Los personajes son de míos, la historia es de SM.


Capítulo 27

- Creo que esta es la última – Edward dejó la caja en el suelo y se apresuró a abrazarme, yo lo recibí con una enorme sonrisa -, parece que tenías más cosas de las que pesabas.

- Eso es culpa de mi madre – me estiré lo suficiente para pasar mis brazos por su cuello y acercarlo un poco más hacía mi -, ella saca mi veta consumista.

Sus manos se acomodaron mejor en mis caderas y me acercó más a su cuerpo – Pues a mi me gustas de todas las formas, así que si quieres sacar tu veta consumista y redecorar un poco el departamento, aparte del sofá, por mi no hay problema.

- Me gusta como está, además – respiré hondo, no quería soltar el tema tan seguido pero una vez no haría daño -, dijiste que el departamento solo sería temporal y…

- Sí, con respecto a eso – me soltó dejándome inmediatamente con un vacío -. Estuve viendo y creo que es mejor contratar a un Agente de Bienes Raíces – me entregó una hoja en donde salían anotados varios nombres con sus respectivas direcciones -, ahí hay un par, pero tenemos que seleccionar uno.

Miré la hoja con calma, no es que dudara de la palabra de Edward, él no me había dado motivos para ello pero me gustaba mucho saber que estaba totalmente involucrado en la búsqueda de una casa, no es que necesitara una, pero tener un proyecto de vidas juntos, comprar algo juntos, hacia que nuestra relación fuera mucho más real.

- Ya veremos… pero ahora quiero inaugurar nuestra habitación.

Tiré la hoja a un lado y me enganché del cuello de mi novio, busqué sus labios y los encontré listos y dispuestos para que jugara con ellos.

- Amor… los niños – se quiso separar de mí pero no lo dejé.

- Mi mamá los va a traer más tarde, dijo que no quería que estuvieran entre cajas y polvo.

Ahora su sonrisa preocupada estaba llena de fuego - ¿Eso quiere decir que te tengo para mí solo?

Me mordí el labio inferior y fingí pensar – Mmm, creo que sí…

- Bueno, dado que acabo de traer tu última caja – apuntó al suelo, donde estaban las cosas que aún no desempacaba -, creo que oficialmente podemos decir que estamos viviendo juntos y que este es nuestro cuarto.

- Así que… - lo animé a que siguiera.

Él me ignoró – Además, han pasado ya varios días desde el parto y Eleazar dijo que estabas bien.

- Y… - lo animé nuevamente

- Creo que tu idea de inaugurar la habitación es muy buena – sus labios ahora atraparon los míos en un beso que prometía mucho.

Me aferré a sus cabellos e intensifiqué el momento, mis hormonas post embarazo se habían revolucionado, los días que había pasado sin poder tocarlo por miedo a que algo anduviera mal conmigo ya habían quedado atrás, Eleazar me había dado oficialmente el alta y pensaba aprovechar el momento con mi novio… en nuestro cuarto.

- Con cuidado – murmuró sobre mi cuello mientras bajaba sus besos y me depositaba en el centro de la cama.

- Como quieras.

Sí, parecía que estaba necesitada y lo estaba, un poco, no, la verdad es que mucho. Abrí mi boca y atrapé la de mi novio de vuelta, esperé a que estuviera un poco distraído y nos hice girar para quedar yo arriba, amaba montarlo, tener el control y que él enterrara sus manos en mis costados, que me guiara pero que a la larga solo yo decidiera que tan rápido ir.

- Mmm… parece que estas decidida.

- Más que eso – desabroché su camisa pero no la saqué, me gustaba la visión de él acostado debajo de mi y con el pecho semi desnudo -, estoy apurada.

- ¿Quieres un rapidito? – sus manos subieron por mis muslos levantando lo justo y necesario mi vestido -, pensé que ibas a querer algo con más… calma.

Negué con la cabeza mientras comenzaba a desabrocharle los pantalones – No, mi madre debe llegar con los niños en una media hora…

- Amor – sus manos se posaron sobre las mías deteniéndolas -, quizás deberíamos esperar hasta la noche, no quiero que lo hagamos solo…

- ¿Por qué queremos? – lo interrumpí -, amor… una de las cosas maravillosas de hacer el amor es que no está mal hacerlo solo porque queremos.

- A veces me siento como un marica.

Estiró su brazo de una forma que me sorprendió, alcanzó mi nuca y me acercó lo suficiente para besarme, yo, mientras pude, terminé de bajarle los pantalones, no se los saqué, solo los bajé lo suficiente para que su polla saltara feliz frente a mí, la punta brillaba pidiéndome algo que no podía negarle así que me separé de él y bajé mis labios por toda su longitud, estaba igual de sabroso que siempre.

- Oh, amor… se siente tan bien.

Murmuré sobre su polla, quería decirle que él sabía bien, pero dejarlo no era una opción. Como mi boca no alcanzaba para abarcarlo con completo, utilicé mis manos, una como tope y la otra para acariciar sus testículos que también pedían atención.

- ¡Mierda!... eso se siente bien – sonreí, le gustaba.

- ¿Y si los chupo? – manteniendo un contacto visual con él obvié su pene y me fui directo a sus testículos –, se ven tan apetitosos.

- ¿Quieres volverme loco?

- Un poco – sonreí y exhalé airé sobre toda su hombría.

- Entonces si… quiero que me los… - me los metí adentró lo mejor que pude.

Sus testículos sabían tan bien como su polla pero por más que adoraba lo que le estaba haciendo sabía que no teníamos mucho tiempo, por lo que llevé una mano hacía mi coño y corrí hacía un lado mis bragas, cuando sentí que era suficiente, solté sus testículos y me volví a encaramar sobre su cuerpo. No lo dejé reaccionar, tomé la base de su polla y la dejé firme para poder dejarme caer sobre ella.

- ¡Jodida mierda!

El primer contacto fue bastante impresionante por lo que cerré los ojos con fuerza y abrí la boca esperando por mi grito.

- Te extrañaba tanto… como te sientes dentro de mí, es…

Las manos de Edward fueron a mis caderas, me tomó con fuerza y me alzó para dejarme caer nuevamente sobre él, yo lo ayudé porque si era un rapidito así tenía que ser.

- Vamos amor… ¿no lo querías rápido?, muévete y déjame sentirte… quiero sentir tus líquidos escurriéndose por mí.

Prácticamente enterré mis dedos en su pecho para darme soporte y comenzar a balancearme, estaba segura que mi culo y mis muslos saldrían resentidos, pero no me importó, seguí moviendo hasta que casi perdí la conciencia, cuando mi orgasmo amenazó con salirse, procuré apretar mis paredes internas, no quería irme sola.

- Vamos Edward… ven conmigo.

- Yo… casi, ya me falta…

No sé de donde salió la idea pero me agaché lo suficiente para agarrar uno de sus pezones con mis dientes, traté de no morderlo muy fuerte pero no puedo estar muy segura de haber sido suave.

- ¡MIERDA!

- ¡Vamos Edward!, quiero sentirte… ¡Córrete!... déjame sentir como tu leche…

Ahora fue él quien me interrumpió, me alzó su suficiente para dejarme caer una vez sobre su polla, se corrió ni bien mi coño lo recibió. Mi orgasmo se dejó ir mientras su semen se desparramaba por mi interior consiguiendo que nuestros líquidos se mezclaran por completo.

No sé si fue un rapidito o no, pero cuando me rendí sobre su pecho estaba más que satisfecha.

Sé que pasó un buen tiempo mientras nos acariciábamos, pero el sueño comenzó a vencernos antes de lo esperado. Estaba quedándome dormida cuando el timbre del departamento comenzó a sonar, de la nada se me fue todo el sueño, pero no porque pudieran descubrirnos semi desnudos, sino porque sabía que detrás de la puerta estaban mis hijos.

- Llegaron los niños – Edward saltó de la cama a arreglar su ropa tan rápido como yo -, tu arréglate mientras yo abro – me encantaba verlo igual de ansioso que yo.

Para cuando terminé de arreglarme, él ya se había ido. Llegué a la sala y todos estaban allí, de alguna forma Edward había conseguido tomar a los dos niños y ahora estaba sentado en el sofá con ellos en brazos.

- Dame a Serena para que estés más cómodo – le dije pero ni siquiera me miró -, Edward…

- ¿Eh? – por fin alzó la vista hasta mi -, no, no te preocupes, yo estoy bien con ellos aquí.

Volví a ignorarme en cosa de segundos, pero se veían tan lindos juntos que me era imposible separarlos, así que me fui a sentar junto a mi madre y Eleazar que nos miraban con una sonrisa en el rostro.

- Me siento desplazada – murmuré.

- Eso es normal hija, nosotros sentimos a nuestros hijos por nueve meses, los padres solo pueden disfrutar de ellos cuando están afuera así que es obvio que sean más sobreprotectores.

- Sí, tienes razón.

- Además – intervino Eleazar -, creo que Edward siente el doble de amor por ellos.

No necesitaba que me explicara eso, sabía a que se refería, al amor de Jasper y de él mismo. Me volví a mirarlos y se veían tan hermosos que estaba segura que nunca se separarían.

- Por cierto – habló mi madre -, este sofá está muy cómodo.

Sonreí, el sofá era lo primero que habíamos comprado en conjunto y solo había llegado hoy.

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La primera noche que pasamos juntos fue toda una odisea, ninguno estaba seguro de dejar a los bebés en su cuarto así que después de pensarlo, decidimos que era mejor llevarlos a nuestro cuarto, y de esa forma terminamos durmiendo todos juntos. Bueno, de dormir no dormimos mucho, por lo menos Edward y yo porque si no era Serena era Marty quien pedía un poco de atención.

A la mañana siguiente, Edward debía ir a revisar unas cuantas cosas a la oficina así que se levantó temprano, yo solo miré vestirse desde la cama, era una escena que me había imaginado muchas veces y que me hacía muy feliz.

- Me gusta ver cómo te preparas para ir al trabajo.

- ¿Sí? – me sonrió mientras terminaba de abrocharse la corbata -, pues a mí me encanta verte acostada en nuestra cama.

Iba a decir algo cuando el llanto de Marty me interrumpió, quise pararme para tomarlo entre mis brazos pero Edward me ganó.

- Ya te tengo campeón – en cuanto lo tomó, mi hijo dejó de llorar.

- Parece que ya sé a quien prefiere – bromeé.

Edward solo rió – Sí, es todo un compra corazones.

- Ven – me puse de pie – dámelo para que puedas irte.

Edward me lo entregó pero ni bien dejó sus brazos, comenzó a llorar nuevamente – Parece que hoy solo quiere a su papá – murmuró.

- Edward tienes que ir a trabajar.

- No, solo tengo que ir a firmar unos papeles, de hecho – me miró sonriendo -, podría llevarme a Marty conmigo.

Iba a negarme pero su carita de nene bueno no me lo permitió, aunque me costara separarme de mi hijo, en estos momentos él tenía tanto derecho como yo para sacarlos, por eso puse mi mejor sonrisa y asentí.

- Sí, creo que es una buena idea.

- ¿De verdad? – comenzó a mecerlo con mucho más animo, se notaba muy bien lo feliz que estaba.

- Sí amor, solo será un momento y puedes llevarte el relleno por si le da hambre.

- Oh amor – se acercó para besar fugazmente mis labios -, ten – me pasó a Marty y se alejó -, sostenlo mientras le voy a preparar sus cosas.

Edward se movió por todos lados preparando las cosas de nuestro hijo, no demoró mucho en tener todo preparo, cuando vi que ya había terminado, me puse de pie con mi hijo en brazos, comprobé que Serena seguía dormida, la acomodé mejor y tomé el monitor antes de salir a la sala para encontrarme con Edward, él me sonrió cuando me vio y estiró los brazos para que le tendiera a Marty.

- Me alegro tanto de haber comprado las sillas para los niños.

- Sí, eso era necesario – me di vuelta y fui hasta la cocina, él me siguió. En el refrigerador estaba la formula así que la saque y la envolví -, acá está su comida en caso de que le de hambre.

- Sí, sí sé, aunque no creo que nos demoremos muchos.

Ya con el bolso colgado en su hombro, tomó a Marty y se dirigió a la puerta, me dio una mirada antes de irse, sé veía tan feliz que me contagió.

Esperé parada en la sala hasta que se fueron, luego de suspirar como toda una madre preocupada me giré, pero no alcancé siquiera a dar el primer paso cuando el timbre sonó, me apresuré porque estaba segura que algo le había pasado a Edward, lo más probable es que se le haya quedado algo.

- ¿Qué se te…?

Abrí la puerta sin mirar y me arrepentí, no era Edward, era un cartero y yo no estaba con las mejores pintas.

- Oh, perdón – me sonrojé, pero por lo menos mi piyama era decente -, ¿Qué se le ofrece?

- Tengo una carta certificada para Isabella Swan.

- Soy yo – no estaba segura como sabían que ahora vivía acá pero decidí ignorar eso.

El hombre me tendió el sobre blanco, lo miré pero no tenía nada más aparte de un timbre color naranjo en el medio de la parte frontal – Necesito que me firme acá.

- Claro – me pasó la típica tabla llena de hojas, estaba señalado donde firmar así que no tuve problemas -. Ahí está – se lo devolví.

- Buenas tardes señora.

Cerré la puerta y me fui a la cocina, me hice un café porque ya no me iba a volver a quedar dormida, el sobre parecía mirarme, que fuera una carta certifica y que no dijera nada, me tenía un poco nerviosa, por eso me senté en la cocina y mientras tomaba el café me comencé a dar un par de vueltas, no sabía si abrirlo o no.

Cuando terminé, fui a vestirme y a llevar a Serena a su cuarto, en su cuna estaba mucho más cómoda que en la mía, mi hija, era todo un angelito y se veía hermosa durmiendo, le di un beso en su cabecita y acaricié sus insípidos cabellos, estos niños me tenían enamorada por completo.

Volví a la sala y me senté en el sofá, dejé el sobre en la mesa de centro, pero por más que traté de ignorarlo, el maldito parecía llamarme a gritos.

Cuando ya sentí que había pasado suficiente tiempo, tomé una profunda respiración y me preparé para abrirlo, pero como si el destino estuviera en nuestra contra, sonó el timbre captando mi atención por completo. Tomándolo como una salida corrí a abrir la puerta, mi estado emo por el sobre se había esfumado un poco, pero así como se fue, volvió en cuando vi quien me estaba buscando.

- Bueno… por lo menos esta vez estas vestida.

Esme me hizo a un lado y entró, creo que mi shock inicial fue suficiente para que se tomara esa confianza. Cuando reaccioné corrí detrás de ella pero ya era muy tarde, estaba instalada en medio del sofá nuevo.

- Veo que ya comenzaste a cambiar cosas por acá.

- Esme – suspiré tomándome la cabeza -, estoy segura que tienes mucho para decirme pero ahora no puedo ni quiero pelear.

- No me vengas con eso mocosa – se puso de pie de un salto -, no estoy para tus malditos juegos y si vine es solo para decirte que no creas nada de lo que dice ese testamento porque pienso hacer hasta lo imposible por impugnarlo.

- ¿Qué testamento?

Los ojos verdes de Esme se entrecerraron en mi dirección – No te hagas la estúpida… el testamento de Jasper.

Inmediatamente pensé en el sobre blanco que descansaba ahora en la mesa de centro pero rápidamente desvié mis pensamientos cuando un llanto irrumpió en la sala.

- ¿Qué…? – ella quiso dar un paso pero usando mis mejores reflejos me interpuse en su camino -. Son mis nietos – habló entre dientes -, y si quiero verlos puedo hacerlo… tengo todo el derecho del mundo, por lo menos para comprobar si de verdad son unos Cullen.

Creo que sus palabras habían surgido el efecto deseado porque me quedé de piedra cuando me hizo a un lado y se encamino al cuarto de los mellizos.

Por más que corrí, ella ya estaba de pie frente a la cuna de Serena quien lloraba a mares, no sé porque pero lo primero que pensé fue que lloraba porque no estaba su hermano. No me importó Esme, la hice a un lado y tomé a mi hija en mis brazos, la acurruqué y conseguí que se calmara un poco pero aún así hipaba.

- Yo pensé que eran dos – la mujer miró las dos cunas y frunció más el ceño -, ¿Dónde está el otro niño?

- Salió con Edward, fueron a la oficina.

Apreté a Serena más sobre mi pecho, no me gustaba que Esme la estuviera mirado – Se parece a Jasper – comentó, pero no estoy segura de que quisiera que la escuchara.

- Sí – mi niña se parecía mucho a su padre -. Señora, creo que es mejor que se vaya.

- ¿Cómo se llaman? – me ignoró.

Lo pensé por un momento, no le haría daño saber los nombres, suspiré para darme ánimos – Ella se llama Serena y mi niño…

- Marty – terminó ella por mí.

- Sí – asentí y fruncí el ceño -, ¿Cómo lo supo?

- Ese es el nombre que Jasper quería para su hijo, y sabía que tu le harías el honor, además – cuando pensé que todo iba bien, sus ojos volvieron a ponerse fríos -, si quieres sacarnos dinero era obvio que ibas a usar hasta el mas mínimo detalle para hacerlo.

Serena no había vuelto a quedarse dormida pero ahora estaba tranquila, le besé la cabecita y sin preocuparme por Esme, la volví a dejar en su cuna – Espérame un segundo amor.

Cuando me erguí, tomé una mano de Esme y comencé a arrastrarla hasta la sala, ella gritó y quiso soltarse pero no la dejé hasta que estuvimos donde yo quería.

- ¿Qué mierda te pasa, mocosa?

Se sobó la muñeca casi como si le hubiera hecho daño - ¡Me tiene harta! – grité sin alzar mucho la voz -, no la quiero acá, no la quiero cerca de nada, sí, tuve los hijos de Jasper y estoy con Edward, pero eso no es su problema – le sonreí -, a Jasper lo amé y lo amaré de alguna forma por siempre, pero ahora amo a Edward y él es mi futuro, y no pienso dejar que nada nos separe – me acerqué un paso hacia ella -, ni siquiera usted.

- Eres una…

- ¿Perra? ¿Zorra? ¿Mala mujer? – me adelanté -, no me importa lo que piense pero váyase de mi casa – apunté hacia la puerta.

- Esta no es tu casa – habló entre dientes.

- Sí, lo es y quiero que se vaya ahora.

No alcé siquiera la voz, estaba tranquila y no pensaba exaltarme más por ella.

- Por favor – fui hacía la puerta y la abrí para ella.

Esme pasó por mi lado empujándome un poco, no la vi, solo me concentré en cerrar la puerta y correr a la mesa de centro, el sobre blanco seguía allí, ahora ni siquiera lo pensé, lo tomé y abrí en un segundo, aún tiritando saqué dos hojas, tomé primero la que tenía la letra de Jasper.

Amor.

Lo siento, diste a luz y yo no estuve contigo, me odio por eso, pero si estás leyendo esto es porque no lo logré. Sé que nuestro bebé debe ser hermoso, ¡Dios!, solo sé que estas embarazada desde hace unas horas y aún no puedo contener la emoción, pero sé que debo hacer estas cosas con rapidez, mi corazón puede fallar en cualquier momento y quiero preocuparme de dejar todo en orden.

Bella, te amo y de ninguna forma quiero que pienses que no confío en que puedas mantener a nuestro hijo, pero si no alcanzo a cambiar esta carta por otra es porque no nos casamos, así que no es mucho lo que puedo hacer en tu nombre, algo me dice que mis padres impugnarían cualquier testamento, por eso me remito a nuestro pequeño, esa hermosa criatura es sangre de mi sangre y merece tener esto.

El señor Bronte te explicará todo con mayor detalle, pero quiero ser precavido y dejar una carta para cada uno, no sé si Edward ya te dio la otra pero si no es así, búscalo y pídesela, en ella hay cosas que necesitas saber.

En fin, amor, acepta esto, todo mi dinero y mis bienes son tuyos y de nuestro bebé.

Dios, creo que si escribir sobre nuestro hijo me tiene en un estado de completa emoción, escribir su carta será una tortura, por cierto, el mismo abogado la tendrá y te la pasara cuando firmes la sesión de todo. Espero que se la pases cuando pregunte por mí.

No estés mal, aunque no los puedo ver, sé que existen y eso me basta, no conoceré a mi hijo pero por lo menos sé que tengo uno, tengo un hijo y una hermosa mujer, mucho más de lo que alguna vez soñé.

Los amo Bella, sean felices.

Mis ojos llenos de lágrimas me impedían un poco la visión, por eso solo pude ver a medias la hora, la fecha y el lugar de la cita con el abogado de Jasper.


Hola!

Acá un nuevo capítulo!

Espero que disfruten.

Besos, Joha!