11. La apuesta

Pasaron unas cuantas semanas en tranquilidad, ya el colegio había olvidado el incidente del golpe y el beso ya no era novedad. Ni Draco, ni Hermione mostraban interés en seguir con el asunto, simplemente se ignoraban. Pero a la chica siempre le recordaban que hacía mal.

-Si yo fuera tú, pensaría en cómo vengarme de Malfoy, te crees las amenazas de expulsión fueron suficientes, pero en él hay maldad. Ahora debe estar pensando en mil maneras de fastidiarte, insultos, humillaciones. Por supuesto que será cuidadoso al respecto.

-Recuerda que Hermione siempre piensa lo mejor de las personas- dijo Harry desde el rincón en el que jugaba con su recién adquirida Snitch.

-¡No es verdad!- por supuesto que en el fondo sabía que se mentía así misma-. El mejor castigo que puedo darle a Malfoy es la indiferencia, pero como ustedes son chicos no lograrían comprenderlo.

Continuaron con sus labores, omitiendo el tema, sin saber que en ese mismo momento en la sala común de Slytherin se hablada de una apuesta, se hacían comentarios, a favor o en contra y los protagonistas serían dos rivales.

-El colegio es muy aburrido sin cotilleos, la propuesta de Flint es muy adecuada si queremos acción- comento la chica Pansy Parkinson.

-Si, ya les he explicado, cuestión de algún voluntario. Que enamoren a alguien del sexo opuesto, con cursilerías y finalmente cuando la personita en cuestión caiga tan fácil como romperle el corazón.

-Es genial- se oyó la voz de Crabbe, como si le estuvieran hablando de un nuevo experimento.

-Es una estupidez- susurró Malfoy desde el asiento individual en el cual habpia permanecido sumamente callado, revisando un libro de encantamientos prohibidos.

-¿Qué has dicho?- preguntó Marcus Flint que se encontraba unos grados por encima del rubio.

-Que lo que pretenden hacer es una estupidez, como bien has escuchado- lo dijo sin inmutarse-. Pierden su tiempo.

-No, lo que yo pienso es que ya encontramos un "ganador". Te reto Malfoy, y ya que tienes antecedentes que seas tú quien conquiste a alguna chica, ah, pero si es que esa chica ya existe y se llama Granger.

-Otra estupidez tuya, dime Flint ¿es costumbre o enfermedad?

Pero a Flint le entusiasmaba más la idea que su mente acababa de maquilar, estaba decidido a que el hombre de su apuesta fuera Malfoy y decidió arriesgarse un poco.

-Quizá prefiera ser llamado de esa manera a "cobarde"- le dio tanto énfasis a las palabras que la sala se quedó en sepulcral silencio.

Estaba tentando al orgullo de Draco, pero no se detuvo allí.

-Es comprensible Malfoy, debes temer que mami y papi se avergüencen de que te juntes con sangre sucia.

-¿A dónde quieres llegar, Flint?- se levantó Malfoy cerrando de golpe su libro.

-A una apuesta, como ya has escuchado, Lígate Granger y seré tu esclavo, de lo contrario tú serás el mío.

-Perfecto, aceptó, antes de Navidad yo andaré con Granger y tú estarás limpiando mis zapatos, vete comprando lo necesario, pues no admitiré errores.

Ya tarde, tendido en su cama se culpó por su repentino impulso, ahora cumplía o lo llamarían cobarde y sería centro de las burlas de todos. Bueno no estaba tan mal, quizá si hablaba con Granger la haría participe de la apuesta y lograría que Flint se tragará sus palabras.

Ahora tenía que pensar en cómo romper el hielo con la chica, pero tenía claro que no sería ni ridículo ni cursi, normal, podía tratar de ser cortés, pero no más. Ya el hecho de entablar algo con ella le costaba demasiado

Hermione estaba levantada, no conciliaba el sueño, se asomó por la ventana, contemplando las estrellas, deseando que su monótona vida diera un cambio. Y vaya que lo tendría aunque no estuviera enterada de eso en aquél momento.