Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer y L.J. Smith. Solo la trama es mía.

Capitulo 14. Perdida.

Victoria me suplicaba con los ojos, su mirada llena de sufrimiento y miedo.

Ya no podía gritar, la había dejado sin lengua. En ese momento se encontraba encima de una gran roca, situada en una de las orillas del lago.

La miré sentada a su lado, tal vez yo poseía una sádica mirada en aquellos momentos. Cogí otra cerilla. Victoria había traído una caja entera, ella pensaba torturarme de la misma forma en que yo la torturaba ahora.

-Así que Victoria, ¿te gusta quemar a las personas?-Le susurré en el oído, ella me miró con eterno odio, no podía moverse, le faltaban las piernas y los brazos, no respiraba, solo observaba, tal vez urdiendo un movimiento que la salvase-¿O solo a los vampiros?

Prendí la cerilla, el fuego esperaba a mi lado, le dedique una mueca y me acerque a su oído rozándolo con mis labios.

-Entonces supongo que te esta gustando; tranquila solo notarás un pequeño cambio.

Me separé de su cuello blanco como el marfil y acerque la cerilla a sus ojos, ella empezó a removerse.

-Que ya no podrás ver-Con la cerilla uní sus parpados al resto de su cara, ella lanzó un grito gutural y primitivo.

Supongo que si los fríos pudiesen llorar, ella lo haría en este momento. Y si los de mi raza también llorasen, yo también lo haría, ¿por qué ? Porque ya no volvería a ser la misma, pero no pude evitar darle dolor a Victoria antes de matarla.

Solté un suspiro y me acosté al lado del destrozado cuerpo de mi enemiga.

-Ya te he desmembrado las extremidades, te he dejado sin tu oreja izquierda, sin lengua, sin labios, y te he sellado la mirada para siempre, creo que ya has sufrido suficiente. Yo no se a cuantas personas has torturado y de cuantas maneras lo habrás hecho y tal vez en comparación yo estoy siendo buena, pero me cansé ya de tener tanto odio dentro de mi y esto terminará cuando tú ya no existas, ¿comprendes?

Me incorporé un poco y miré su rostro, antes hermoso y ahora...destruido.

Le quité con toda la delicadeza que pude, un mechón pelirrojo de la cara y lo junté con los demás. Victoria.

Aquel nombre era perfecto para describir mis pensamientos. Había ganado, pero ¿a que precio?

Había perdido mi humanidad.

El sol empezaba a salir en lo alto, majestuoso y lleno de vida, un nuevo día se aproximaba, un nuevo comienzo venía en camino; mi comienzo.

Agarré a Victoria y me la llevé a la orilla donde se encontraban sus manos.

-Piensa en la persona que más ames-Le murmuré, ella pareció tomar un respiró.

Tragué en seco, sabia que estaba pensando en su difunto compañero, James.

Puse mis dos manos en su cabeza.

Quise mirar a otro lado y no ser yo la que hiciese tal acción, pero no podía.

Cogiendo aire hice mi último movimiento, mi jaque mate.

Separé la cabeza de Victoria del resto de su cuerpo.

Su tronco cayó a la tierra húmeda y yo me quede mirándolo con el ceño fruncido.

En la caja quedaba una última cerilla, la prendí y quemé por completo a Victoria, acabando ya del todo con ella. Cubrí de tierra sus cenizas y me fui de aquel lugar, mirando el lago resplandecer como si en su superficie se encontrasen pequeños diamantes.

Corriendo me perdí entre la vegetación y no volví de nuevo la vista atrás, lo hecho ya no podía repararse, ahora debía dejar de aferrarme al pasado y vivir en el presente.

Aún podía sentir en el aire aquel olor dulzón y desagradable de un frío siendo quemado, y tal vez siempre lo recordaría, ya que uno nunca olvida su primer asesinato.

¿Quien sabe? Quizás este era el primero de muchos.

.

.

Había vuelto a los Estado Unidos.

Acabé cerca del puente donde tomé mi primera comida, en la ciudad de Laredo en Texas.

Sentada sobre un banco, observé a los niños jugar en el parque, sus madres le acompañaban y se reían con ellos.

Otra cosa la cual no podía tener sería la maternidad. Pero esto ya lo había decidido hacía ya tiempo, cuando Damon prometió convertirme en vampiresa. Y yo misma me había negado dicho derecho cuando me atravesé ante el conductor borracho, todas las decisiones siempre fueron mías. Cuando me fui con Damon de Forks, cuando decidí alejarme de mi amor para despistar a Victoria...

Hay algo que solo yo sabía; muy dentro de mi no me había ido para proteger a Damon, él me hubiese defendido aun mejor que yo misma, pero en aquel momento y aun ahora sentí que Victoria era una parte de mi pasado que necesitaba enterrar por completo yo sola, cavando un hoyo y dejando ahí mis malos recuerdos y al echar la ultima palada, perdonar a quienes tanto daño me habían causado.

Caminé por la soleada ciudad, mirando a mi alrededor a las personas, cada una con sus secretos y pensamientos.

Aun recordaba aquel primer momento en que Edward cruzó su mirada con la mía, en el comedor, cuando Jessica me hablaba sobre su familia. Él me miraba intentando leer mi mente, pero no pudo, nunca pudo.

Tuvimos momentos felices cuando empezamos a salir, desde que me salvó de aquellos hombres en un callejón de Port Angeles habíamos conectado en verdad. Su afán por leerme y descubrir que pensaba había provocado nuestro acercamiento aun más y yo descubrí que era él, un vampiro.

Pero luego tuvimos que ir a jugar al béisbol con su familia y fue ahí donde en verdad todo empezó. Si él no hubiese querido ir a jugar a aquel campo, tal vez nada de esto hubiese pasado y...

Yo no hubiese sido afortunada, ya que probablemente no hubiera conocido a Damon, el verdadero amor de mi vida, y me hubiese conformado con Edward, creyendo que él era mi futuro.

Tal vez yo nunca lo amé. Quizás solo me atraía la idea de ser inmortal y lo utilizaba a él como excusa y única opción a esa vida.

Algo confusa por mis propias ideas y pensamientos caminé haciendo leves zigs zags y apoyándome en un muro de piedra miré al cielo, ya era mediodía.

Fruncí el ceño perdida en mis radicales memorias. ¿Y si era eso? ¿Y si nunca llegué a enamorarme de Edward Cullen? Eso quería decir que en verdad nunca amé hasta que Damon llegó a mi vida.

Habían tantos cabos sueltos, pero siempre me pregunté, ¿por qué Edward me dejó por otra vampiresa si le había costado tanto admitir que teníamos un brillante futuro? ¿por qué me dejó de la noche a la mañana, si estaba tan ansioso por casarse conmigo?

Miles de preguntas sin respuestas abordaron mi apesadumbrada cabeza. Deseaba tener cada respuesta, tener explicaciones y saber los verdaderos motivos, aquellos que estaban ocultos, los que nadie se atrevía a decir.

Me sentía perdida, dando vueltas en un mar lleno de personas sin rostro para mí, no conocía a nadie, y nadie me conocía a mi.

Me giré en el muro de piedra y apoyé mis codos en él; había una pequeña plaza con una fuente y más allá se alzaba sobre ladrillos naranjas una bonita iglesia.

Me pregunté que pasaría si entrase en ella, ¿me quemaría?¿Algo me impediría entrar?¿Tal vez un ángel bajaría con una espada y me cortaría la cabeza por tener la osadía de pisar tierra santa?

Solté una pequeña risa histérica y luego cubrí con mis manos mi rostro, entre respiraciones sollozos salían de mi boca descontrolados, sin lagrimas. Me sentía tan triste y sola.

-No te quemarías-Una voz grave y suave se oyó a mis espaldas, sentí algo en mi interior, un brinco en el lugar donde ahora descansaba un corazón que no latía-Es más una leyenda urbana que otra cosa.

Me giré sobresaltada, tragué en seco y fruncí el ceño, el Sol por un momento me cegó, pero ahí estaba, Damon Salvatore.

Vestido de los pies a la cabeza de negro, al igual que yo.

Mi gesto debía de ser de sorpresa, ya que nunca esperé que me viese como lo hacía en aquellos momentos. En su sonrisa había ternura y paciencia infinita, cosa que solo tenía conmigo. Paciencia.

Fue un momento, quizás menos de un milisegundo, yo ya lo estaba abrazando con todo el amor que tenía dentro de mi.

-Damon- Fue lo único que pude pronunciar, las palabras se amontonaban en la punta de mi lengua, pero por alguna razón no podía decir ninguna.

El me miró con sus ojos oscuros como la noche, él era el rey de la noche. Susurró palabras, pero yo no podía oírlas. Me acerqué a su rostro lleno de belleza y susurré "Lo siento" con tanto sentimiento y culpabilidad que hasta a mi me dolió.

-No hace falta-Él dijo, me atrajo y me dio un suave beso, era lento y calmado, poco a poco, cada duda y angustia que antes sentí fueron desvaneciéndose y la felicidad me embargo.

Me miró a los ojos y tomó un respiro, envolvió con sus manos las mías y miramos la ciudad que se extendía en su totalidad ante nuestras miradas llenas de una merecida paz.

Tal vez no me prometía estabilidad y una familia, él no llegaría del trabajo cada día ni esperaría su cena sobre la mesa a la misma hora, ni veríamos absurdos programas de la tele sobre concursos y nos acostaríamos puntualmente antes de las diez para que el día siguiente fuera la misma rutina.

Damon odiaba lo rutinario y amaba lo espontaneo, y si yo estaba con él, era normal que a mi también me gustase.

No me prometía una vida pacífica y serena, ni un perro, ni pagar juntos la hipoteca de una casa, ni hijos.

No.

El me prometía mucho más, el me prometía con solo una mirada un mundo lleno de posibilidades.

Y si yo quería vivir con él...al diablo las reglas y la sociedad, viviríamos a nuestra manera y a nuestro placer.

Nos alejamos del lugar tomados de la mano, no hacía falta las explicaciones por ahora, solo nuestra presencia el uno para el otro.

El horizonte era tan infinito como lo era nuestra vida, y en una eternidad millones de cosas pueden suceder, solo hay que esperarse lo inesperado.

Esta vez no tarde aunque el capitulo no es largo. Bien, ya Damon y Bella se han encontrado. A las que quieren volver a ver a Edward, prepárense, en cualquier momento les llega por detrás y las asusta ;)

Gracias por sus review, ya ven sigo viva y puedo respirar, esas sabias escritoras tenían razón.

Emi :D

P.D: Si tengo MUCHAS faltas de ortografía, perdón, se me habrán escapado ^^