"El amor es una forma de prejuicio. Tú amas lo que necesitas, amas lo que te hace sentir bien, amas lo que es conveniente. ¿Cómo puedes decir que amas a una persona cuando hay por ahí diez mil personas en el mundo que amarías más si las conocieras?"
Charles Bukowsk
−Ella es…humana. Victoria, ella es la hija de Charlie
Y luego silencio
¿Por qué un montón de inmortales conocía a mi padre? ¿Él que tenia que ver con todo esto? ¿Nuestro parentesco me privilegiaba con ellos? ¿O por el contrario, aseguraba mi desgracia? Todo se volvía más y más confuso y el maldito insomnio que no me daba tregua…
Cuando la cortina que cubría la pared de cristal se esclareció con la luz del alba, Alice entró en la habitación.
−Bien, que empiece el bombardeo de preguntas –dijo apenas se abrió la puerta
−¿Qué?
−En ocasiones tengo breves visiones del futuro −explicó
−Así que no sólo eres inmortal −puntualicé
Pero no me contestó. Se limitó a mirar un punto perdido en la habitación.
−Alice ¿Qué tiene que ver mi padre con esto? –pregunté al ver que ella no continuaría con la conversación.
−Bueno…
−Alice, déjanos solos –exclamó de pronto una voz grave a nuestras espaldas. Edward.
La chica obedeció de inmediato
−Estaré cerca, si me necesitan –prometió antes de desaparecer por la puerta.
El vampiro se sentó frente a mí, nos vimos a los ojos, envueltos en el silencio.
−¿Y bien? – preguntó Edward. Al ver que permanecía callada, continuó −¿Qué no tenias un listado infinito de interrogantes?
− Así es, pero francamente dudo que te dignes a resolverlas
−Prometo contestar fielmente a una
Fruncí un poco el ceño, intentando controlar mi respiración. Aun me ponía nerviosa hablar con "ellos". La razón: Sus inusuales voces aterciopeladas y esas perturbadoras miradas escarlata. Pensé en la formulación de una pregunta que me proporcionara información de verdad.
−¿Cómo es que conoces a Charlie?−dije por fin
−Él solía vivir aquí –contestó. Eso explicaba que "Forks" me pareció familiar − ¿Cuánto tiempo ha pasado de la última vez que lo viste?
−Tu prometiste contestar preguntas –protesté
−Prometí contestar sólo una… ¿Te parece si alternamos? –propuso él, repentinamente encantador
Asentí, un poco confusa. Tal vez era la única forma de saber la razón de la absurda situación que vivía.
−La última vez que estuvimos juntos yo tenía cuatro años… ¿Y él te conocía a ti?
−No, realmente…¿Lo extrañas?
− La verdad es que no lo recuerdo mucho… ¿Llevan mucho tiempo viviendo aquí?
− Tanto que se ha vuelto imprudencia,... ¿Cuatro años no son suficientes para crear memorias?
−Tal vez, pero Charlie y yo no nos frecuentábamos… ¿A que te refieres?
−Piénsalo: unas extrañas personas viviendo en medio del bosque por casi dos décadas, hasta los pueblerinos más ingenuos lo notan… Tu madre te crio bien ¿no es así?
−Si, lo hizo…Dos décadas ¿nos habíamos visto antes? –Mis padres habían vivido aquí el escaso tiempo que duró su matrimonio, luego cuando yo tenía unos meses de edad, mi mamá se fue conmigo. Jamás regresamos. Ella odiaba tanto el pueblo que no volvió siquiera a mencionar Forks, provocando mi progresivo olvido de la localidad. Mi papá me visitaba de vez en cuando, hasta que falleció. Así que, si él conocía a Charle, tal vez me hubiera visto a mí.
−No, recordaría esos ojos −murmuró
El rubor encendió mis mejillas al escuchar eso. Con eso dio por finalizada nuestra entrevista. Edward se levantó y se dirigió a la puerta
−Edward –exclamé. Esa fue la primera vez que me atreví a decir su nombre.
−¿Si?
−Estuve pensando en lo que dijiste
−Me temo que he dicho muchas cosas
−Sobre que nadie podría amar a un monstruo
−Me encantaría escuchar la conclusión a la que llegaste
−Es falso. Yo si podría.
Él me miró de una forma desconcertante y profunda. Y salió de la recámara. No sé porque le dije eso, no era mi intención molestarlo.
−¡Edward! –llamé, pero él ya se había ido. Aunque no podría estar segura si me escuchó, sabía que eran bastante rápidos, pero tenía una teoría sobre la sensibilidad de sus sentidos.
Otra vez sola en la lujosa recamara. Está de más decir que nuestra conversación fue un fracaso. No había obtenido ninguna pista, sólo me había quedado con muchas más dudas.
La presencia de Edward me causaba confusión sobremanera. Sus rasgos inhumanamente perfectos, su criptica voz, sus misteriosas palabras, que no me decían nada realmente.
Harta de los misterios, desvíe mi atención, a lo más sólido que podía evocar. Pensé en mi madre. Ella estaba de viaje con su esposo, Phil. Aunque odiaba la idea de dejarme sola, sé que se moría de ganas de viajar con él. Y después de varios intentos en vano aquella era la primera vez que la convencía de que lo acompañara. Le prometí mil veces que estaría bien. En casa. Esperando por sus llamadas. Como deseaba tener mi teléfono, sólo para escuchar lo genial que la estaba pasando y convencerla de que me encontraba bien
Con el fin de distraerme, caminé por la recamara inspeccionando los detalles. Miré largo rato cada pintura, intente encontrar patrones en los hilos dorados que corrían a los largo dela alfombra y finalmente abrí un ropero de madera oscura. Me extrañó mucho encontrar vestidos. Pensé en Rosalie, pero aquellos eran más lujosos y a mi parecer, más antiguos y hasta donde yo sabia, me encontraba en la habitación de Edward, un vestido de la rubia no estaría aquí.
También había joyas. Collares con gemas preciosas, pulseras relucientes, hermosos tocados. Aquel era el guardarropa de un exquisita dama de alta sociedad de por lo menos un siglo atrás.
−Bella –una voz me sobresaltó
Volteé rápidamente para encontrarme con Alice y una mujer pelirroja de facciones felinas, en el umbral.
−Lo siento –dije y cerré el guardarropa –yo…yo sólo…
−Descuida–me tranquilizó –Te quiero presentar a una muy querida amiga mía, Victoria –dijo señalando a la mujer que la acompañaba
La aludida se adelantó un paso e inclinado ligeramente su cabeza me saludó
−Un placer, Bella
−El placer es mío –murmuré sin poder apartar la vista de sus ojos carmesí
Y como si yo hubiese tomado parte de su amistad durante años, se sentaron y charlaron alegremente.
Victoria había dedicado su inmortalidad a explorar las diferentes partes del mundo y sus costumbres, ya que simplemente no podía quedarse quieta. Supe por las reclamaciones de Alice que había pasado una década desde la última vez que la visitó.
−No hay nada de interesante en este lugar, Alice. Tienes suerte de que arribe cada diez años. –se justificó Victoria
−¿Puedes creer la clase de amiga que es, Bella? –exclamó ofendida Alice introduciéndome en la conversación por primera vez.
−Una buena amiga, creo. −contesté
−¿Cómo puedes decir eso? –replicó Alice
−No le agrada este lugar y sin embargo viene, sólo para verte. –dije defendiendo mi postura
−¿Lo ves? Hasta una pobre humana lo asimila –dijo Victoria con evidente satisfacción
Intenté pasar por alto lo de "pobre". Al verse acorralada Alice cambió el tema
−¿Y Laurent? –Preguntó
−Está con Irina –contestó la pelirroja poniendo los ojos en blanco –Llevamos lustros vagando juntos, y esa mujer se aparece de pronto y él se olvida de mi, de todo.
−Quizá es tiempo de cambiar –dijo Alice
−Quizá –murmuró Victoria
−Quédate
−¿Qué? No.
−Oh, por favor, aquí no hay nadie con quien conversar –argumentó la pelinegra
−¿Sólo me quieres con el egoísta fin de entretenerte?
−Básicamente. Pero hablo enserio
−Tienes a Jasper
−No es lo mismo. Quiero una amiga
−Rosalie –propuso Victoria
−¿En serio? Es frívola y obstinada.
−Y desequilibrada. No me digas que sigue usando vestidos.
−Si. Pero en cierta forma la entiendo. Ella jamás quiso esto, no puede separarse de su antigua vida−dijo Alice compadecida
−Por favor, nadie está deseoso de "esto". Ella es…exagerada
−¿Ves porque no puede ser mi amiga?...oh, seguro tienes hambre, Bella. Volveré en un nanosegundo
Victoria rodó los ojos y ambas observamos como desaparecía Alice por la puerta.
−Hablando de exageraciones…no puedo creer que Edward conserve todo esto –dijo la pelirroja acercándose al ropero que yo había estado examinando y lo abrió –Eso es lo que me diferencia de ellos. No extraño en absoluto mi vida mortal, por eso puedo ir y venir a mi antojo…pero ellos están anclados a sus recuerdos. Rosalie a su antigua vida perfecta y Edward, al amor de Elizabeth
−¿Elizabeth? –pregunté vivamente
−Si, fue una trágica historia. Amor apasionado, muerte y obsesión –comentó ella
−¿Me la relatarías? –pedí, consumida por la curiosidad
−Seguro. Elizabeth era una dama fina, de belleza impresionante, dicen. Edward tenía una posición respetable pero no como la de ella. De todos modos se dedicó a conquistarla. Aunque a ella le gustaba recibir atenciones de varios hombres, en especial de los más adinerados, ya sabes…
Asentí, aunque realmente no sabía
−Se amaban creo y tenían una relación apasionada, de verdad apasionada. El problema fue…
−Hazme el favor de cerrar tu maldita boca –dijo una voz enfadada
−Hola, Edward –dijo Victoria como si nada, al verlo de pie en el umbral de la puerta
−Largo de aquí –continuó él, su rostro estaba lleno de rabia
−En un momento, estaba conociendo a la invitada – contestó ella. Era la primera persona que trataba así al vampiro. Al parecer sus mandatos no surtían el mismo efecto en Victoria. En ese instante llegó Alice con una bandeja.
−Estoy hablando enserio, Victoria. Lárgate o te echo yo mismo.−amenazó Edward
−¿Qué pasa? –preguntó con inocencia la pelinegra
−Nada, un malentendido –se adelantó a contestar Victoria
−Creo que será mejor que nos vayamos, Vic –dijo Alice
−Como quieras…Me dio gusto saludarte, Edward –dijo la pelirroja al salir, con un cinismo impresionante en la voz.
Hola! :3 si alguien lee hasta aqui, espero que les haya gustado. Un comentario me haria sumamente feliz :)
Au revoir
