Los personajes son de SM. La historia es mía.
Capítulo 31
- Tranquila – me susurró Alec, supongo que mi rostro desencajado demostró mi malestar -. Serena, cariño – vi como Alec, tomaba a mi hija en brazos y se sentaba con ella en sus piernas -, tienes una voz hermosa… como tú – le pinchó la nariz y ella rió -, pero… ¿de dónde sacaste ese hombre para el osito?
Mi niña se encogió de hombros y comenzó a reír mientras se removía entre los brazos de Alec quien tuvo que volver a dejarla en el suelo cuando vio que no tenía sentido seguirle preguntando nada.
- Yo… nunca lo nombro, no sé de donde… - subí mis manos hasta que conseguí tomar mi cabello, estaba tan nerviosa que comencé a jugar con mis mechones hasta que Alec se me acercó y detuvo mis movimientos -. Incluso trato de no pensar en él.
Sentí las lagrimas juntarse en mis ojos pero los cerré con fuerza porque odiaba llorar por él – Cariño… está bien que piensen en él, que llores, incluso está bien que lo extrañes.
Cuando abrí los ojos y vi a Alec tan preocupado por mí, me odie aun más, porque si tan solo pudiera dirigir mi corazón, lo dirigiría directamente hasta él.
- Alec…
- No digas nada – me abrazó con más fuerza aún -, porque cualquier cosa que digas ahora no la dirás pensando en claro.
- Es solo que… me da rabia que él se fuera sin que yo pudiera hacer nada.
- ¡Ey! – con sus manos tomó mi rostro y me hizo verlo directamente a los ojos -, tuviste una depresión muy fuerte que aun no superas por completo, no fue tu culpa nada de lo que pasó, ya hablamos esto y lo hablaste con tu medico, tienes que entender que no estabas bien en esos momentos.
- Pero, yo debería haberme dado cuenta.
- Sí, pudiste hacerlo antes, pero lo hiciste de todas formas.
- Muy tarde.
- No muchas personas buscan ayuda por su cuenta cuando tienen una depresión tan fuerte Bella, tú lo sabes.
Bajé la cabeza y asentí, yo sabía que él tenía razón. En esos momentos hice lo más que pude, lamentablemente no alcanzó para retener a Edward, pero sabía con claridad que debía estar agradecida por estar bien y poder cuidar de mis hijos.
- Ahora piensa en el futuro, deja el pasado donde está y comienza a formar tu vida.
- Gracias por estar conmigo siempre Alec.
El resto de la tarde fue una mierda para mi, ya que por más que traté que ni mi madre ni Eleazar se dieran cuenta de mi estado, aún así tuve que responder preguntas por mi rostro tan serio, por suerte, Alec me salvó diciendo que era un pequeño malestar por una dona que me había comido más temprano.
Para cuando llegó la noche y me acurruqué en mi cama, dejé que las lágrimas salieran sin contenerlas. Me quedé dormida con mis ojos hinchados y con la imagen de Edward en mi cabeza.
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Si había algo que odiaba de mi trabajo era el papeleo, por eso, cuando terminé de rellenar las ultimas fichas que me quedan pude por fin respirar, dejé a un lado del sofá mi paleta y me estiré en el, la sala de descanso estaba vacía y me permití cerrar los ojos por un segundo. La noche anterior casi no dormí ya que Marty tuvo una pesadilla que lo dejó bastante asustado, no le bastó con que lo llevara a dormir conmigo, además tuve que hablar con él y contarle historias hasta que volvió a conciliar el sueño, no me quejaba de estar con mi hijo, pero ahora, luego de ocho horas seguidas de trabajo, la falta de sueño me estaba comenzando a pasar la cuenta.
Aunque solo había pasado una semana desde el incidente con el osito de mis hijos, algo me decía que el malestar para dormir de Marty se debía a ello, aunque la verdad es que tampoco él tenía porque saberlo…
¡Mierda!
Ahora estaba consiguiendo estresarme aun más.
Mantuve mis ojos cerrados y me relajé, supongo que por eso no escuché la puerta abrirse ni los pasos acercarse hasta mi.
- ¿Estas cansada?
Lejos de exaltarme, me relajé aun más. Asentí con la cabeza y no abrí los ojos – No dormí muy bien anoche… pero no me quejó – abrí los ojos ahora para poder sentarme y dejarle espacio a Alec.
- ¿Qué pasó?
- Marty – me masajeé las sienes -, tuvo una pesadilla y le costó mucho volver a dormir.
- ¿Sobre qué?
Suspiré y me concentré en él – No lo sé, no me quiso decir, solo me pidió que lo llevara a dormir conmigo.
- ¿Y Serena?
Sonreí, mi hija era un angelito – Ella le hace honor a su hombre, ni siquiera se despertó con el llanto de su hermano, cuando fui a verla en la mañana seguía plácidamente dormida, no sé dio cuenta que su hermano no estaba.
- Bendita sea – ahora fue Alec quien cerró los ojos, pero los abrió con rapidez -, yo me despierto por todo, la otra noche sentí la alarma de un auto que estaba estacionado a dos cuadras.
Se quejó y yo reí por lo ridículo que sonaba eso.
- Necesito café – se puso de pie con tanta rapidez que me asustó un poco -. ¿Quieres uno?
- Sí, me vendría bien.
Mientras Alec iba a la cafetera a preparar los dos café, yo revisé mi celular para comprobar que mi madre no había llamado, al principio me costó, pero aprendí a no llamar cada tanto a casa, mientras yo creía que era lo mejor, luego solo me di cuenta de lo nerviosa que ponía a mi madre e incluso a mis hijos repitiéndoles tantas veces que los amaba, ahora, solo esperaba que mi madre me llamara para poder saludarlos. Siempre lo hacía al medio día, pero a estas horas, cuando ya iba a terminar mi turno, no tenía sentido que lo hiciera.
- Ten.
Recibí el café y apunté con la barbilla sus manos - ¿Qué traes ahí?
- Oh, una revista que estaba encima de la mesa del café – la miró y se encogió de hombros -, me apeteció para leer mientras…
Al ver su rostro desencajado no pude contener la risa, ya conocía bastante bien a Alec como para saber de ciertas… mañana intimas suyas, como ir al baño con algo para leer.
Seguimos conversando mientras terminábamos el café, nuestro descanso ya estaba llegando a su fin y aunque me costara, necesitaba terminar la hora que me restaba antes de ir a casa, mientras le daba mi ultimo sorbo a mi café, vi de reojo como Alec hojeaba la revista, pero me preocupó mucho cuando cambió su expresión por una de disgustó y se levantó casi con agresividad.
- ¿Qué pasó? – dejé a un lado mi taza vacía y me puse de pie también.
- Nada… es solo algo que leí… vi – cerró la revista y la puso bajó su brazo, esperaba que me sonriera pero no lo hizo.
Me preocupó.
- ¿Qué cosa?... vamos, déjame verla – estiré la mano para ver qué era lo que lo había puesto así pero por más que esperé, no me la pasó.
- No, creo que es mejor que no la veas, es solo una tontera.
Insistí con mi mano estirada, le puse una nueva sonrisa y estaba vez él me devolvió una mueca.
- ¡Vamos!… déjame verla.
- No, Bella, de verdad, creo que es mejor que…
Me acerqué sigilosamente hasta él aprovechándome de que se distrajo con el sonido de su celular. Cuando estuve lo suficientemente cerca traté de ser más rápida que él y tomé la revista casi sin mucho esfuerzo.
- ¡La tengo! – la alcé al aire y comencé un pequeño baile de victoria.
No sabía cuál era el problema pero mi alegría se esfumo cuando vi el rostro de Alec prácticamente desencajarse. Me preocupé, sobre todo porque la revista ni siquiera fuera suya, así que el problema debía estar en el contenido de la misma.
Sin dejar de verlo, la di vuelta hasta la pagina que había estado leyendo y por eso lo vi rodar los ojos y alzar las manos al aire – Lo siento mucho, de verdad Bella.
No le dije nada, solo me concentré en la página de papel cuché y comprendí por fin el origen de tanto alboroto, quise sonreír e incluso reír a carcajadas porque aunque estaba viendo las letras juntas delante de mí, el sentido que mi cerebro les estaba dando era tan doloroso que llorar era mi última opción.
"Edward Cullen y su nueva novia… ¿suenan campanas de boda?"
- Bella… - dejé caer la revista a mis pies y permití que los brazos de Alec me rodearan y me consolaran. Lo mejor, es que a él no tenía que decirle lo mucho que necesitaba de un abrazo en esos momentos.
- Estoy bien – murmuré aun algo perdida -, de verdad – me separé un poco de su pecho para verlo mejor -, es solo que… me sorprendió un poco, nada más.
- Mira, si quieres puedes irte, no queda mucho para termine tu turno y yo puedo cubrirte.
- No… estoy bien.
- Bella, recuerda que no puedes cerrarte – me zamarreó un poco, lo justo para hacerme verlo -, necesitas decir que es lo que estas sintiendo.
- Es que ahora mismo no sé lo que siento.
- Él volvió – asentí porque yo también lo leí, lo sabía -, y quizás esto te da una nueva oportunidad para…
- Tiene novia – le sonreí lo mejor que pude -, así que supongo que esa es mi salida, necesito comprender que ya es muy tarde.
- Bells…
- No quiero hablar ahora pero te prometo que cuando esté lista te buscaré… ¿sí?
Lo miré fijamente y esperé a que asintiera, aunque le costó un poco se lo agradecí. Me puse de puntillas, besé su mejilla y le sonreí para que supiera que todo estaba bien, o que por lo menos no estaba tan mal.
Me agaché para tomar la revista que había dejado caer, volví al sofá a tomar mi paleta con mis fichas y salí de ahí.
Alec sabía que era mejor no seguirme y así lo hizo. Mi cabeza algo desconectada del mundo me permitió terminar mi turno pero en cuanto estuve sentada en mi auto, volví a hace una hora atrás, abrí la revista sobre el volante y leí con mayor detalle el articulo.
"El guapo empresario vuelve a los Estados Unidos luego de un año de ausencia y no lo hace solo, una guapísima mujer se bajó de su brazo del avión y fuentes cercas dicen que incluso están compartiendo departamento.
Aunque Edward ya lleva una semana en Los Angeles, no hemos podido conseguir fotos suyas al cierre de esta edición, pero se espera conseguir algunas imágenes en la cena de beneficio que se realizará este viernes 22 en el Hotel "La Peninsula" de Beverly Hills…
¿Irá con su nueva novia?"
Al terminar de leer, alcé mi vista y vi la radio del auto, en letras rojas y brillantes resaltaba la hora y la fecha.
Viernes 22 de Octubre, 20:13 pm.
No lo pensé, antes de darme cuenta ya tenía mi celular en mi oreja esperando porque mi madre me contestara.
- Hija, ¿estás llegando?, ya tengo puestos los platos para…
- Mamá – la corté antes de que siguiera hablando -, yo… tengo que hacer un par de horas extras, lo siento pero me tardaré un poco más, empiecen a comer sin mí por favor.
- Cariño, no deberías trabajar tanto.
- Lo siento mamá – de reojo volví a mirar la hora y necesitaba apurarme -, me están llamando y necesito colgar.
- Bien, pero prométeme que comerás algo.
- Claro.
Colgué porque si seguía hablando con mi madre tenía muchas posibilidades de flaquear. Por eso, a penas puse en marcha mi automóvil, apagué cualquier resquicio de pensamiento lógico y me encaminé hasta esa bendita fiesta.
Dos cuadras antes se notaba lo lleno que estaba el lugar, por eso, aparqué en cuanto encontré un lugar disponible y me bajé.
Pero solo me bastó poner los pies en el suelo para ver lo mal que estaba esto, mis zapatillas planas y mi atuendo cómodo para el trabajo no era para nada el look correcto para hacer esto, estuve a punto de volver a meterme a mi auto y escapar de ahí pero sabía que no podía hacerlo, me había costado demasiado llegar hasta aquí y aunque aun no estaba cien por ciento segura de que haría una vez que lo viera, sí estaba segura de que necesitaba verlo.
No necesité llegar hasta la entrada del hotel para saber que iba a ser imposible que me dejaran entrar, por lo mismo no me quedó otra que meterme por la entrada lateral, afortunadamente, la bata del hospital que no me había sacado me servía para pasar un poco inadvertida entre los camareros.
- Ten… lleva esto… ¡rápido!
Tomé la caja que me daban y asentí porque con esto tenía pase directo para el interior del hotel.
En cuanto pude, dejé la caja a un lado y me saqué mi bata ya que mi jeans y remera era algo mejor que mi bata blanca. Me dolió pero la tuve que dejar tirada, ya después me encargaría otra.
El salón estaba llenísimo, por lo que nadie puso especial atención en mí, aunque yo también contribuí manteniéndome en las sombras y buscando a la única persona que quería ver.
Cuando las luces bajaron supe que algo estaba a punto de suceder, me escondí detrás de un pilar y esperé hasta que un hombre que recordaba bastante bien, se subió al escenario.
- Queridos amigos, les agradecemos a todos su presencia hoy, ya que esto no es solo un evento a beneficio de las víctimas del incendio de Compton, sino también una forma de darle la bienvenida a mi hijo, Edward Cullen, quien vuelve a Los Ángeles luego de estar fuera por más de un año – Carlisle hizo una pausa y yo me acerqué un poco más para ver si conseguía verlo -, hijo… ven y di algunas palabras.
En cámara lenta, vi como Edward se ponía de pie y subía los cinco escalones hasta llegar al lado de su padre, ya no me importaba no estar oculta, seguí avanzo hasta tener la mejor visión de él.
- Muchas gracias padre – traté de buscar algo de ironía en él y me sentí un poco mejor al encontrarla, seguía mirando de la misma forma a su padre -, es un honor para mí volver a casa y… solo me tomaré unos segundos para agradecer a Alice, quien ha estado conmigo durante todo este año, ella…
Al mismo tiempo que dejó de hablar, sus ojos se clavaron en los míos, no sé si fue para bien o para mal, pero luego de un año, nos estábamos volviendo a encontrar.
Me quedé quieta, no escapé por más que mis pies me rogaban porque saliéramos corriendo, esperé hasta que él se disculpó y solo cuando lo tuve lo bastante cerca mandé todo al diablo y me acerqué hasta él.
Sabía que mucha gente me estaba mirando e incluso juzgando, pero el resto se podía ir a la mierda, este era nuestro momento y de nadie más.
- Edward…
- Edward, querido – desvié mi atención de él solo cuando sentí la presencia de esa menuda chica que se nos había acercado -, tu madre te está buscando.
Retrocedí un paso porque sabía que si Esme estaba metida entre medio iba a ser muy difícil que hablar con él. Aunque nuevamente, solo necesité verlo a los ojos para recobrar mis fuerzas y reafirmar mi posición en esos momentos.
- Lo siento – miré a la chica -, pero necesito hablar con Edward.
- Pero Esme…
- Le puedes decir a Esme que si tiene algo que decir puede venir ella misma a buscar a su hijo.
La chica bufó y dejó de verme, así que se desvió a Edward quien en todo momento había estado prendado de mi, aunque sus ojos estrechados, no me dejaron en claro si quería estar frente a mi o no.
- Alice, cariño… solo dile a Esme que iré en unos momentos.
Ella asintió y le sonrió. Odié la caricia que le dio, pero por lo menos, se estaba quedando conmigo.
Pensé que me iba a hablar o algo, pero en lugar de eso, me tomó del brazo y me llevó hasta un rincón bastante oculto del resto de la fiesta.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
Estaba tan nervioso y apurado que me dolió todo – Después de un año, ¿solo me dices eso?
- Bella, este no es el momento…
Bajé la vista y negué con la cabeza antes de volver a mirarlo - ¿Ya te perdí, no?, no importa que haya venido hasta acá ni lo que tenga que decir… ya te perdí.
El que no dijera nada, solo estaba consiguiendo que esto fuera mil veces más difícil… y doloroso.
Hola!
Bien, como podrán darse cuenta, ya no queda nada para que esto termine :(
Espero que no me odien.
Besos, Joha!
