Los personajes son de SM. La historia es mía.


Capítulo 29

- ¿Por qué preguntas eso?

Mal, esa no era la respuesta que yo esperaba, un simple "no", hubiera despejado cualquier duda, yo le hubiera creído porque sabía que él no me iba a mentir en la cara, pero ahora… él me daba evasivas.

- Necesito saber – me tragué el nudo de mi garganta haciendo mi mayor esfuerzo porque no notara mi incomodidad -, dímelo por favor.

- No – no me miró pero no podía asegurar que me estuviera mintiendo, lamentablemente tampoco podía afirmar que no lo hiciera.

- Bien – le sonreí con el mayor cinismo del que fui capaz -, ¿nos vamos a casa?

Me puse de pie y estiré una de mis manos hacía él, al principio dudó un poco en tomarla pero lo hizo, cuando me tuvo cerca, tiró de mi y apegó bastante a su pecho. Yo solté el cuerpo y dejé que me guiara hasta sus labios, adoraba probarlos, sobre todo ahora que lo sentía más lejos que nunca.

- Claro.

Antes de que me separara por completo volvió a besarme, esta vez disfruté mucho más del contacto de sus labios.

- ¿Sabes que te amo, no?

- Sí, lo sé – sé que era así, pero necesitaba que alguien me asegurara de que nuestro amor era suficiente.

Me abracé con fuerza a su pecho y dejé que me guiara hasta el auto, lo que necesita ahora era ver a mis bebés, que pasáramos un tiempo en familia y así poder eliminar los putos fantasmas que me estaban acosando.

.

.

.

Ya habían pasado dos semanas desde que encontré a Edward en la oficina del abogado de Jasper, él supo explicarme con detalles lo que había estado haciendo, al final resultó que Esme quería invalidar el testamento que había dejado su hijo. El dinero de Jasper no era ni por asomo una cantidad millonaria como la que tenían sus padres, pero si era suficiente para que Serena y Marty aseguraran su futuro Universitario, bueno, sería mucho más en esos momentos, porque por ahora no pensaba tocar ni un solo centavo, con Edward acordamos que lo mejor era guardarlo, y así lo haríamos.

- No te levantes…

- Tengo que hacerlo… tengo control con la doctora Smith.

- Creo que mejor esperas a Eleazar… y así yo podré acompañarte – enterró su nariz en su cuello respirando fuerte, me hizo cosquillas, unas exquisitas cosquillas.

- Pero si no voy hoy pasaremos más tiempos sin saber si podemos tener relación… - usando mi agilidad, me puse a horcajadas sobre él -, y me muero por hacer el amor contigo.

Las manos de Edward fueron directo a mis caderas, su solo toque era suficiente para encenderme en estos momentos - ¡Mierda!... si no fuera por eso – se sentó conmigo aún sobre él y se estiró lo suficiente como para enterrar su nariz en mi cuello, aspiró hondo -, cariño… necesito sentirte – alzó sus caderas lo suficiente como para que yo pudiera sentir su erección.

- Yo… - me lamí los labios, hice mi mayor esfuerzo por concentrarme -, podría ayudarte…

- No – su voz fue firmar y mandona, justo como él, la sonrisa que lo precedió puso ante mí a mi Edward bipolar -, si te digo que quiero sentirte es porque quiero enterrarme en tu interior – sus manos se movieron solo un poco, logrando excitarme aún más -, quiero sentir mi semen escurriéndose entre tus piernas y…

- Suficiente.

Me levanté lo más rápido que pude. Desde que Edward descubrió que las palabras calientes y demasiado graficas sobre el sexo, me excitaban, que acostumbraba a aprovecharse cada vez que podía para incordiarme, sobre todo ahora que no podíamos tener mayor intimidad.

Lo apunté con mi dedo índice – Ahora me voy a ir a bañar y tu iras por los chicos… no te quiero cerca estando yo desnuda.

- Bien – abrió las sabanas revelándome su maravillosa erección matutina -, pero… ¿eso también se aplica si es que te dan el alta?

Bufé y zapateé el suelo frustrada con él. Lo ignoré y me preparé, estaba estimulada para ir luego a mi consulta médica pero en cuanto sentí el calor del agua tocar mi cuerpo dejé escapar todas las lagrimas que había estado conteniendo, quería pensar que mi vida era perfecta cuando la realidad es que nada me era suficiente, no sentía que esto estuviera bien… es como…

Le di un golpe de puño a los azulejos del baño, no quería pensar, en estos momentos pensar solo me hacía mal, por lo que arrojé mis peores miedos hacía el fondo de mi cerebro.

Lo más rápido que pude salí de casa y llegué hasta la consulta de la doctora Smith, solo me tocó esperar unos minutos pero fueron suficientes para que mi cabeza loca comenzara a pensar.

Mi madre llevaba una semana de viaje con Eleazar, y aunque me encantaba que ella estuviera tan bien en su relación, sí debo reconocer que me ha hecho mucha falta, después de todo, ella ha estado conmigo toda mi vida y ser madre asustada cada día, porque cada día descubro algo nuevo sobre mis pequeñitos.

No sé qué haría sin Edward, él ha sabido estar conmigo todo el tiempo y aunque aún hay veces que dudo y me entran miedos, sé que ahora él es mi constante.

- ¿Isabella Swan?

- ¡Sí! – me puse de pie en seguida y entré a paso apresuro a la consulta.

La doctora Smith era mucho mayor que Eleazar pero me dio mucha confianza.

- Señora Swan.

No quise aclararle que era señorita porque no consideré que viniera al caso, en lugar de eso, me senté en la silla que me correspondía y esperé por ella – Buenos días.

- Buenos días – ella también tomó asiente y comenzó inmediatamente a hojear mi expediente -, bien, veo que ya han pasado treinta días desde que dio a luz… ¿Cómo se ha sentido?

Me miró y si no hubiera sido por eso podría haberle mentido, lamentablemente no me sentí con las fuerzas necesarias para ello – Supongo que bien.

- Bien – la doctora volvió a concentrarse en mis papeles –, ¿has llorado mucho últimamente? – fruncí el ceño inmediatamente, ella me vio al mismo tiempo -, solo dímelo si quieres, no te estoy obligando.

- Un poco – crucé mis brazos por debajo de mi pecho, no me estaba gustando mucho esto.

- ¿Le has dado pecho a los mellizos?

- Sí, casi todos los días.

- Y esos días que les das, ¿es a todas las comidas?

Negué con la cabeza – No, a veces me sale solo una vez en el día así que en esos casos usamos el relleno que me recomendó Eleazar, igual que esos días en que no puedo alimentarlos.

Sin quererlo, mis ojos se habían vuelto a llenar de lagrimas, no me gustaba esa sensación en mi pecho pero por más que trataba de ocultarla, conseguía salir a flote.

- Ey, tranquila Bella, solo estoy tomando notas – asentí y ella también lo hizo -. Ahora, dime… ¿lloras a menudo?

Negué al principio pero de a poco comencé a asentir – ¿Un poco? – aunque quería afirmar, mi tono fue claramente el de una pregunta.

- Te voy a sacar sangre… ¿bien?

Asentí mientras la veía ponerse de pie y preparar la jeringa, estiré mi brazo para que me pinchara y todo terminara antes.

- ¿Para qué es esto?

- Quiero hacerte unos análisis, pero… - se volteó para dejar el frasco con sangre en una rejilla y luego se volvió hacia mi -, cariño – se agachó a mi lado, eso no era un buen presagio -, tienes depresión post parto – abrí la boca pero no fui capaz de decir ni una sola palabra -. Tranquila, con los resultados de los exámenes sabré que medicamentos puedo darte, pero por ahora te daré algo más suave.

Volvió a pararse, esta vez fui directo hacía una mesa en donde tenía muchas cajas de remedios acumuladas.

- Ten, toma una de estas cada ocho horas – tomé la cajita que me daba y la examiné a cabalidad, no parecía peligrosa, pero de alguna forma, para mí lo era.

- Yo… - tragué el nudo que tenía en la garganta -, eso… ¿Qué quiere decir?

- Por ahora nada, pero es mejor, por tu salud mental que comiences a ver a un sicólogo, si no tienes uno de confianza yo puedo recomendarte a uno muy bueno.

- ¿Y la depresión… post parto, es algo muy malo… así como el resto de las depresiones? – un nuevo nudo en mi garganta estaba trabando mi voz.

- Depende, cariño… ¿no crees que es mejor que llames a tu esposo?, siento que estas conversaciones siempre hay que tenerlas en pareja, después de todo aunque seas tú la que diste a luz esto es algo de a dos.

No lo medité mucho, para cuando me di cuenta ya había soltado las palabras – No tengo esposo, el padre de mis hijos murió – no estaba mintiendo, pero si estaba omitiendo una parte muy importante de mi vida.

Y si lo hacía no era por negar a Edward, sino porque realmente sentía que decirle esto era darle un problema más, ya suficiente había tenido que soportar conmigo estas últimas semanas como para sumarle una depresión a la ecuación, no, yo era una mujer grande e independiente, suficientemente capaz de hacerse cargo de ella misma.

- ¿Y tu madre o alguien…?

- Doctora Smith, podría, por favor, solo decirme lo que tengo que hacer, tengo a mis hijos con alguien y me gustaría mucho llegar donde ellos.

- Bueno – no me gustó su cambio de actitud pero sabía que se debía a mis propias palabras -, lo primero es que pidas horas con el sicólogo, no sé si tienes prejuicios contra ellos, pero en estos casos su ayuda es fundamental.

- No tengo problemas con los sicólogos, soy doctora, bueno, casi – me encogí de hombros -, aún me falta el internado.

- Oh, entonces supongo que sabes que esto es algo menos, debes tratarte Isabella.

- Lo sé y haré lo que sea necesario, quiero estar bien para mis hijos.

Mi espalda estaba tan recta y mis palabras salían con tanta coherencia que no estaba segura de cuánto tiempo más aguantaría antes de soltar todas las lagrimas que estaba conteniendo. Por fin, la doctora Smith me dio las indicaciones y las pastillas que podía tomar por ahora, procuré no salir corriendo, pero en cuanto los rayos del maldito sol de Los Ángeles me dieron en el rostro, dejé que dos lágrimas se me escaparan.

Con los dedos aun temblorosos, marqué el número de Edward, no tardó mucho en contestar – Hola amor.

- Hola – me enterré dos uñas en la palma de mi mano izquierda para asegurarme de que no se me rompiera la voz -, ya salí del doctor, ahora tengo que ir a comprar unas pastillas que me recetó, pero vuelvo enseguida a casa.

- ¿Todo bien?

Me mordí los labios antes de separarlos – Todo más que bien.

- ¿Y sobre lo otro?, ¿Ya podemos hacer el amor?

- Sí, no hay ningún problema – no me importaba si mi cuerpo no estaba preparado, hoy lo único que necesitaba era sentirme amada por Edward.

- ¿Sabes? – oh, esa voz sexy hizo que todo se me olvidara y solo pensara en él -, los mellizos están dormidos así que si te vienes ahora para casa…

- Estoy allá en diez minutos.

Mañana podía comprar las pastillas, ahora mi remedio era otro.

Llegué a casa en tiempo record, y de la misma forma me encontré con mis piernas enredadas a las de Edward, sentirlo desnudo sobre mi era definitivamente mi medica, sonreí y disfruté de cómo su cuerpo se amoldaba al mío, era simplemente perfecto, pero todo se volvió más perfecto aún cuando me miró directo a los ojos.

- Te amo Bella, no sabes cómo te amo.

Dejé que sus labios acallaran mi propia confesión y traté de demostrárselo al responderle el beso con tanto fervor como me fue posible. Mi centro palpitaba y mis pechos pedían por algo de atención, estaban tan sensibles y tan olvidados que yo misma me encargué de ellos mientras tiraba de mis pezones.

- Oh cariño – gimió -, me encanta ver cómo te das placer… ¿estás caliente?

- Muy – gemí mientras tiraba mi cabeza hacia atrás, mis pezones ahora estaban mucho más duros pero yo necesitaba más así que abarqué mis dos pechos con mis manos y los junté tratando de crear la mayor fricción posible.

- Parece que alguien necesita atención – alcé la cabeza lo más que pude, pero eso fue suficiente para verlo ponerse de rodillas y masajear su erección, verlo masturbarse era tan excitante que gemí más fuerte aun -, quiero que juntes tus pechos, bien fuerte – ya los tenía juntos pero no dudé en seguir sus instrucciones -, bien… así cariño… no los separes porque ahora los follaré.

En el preciso momento en que el pene de Edward se deslizó por entre mis pechos, perdí parte de mi conciencia y me volqué por completo al placer. En un principio dejé que él hiciera todo el trabajo pero cuando ya no pude más, me traté de incorporar y ahí me di cuenta que sacando la lengua alcanzaba a lamerle la punta del pene, probé una primera vez y sus siseos me indicaron que había sido una buena idea por lo que volví a hacerlo.

- ¡Edward! – cerré los ojos con fuerza, mi orgasmo estaba demasiado cerca -, ya casi…

- Yo solo… un poco más…

- No, quiero que te corras adentro… dijiste en la mañana…

Demasiado rápido para la vista humana, se separó de mi cuerpo y volvió a la parte inferior. Quizás no era tanto el tiempo que había pasado desde la última vez que lo sentí dentro de mí pero ahora me parecía que ahora hace siglos ya que mi cuerpo lo recibió como si fuera la primera vez. Aunque los dos estábamos bastante cerca de terminar, pudimos durar un par de minutos más, pero no importaba ya que fueron suficientes para dejarnos tendidos en la cama y satisfechos.

La sonrisa que estaba gravada en mi rostro nada podría borrarla, porque no solo me sentía complacida sino que feliz.

- Esto ha sido fabuloso – dejé que Edward tirara de mi hacía él y me acurruqué entre sus brazos -, eres fabulosa amor – besó mi cabeza pero muy pronto se separó para mirarme -, y debo decir que me sorprendió un poco que me dejarás hacer eso.

- No tengo miedo de hacer nada en la cama – estaba sonriendo per traté de que mi voz saliera firme -, siempre y cuando sea contigo.

Su sonrisa crecía a tal punto que me dio miedo de que le haya dado un calambre – Pues, debo decir que me alegra mucho escucharte decir eso.

Me estiré para besar sus labios y, aunque no quería hacerlo, me separé de su agarré – Iré a ver a los niños y vuelvo.

- No tardes.

Sus ojos ya estaban cerrados por lo que estaba segura de que estuviera despierto para cuando volviera, pero no me importó. Con mi sonrisa aun en mi rostro me fui hasta el cuarto de los mellizos, pero solo alcancé a verlos dormidos antes de que un ruido llamara mi atención, era un celular pero no el mío, miré por toda la habitación hasta que me encontré con el celular de Edward sobre la cómoda de los mellizos. Lo tomé para ver si era algo importante, era un mensaje que, lamentablemente se leía perfectamente desde la pantalla de su I-Phone.

Amor, respóndeme cuando estés desocupado.

Mi corazón latió con furia, sobre todo porque el destinatario era Rosalie, desbloquear el celular de Edward era fácil y más fácil aún era leer sus mensajes pero sentía que si lo hacía muchas cosas iban a cambiar, por eso, tomé el teléfono y me dispuse para ir a nuestra habitación, lo mejor en estos momentos era hablar con él.

Edward, tengo un antojo, avísame si ves esto.

Lo único que atiné a hacer fue toparme con la pared más cercana y lo agradecí, porque me sirvió de apoyo para cuando mis rodillas se rindieron ante mi llanto y dejé caer. Dejé que las lagrimas salieran a destajo, eran tantas las ideas que se estaban arremolinando en mi cabeza que ya nada tenía sentido, en el fondo de mi ser sabía que todo podía ser mentira o había una muy buena explicación para esos mensajes pero, aunque quería, me era imposible razonar, por eso dejé que mi cabeza golpeara contra pared para ver si de esa forma las ideas se me acomodaban.

No lo hicieron, estaba a punto de tener un ataque de histeria y sabía que no lo iba a poder controlar.

- Tranquila… tranquila… no llores – azoté nuevamente mi cabeza contra la muralla, no sé si fue con fuerza o no pero no me dolió, aunque es muy probable que eso fuera porque el dolor de mi pecho y de mi corazón no me dejaban sentir nada más -, no vale la pena llorar – lamentablemente mis ojos no me hicieron caso y soltar aún más lágrimas.

Los llantos de Serena y Marty se unieron al mío, quería quedarme en la misma posición pero no podía así que con mucho esfuerzo me levanté y llegué hasta sus cunitas.

- Ya mis bebés – traté de tranquilizarlos -, todo pasará… les prometo que seremos felices, se los juro.

Cerré los ojos por un segundo tratando de pensar la mejor forma de hacer felices a mis hijos, quizás si solo fuera yo podría soportar todo esto, pero ahora debía pensar primeros en ellos y ya no estaba tan segura de que Edward fuera lo que ellos necesitaban… muchos menos después de que…

- ¡Mierda! – gemí -, ¡Te odio Jasper!, ¡te odio!... ¿Por qué nos dejaste solos? ¿Por qué?

Mis hijos dejaron de llorar pero yo lo hice, solo conseguí aplacar un poco las lagrimas para avanzar a paso decidido hacía la habitación que compartía con Edward. No medí mis acciones y menos mis palabras.

Le arrojé el celular a Edward consiguiendo que le diera de lleno en las costillas - ¡DESPIERTA CABRÓN!

Se sentó de golpe, algo desorientado per evidentemente molesto - ¿Qué coño te pasa? – tomó el celular pero solo luego de unos segundos se dio cuenta de que es lo que tenía entre sus manos -, ¿te volviste loca?

- Sí – me reí sin nada de humor -, me volví loca desde el mismo momento en que el auto de Jasper se volteó arrancándomelo de mi vida.

Sus ojos se estrecharon un poco más – Bella… - se sentó mejor pero no dijo nada más.

- ¿Rosalie está embarazada?

El color de su rostro huyó al igual que su gesto malhumorado. Tomó el celular y lo revisó, vi como luego de unos segundos lo dejaba a un lado - ¿Revisaste mis mensajes?

- No… no hago esas cosas, solo vi los mensajes por casualidad, quería traerte el teléfono.

- Pues me hubiera gustado que lo hubieras hecho – tocó un par de veces la pantalla y me lo extendió -, ten… lee la conversación completa.

A regañadientes, tomé el celular y leí la conversación, en su mayoría eran mensajes de Rosalie en los que le pedía cosas a Edward, eran unos pocos los mensajes de él en los que, al final, en no muy buenas palabras, le pedía que lo dejara en paz. Sí, en los mensajes estaba claro que Rosalie parecía estar desvariando, pero eso no me quitaba todas las dudas.

- Aquí dices que no estás seguro de que ese embarazo exista – tiré el teléfono pero para que cayera a un lado de Edward -, eso quiere decir que hay posibilidades… de que la hayas embarazado.

- No es así, hay cosas que…

- ¿Dormiste con ella? – su boca hizo una mueca que solo hacía cuando trataba de acomodar sus ideas -, ¿Cuándo?

- No estoy seguro… Rosalie es muy manipuladora y me ha estado chantajeando. Una noche, en Italia, me emborraché, pero no había tomado más que una copa, lo siguiente que supe es que amanecí desnudo en su cama, a simple vista las cosas parecen ser de un modo pero sé la perra manipuladora que es y que es muy probable que todo sea una trama de telenovela barata.

Asentí mientras me cruzaba de brazos - ¿Y porque no me dijiste? – me encogí de hombros -, de eso ya casi es un mes, podrías habérmelo dicho y haberte ahorrado todos estos chantajes baratos.

Estaba alzando la voz nuevamente así que cerré los ojos y traté de calmarme.

- Estabas embarazada, no era un buen momento, además, estoy seguro de que nada pasó, lo que ella quiere es hacernos daño y parece que lo logró.

Se levantó de la cama y se puso sus bóxers sin mirarme.

Debería sentirme mal y pedir disculpas pero no estaba segura de nada, menos de lo que él sentía por mí.

- No confías en mí – comencé -, para ti solo soy la pobre viuda sin anillo de tu hermano, la madre de tus sobrinos. Era demasiado peligroso dejarme sola cuando murió Jasper, creo que ni siquiera yo lo hubiera hecho… en ese tiempo estaba demasiado deprimida.

- ¿Qué dijiste? – se volteó hacía mi con tanta lentitud que retrocedí un paso sin darme cuenta -, ¿eso es lo que piensas, Isabella?

- Lo que pienso – me mordí los labios, mordiéndome también las lagrimas -, es que todo está mal, así no debieron ser las cosas, Jasper…

- ¿JASPER? ¿Qué pasa con Jasper?

- Jasper nunca me hubiera hecho esto – a penas y podía verlo por las lagrimas que aún salían por mis ojos -, Jasper me hubiera respetado, hubiera…

- ¡ME CANSÓ EL JODIDO TEMA DE JASPER! – el celular que tenía en su mano se estrello en pared más cerca, el aparato se hizo trizas con un fuerte sonido que me hizo saltar -. ¿CUANDO JODIDOS VAS A ENTENDER QUE ESTÁ MUERTO?, he sido paciente pero… no puedo estar toda la vida diciéndote lo mucho que te amo Bella – negó con la cabeza -, hasta que no te ordenes tu misma…

- ¿Qué… qué quieres decir?

- Que me rindo – alzó sus manos y las dejó caer a sus costados con fuerza -, ya no puedo seguir con esto Bella… no me merezco esto, no merezco ser tu segunda opción cuando la primera siempre va a ser Jasper aunque esté muerto. Lo siento, pero no voy a competir con mi hermano, sobre todo porque sé que nunca voy a ganarle ya que tú nunca lo vas a dejar ir.

- Edward…

- Necesito ir a Francia, había comprado pasajes para nosotros cuatro, por eso quería que te dieran el alta pero… ahora creo que lo mejor es que vaya solo, necesito un tiempo lejos.

- Bien – asentí. Mi corazón se estaba desgarrando de a poco pero aun así estaba de pie ahí -, para cuando llegues habremos dejado tu departamento.

La boca de Edward se abrió y se cerró muchas veces – Pues si eso es lo que necesitas, entonces es lo que tienes que hacer.

- Lo que necesito ahora… es algo que ni siquiera yo sé.

Vi como Edward tomaba una maleta pequeña y metía un par de cosas en ella, tenía tiempo para detenerlo pero lo hice, solo lo miré hacerlo, era muchas cosas las que estaban pasando últimamente, el testamento, Rosalie, Jasper, los niños… todo y yo estaba segura de nada, ni siquiera de él, dudaba constantemente de todo lo que hacía y si de algo estaba segura, es de que una relación con tantas dudas no era sana para ninguno de los dos, yo no confiaba en Edward y eso era suficiente para matarnos.

Cuando terminó de hacer su bolso volvió a mirarme.

- Solo dime una cosa… ¿crees que algún día olvidarás a Jasper?

- No.

Mi respuesta fue corta y precisa. Era lo que yo necesitaba y lo que Edward necesitaba, quizás ahora le estaba haciendo daño pero ya más tarde me lo agradecería.

Jasper seguía estando presente en mi vida y Edward se merecía otra cosa, no una mujer con depresión, dos hijos y que aún pensaba en su novio muerto.


Hola!

Acá un nuevo capítulo, no sé si esconderme o no, pero era como tenía que ser, si no me creen vean el trailer :)

Besos, Joha!