Perdooooon por la tardanza! Pero ya estoy aquí, con un segundo cap. Ahí les va, espero que les guste (=
Capítulo 2. El amor trae demasiados problemas.
Lucy Harrington se abrió paso entre todos los Gryffindors que se habían presentado a la prueba de selección para el equipo, eran muchos y sería una larga mañana sin duda. James le había pedido que lo ayudara a elegir, quería que todo el equipo colaborara, por lo menos lo que quedaba del equipo del año anterior. James y Lucy eran los únicos cazadores que solo habían hecho una prueba desde que habían entrado al equipo, y junto con los dos golpeadores, Sirius y un muchacho de cuarto grado llamado Steven Wood, elegirían al nuevo guardián, el nuevo buscador y también al nuevo cazador. Las pruebas para entrar al equipo de Quidditch de Gryffindor habían armado un gran revuelo en la casa de los leones, muchas chicas querían entrar simplemente para pasar más tiempo cerca de Sirius y James, conocidos como dos de los chicos más atractivos de Hogwarts, algunas pocas solo querían entrar al equipo porque realmente les gustaba el Quidditch. Tal era el caso de la pequeña Isis Hudgens, muchos temían que conseguiría su puesto solo por haber sido "adoptada" como protegida por los Merodeadores, todos conocían más o menos la historia de la niña. Había crecido en un orfanato muggle porque sus padres habían fallecido, padres que a la vez eran sus tíos, dos sangre pura nietos de mestizos, que además eran hermanos. Nadie tenía idea de cómo la historia había salido a la luz, pero en cuestión de semanas todo el colegio lo sabía, y la niña había quedado bastante aislada, inventaban rumores completamente ilógicos sobre ella, y al final todos se habían alejado. Pero cuatro chicos la habían aceptado tal y como era, le habían asegurado su amistad, Isis les estaba agradecida, para ella los cuatro eran su familia; pero no necesitaba ser amiga suya para entrar en el equipo, ella estaba muy segura de que no era una excelente jugadora de Quidditch, pero se esforzaba y creía que realmente podía ganarse el puesto de buscadora por si sola.
En las gradas no había tanta gente como se hubiera podido esperar, James había decidido realizar las pruebas durante el desayuno, para que los que se presentaran no se pusieran tan nerviosos durante las mismas, aunque en un partido aquellas gradas estarían repletas de gente y todos tendrían que tragarse sus nervios y defender la copa de Gryffindor. Era sábado por la mañana y nadie llevaba los uniformes puestos, a excepción de los cuatro jugadores que ya pertenecían al equipo, aún así alguien se las arregló para reconocerlas y gritar que había Slytherins en el campo. Todos, sin excepciones, se giraron hacia donde las dos chicas estaban sentadas; ninguna pareció inmutarse demasiado por las miradas de desprecio, recelo o admiración de algún descarado.
- Esto es solo una prueba de clasificación, así que si vinieron a espiar nuestro juego pierden el tiempo – les aseguró James con determinación, como portavoz del equipo. No quería problemas tan temprano un sábado. Evangeline Varnskova lo miró fijamente con sus ojos verdes, parecía igual de desinteresada que siempre, con su cabello castaño claro lanzando destellos por la luz del sol, se acomodó en su lugar con una pose relajada y sensual y no dijo una sola palabra. Agatha, que estaba sentada a su lado con las piernas cruzadas a lo indio y agarrándose los tobillos, tamborileó con los dedos sobre sus botas, un poco cohibida por la atención, y miró a James encogiéndose de hombros, no daba la impresión de que fuera una espía, pero estaba en el equipo de Slytherin y como siempre repetía Sirius "no puedes saber con qué te van a salir las serpientes rastreras". James las miró unos segundos más, sin contar los murmullos, no había ni un solo sonido, y viendo que ninguna de las chicas diría una palabra ni parecía que fueran a marcharse, se dio la vuelta y decidió empezar de una vez con las pruebas. No podía obligarlas a abandonar el campo.
- ¿Crees que causarán problemas? – le preguntó Lucy, que estaba parada a su lado, mientras Steven dividía en grupos de tres a los aspirantes al puesto de cazador. James negó con la cabeza, con la vista fija en los jugadores. La chica asintió, echándole una última mirada a las Slytherin, que observaban el campo sin dar ningún tipo de señal de que estaban ahí para causar problemas, ni de espías, al menos Speckheart no daba esa impresión, con Varnskova nunca podías saberlo, siempre tenía esa expresión de indiferencia e impasibilidad que te imposibilitaba saber qué pasaba por su mente.
Sirius se había volteado para ver a las dos Slytherins igual que los demás, pero cuando los otros habían decidido que no valía la pena seguir prestándoles atención, él se había quedado viéndolas de todas formas, y había dejado de oír lo que decían sus amigos y los demás chicos sobre las pruebas. Desde el miércoles, cuando había abandonado la Sala de Menesteres, intentaba no pensar en lo que había pasado dentro, no había estado bien y estaba tan confundido como nunca lo había estado en su vida, tanto que se enfocaba más que nunca en las bromas y el Quidditch, hasta había aceptado sin replicar hacer los deberes cuando Remus quería, todo con tal de estar completamente distraído y no pensar en Agatha Speckheart y sus deliciosos besos, ni en lo cobarde que había sido al dejarla sola sin darle ni una explicación. Él se conocía lo suficiente para saber que ella no lo merecía, que la lastimaría demasiadas veces, que no había nacido para ser de nadie, y que prefería no fijarse en ninguna mujer en concreto, solo divertirse con tantas como pudiera. La chica tenía suficientes problemas como para sumarse él con los suyos. Era cuestión de tiempo que Agatha notara que la estaba mirando, buscó sus ojos grises con su mirada aguamarina y la fijó en ellos por unos segundos, suficientes para que Sirius viera que no le había hecho ningún bien. Ella desvió la mirada hacia otro lugar en el campo de Quidditch, y fue entonces cuando escuchó la voz de James llamándolo por su asqueroso apellido. A juzgar por su mirada, lo había llamado por todos sus apodos antes de gritarle "Black", necesitaba que le lanzara Bludgers a los dos grupos de tres cazadores mientras Lucy y Steven hacían de guardianes, y él evaluaba a todos.
- Me distraje – se excusó el moreno, subiéndose a su escoba y dando una patada en el suelo antes de elevarse unos metros por encima del mismo, con el bat en su mano derecha.
- Me di cuenta – le dijo el chico de gafas, poniendo los ojos en blanco y con un tono algo sarcástico que Remus les había pegado a todos los merodeadores -, ahora solo ve a darle a algunas Bludgers para convertir esto en un buen simulacro de partido, ¿quieres? – Sirius se rió por lo bajo e hizo un saludo militar imitando muy claramente a un soldado del ejército muggle, antes de elevarse preparado para darle a unas cuantas Bludgers.
James, el capitán, no era el mismo que James, el bromista o Potter, el conquistador, a Sirius le divertía ver a su amigo adoptar sus múltiples personalidades conforme la situación. Cuando se trataba de Quidditch, James se lo tomaba enserio, presumía muchas veces de sus habilidades como cazador, había empezado para impresionar a las chicas y luego se había vuelto una costumbre que utilizaba para impresionar a Lily Evans, aunque ella solo le prestaba atención cuando tenía que gritarle por algo; pero si quitabas esa manía de presumir, se podía convertir en el capitán más exigente del mundo, los agotaba a todos con buen o mal tiempo, quería que su equipo fuera el mejor, y a pesar de que muchas veces se quejaban del arduo entrenamiento, tenía sus recompensas, llevaban ganando la copa de Quidditch dos años seguidos, y ahora iban por el tercero. Sacaron una sola Bludger al campo, y mientras los aspirantes a cazadores dejaban el alma en el campo para ganarse su lugar, aquella pelota que más parecía una bala de cañón descontrolada, les pasaba rozando las cabezas, aunque nada se salía de control, para eso Sirius tenía su bat y estaba pendiente de aquella Bludger, de ese modo lo tenían más o menos controlado. Muchos no se acercaban ni al nivel mínimo requerido, un par de chicas apenas habían podido elevar su escoba, y las que sí habían podido volar no habían podido sostener la Quaffle en sus manos más de un minuto. James le echó un vistazo a Lucy mientras ésta detenía casi todos los tantos, el chico podía ver por la expresión de la leona que estaba muy cerca de rugirle a alguna de aquellas chicas que salieran de su rango visual o les daría con la Quaffle en la cabeza; James sonrió, aquella chica tenía un interesante mal carácter, no se dejaba intimidar fácilmente y eso la había ayudado a entrar al equipo, y James le había pedido que se quedara como cazadora cuando había asumido el puesto de capitán en cuarto grado, y le había sido de gran ayuda como co-capitana desde entonces. James Potter ya tenía decidido a quién nombraría como nuevo cazador del equipo cuando les pidió a los Guardianes que hicieran una fila para comenzar con sus pruebas, Robert Stepherson había sido el elegido, había hecho increíbles pases y cinco de siete tantos. Los guardianes fueron pasando uno a uno, Sirius y Steven se pasaban la Bludger mientras James y Lucy intentaban marcar los tantos, fue unánime la decisión de quién ocuparía ese puesto, si bien Bradley McGreggor tenía complexión de golpeador, era muy ágil y no se le había escapado ni un solo tanto. Ahora venía el puesto más importante, el de buscador, y Lucy había encantado unas pequeñas pelotitas de ping pong para que volaran por el campo velozmente y no se dejaran atrapar fácilmente, y le habían cambiado el color a una para que pareciera una verdadera Snitch dorada. Las gradas se habían llenado de gente, muchos se habían acercado para ver la prueba porque el desayuno ya había terminado. Isis, que estaba que no podía más de los nervios, recorrió las graderías con la mirada, bastante insegura, cuando sus ojos verdes llenos de miedo se cruzaron con los de Agatha, quien le sonrió para darle ánimos, la niña respiró hondo y se subió a su escoba, preparada para atrapar la pelotita de ping pong dorada que había sido mezclada entre las demás.
Todos podían decir que la niña tenía el puesto asegurado por ser la protegida de James y Sirius, podían inventar excusas ilógicas sobre su juego, intentar convencerse a sí mismos de que Isis Hudgens no sabía volar en escoba y no tenía la más mínima idea de lo que era atrapar una Snitch, pero la pequeña leona sabía volar y era ágil, se movía rápido y adelantaba a James con esfuerzo, porque él había decidido fingir que era el buscador contrario, y no se la estaba facilitando porque fuera pequeña o porque la protegiera, de hecho, intentaba hacérsela tan difícil como a los otros aspirantes al puesto. Pero en un minuto Isis había identificado la pelota dorada y se había lanzado tras de ella, y en menos de cinco minutos ya la tenía en su mano. Había sido un record, y por más que muchos otros quisieran el puesto, tenían que aceptar que no se trataba de pura suerte de novata, y que la agilidad de la niña podía ayudarlos a ganar la copa de Quidditch ese año, así que la felicitaron con sonrisas y palmadas de aliento cuando James anunció que Isis Hudgens era la nueva buscadora del equipo de Gryffindor. La niña tenía una sonrisa de felicidad que no cabía en su rostro, Lucy la felicitó orgullosamente igual que a los otros nuevos compañeros, antes de ir a juntar todas las pelotas con la ayuda de Steven, James la despeinó sonriente y Sirius la levantó en el aire y la sentó sobre sus hombros, vitoreándola.
Isis vio como Agatha le guiñaba un ojo y aplaudía felicitándola, sin borrar esa amable sonrisa, la pidió a Sirius que la bajara para ir corriendo hacia donde estaba su amiga y la abrazó con fuerza. La Slytherin había bajado rápidamente al campo, para recibir con los brazos abiertos a la pequeña niña, la levantó en el aire y le dio unas cuantas vueltas mientras las dos reían; Eva venía detrás, su expresión no había cambiado, no parecía disgustada por la camaradería de su mejor amiga con una mestiza que además era Gryffindor, pero tampoco daba la impresión de que estuviera de acuerdo, en realidad no daba la impresión de que sintiera algo, a veces James se preguntaba si la Delegada de Slytherin tenía alma o sentimientos aunque fuera.
- ¿Así que para eso vinieron? – preguntó Steven, acercándose a donde estaban Sirius y James, mirando a su protegida abrazada a una serpiente. James se encogió de hombros y Sirius no dijo nada.
- Parece que sí – murmuró el capitán de Gryffindor, sosteniendo su escoba con una mano, se revolvió el pelo con la otra. Steven se encogió de hombros y fue a unirse al resto de los jugadores, que festejaban entre ellos y con los que no habían pasado la prueba –. Realmente no parece una mala persona – comentó el chico de gafas, volteándose para ver a Sirius, que no le quitaba la mirada de encima a Isis y a Agatha.
- No lo es – aseguró el moreno de ojos grises con naturalidad. James sonrió de lado porque su mejor amigo no dejaba de mirar a las dos chicas.
- Estar enamorado no es tan malo, Canuto – susurró James para que nadie más que su amigo lo oyera. Sirius se giró hacia él mirándolo con una ceja arqueada, y receloso observó a James preguntándose si al chico le había golpeado la Bludger en la cabeza y él no se había dado cuenta, o si lo había poseído Remus, pero daba la impresión de que su amigo estaba hablando en serio. Sirius soltó una carcajada.
- Yo no estoy enamorado, Cornamenta, no digas estupideces. Speckheart está buena, hay que reconocerlo, pero tampoco para enamorarme, a penas la conozco.
James se rió y negó con la cabeza, Sirius jamás lo aceptaría a menos que lo obligaran a hacerlo, lo que sería muy difícil de realizar; pero el azabache reconocía la mirada de su amigo, muy parecida a la que él mismo había tenido la primera vez que se había fijado en su preciosa pelirroja, además Sirius nunca se quedaba mirando a ninguna chica con esa expresión pensativa y sin hacer ni un solo comentario típico de él y su mente pervertida, puede que apenas la conociera, pero sentía algo por ella, James estaba orgulloso de conocer a su mejor amigo como si fuera su hermano, casi más de lo que se conocía sí mismo, Sirius no se había enamorado de Speckheart todavía, pero no estaba lejos. El Gryffindor sabía que su amigo se alejaría de ella antes de asumir un compromiso, Sirius no quería depender de nadie ni tener nada serio con nadie, la decepción de tener una familia que no lo quería ni en pintura le había bastado para asegurarse de no querer atarse a nadie, ninguna mujer, nada de amor. Por más que no lo dijera en voz alta, James sabía que en el fondo le dolía que su propia madre lo despreciara de esa manera.
- Agatha, vámonos – la voz de Evangeline resonó autoritaria por sobre las demás, ya se alejaba del campo con un paso elegante pero lento. Agatha le dio un último abrazo a Isis, una sonrisa, y se fue detrás de su amiga, con un paso algo más rápido no le costó alcanzarla. Solo se giró una vez para ver como Sirius Black chocaba los cinco con Isis, y los dos junto con James Potter se alejaban hacia los vestuarios – Ingeniosa excusa para poder verlo – le dijo Eva con su tono monótono de siempre, pero al girar el rostro para ver a Agatha, una sonrisa divertida se había formado en sus labios. Podría haber parecido de lo más extraño ver en el rostro de aquella chica una demostración de emoción, excepto para Agatha, quien había visto a Evangeline reír más de una vez.
- Vine por Isis, te lo dije un millón de veces – insistió la morena, y Eva se lo hubiera creído si no fuera por el tono rosa que adornaba las pálidas mejillas de su mejor amiga. Soltó una silenciosa risa mientras seguían caminando.
- Sí, claro, por Isis solamente – afirmó, siguiéndole la corriente a Agatha, claramente sarcástica. Las dos se rieron juntas y entraron al castillo, Agatha pasaría la tarde en la biblioteca y Eva tendría una cita a orillas del lago con su novio Fabian, sería un sábado muy normal para ambas… o esa era la idea.
Siendo sábado, no muchas personas estaban en la biblioteca, solo aquellos que realmente adoraban los libros o estaban muy predispuestos a llevar sus tareas al día. Para Agatha no fue ninguna sorpresa reconocer a Remus Lupin entre los pocos que ocupaban las mesas; la Señora Pince los vigilaba a todos con su mirada dura, desconfiando de todos los estudiantes que podían llegar a hacerle daño a sus preciados libros. Agatha la saludó cortésmente con un asentimiento de cabeza y fue a buscar los libros que necesitaba para hacer su tarea, volvió sobre sus pasos y con los brazos ocupados en sostener los volúmenes de pociones, se dejó caer en el lugar libre frente a Remus, cuando sus miradas se encontraron ella le sonrió amablemente y se dispuso a abrir sus libros y empezar con su redacción. Hubo un largo período de silencio flotando por encima de ambos mientras los dos se concentraban en sus respectivas tareas, hasta que Agatha dejó su pluma en el tintero y, con ambos brazos apoyados sobre la mesa, observó a Remus fijamente esperando a que éste levantara la mirada y le prestara atención. Eventualmente él lo hizo y ella lo miró durante unos segundos antes de hablar en un murmullo apenas audible.
- ¿Por qué no invitas a McKinnon a salir? – la pregunta Remus no se la esperaba, así que parpadeó perplejo un par de veces, preguntándose si había escuchado bien, en segundos le dio un millón de vueltas a la pregunta de la chica, y cuando se decidió a contestarle, no estaba seguro de si realmente ella había dicho algo. Agatha seguía mirándolo de la misma forma, no estaba expectante, ni curiosa de más, solo lo miraba con sus ojos claros.
- ¿Cómo dices?
- A McKinnon, ¿por qué no la invitas a salir? Como en una cita – sugirió con naturalidad, encogiéndose de hombros. Remus la observó algo receloso.
- ¿Por qué de repente se te ocurre una idea como esa? – inquirió en voz baja, acostumbrado a no subir el tono para que no lo echaran del lugar.
- Porque creo que harían bonita pareja, deberías invitarla a salir – parecía muy convencida, tomó su pluma nuevamente y continuó escribiendo. El Gryffindor se quedó un buen rato observándola, cavilando sobre el asunto. ¿McKinnon? Era inteligente, y bonita también, aunque parecía de bastante carácter, no tanto como Lily cuando se enojaba, pero muy cerca. Negó con la cabeza, ¿por qué se planteaba la sugerencia de Agatha?
- ¿Intentas que me olvide de ti? – le preguntó el castaño, sacándola de su concentración. La Slytherin levantó la mirada y se enderezó en su lugar, pasando distraídamente la pluma por sus rosados labios. Se encogió de hombros y la devolvió al tintero.
- Tal vez mi subconsciente lo intenta – estaba bromeando, Remus lo sabía porque la conocía, de no ser así hubiera creído cada palabra que salía de su boca. Una cálida sonrisa iluminó el rostro pálido y hermoso de Agatha -, no quiero que me olvides, solo que me superes, y que salgas con otras chicas; sé que hay un montón en este colegio que adorarían salir contigo, quitando a las que no piensan mucho, todavía quedan chicas interesantes, como McKinnon.
- Estoy bien así, me gusta el tiempo libre que me queda para dedicarme a mi mismo – excusas, más y más excusas. Podía inventarse una lista de ellas, muchas podrían sonar lógicas y hasta coherentes, Agatha Speckheart no aceptaría ninguna.
- Es lindo tener a alguien que esté ahí para ti, además de tus amigos.
- Te tengo a ti, me alcanza, en serio – insistió el chico, estaba calmado y, extrañamente, para nada decaído. Solía abatirse un poco cuando se tocaba el tema de las parejas, él no creía que debiera tener una, podría hacerle daño o ella podría hacerle daño a él, sentimentalmente hablando. Intentó sostener esa mirada, Agatha lo observaba y a través de sus ojos él podía ver cómo ella se había dado cuenta de que nada de lo que decía era cierto. No es que Agatha no le gustara, ni que le pareciera poca cosa, era hermosa y una excelente persona, se había vuelto su amiga desde el año anterior y había aprendido mucho de ella; ella había decidido que era mejor si se mantenían como amigos, le había dicho que le había gustado salir con él, que era perfecto en muchas formas, hasta le había regalado un beso que Remus todavía recordaba, pero ambos se habían dado cuenta de que lo que ellos tenían no se parecía al amor, eran buenos amigos y eso era todo. La noche del miércoles, Remus había descubierto algo nuevo.
{Flash Back
}
Remus estaba muy tranquilo en su cama, leía un libro sobre los animales fantásticos, mientras James y Peter jugaban a las cartas explosivas en la cama de este último. De repente y sin ser esperado, Sirius Black entró en la habitación como un rayo, cerró la puerta de golpe, se metió en el baño, salió, volvió a entrar, y volvió a salir comenzando a pasear de un lado para otro. James, Peter y Remus se quedaron mirándole sin comprender qué había pasado, parecía frustrado, estresado, enojado, tal vez se había topado con algunos Slytherins molestos, o con su hermano, no había estado durante la cena y pocas veces se le veía de ese modo, era preocupante.
- Sirius, empiezo a marearme, ¿quieres sentarte y decirnos qué te pasa?- le pidió Remus, dejando su libro a un lado y enderezándose para poder ver bien a su amigo. Sirius se detuvo de golpe, lo miró, asintió con expresión seria, y se sentó en la cama de James, que estaba frente a la de Remus, aún estando quieto, movía las piernas nerviosamente. – Empiezo a preocuparme… - murmuró el castaño, mirando a James y a Peter en busca de apoyo, quienes se levantaron y se sentaron en la cama de Remus.
- Habla, Canuto, ¿qué te pasa? – preguntó Peter después de un silencio en el que los tres intercambiaban miradas y Sirius los evitaba.
- Besé a una chica – murmuró como toda respuesta, pasándose las manos por la melena espesa y oscura. James abrió la boca para decir algo y la cerró al no encontrar palabras para expresar su estupefacción, frunció el ceño contrariado y miró a Remus para corroborar que las palabras que habían salido de la boca de su mejor amigo eran las correctas.
- ¿Qué tiene eso que ver con que estés así?- preguntó al fin el chico de gafas, porque nada le cuadraba. Sirius besaba muchas chicas, y en ningún momento lo había visto así de inquieto.
- No debí haberlo hecho – murmuró el moreno, más para sí que para los demás. James no entendía nada, arqueó una ceja y observó a su mejor amigo como si éste estuviera diciendo que se le había declarado a McGonagall.
- ¿A quién besaste? – decidió peguntar Remus, él tampoco entendía nada, pero Peter se había quedado tan mudo como James.
- Speckheart – dijo como toda respuesta.
- ¿Agatha? – exclamó el licántropo casi saltando de la cama, Sirius asintió como si la reacción de su amigo no hubiera sido demasiado interesante.
- ¿Y por qué no debiste haberlo hecho? – se animó a preguntar Peter, un poco tímido porque Remus no le quitaba la vista de encima a Sirius y daba la impresión de que iba a comérselo.
- ¡Porque es una Slytherin! – saltó Sirius, algo histérico – ¡Una Slytherin que además es buena y dulce! – había estado a punto de rebelarles lo que había visto en la piel de Agatha, pero a último momento decidió callárselo, era un secreto que ella le había confiado, y él le había prometido guardarlo y ayudarla.
- Sí, admito que es bastante rara, pero es sexy, no entiendo por qué tanto estrés – comentó un James algo más relajado, y menos contrariado. Sirius negó con la cabeza como si se lamentara por algo.
- La dejé llorando en la Sala de Menesteres, estaba llorando cuando llegué, pero presiento que cuando me fui estaba triste por otra cosa.
- ¿Qué hiciste qué? – Remus no pudo soportar escucharlo y quedarse quieto en su lugar, se lanzó sobre él, furioso, y lo miró muy de cerca, apuntándole con el dedo índice amenazadoramente – Escúchame bien, Sirius Black, si le haces daño a esa chica te desfiguraré el cuerpo entero la próximo luna llena – todos se quedaron viéndolo sin poder creer lo que oían. Sirius pestañeó un par de veces, contrariado por la reacción de Remus, pero para sorpresa del licántropo, sonrió tristemente, casi irónico.
- Me iré haciendo a la idea de ser deforme – dijo como toda respuesta. Remus le hubiera dado un puñetazo, de no ser porque parecía que realmente lamentaba lo que había hecho. Los tres Merodeadores se dieron cuenta de que su perruno amigo estaba preocupado por Speckheart, y que al parecer no había sido cualquier beso.
{Fin Flash Back}
Sirius sentía algo por Agatha, Remus estaba seguro, suponía que le importaría bastante si él volvía a salir con la chica, aunque muy probablemente no lo admitiera. Sirius le tenía demasiado aprecio a su orgullo como para admitir que estaba celoso.
- Solo piénsalo, Rem – susurró la chica con una dulce sonrisa.
Y después de esa frase todo fue silencio. Los dos se concentraron en sus respectivas tareas, era algo que se había convertido en costumbre para ambos; se reunían en la biblioteca, hablaban un poco, y luego compartían su silencio, se acompañaban y así se sentían bien ambos.
Antes de la hora del almuerzo, la Slytherin y el Gryffindor dejaron la biblioteca, conversando animadamente sobre las clases del profesor Flitwick. Se tomaron su tiempo para llegar al comedor, y se separaron en la entrada para dirigirse cada uno a su mesa, Remus notó la mirada de su perruno amigo fija en él cuando éste entró riendo con Agatha. Sí, Sirius sentía algo por ella, seguro. Pero Remus se rehusó a decir absolutamente nada sobre el tema, y también a sostener las miradas insistentes de Sirius. Aunque se había dicho que no tenía por qué pensar la sugerencia que le había hecho su amiga, no pudo evitarlo, y mientras se servía cuatro chuletas y un poco de verdura, contempló a Marlene McKinnon hablar con otra chica de Ravenclaw. Parecían hablar de Quidditch, por los gestos que hacían con las manos, y Remus se dio cuenta de que Sirius, James y Peter hablaban de lo mismo mientras engullían la deliciosa comida que los elfos habían preparado. Por lo que había conseguido recatar de la conversación, parecía que las Hollyhead Harpies habían ganado el primer partido del campeonato. Entonces la vio, se acercaba tranquila y sigilosamente, pero su mirada no presagiaba nada bueno. Remus dejó la comida y llamó la atención de sus tres amigos, para que la vieran también, estaba claro que la rubia se acercaba a la mesa de Gryffindor sin llamar la atención de nadie más que la de ellos tres y la de algunos Slytherins. Se paró detrás de James y de Sirius, con una sonrisa burlona en los labios, y los ojos azules rebosando de diversión y deseo de arruinarles la buena comida.
James y Sirius se dieron vuelta para encarar a la chica, los dos estaban serios, no se habían metido con ella, pero ella se metía con ellos, no podían saber qué pasaba por su cabeza, porque no tenían la más pálida idea de qué podía hacer tan feliz a Lorelai Crowley que tuviera que ver con ellos, además de su muerte, pero estaban bien vivos. Como la chica se quedó parada con la misma sonrisa burlona y no dijo nada, Sirius comenzó a ponerse impaciente y le soltó con la mayor indiferencia que pudo reunir.
- ¿Qué quieres, Crowley? ¿Al fin vas a aceptar que estás secretamente enamorada de mí? - esbozó esa sonrisa burlona típica de él, y James y Peter también sonrieron. Lorelai se permitió mirarlo con repugnancia antes de volver a sonreírle de la misma manera que antes.
- Lamento no poder complacerte – le dijo sarcásticamente y dejándolo muy claro -. Solo vine a felicitarte por tu hazaña, y agradecerte por ser el idiota que eres, y yo que pensaba que realmente solo eras un estorbo.
Su sonrisa seguía ahí, para ser Lorelai estaba inusualmente tranquila, y eso solo podía provocarlo la confianza de la victoria. Ninguno de los cuatro merodeadores entendió a qué se refería, estaba claro por sus caras de desconcierto que no captaban lo que ella quería, el insulto no había significado nada para Sirius, le habían dicho cosas peores, de todas formas hubiera reaccionado en otra ocasión y ahora estaba demasiado preocupado pensando sobre lo que la rubia Slytherin le había querido decir. Lorelai se inclinó un poco hacia ellos, disfrutaba del suspenso y la atención que recibía, principalmente porque podía molestar a Black más que otro tipo de cosas.
- No te enteraste, claro – susurra fingiendo no esperarse que no lo supieran – Será todo un placer arruinarte el día y decírtelo yo misma – comentó con una esplendorosa sonrisa que había podido darle la apariencia de una niña inocente, de no ser porque la conocían y sabían que de inocente no tenía nada. Se envaró en toda su altura, y los contempló desde ahí como si ellos no fueran nada. – Gracias a lo que le hiciste, sentó cabeza, ¿quién diría que servirías para algo?
Ellos seguían sin comprender, aunque Remus ya se hacía una idea de a lo que se refería. ¿Quién, en el círculo social de interés de Crowley, tenía que ver también con Sirius? ¿Quién, que fuera importante para Lorelai que sentara cabeza, había necesitado de Sirius para eso? Su ideales eran demasiado distintos, así que solo podía significar que Sirius la había impulsado a seguir lo que Lorelai creía era lo correcto. Solo una persona encajaba como respuesta. Él dirigió su mirada ambarina hacia la mesa de los Slytherin, buscando el grupo con la mirada, al mismo tiempo que Lorelai dirigía una mirada hacia el sitio, para que los otros tres también lo vieran. Remus no podía estar seguro del todo, pero daba la impresión de que Sirius había palidecido un poco. Él mismo estaba un poco shockeado, había estado con ella hacia minutos, y no le había comentado absolutamente nada.
Agatha estaba sentada entre Evangeline Varnskova, y Antonin Dolohov; y la palidez en el rostro de Sirius se debía a que este último abrazaba a la morena de ojos color turquesa por los hombros, y ella no parecía estar incómoda o replicar al respecto. Lorelai miraba a Sirius Black, esperando algo que la hiciera sentirse aún mejor de lo que ya se sentía solo con saber que a Black le importaba Agatha. Si ella no hubiera sido su amiga, Lorelai hubiera cargado contra ella solo para molestar a Sirius, y en realidad que fuera su amiga no garantizaba su seguridad, la que sí lo garantizaba era Eva. Lorelai no pasaría por encima de Evangeline para hacerle daño a Agatha, por más que significara hacer sufrir a Sirius Black, porque perdería a su mejor amiga en un instante, y por más que Lorelai pareciera una persona fría y devota a toda la oscuridad que rodeaba a los magos tenebrosos, valoraba la amistad que tenía con Varnskova. Eso era lo único que podía tranquilizarlos, Evangeline no dejaría que Lorelai le hiciera daño a Agatha solo por diversión.
- De nada – murmuró secamente el moreno, devolviendo a los otros a la realidad, sin mostrar ningún tipo de emoción, se dio la vuelta y siguió comiendo. Lorelai esperaba alguna otra cosa, no esperaba lágrimas, pero si ver el dolor en sus ojos al menos.
- ¿Eso es todo? – preguntó, y en su tono de voz se podía notar la decepción y la frustración. Sirius la ignoró, Lorelai sonrió más por el enojo que empezaba a sentir que por cualquier otra cosa – ¡Sé que te importa! Lo sé, finges que te da igual, pero te importa – exclamó casi histérica, y atrajo varias miradas – Y todavía no te dije lo mejor de todo...
- Lorelai – nadie la vio acercarse, pero en menos de un par de segundos Evangeline estaba junto a su amiga, mirándola seria, podía decirse que algo indiferente, pero su tono había sido autoritario aunque había pronunciado el nombre en un susurro.
- ¿QUÉ? – le gritó la rubia, sacada de sus casillas porque no obtenía respuesta de Black, quería que reaccionara, quería que le diera una razón para atacarlo en medio del comedor. Miró a su amiga, refulgía en sus ojos la ira contenida.
- Primero, no me grites – le dijo Evangeline, con un tono frío, pero con expresión serena – Estoy a tu lado y te puedo escuchar perfectamente, y segundo, no seas imprudente, estamos en medio del comedor, atrayendo demasiadas miradas.
Lorelai le echó un vistazo al comedor, muchos pares de ojos estaban posados en ella. A todos y cada uno les dedicó una mirada asesina, antes de volver a mirar a su amiga, que no parecía alterada en lo absoluto, pero Lorelai la conocía tan bien que podía asegurar que Evangeline estaba enfadada por el exhibicionismo. Se cruzó de brazos, sosteniéndole la mirada a su mejor amiga, sin dejarse intimidar.
- Solo quería que lo supiera – se limitó a alegar en su defensa, encogiéndose de hombros.
- Pues ya lo sabe, ahora puedes irte y dejarnos comer tranquilos – exclamó James, con el ceño fruncido.
- No lo sabe todo, quiero que sepa todo hasta el último detalle, o bueno… todos los detalles que puedo repetir sin vomitar – aclaró, entornando los ojos y mirando fijamente a Sirius, a pesar de que este no la miraba, sabía que la escuchaba, no se movía en lo absoluto. Evangeline le dedicó una mirada de advertencia, pero Lorelai la ignoró olímpicamente. – Pero mírame, Black, porque quiero ver tu cara cuando te lo diga – le pidió casi amablemente, el tono lo había sido al menos, su expresión mostraba cuánto disfrutaba solo con imaginar la reacción del moreno.
Sirius inspiró profundamente y se dio la vuelta, mirándola con esos ojos insondables que buscaban no mostrar absolutamente nada, y una expresión de total frialdad en el rostro. Lorelai sonrió satisfecha antes de empezar a hablar, como una niña en la mañana de navidad.
- Se van a casar – dijo por fin, sonriendo de manera siniestra.
Sirius había tenido una reacción poco conveniente hacia la noticia que le había dejado la rubia, de un salto se había levantado de su asiento y le apuntaba con la varita, era exactamente lo que Lorelai buscaba, y era por eso que sonreía satisfecha por el enojo de Sirius Black. En cuanto la rubia había sacado la varita, James se había puesto de pie, preparado para sacar también la suya. Los estudiantes empezaban a alborotarse por el posible duelo en frente de sus narices, y los Profesores todavía no habían reaccionado, pero solo porque se encontraban en el lado opuesto del Gran Comedor. Evangeline se paró en medio de ambos, extendiendo los brazos para marcar distancia, como Delegada tenía que mantener el orden, hubiera hecho la vista gorda si aquella pelea se hubiera dado en un pasillo o cualquier otro sitio, pero en frente de los Profesores estaba obligada a hacer "lo correcto". Remus vio por el rabillo del ojo como el novio de Varnskova se ponía de pie y miraba la escena fijamente, a él no le daba miedo Fabian Fleischer, pero admitía que el Slytherin era intimidante; también vio la sonrisa de diversión y suficiencia que tenía Dolohov, podía jurar que él y Crowley lo habían planeado, y Agatha estiraba el cuello para poder ver un poco mejor, pero Remus podía ver en sus ojos que estaba entre sorprendida y preocupada, lo que le daba a entender que no tenía idea de lo que estaba pasando.
Lorelai tenía esa expresión de loca en el rostro, y le apuntaba a Sirius directo al pecho, igual que él hacía lo propio, sin que les importara que Varnskova estuviera en medio de ambos. La castaña de ojos verdes miró por sobre su hombro, como si supiera que su novio la estaba vigilando, y éste la miró primero a ella y luego a la puerta, ella asintió y miró a Lorelai y a Sirius bastante seria.
- Vamos a salir de aquí – murmuró para que ambos la escucharan –. Ahora – puntualizó autoritariamente, mirándolos a ambos y dejando en claro solo con esa mirada que aquello era una orden que ninguno de los dos rehuiría. Pero dado que ninguno de los dos se movía, Evangeline los agarró del brazo y los obligó a moverse. Tanto Sirius como Lorelai se miraban de mala manera, el moreno quería pelear, estaba enojado, se le había acabado la paciencia, y la rubia quería obtener lo que había ido a buscar. Nunca perdía la oportunidad de meterse en una pelea contra los Merodeadores, especialmente si se trataba de Sirius Black, era un traidor y merecía lo peor; además, quería vengarse de ellos por impedir que le diera su merecido a Hudgens.
James, Remus y Peter no tardaron en correr detrás de las dos Slytherins y su mejor amigo, no podían dejarlo solo con aquellas dos víboras. Pero cuando salieron al pasillo, los tres habían desaparecido. Agatha apareció detrás de ellos, seguida por Fabian que había intentado detenerla, pero se le había hecho imposible. Cuando habían salido del comedor, Antonin ya no estaba en la mesa, y ahora tampoco estaba con ellos, lo único que se le venía a la cabeza a Remus era la posibilidad de que estuviera con Crowley, Varnskova, y Sirius… entonces sí lo habían planeado y a su amigo le darían una paliza. Peter salió corriendo hacia las habitaciones para buscar el mapa, era la mejor forma que tenían para encontrarlo. James fulminó a la chica con la mirada, si todo lo habían hecho para cargarse a Sirius, ella era la primera que tenía la culpa.
- Remus, ¿qué…? – comenzó a decir la chica, mirándolo a los ojos y dejando ver cuán poco entendía de todo lo que estaba pasando. El licántropo le devolvió una mirada fría con cierto resentimiento, Agatha la captó al instante y parpadeó un par de veces antes de dar unos pasos hacia atrás. - ¿Qué pasó? – preguntó la chica, evitando la mirada de Remus, y fijándola en Fabian.
El chico, de mirada clara pero dura, mandíbula cuadrada, labios finos y nariz recta, se encogió de hombros. Tenía el pelo de punta, como un jopo largo hacia arriba, bastante desordenado y de color castaño, y era tan pálido que hasta podía pasar por muerto de estar dormido, por lo que todos sabían, estaba lleno de tatuajes. Agatha frunció el ceño y siguió mirándolo, ella estaba segura de que él sabía qué pasaba y ella quería respuestas. Fleischer puso los ojos en blanco y la miró a los ojos, su expresión era casi tan impasible como la de su novia, se notaba que estaban hechos el uno para el otro, eran muy parecidos.
- Lorelai quería decirle a Black lo de Anton y tu, Eva le pidió que no lo hiciera, pero al parecer no le hizo mucho caso – toda la frase había sido despreocupada y con un tono casi monótono, como si fuera algo memorizado y poco relevante, algo completamente falto de interés para Fabian.
Agatha lo miró incrédula, primero no podía creérselo, y luego se dio cuenta de que era casi del todo obvio, pero estaba enfadada con Lorelai por haberlo hecho, y ya la escucharía cuando la encontrara. Puede que no pareciera que le gustaran las peleas, no, no le gustaban, pero eso no significaba que no supiera pelear ni que no fuera capaz de pelear cuando estaba realmente enfadada, y en ese momento lo estaba y mucho.
- ¿Lo sabía Antonin? – preguntó mirando un punto fijo en el suelo, con los brazos en jarras, apoyando las manos en sus caderas. Su tono de voz había sido muy explícito con respecto a la respuesta, quería la verdad, y Fabian se la daría.
- Él y Lorelai lo planearon anoche – le contestó el Slytherin sin inmutarse. A Fabian le daba lo mismo, tenía una lealtad irrefutable con su Señor Tenebroso, pero cuando tenía que ver con sus amigos… pues, se podían matar entre ellos. Lorelai y Antonin también estaban en el mismo lado que él, pero Evangeline y Agatha no, y en realidad a él no le importaba, prefería que su novia se mantuviera alejada de eso. Y la morena de ojos claros con la que compartía el lugar de golpeador en el equipo de Quidditch, era en cierto modo, más amiga suya que Lorelai, con quien usualmente pasaba peleando. Agatha lo había ayudado con Eva, le agradecería por eso siempre.
Agatha asintió sin levantar la mirada, al levantar el rostro se encontró con la mirada acusadora de James Potter y la mirada resentida de Remus, pero en esos momentos no tenía tiempo para disculparse con ambos o algo por el estilo. Tenían que encontrar a Sirius, y rápido. Agatha se hacía una idea de lo que le harían Antonin y Lorelai, y solo esperaba que Evangeline no los ayudara.
Evangeline los había arrastrado dentro de la cámara que estaba junto al Comedor y había trabado la puerta, pero cuando los había soltado y se había dado la vuelta, se encontró con la mirada café de Antonin Dolohov, que sonreía como si le hubieran dado el mejor de los regalos. Sirius lo miraba fijamente, tan inexpresivo como era capaz de estar. Lorelai se alejó de su amiga unos pasos, y también del traidor, para acercarse disimuladamente a Dolohov.
- Debí suponer que estarías aquí – susurró Evangeline de manera despreocupada. Antonin se acercó un paso y sonrió. - Pero quiero que salgas, esto lo arreglarán Black y Lorelai, solos.
- ¿Ni siquiera me dejas hacer de espectador? – preguntó burlonamente el chico de cabello color chocolate.
- No – contestó Evangeline, sin dar el brazo a torcer.
- Oh, vamos, "Evy", será divertido – la incitó el chico, haciendo un remarco notable sobre el apodo que le había puesto a la chica, componiendo en sus labios una sonrisa de pura diversión y suficiencia.
- Llámame así de nuevo y yo me divertiré con tu cuerpo retorciéndose de dolor en el suelo – le dijo la chica completamente seria, sin que se le moviera un pelo. Dolohov se tomó la amenaza con cautela, pero sonrió como si fuera una excelente broma de parte de ella. – Sal de aquí, esto no es asunto tuyo.
- Claro que lo es, Black quiere maldecirme a mí, ¿no es cierto? – Dolohov miró con diversión a Sirius, que le sostuvo la mirada con la misma inexpresividad de antes. Sí, quería hacerlo pedazos.
- Eva, solo sal y nosotros nos encargaremos de él – sugirió Lorelai, ahora parecía más tranquila, como si se sintiera victoriosa desde un principio. Su mejor amiga la miró directamente a los ojos, y arqueó significativamente una ceja, cruzándose de brazos. – Lo digo porque puede que te comprometa como Delegada que veas lo que haremos, mejor si sales y finges que nada pasó – la rubia se encogió de hombros.
- ¿Y quién te dijo que yo voy a permitir que hagan lo que sea que planean? – cuestionó la chica, arqueando ahora ambas cejas. Fingía sorprenderse por la suposición de sus dos amigos.
- Lo di por sentado, o estas de nuestra parte o estas contra nosotros – alegó Lorelai con seriedad.
- No te equivoques, yo no estoy del lado de nadie. Me preocupo por mí y los que me importan.
- ¿Asumo entonces que te importa este traidor? – la mueca de asco que se formaba en la cara de Antonin daba a entender cuanto le repugnaba la idea.
- No, él no me importa, me importan ustedes. Si utilizan magia negra dentro de la escuela, Dumbledore lo notará – su justificación era una verdad, aunque no fuera precisamente la verdad de sus pensamientos e intereses.
Antonin y Lorelai intercambiaron una mirada, sabían que no era cierto, pero a la vez sabían que algo de razón tenía. No les importaba utilizar la magia negra, ni ir a Azkaban por una causa que lo valiera, como la de erradicar a todos los asquerosos sangre sucia y hacer pagar a los muggles, ¿pero acabar en Azkaban por Sirius Black? Ni pensarlo, al menos no todavía. Aunque una probadita no les haría daño alguno.
- Viendo que sus intenciones no benefician a nadie en lo absoluto, les voy a pedir que salgan de aquí ahora – les comunicó Evangeline con un tono educado pero autoritario. Saldrían o los arrastraría, pero le harían caso.
- Varnskova, mantente al margen de esto. Black tiene que pagar por haberse metido con mi novia – en todo momento observó a Sirius, fijamente, con esa sonrisa de suficiencia que parecía habérsele grabado en el rostro.
- Eso es algo que tendrías que hablar con Agatha, ¿no te parece? Lo que sea que pasó entre ellos, pues ella también está involucrada.
- ¿Sugieres que la torture a ella, Varnskova? – la risa irónica que se escapó de su boca no consiguió sacar una sonrisa en ninguno de los presentes, a excepción de Lorelai, que intentaba no ser demasiado obvia delante de su mejor amiga.
Evangeline estaba a punto de decirle algo a Antonin cuando un rayo de luz iluminó la cámara y lo lanzó por los aires. Sirius no había podido aguantar, nadie le haría daño a ella, nadie. Él la iba a proteger como pudiera, de la distancia o lo que fuera, pero no iba a permitir que le pusieran una mano encima. Lorelai sacó su varita en cuanto vio a Antonin volar por los aires y le lanzó una maldición a Sirius, que éste esquivo. De repente la cámara de espera se había visto llena de maldiciones que rebotaban por todas partes, montones de luces de distintos colores que lo iluminaban y lo apagaban todo. El ruido era fuerte, y llamó la atención de los que estaban fuera, Remus se dio una palmada en la frente, ¿cómo no se le había ocurrido buscar en la cámara? Estaba junto al comedor, eso explicaba por qué no los habían visto desaparecer a pesar de que venían detrás de ellos.
Los cuatro irrumpieron en la habitación y tuvieron que tirarse al suelo para refugiarse de las maldiciones, peleaban con energía, parecían querer matarse entre ellos. Evangeline se había puesto de parte de Sirius, sabía que eso podía perjudicar su reputación, pero estaba del mismo lado que él y Antonin le había lanzado una maldición directo al pecho, la había esquivado, pero había dejado en claro que Dolohov no la quería ahí. Ella no iba a dejarse maldecir ni echar, y respondió a las maldiciones con fervor, a ella no le importaba usar maldiciones imperdonables en pleno terreno de Dumbledore, aunque intentaba evitarlo por pura cautela. Tenían que ser cuidadosos.
Un crucio fue directo hacia Eva y Sirius se interpuso, cayó al suelo sintiendo como todo su cuerpo gritaba de dolor. Antonin tenía en su rostro una sonrisa de satisfacción que no le cabía en el rostro, al igual que Lorelai, parecía una victoria cuando la profesora McGonagall entró en la cámara. Todo se congeló. Nadie se movía, y ella los escrutaba con su dura mirada, y los labios fruncidos por la rabia.
- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó esperando una explicación, recorriéndolos a todos con aquella mirada que no indicaba compasión. Reparó en Sirius, que estaba arrodillado en el suelo y todo sudoroso, con una expresión de dolor en la cara, los demás estaban todos serios. – Potter, lleve a Black a la enfermería – dijo de manera cortante, él se acercó a Sirius y lo ayudó a levantarse, James ignoró a Agatha todo lo que pudo, y salió con el brazo de Sirius alrededor de sus hombros, sosteniéndolo rumbo a la enfermería.– Crowley y Dolohov, inmediatamente a mi despacho, y cincuenta puntos menos para Slytherin… cada uno – los dos marcharon hacia el despacho de la profesora, sin decir palabra ni replicar, al salir vieron al corro de alumnos que presenciaba la escena o intentaba presenciarla.
Minerva McGonagall se paró frente a Evangeline Varnskova, observándola con cierta reprobación.
- No me lo esperaba de usted, Srta. Varnskova, como delegada debió poner ejemplo, tendré que hablar con el Profesor Dumbledore respecto a su puesto de Prefecta y… - Fabian la interrumpió.
- Evangeline no tuvo nada que ver, Profesora. Antonin, Lorelai y yo lo planeamos todo y trajimos a Black hasta aquí, queríamos darle una lección – la convicción en las palabras del castaño y su expresión daban a entender que decía la verdad, aunque realmente todo eso fuera mentira. McGonagall alternó su mirada entre los dos Slytherins y por alguna razón, le creyó a Fabian.
- Bueno, entonces olvide lo que dije, Srta. Varnskova – dijo la profesora seriamente, y miró a Fabian duramente – En cuanto a usted, Sr. Fleischer, vaya a mi despacho junto con sus compañeros, y también le quitaré cincuenta puntos por esta gravísima falta.- Fabian asintió y salió de la cámara, sin mirar a nadie por el camino, enfiló hacia el despacho de McGonagall, detrás de Antonin y Lorelai.
La Profesora McGonagall volvió a mirarlos uno por uno a Remus, Agatha y Evangeline, y salió de la cámara, pidiéndoles a los alumnos que se habían reunido para ver lo que estaba pasando que volvieran al Gran Comedor a terminar de almorzar. Remus ni siquiera miró a las dos chicas, estaba ofendido por todo lo que había pasado, y prefirió salir e ir directo a la enfermería para ver como estaba su mejor amigo. Evangeline soltó un largo suspiro y se quitó el cabello del rostro, y le hizo una seña a su amiga para que saliera de la cámara.
- Mejor vayamos a la Sala Común – le dijo, sabiendo que Agatha quería ir a la enfermería, pero que si lo hacía la sacarían a insultos y golpes. Había visto las miradas de Potter y Lupin, y no quería que hicieran que su mejor amiga se sintiera peor de lo que ya parecía estar.
Horas después, los tres Slytherins salieron del despacho de la Profesora McGonagall con un castigo de mes y medio, todas las tardes tendrían que ordenar los libros de la biblioteca como Madame Pince quisiera, y sin magia, obviamente. De camino ninguno dijo absolutamente nada, los tres en silencio enfilaron hacia la Sala Común de Slytherin. Al entrar, vieron a las dos chicas sentadas en uno de los cómodos sofás de cuero negro, estaban hablando de algo pero se callaron en el momento en el que entraron sus compañeros. Lorelai se acercó a sus amigas, pero ni siquiera la miraron. Sabía que eso pasaría, así como sabía que tarde o temprano volverían a hablarle. No se moriría sin amigas por una semana. Antonin se acercó a donde estaba las tres chicas, y se dejó caer en un sofá, relajado como si nada hubiera sucedido, o como si regresara de hacer un arduo trabajo, pero en el momento en que tocó la tela de éste, Fabian lo agarró de la pechera de la camisa y lo dio fuertemente contra la pared. Nadie se esperaba eso. Su rostro pálido y extrañamente atractivo se acercó mucho al de Antonin, apretaba la mandíbula fuertemente y lo miraba a los ojos muy de cerca. Antonin no se dejaba intimidar por nadie, pero conocía bien a Fabian, se suponía que eran amigos, y sabía que no estaba jugando en ese momento.
- ¿Ibas a torturar a mi novia, Dolohov? – masculló entre dientes, se notaba en cada palabra la ira contenida que guardaba a duras penas. Antonin parpadeó e intento soltarse, pero Fabian lo tenía fuertemente acorralado.
- Era para Black, no para tu novia – mintió el chico, descaradamente y fingiendo estar "arrepentido".
- Jamás tuviste mala puntería, Dolohov – la amenaza estaba clara en toda la frase, Fabian sabía muy bien que Antonin mentía. Y también sabía que no le diría la verdad, no admitiría que había querido hacerle daño a Eva, porque entonces firmaría su sentencia de muerte, podía parecer extremista, pero Fabian jamás permitiría que nadie le hiciera daño a ella, era todo lo que tenía y mataría a cualquiera que osara hacerle daño de cualquier forma. – La próxima vez que pretendas tenerla, y nadie se meta en medio para ayudarla, si te atreves a intentar hacerle daño de nuevo – le advirtió amenazadoramente y muy cerca de estrangularlo – te juro por nuestro Señor que te torturaré hasta que agonices y luego te descuartizaré pedazo por pedazo, mientras sigues con vida, y le daré tus restos a tu maldito padre de regalo de navidad.
Lo soltó de golpe y se dio la vuelta encarando a su novia, que lo miraba fijamente sin mostrar ninguna emoción, en sus ojos él veía la sorpresa de su reacción. Le tendió la mano caballerosamente.
- Te debo una tarde en el lago – argumentó cuando ella lo miró sin comprender qué deseaba. Tomó su mano y ambos salieron de la Sala Común. Antonin seguía pegado a la pared, Lorelai no podía creer que Fabian hubiera amenazado a su mejor amigo, y Agatha había dejado a los otros dos para marcharse a su habitación. Subía las escaleras cuando Antonin se dio cuenta de que se marchaba, corrió hacia ella y la tomó del brazo.
- Tu y yo tenemos que hablar, me debes una explicación – le dijo todavía algo molesto por la humillación por la que lo había hecho pasar Fabian. Agatha frunció el ceño y se soltó de su agarré, continuando hacia su habitación. No quería verle la cara ni en un cromo de ranas de chocolate.
Sirius pasaría la noche en la enfermería, James y Peter se habían quedado con él todo lo que les había permitido Madame Pomfrey, y luego habían vuelto a la Sala Común para terminar el sábado un poco más tranquilos. La tarde había sido una locura.
Después de la cena, Remus se marchó a hacer su ronda. Todavía seguía algo resentido porque Agatha no le había contado absolutamente nada de Dolohov, eran amigos, se suponía que compartían sus secretos y no podía creer que no se lo hubiera dicho. Él le había hablado de su Licantropía, y ella no había podido contarle aquello. Le molestaba en lo más profundo. Pero todo ese enojo se le pasó cuando, sorprendido, se encontró con Marlene McKinnon en los pasillos.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó al acercarse. Ella lo miró de arriba abajo, de abajo a arriba y se encogió de hombros.
- Hago mi ronda, igual que tu, supongo – contestó simple la chica. Cruzándose de brazos sobre su túnica negra y azul, no llevaba maquillaje, el pelo se lo había recogido en un moño para no tener que peinarlo mucho. Remus asintió sin saber muy bien qué decir.
- ¿Y cómo estás? – en un intento de hacer un poco de sociabilidad, Remus se preguntó para sus adentros si no estaba replanteándose inconscientemente la sugerencia de Agatha.
- Bien, mi día no fue tan divertido como el tuyo. ¿Cómo está Sirius?
- Ah, estará bien. Madame Pomfrey lo obligó a pasar la noche en la enfermería, pero dice que mañana estará como nuevo- las chicas siempre le preguntaban por Sirius, y eso solo servía para acobardarlo con Marlene.
- Vaya espectáculo montaron las Serpientes hoy, eh? – Inspiró hondo y miró por la ventana – ¿Seguimos la ronda juntos?
- Claro – asintió Remus, comenzando a caminar junto a ella.
- ¿Por qué fue esta vez? – preguntó curiosa la chica, girando el rostro para verlo mejor.
- Ah… Sirius se metió con la novia de Dolohov – se limitó a decir Remus, en realidad no quería hablar de Agatha, porque se pondría de mal humor de nuevo y no le apetecía justo en ese instante.
Marlene silbó como si aclamara la valentía de Sirius, rió un poco y continuó caminando en silencio. Remus tuvo un ataque de valentía justo entonces, se giró hacia ella y se detuvo, haciendo que la chica también lo hiciera.
- ,comoamigosnadamás,a…algún lado que quieras – había dicho todo demasiado rápido por los nervios que de la nada se habían alojado en su estómago, y la frase se había vuelto lenta al final, como si se hubiera dado cuenta de lo que acababa de decir. Marlene lo miraba con ambas cejas arqueadas por la sorpresa, sonrió de lado.
- ¿Por qué no? – se limitó a decir, y le sonrió un poco para que se tranquilizara. Remus se dio cuenta entonces de que no había estado respirando mientras esperaba su respuesta.
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