7. La humillación
Era oficial, a nadie le extrañaba ver que Hermione y Draco se insultaran o se miraran con odio en cada posible ocasión. Si aún no habían llegado a los golpes era por la cuestión de que era una chica; un duelo de varitas era innecesario. Esta era una guerra basada en la sutileza y en inteligencia.
Ron y Harry estaban complacidos en que la "vieja" Hermione hubiera regresado para apoyarlos en los deberes, y por supuesto ellos eran los primeros promotores en su lucha contra Malfoy, le daban ideas ridículas, pero al fin y al cabo le daban su total apoyo. Planeaban cada noche como poner fin al "reinado" de terror, extorsión e influencia por todo el castillo.
-Deberíamos exponerlo ante todos, hacerle quedar en vergüenza- declaró Ron lleno de odio, puesto que Draco acababa de restregarle la pobreza en la que se hundía la familia Weasley, dejándolo callado y expuesto a las risas de los ricachones del lugar.
-No, eso no es suficiente- dijo Harry, quien ahora contaba con muchos apodos, cortesía de Malfoy, "el marcado", "rayito", "caracortada"-. Alguien tiene que hacerle entender a ese rubio hijo de papi que no puede hacer lo que se le dé la gana.
En ese instante ambos voltearon a ver a Hermione que pareció captar la intención en las palabras de sus amigos.
-Oh, no. Draco me odia y ya estoy demasiado metida en problemas por su culpa.
-Por eso mismo debes hacerlo tú- Intervino Ron-. Nada molestaría más a Malfoy que el que lo humillaras tú que eres: una chica- sangre sucia inmunda-Gryffindor. Eres todo lo que detesta. Vamos Hermy, hazlo por todos nosotros, los vulnerables.
-Sí, estaremos para ayudarte- la animó Harry, realmente por inercia, pues tampoco tenía un plan definido.
-Supongamos que acepto, y que tenemos un plan, Malfoy tomará venganza, su padre es influyente, si pasa algo me expulsan a mí, él queda inmune.
-Exacto- intervino Ron-. Pero bien humillado y tu serías la heroína de los inocentes.
-No es un papel que pueda interpretar bien, pero vale la pena. Ahora ¿tenemos algo en mente?
Mientras los chicos maquinaban su estrategia, Malfoy hacia lo propio, pero a diferencia de pedir consejos, sólo pagaba y daba órdenes.
-Crabbe y Goyle, si su estupidez no les estorba, quiero que vayan y le den una nota a Granger.
-¿Una nota?- preguntó Crabbe con voz modorra y como sino hubiera captado el mensaje.
-Si, idiota, una nota- respondió el chico molesto, sin levantarse de su asiento, ¿acaso pretendes que te la lea?
El rollizo muchacho negó con un movimiento de cabeza y tomó el pergamino entre sus manos. Junto con su amigo se dirigieron (por supuesto, después de un aperitivo en el Gran Comedor) afuera de la sala común de Gryffindor a esperar a que Hermione o alguno de sus amigos apareciera. Fue Neville, quien fue obligado a entregar la breve carta a su compañera tras las amenazas de experimentar los enormes puños de los secuaces de Malfoy.
-Bien, yo se la doy- dijo con voz entrecortada y casi cayendo cuando lo arribaron.
Apenas se refugió en la sala, vio que los todos acababan sus deberes o platicaban tranquilamente antes de ir a dormir. Vio a Hermione y le hizo una seña para que se acercará, ella lo miró un tanto preocupada pues lo vio agitado y arrugando un trozo de pergamino entre las manos.
-¿Pasa algo, Neville?
-Para ti- dijo el chico y sin más se alejó.
Extrañada corrió a la habitación de chicas para leer sin ser interrogada. Se metió en la cama, prendió una leve luz en su varita y comenzó a leer, palabras que creyó una vil mentira, si, conociendo a su remitente, no lo dudo ni un segundo.
Granger: quiero tregua, si aceptas ven
conmigo al invernadero y lo solucionaremos todo,
prometo ser un caballero, puesto que te deseo
como no alcanzas a imaginar.
Draco Malfoy
-Aquí pasa algo muy raro- habló para sí misma-. Debe ser otra burla, quiere algo, pero no, no lo voy a permitir, de mi cuenta correrá tu humillación y me parece que Ron tiene razón, te voy a dar donde más te duela, y ni siquiera voy a necesitar de palabras o violencia.
Hermione sonrió, estaba confiada, se invertirían los papeles, estaba dispuesta, tenía la venganza ideal, y lo mejor era que la satisfacía sobremanera, simplemente había que esperar el momento.
