8. Una venganza deliciosa
Esperaba paciente la llegada de sus padres, cruzado de brazos, buscando un pretexto que convenciera, pero ¿qué podía decir?, había golpeado a una sangre sucia, bien merecido lo tenía, los Malfoy estarían de acuerdo; aunque no estaba seguro de revelarles la causa, por su propia seguridad era mejor de esa manera.
Frente a él tenía a Granger, la estúpida Granger, con su cara de satisfacción, claro, haciéndose la víctima, la protegida de McGonagall; no se arrepentía de haberla abofeteado, lo que le dolía era lo haber reaccionado en el momento en que la chica le había besado. Ahora sentía náuseas, humillación, no soportaba la idea de ser blanco de las burlas, pero todos eran testigos, había besado a Granger y por extraño que pareciera le había respondido, como una conexión.
Para Hermione era un momento mágico, la sancionarían, sin duda, pero no le importaba, sabía que sería un castigo que recordaría siempre, aún estaba emocionada, un tanto ruborizada, era consciente de que Malfoy la odiaba más que nunca, que haría de su vida un infierno, que en ese preciso momento la miraba, y por primera vez no le importaba nada.
No le importó la cara de asombro y asco que hicieron sus compañeros cuando detuvo a Draco finalizada la clase de Pociones, en la cual él le tiró un frasco de sustancia acuosa que de no ser por Snape le hubiera quemado las piernas.
-¿Qué haces niña idiota?- le había gritado el profesor, a sabiendas de que Malfoy era el culpable y se burlaba a sus espaldas.
Pero se iba a acabar, lo tenía dispuesto todo, y Draco le había dado el motivo para ejecutar el plan. Así que le llamó al finalizar la clase de las mazmorras.
-¿Te crees muy listo, no Malfoy?- fue como inició.
-No me creo, lo soy Granger, pero una sangre sucia como tú no puede experimentar la sensación de superioridad en ningún aspecto.
-Te voy a demostrar lo contrario- fue cuando se acercó ante el público expectante, puesto que ni Ron, ni Harry, ni nadie sabían lo que presenciarían. Hermione, acercó sus labios a los del rubio y lo besó con fuerza, a sus once años sintió una especie de cosquilleó, sus labios temblaron cuando él le respondió, pero apenas se retiraron, sintió una punzada de dolor provocada por la caída tras la bofetada que Draco le había lanzado.
La mazmorra en silencio al contemplar tal escena, Ron enfurecido empujó a Malfoy que se limpiaba con la manga de la túnica, como si quisiera deshacerse de la sensación de la chica; Harry ayudándola a incorporarse, pero no fue necesario, ella no tardó en levantarse y seguir con lo que considero su triunfo.
-¿Así tratas siempre a tus novias?
-¿Qué?- murmuraron unos cuantos, pasando la mirada de uno a otro.
-Ah, no les has dicho; pues sí, todos deben saber que Draco Malfoy y yo "la sangre sucia", tenemos una relación.
-Estás loca, ¡desmiéntelo!- exclamó desesperado.
-Yo no digo mentiras, de lo contrario no habrías respondido al beso.
-¡Vas a pagar, Granger!
Tras lo cual, se hizo un caos de insultos sobre las distintas casas, sus linajes y la sangre. Así que lo más natural fue que los responsables terminaran en el despacho de la profesora McGonagall y está decidiera llamar a los padres de Draco por la agresión física hacia la chica que se hacía llamar su novia; claro que en caso de darleVeritaserum se vería inmersa en un serio problema que acabaría con su expulsión, pero se sentía segura.
Le dio su versión a la profesora, incluidos algunos detalles de la vez en que Malfoy la abordó en el invernadero.
-Pero no comprendo Granger, si te ha tratado tan mal, ¿Por qué decidiste ser su novia?
-Todos deben merecer segundas oportunidades, sin contar, que quería demostrar que el tipo de sangre no es impedimento para el amor.
-Eso es cierto. Hablas como una experta. Ahora espera afuera, hasta que lleguen los Malfoy.
Cuando Hermione salió del despacho quiso no haber presenciado el maltrato del señor Malfoy hacia su hijo, que le pareció inocente ante la figura altiva, autoritaria y despiadada de Lucius Malfoy.
-Sabes de sobra lo que esto costará a nuestra imagen, como miembro del consejo escolar, me das vergüenza- le decía en un tono amenazante- ¿y todo por una sangre sucia?
El chico asintió con timidez o quizá miedo, que diferente podía llegar a ser cuando alguien podía dominarlo. A Hermione le dio ternura que tuvo un remordimiento de su mentira, pero estaba hecho, finalmente Draco necesitaba disciplina, y quién mejor que sus padres para ello.
-¿Y tú qué miras?- dijo con desdén la señora Narcisa Malfoy a la chica que los contemplaba casi con fascinación.
-Yo…yo, la profesora…
-¿Interrumpo?- se dirigió McGonagall a los señores Malfoy-. Ah, Granger ya puedes retirarte. Ante la mirada dubitativa de los padres, la subdirectora les explicó brevemente.
-¿Estarán enterados de que su hijo mantiene una relación con la señorita?
Tal declaración fue como una bomba para ambos. Narcisa casi se desmaya y Lucius llenó de ira tomó por la túnica a su hijo y lo golpeó contra la pared.
-¡Tú!
-No, yo no- se defendía en vano Draco.
-Señor Malfoy, tranquilícese, es una escuela- quiso intervenir la profesora, pero fue inútil, Lucius estaba fuera de sí. Entonces la anciana corrió al pasillo en busca de ayuda, encontró a Snape pidiéndole que la auxiliara.
-Lucius, Lucius, calma, deja al chico. Debe ser una equivocación. Sabes bien que él no se fijaría en tú sabes…- ambos miraron de soslayo a Hermione que despavorida abandono el lugar para refugiarse en el baño.
-Bien, vamos a resolver el asunto- declaró Lucius como si no hubiera estado a punto de matar a su hijo. Con total dignidad se acomodó el cabello, la ropa. Le ofreció un brazo a su esposa para ayudarla a recuperarse y sonrió con complicidad hacia Snape. Y todos entraron.
-Severus quédate, tú también eres parte de esto.
Todos se sentaron y guardaron silencio.
-¿Quieres comenzar a contarnos, Draco?- preguntó la profesora.
-Si Draco, cuéntanos- dijo su padre y a Draco se le hizo un nudo en la garganta; y apenas pudo superar el miedo tras recordar que el beso realmente le había gustado.
