ocho meses y por lo que me dijo Eleazar, que se adelantara el parto de los mellizos no era algo de extrañar así que trataba de hacer el mínimo esfuerzo, por eso solo me limpié y arreglé un poco, tendría que esperar hasta después para que mi madre me ayudara a lavarme.
Con lo que me tomó bajar la escalera ya me sentía asquerosa, estos días estaba haciendo más calor que nunca en Los Ángeles. Puto calentamiento global.
Creo que hasta una gota de sudor corría por mi cuello cuando llegué a la sala. Parece que si me demoré porque Edward ya estaba sentado mientras mi madre llegaba con una bandeja con tres vasos de limonada.
Fui una completa grosera y corrí al vaso antes de saludar a nadie, me vacié la mitad del contenido en la garganta antes de voltearme hacia mi novio.
- Lo siento, pero tengo mucho calor.
- Se nota – Edward en un gesto demasiado sexy tomó una de las gotas que corría por mi cuello con sus labios, no sacó la lengua ni nada pero el solo saber su boca sobre mi piel fue suficiente para que sintiera mucho más calor -, ¿mejor?
Negué aún medio embobada – Bueno – me había olvidado de mi madre. Me alejé de Edward para no tentarme de más -, Edward, cariño, ¿podrías quedarte media hora?, tengo que ir a hacer unas compras y Bella ni siquiera se puede bañar sola así que…
- Ve tranquila Renée, yo me quedo.
- Eres un sol querido.
Mi madre le dio una palmadita en la mejilla derecha a Edward y una a mí en mi cabeza, parecía que ya tenía todo listo porque solo necesitó tomar su bolso y sus llaves para dejarnos solos.
El primer momento en que nos miramos con mi novio fue extraño. Ambos llevábamos días extraños y la tensión sexual del momento solo hacía que todo fuera mucho más complicado. Mis pezones no estuvieron de acuerdo con mi idea de apaciguar las aguas y se endurecieron de la nada, me vi obligada a cruzarme de brazos para no darle una impresión equivocada a Edward, pese a todo yo lo único que quería hacer ahora era hablar con él y saber que mis inseguridades eran una mierda y que nosotros estábamos mejor que nunca.
- ¿Cómo estás?
Aún seguía de pie, no quería sentarme por ahora, cada vez que lo hacía me sentía como una morsa – Bien, pero cariño… ven, siéntate.
- No – me quejé demasiado -, me cansa estar todo el día sentada.
- Se te hincharan los pies.
- Solo será un momento, mejor cuéntame como te ha ido en el trabajo.
Edward tampoco se sentó, se quedó a mi lado y me abrazo – Bien, pero… - su mano en mi espalda se paseó de arriba abajo enviándome vibras nada buenas para mi cordura -, amor, estas toda traspirada.
Me sentí mal por su comentario - Gracias… me siento mucho más sexy ahora.
Me alejé de él pero solo un poco ya que rápidamente volvió a apegarme a su cuerpo – No era eso lo que quería decir, lo que quiero decir es que pareces tener calor y necesitar una ducha.
- ¿Así que ahora más encima huelo mal?
- No amor – me abrazó lo más fuerte que pudo –, relaje ¿sí?
- Perdón – me disculpé al darme cuenta de lo tonta que estaba siendo -, es solo que tengo calor, quiero bañarme y me siento muy hormonal, lo que menos quiero es discutir contigo.
- Bueno, quizás no puedo ayudarte en todo pero si en un par de cosas, empezando por un baño.
- Edward…
- ¿Qué? – me removió un poco de los hombros -, ¿tienes miedo a que te vea desnuda?
- Sabes que no es eso pero…
- Tranquila, espera acá que iré a preparar la bañera.
En nada Edward se fue escaleras arriba. Mi garganta aún estaba seca así que en vez de seguir discutiendo me fui a la cocina y me bebí un vaso de agua de golpe, necesitaba el líquido helado en mi cuerpo con urgencia. Para cuando terminé y mi temperatura corporal se estabilizó un poco, Edward ya estaba de vuelta, no protesté porque de verdad me sentía asquerosa y lo único que quería era un buen baño. Fue él mismo quien me ayudó a sacarme el ligero vestido y la ropa interior.
Pese a que en un primer momento me imaginé que me tocaría un poco más, no lo hizo, solo se limitó a ayudarme a entrar a la bañera.
¡Dios!
El agua estaba en su temperatura justa, tibia y especial para mi cuerpo. Creo que gemí más de la cuenta cuando sentí que mi calor corporal bajaba un par de grados, era agradable al extremo, quizás no estaba sintiendo un par de caricias en mi clítoris o quizás sí…
¿Qué…?
Bajé mi mirada y vi que la mano derecha de mi novio estaba perdida dentro del agua, sí, eran sus dedos los encargados de hacerme sentir tan malditamente bien.
- Solo relaje amor… disfruta de esto.
Le hice caso porque no tenía sentido quejarme de nada. Dejé caer mi cabeza hasta que encontró apoyo en el borde de la bañera y ahí me quedé. Abrí un poco más las piernas para darle más acceso a los dedos de Edward los que se encargaron de separar mis labios para hacer que mi clítoris saliera al juego.
- Edward… eso se siente tan bien.
- ¿Sí?... pues tu también te sientes muy bien, apretada, caliente, húmeda…
- Es… es el agua.
- No amor – un beso en mi cuello fue un aliciente más para mi placer -, eres tú la que está húmeda.
Su voz sonó tan sexy cerca de mí que me apreté mucho más. Mi orgasmo estaba cerca, cerré las piernas por instinto, esos espasmos que me obligaban a encorvar la espalda me estaban haciendo casi imposible mantener mi cordura.
- Ya casi… solo un poco más.
Dentro de todo lo que pude alcé las caderas para darle mayor accesibilidad para la última etapa. Sentía venir mi orgasmo.
- Te siento amor… siento tu orgasmo, déjalo ir, déjame hacerte sentir mejor.
- ¡EDWARD!
Me corrí duro y rico, fue un orgasmo que me hizo liberar un montón de las tensiones que había guardado este tiempo, pero fue todo mucho mejor al saber que había sido Edward quien me había hecho sentir tan bien.
- ¿Mejor?
Abrí los ojos para encontrarme con los de mi novio – Más que eso.
- Bien, entonces ahora sí que es hora de lavarte.
Edward con mucho cuidado me ayudó a lavarme y a sacarme, para vestirme no fue muy necesaria su ayuda, pero la verdad es que hasta subirme las bragas sola me costaba, por lo que tenerlo conmigo fue un regalo del cielo.
Para cuando ya estuve lista era la hora del almuerzo – ¿Te quedas a comer?
- No amor, lo siento, de hecho… necesito decirte algo – estaba sentada en mi tocador mientras él me peinaba el cabello -, mañana me voy de viaje así que necesito arreglar un montón de cosas ahora, por eso no puedo quedarme.
- ¿Te vas de viaje? – lo vi asentir a través del espejo -, bien… ¿A dónde?
- A Italia, hay unos cuantos inversionistas renuentes a firmar porque no conocen a ningún Cullen, van mis padres también.
- Oh, ¿y por cuánto tiempo? – después de lo que me dijo Eleazar tenía miedo de tener a los mellizos en cualquier momento, saber que Edward iba a estar ahora lejos no me ayudaba mucho.
- Creo que una semana pero todo depende de cómo vayan las negociaciones.
- ¿Vas con tu mamá y tu papá?
- Sí.
- Entonces supongo que puede que el viaje se demore un poco más.
- ¿A qué te refieres?
Edward me miró extraño, quizás debí morderme la lengua pero no pude aguantarme – Nada Edward, yo solo pensé que quizás tu madre iba a querer quedarse un par de días más.
Le sonreí lo mejor que pude – Oh, pero tranquila, ya verás como si eso pasa serán ellos los que se queden, no yo.
Quise rodar los ojos pero me contuve, estaba segura de que si Esme podía hacer algo para mantener a Edward alejado de mí lo haría.
Después de eso hablamos un par de cosas más y nos besamos mucho, no veía a Edward en una semana, por lo menos, así que traté de disfrutar lo más que pude de él.
Mi madre llegó con comida hecha así que comimos juntas hablando de todo, creo que me notó mucho más animada porque ella también se veía más feliz. Pese al baño que me di gracias a la ayuda de Edward el calor siguió aumentando en la tarde por lo que con mi madre tomamos una jarra con limonada ay nuestros sombreros enormes y nos sentamos en la terraza disfrutando de la brisa marina que nos entregaba Santa Mónica.
El día pasó rápido y bastante bien. La idea de estar sin Edward no era la mejor pero tampoco es como si pudiera hacer mucho al respecto, además, podía hacer muchas cosas en estos días, el cuarto de los mellizos aun no estaba listo y podía usar mi tiempo ello, además de estudiar un poco, no tomaba un libro de medicina hace un buen rato ya y eso no era bueno, la medicina evolucionaba día y día y yo necesita enterarme de los nuevos avances.
El sol ya había desaparecido peor yo seguía con calor, aunque ahora el calor que tenía era más que nada por un antojo horrible de helado de menta. No era muy tarde, recién iban a ser las 9 y si Edward ya tenía todo listo quizás podía conseguir que pasara a comprar mi helado para después venir a estar un tiempo conmigo, hasta podía decirle que trajera su maleta para que partiera al aeropuerto directamente de acá.
Sí, eso era una muy buena idea.
Tomé el teléfono bastante animada, pero a medida que escucha el repique me iba arrepintiendo.
- ¿Hola?
- ¿Edward? – hablé bien bajito, ahora que escuchaba su voz me estaba arrepintiendo.
- ¡Amor!, ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Me mordí los labios, aun considerando si esto era buena idea – Yo… bueno, solo quería escuchar tu voz – rodé los ojos por lo estúpido de mi explicación.
- Bella…
- No, tienes razón, no es eso… es que… tengo ganas de comer helado de menta y pensé que podrías traérmelo tú y no lo sé… quizás quedarte a dormir conmigo.
- Amor, ya te dije que no podía quedarme… mañana salgo de viaje muy temprano y aún me quedan muchos papeles por revisar. Necesito concentrarme en esto, además, estoy muy cansado.
Sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas, no quería soltarlas pero eran muchas para contenerlas – Entiendo, pero…
- Amor, no llores por favor, sabes muy bien que hago lo que puedo, estoy con ustedes la mayor cantidad de tiempo posible pero ahora necesito hacer esto… por mí
- ¿Estás diciendo que yo te coarto o algo?, mañana mi novio se va de viaje una semana y creo que es normal que lo quiera ver antes.
- Pues, entonces trataré de pasar a verte mañana antes de irme al aeropuerto. Pero ahora de verdad no puedo.
- ¿Estás en tu casa? – apegué lo más que pude mi oído para ver si escuchaba algo -, ¿Qué eso que se escucha de fondo?
- ¡Nada!, estoy en casa solo… tratando de trabajar.
- Oh, perdón entonces… supongo que te estoy interrumpiendo.
Ahora las lagrimas salían de mis ojos pero con otro sabor – Bella, siento si estas hormonal pero…
- ¿HORMONAL? ¡Yo no estoy hormonal! – grité tan fuerte que sentí como mi garganta se resentía.
- No quiero pelear, así que creo que lo mejor será que hablemos mañana – no me gustó como salió su voz. Ya no era tierna y comprensiva, ahora era áspera y algo ruda.
- Bueno, pues quizás yo mañana ya no querré hablar contigo.
Corté el teléfono tan fuerte que por un momento pensé que lo había trisado. Quise golpear algo, pero en lugar de hacerlo, me tiré al sofá y dejé que todas las lágrimas vinieran a mí.
Me tapé el rostro para no ver nada y para que mi madre no escuchará. Así mismo me fui hacia mi cuarto en donde me encerré. Me tapé con una almohada que amortiguó mi llanto y me ayudó a que no se escuchara mi llanto en todo el barrio, lo cual probablemente me pondría mucho peor.
Sentí mi celular vibran en mi mesita de noche pero no tenía ganas de verlo, sabía que las probabilidades que fuera Edward eran enormes, no me gusta pelear con él pero no podía evitarlo.
Cuando ya me sentí un poco mejor estiré mi mano y abrí mi cajoncito de la mesa de noche, de ahí saqué una caja que guardaba con mucho recelo, quizás los motivos no eran los mismos de antes pero aun así Jasper siempre me iba a hacer sentir mejor.
Saqué primero la foto, era la primera que nos tomamos, mi rostro estaba embetunado de helado. En ese tiempo solo éramos amigos y el solo recuerdo me hizo sentir mejor.
- ¿Qué sabor quieres?
Miré la vitrina llena de sabores tratando de decirme por uno pero la verdad me era casi imposible hacerlo – No lo sé…
- ¿Puede darme un bol gigante con una bola de cada sabor?
Me puse derecha de golpe, era imposible lo que estaba pidiendo Jasper - ¿Qué? ¡NO!, yo quiero de… piña.
¿Piña?, era el sabor que menos me gustaba pero el primero que se me ocurrió - ¿Se puede?
Jasper me ignoró y siguió coqueteando con la chica que por supuesto accedió a su petición, esta era algo así como nuestra primera cita de amigos por lo que verlo coqueteando con otra no me hizo mucha gracia. Me fui a sentar a una mesa vacía y ahí esperé por mi acompañante hasta que volvió con una enorme copa que mostraba la variedad de sabores.
- Así ya no tendrás que elegir.
- Ya no quiero helado – estaba enojada, no está muy segura porque pero lo estaba.
- Bella…
- Coqueteaste con ella – apunté hacia la barra de helados -, sé que esto no es una cita ni nada pero coqueteaste con alguien más delante de mí. Eso no fue muy caballeroso que digamos Jasper.
- Solo estaba tratando de que me vendiera lo que yo quería, fue un coqueteo inocente y completamente legal. Ahora… prueba ¿sí?
La cuchara estaba delante de mí por lo que no me quedó otra que abrir la boca, pero no sé si fue apropósito o no que todo el contenido se vaciera sobre mis labios, sentí el frio en gran parte de mi boca y mas allá porque por más que estiraba la lengua no alcanza a tomar todo.
- ¡Eres un tonto Jazz! – tomé una servilleta para limpiarme pero él no me dejo.
- ¡No!, espera… te ves hermosa así.
Primero me sacó una foto con su celular y después se movió hacia mi lado y tomó una de nosotros dos, para cuando tuvo las dos instantáneas me dio un beso muy cerca de los labios que aunque no fue donde yo quería me hizo saber lo lindo que era este chico y que iba bien se convertiría en alguien muy importante de mi vida.
Eso era lo mejor de todo, con Jasper primero fuimos amigos y más allá de los recuerdos amorosos que tenía de él era lindo recordar algo más fraternal. El ánimo no me subió mucho pero si lo suficiente para tomar mi teléfono y revisar que el sonido de antes era un mensaje de Edward.
Amor no quiero pelear, por eso creo que lo mejor es que nos tomemos este tiempo que estaré lejos para pensar. No es bueno agobiarnos sobre todo ahora que parece que estamos más sensibles que nunca.
Los amo mucho, recuerda eso por favor. Cuídate y cuídalos.
¿Qué significaba esto?
¿Qué no recibiría ni una llamada ni un mensaje suyo en toda esta semana?
Hola!
Acá les dejo un nuevo capítulo.
Espero que les guste ;)
Quizás varias se dieron cuenta que estoy con 6 historias, por eso no he podido contestar los RW pero los he leído todossssss. Mil gracias.
Besos, Joha!
