"No seas de esos que buscan, encuentran y después huyen con miedo"
Paulo Coelho

−Basta –le ordenó la rubia − ¡Detente, Jasper! –gritó desesperada, pero él la alejó − ¡Jasper, por favor! − rogaba sin éxito

− ¡Aléjate de ella! –una autoritaria voz masculina llenó la habitación. El chico, Jasper, giró la cabeza hacia la voz, sin soltarme. Por alguna razón fuera de mi conocimiento, no podía apartar la mirada de él –He dicho que la sueltes–repitió mi defensor pronunciando lentamente cada letra.

− ¿Por qué? –retó el rubio

−Porque yo te lo ordeno

Con un gruñido de inconformidad, Jasper me soltó y se alejó de mí unos cuantos pasos, en ese momento el temor reapareció y recuperé el control de mi misma. Casi sin darme cuenta, voltee a conocer al dueño de aquella voz: Igual que todos los habitantes de esa casa, tenia el iris escarlata y la piel muy pálida, su cabello castaño dorado me recordó al muchacho del cuadro. Sus facciones eran de una belleza sobrehumana y hubiese seguido observándolo, pero al notar su mirada fija en mi, bajé la vista de inmediato. No podía regular mi respiración, aquellos hermosos seres tenían la mirada clavada en mí y eso me ponía nerviosa. Si no hubiera visto aquel sótano los hubiera llamado ángeles, pero era evidente que su naturaleza distaba mucho de lo celestial.

−Edward…−comenzó a decir la rubia

−Después hablo contigo −La interrumpió el joven del cuadro. Después se dirigió hacia mí, me tomó de la muñeca con rudeza y caminó rápidamente afuera del sótano. Mientras me jalaba fuera de ese lugar, una palabra revoloteaba insistentemente en mi cabeza. Ridícula la hubiera llamado en otro momento, pero ahora la certeza era absoluta y abrumadora: "vampiros"

Apenas podía seguir el paso del muchacho del cuadro, avanzaba a trompicones, sin decir una sola palabra y comenzaba a molestarme su tacto glacial.

Finalmente llegamos a la misma habitación en la que casi había enloquecido, abrió la puerta de un empujón y me adentró de la misma forma.

−No vuelvas a salir – ordenó colérico y cerró la puerta estruendosamente. Corrí para alcanzarla abierta, pero sólo me di de bruces contra ella. De todos modos me quedé recargada contra la superficie de madera desesperanzada.

−¡Maldita sea! ¿Qué no te dije que la cuidaras?−la voz enfadada de mi defensor resonó en el pasillo detrás de mi puerta.

−Edward, no te enfades… −respondió la voz de Alice…gracias a Dios ya había vuelto.

−¡Contéstame! – replicó Edward sin prestar atención a lo que Alice decía

−Si –susurró ella apenada

−Entonces, hazlo –ordenó él

−Edward…−llamó la voz de la rubia

−Les dije a todos explícitamente que no quería que se le acercaran –dijo él

−Ella quería saber qué somos –murmuró en su defensa la rubia – Sólo complacía sus deseos.

−No digas estupideces, Rosalie – la reprendió Edward –Sólo vete… ¡ahora!, y tú…no te muevas de aquí

−Como digas –respondió rápidamente Alice. El picaporte de mi puerta giró y al abrirse apareció Alice el umbral.

−Bella, cuanto lo siento, no debí dejarte sola…pero mira lo que te traje, ¡Tarán! ¡Pizza! –canturreó mientras me mostraba la caja rectangular que traía en las manos. Alcé una ceja incrédula. ¿Cómo podía hablarme con tanta tranquilidad después de lo que pasó?

−Alice… ¿Qué pasó ahí abajo? ¿Por qué me trajeron aquí? ¿Quiénes son ustedes?

Ella torció sus labios y exhaló, antes de soltar frenéticamente

−La hora de la merienda, no es para asesinarte, no te preocupes y ya te lo imaginaras ¿verdad?…

−Alice –exclamé con voz quejumbrosa

−Confía en mi, mejor déjalo así

−No, creo que mejor me dices que ocurre, he visto suficiente para entrar en paranoia y me debes una explicación ¡Casi me asesinan!

−Eso no fue mi culpa

−Tu debías cuidarme –argumenté con la esperanza de que fuera suficiente

Ella alzó una ceja con escepticismo

−De acuerdo….una pregunta a la vez –cedió

−Bien, ¿Por qué ….

−Excepto la razón de tu estadía aquí…es un tanto confuso.

−Demonios… −solté con el ceño fruncido, después de pensarlo unos segundos agregué −¿Qué son ustedes?

−Hay varios nombres que se nos atribuyen, dependiendo de la cultura y época…mi favorito es bebedores de sangre, me parece poético…pero existen otros nombres: chupasangre, sanguijuelas…supongo que encontrarás más familiar el vocablo vampiro

Abrí la boca, pero no pude articular ni siquiera un monosílabo, lo cual a Alice le resultó divertido.

−Creí que querías saber la verdad –dijo con media sonrisa

−Si…es que…sólo esperaba estar equivocada…−después de eso la situación se volvió cada vez más surrealista –Y ¿Cuántos… como tú, hay aquí?

−Siete

−¿Siete? –repetí preocupada e hice un recuento mental: Edward, la rubia, el enorme de cabello oscuro, el que casi me asesina y Alice por supuesto –Me faltan dos

−Veamos: Conoces a Edward… en el sótano estaban Jasper, Rosalie y Emmet… Carlisle y Esme son los que no has visto, están cazando en este momento

−¿Cazando?

−Si, Bella –afirmó ella con cuidado, viéndome fijamente a los ojos

−Entonces ellos son los que traen…

−No. Carlisle sólo bebe de animales, al igual que yo. Él lo ha hecho así desde que se convirtió, y sólo me ha convencido a mí de aceptar esa forma de vida.

−¿Y Esme?

−Ella lo ha intentado, por Carlisle, pero aun no lo logra.

−No entiendo…si vivir así es posible…los demás… ¿Es que disfrutan asesinar?

−No juzgues tan duro algo que no comprendes… es bastante difícil, requiere un gran autocontrol…y nunca estás…realmente satisfecho. Aun después de tantos años…sigue representando sacrificio…no sé como Carlisle lo logra, él dice que es porque nunca ha probado la sangre humana, pero… −su voz se perdió en un susurro y no estoy segura si acabó la frase o la dejó en el aire. –Bueno, si eso es todo…

−No… ¿Cómo se convierten?

Alice se quedó conmigo y satisfizo mi curiosidad. Me contó de la dolorosa transformación. Me dijo que no necesitaban los famosos ataúdes ya que no dormían y que la luz del sol en lugar de exterminarlos se quebraba en su piel en fragmentos destellantes. Me habló de lo poco que recordaba de su vida humana, sólo sombras, dijo, que no eran capaces de contarle ninguna historia…no me di cuenta cuando me quedé dormida.

Abrí los ojos a la mitad de la noche, la habitación estaba tan oscura que tarde algún tiempo en notar una silueta sentada frente a mí…y necesité aun más para descubrir que no era Alice.

Era Edward. Tenía un libro en las manos y la mirada clavada en él.

−Parece que has estado explorando –murmuró para mi desconcierto –Es de mis libros predilectos. Las emociones están…perfectamente captadas. La necesidad de afecto del monstruo, el arrepentimiento del creador… −Entonces recordé que había sacado el libro de Frankenstein del librero− ¿Lo has leído? –preguntó

−Si, también es de mis favoritos –contesté con hilo de voz. No importaba que estuviera asustada, si se trataba de un libro simplemente no podía quedarme callada.

−Las personas pueden ser realmente crueles hasta el punto de endurecer a una noble creatura.

−Sobre todo su creador –comenté, él esbozó una media sonrisa que no llegaba a ser alegre

−Por negarle una compañera

−No…por negar cariño al monstruo, lo más probable es que un ser semejante causara aun más problemas

−No estoy de acuerdo. Nadie podría amar a un monstruo –murmuró sombríamente mientras se levantaba –Ciertamente no tienes nada que temer, si no sales de esta habitación.

−¿Podría saber la razón de mi cautiverio?

−No

−¿Me matarás?

−No

−No entiendo nada

−No importa, Bella.

−¿Cuándo podré irme?

−Descuida, no durarás mucho aquí. Buenas noches.

Y salió de la habitación. Bueno, la ultima afirmación no me dio tranquilidad en absoluto, si tan sólo hubiese dicho "te irás pronto", pero "no durarás mucho" parecía una amenaza. No conseguí dormirme, le di mil vueltas a sus palabras buscando un sentido para la absurda situación…pero nada. Lo peor de todo es que el recuerdo de sus ojos clavados en los míos, me hacia estremecer…no sólo de miedo.

Después de un par de horas, que me dediqué a observar el techo, escuché voces detrás de la puerta.

−¡Victoria! –exclamó la voz de Alice emocionada, al parecer custodiaba mi habitación

−¡Alice!−respondió un timbre melodioso y desconocido

−Te extrañé tanto, ¿Por qué no te quedas quieta para que pueda visitarte?

−Mejor ven conmigo

−Sabes que no puedo

−Bueno, como sea… ¿Qué haces afuera de la habitación de Edward?

−Sucede que –murmuró Alice en tono confidencial –hay una huésped

− ¿Hay alguien nuevo? –Replicó la desconocida, Victoria, desconcertada – Creí que Carlisle había dicho que no aceptarían a nadie más

−Ella es…humana. Victoria, ella es la hija de Charlie

Y luego silencio.