Capítulo 10: Amor y Tragedia.
-¿Enamorado de otra?- Pansy se incorporó.
-¿No te has dado cuenta como mira a la Sabelotodo en Defensa Contra las Artes Oscuras?-
-Bueno… eso es absurdo. ¿De la Sangre Sucia?-
-Ya ni siquiera la llama así.-
-No puede ser…-
-¿Quieres enterarte de lo que en realidad está pasando?-
-¡Claro!- La morena dio un saltito.
El invierno había llegado, un par de días después.
Draco continuaba visitando a sus padres, aún con una vaga esperanza, aun cuando todos en el Hospital le decían que lo más probable era que no sobreviviesen.
La nieve chocaba contra las ventanas de la habitación, era el primer día de invierno, Malfoy ingresó con la misma calma de siempre, abrigado hasta la cabeza y con la nieve chorreándole el cuerpo.
-Te extraño…- Le dijo a su madre. –Ya nadie me envía dulces…- Su cara estaba completamente inexpresiva, como la de un muñeco sin vida.
Se volteó hacia su Padre.
No tenía nada en mente para decirle, el había actuado como un dictador para él, nunca escuchaba a su hijo. Y su esposa nunca omitía objeción, ante nada, viendo a su hijo siendo tratado casi a modo de un esclavo.
Pero lo único que había hecho por ella, la mínima muestra de afecto hacia la mujer que amaba; lo llevó a un pozo de desesperación.
Malfoy no quería terminar así, no quería ser un hombre inexpresivo, ocultando sus sentimientos. No tenían por qué ser una debilidad, de hecho en aquel momento era su fortaleza, el amor hacia su familia, hacia la chica que adoraba, hacia Hermione.
No podía culparse por enamorarse de una Sangre Sucia, no veía el grado de inferioridad en los traidores de la Sangre. Sin embargo en ese momento era el Príncipe de Slytherin, viniendo de la más fina línea sanguínea, del mismísimo Salazar Slytherin; su destino no era traicionar a su linaje.
Pasó casi toda la mañana ahí, lo que se había vuelto una rutina diaria para él; simplemente observándolos, manteniendo la esperanza.
Entonces se puso de pie, a paso lento. La ventana se abrió fugazmente, dejando entrar el aire gélido del exterior.
Narcisa, con una bocanada de aire se incorporó en la cama, respirando pesadamente.
-¿Madre?- Draco puso los ojos muy abiertos ante la figura de su madre inclinada sobre la cama.
La mujer tosía y carraspeaba, sin hablar, él se acercó rápidamente.
-D-Draco…- Susurró Narcisa entre quejidos. –Sé fuerte, no dejes que él te atrape. Te quiero mucho, hijo.-
Se desplomó.
-¡Ayuda! ¡Necesito ayuda!- La voz de Draco se quebró, saliendo casi como un chillido, ya no actuaba como un Malfoy, si no como un hijo viendo a su Madre morir en sus brazos.
Los médicos mágicos llegaron casi al instante, sosteniendo a la mujer por él y revisando posteriormente a Lucius.
Ambos estaban fríos, sin vida.
-Lo sentimos.- Dijo una de las enfermeras. –Han fallecido.-
Los ojos del rubio se empaparon en lágrimas, intentando contenerlas salió corriendo del lugar hacia la nieve, dejándose caer sobre el suelo blanco.
"Esto no puede estar pasándome… no ahora."
Halló su camino de vuelta al Castillo, siendo recogido en la mitad del bosque por Dumbledore, quien se había enterado de la noticia y lo estaba buscando.
-Siento mucho lo de tus Padres.- El viejo le ofreció una rana de chocolate como consuelo. –Ten, te hará sentir mejor.
Draco frunció el ceño dolorosamente, rechazándolo, y marchándose de la oficina.
Se detuvo frente a una ventana, una ventana que tenía sentido para él. La ventana donde había visto a Hermione espiándolo varias veces, la ventana donde la luna se reflejaba perfectamente, iluminando el pelo castaño como el de una leona.
Había tenido que soportar las noches de pesadillas y alucinaciones lo que ya era suficiente para él. Ahora perdió a su familia, su mundo se le venía abajo.
Efectivamente la chica estaba ahí, sorprendida al verlo, con la expresión destrozada.
-¿Estás bien?- Atinó a decir Hermione.
-No.- Contestó Malfoy, con la voz rota.
Estaba completamente despedazado por dentro, ya no tenía por qué ocultar las emociones, no a ella.
Se lanzó contra ella, posando la cabeza sobre su hombro y rompiendo en llanto.
Hermione se balanceo un poco, casi perdiendo el equilibrio por el repentino cuerpo chocando contra ella; lo rodeó con los brazos recordando cuando su Madre la consolaba.
En los brazos de Hermione parecía tan sólo un niño, llorando descontroladamente.
-Tranquilo…- La castaña musitó, sin saber bien qué decir.
Inmediatamente, Draco se separó de ella bruscamente y la tomó de los hombros, obligándola a besarlo.
Fue un beso de desesperación, como si él quisiera drenarle el alma; su lengua saboreando cada parte de su ser en un movimiento arrítmico, un beso apresurado y mojado. Hermione no hizo ningún esfuerzo por detenerlo, sintiéndose conectada hacia él por una fuerza extraña.
Se separaron cuando Malfoy comenzó a quedarse sin oxígeno. La castaña lo miró, desorientada.
Draco se llevó una mano a la frente, algo parecía dolerle; echó a correr por el pasillo, perdiéndola de vista.
La había abrazado, se había desahogado con un beso. Algo le había sucedido, pero, si no eran las alucinaciones ¿Qué era? estaba claro que los efectos secundarios habían desaparecido.
El siguiente día, dieron permiso para visitar Hogsmeade como era de costumbre. Y aquel día precisamente corría otro rumor sobre Dumbledore, quien había vuelto a desaparecer misteriosamente.
Malfoy se paró frente a la Casa de los Gritos, contemplándola como si ésta fuera a arreglar todos sus problemas. Se encontraba acompañado de Crabbe y Goyle como era de costumbre, quienes no tenían ni una sola sospecha de lo que ocurría en su interior; como casi todo Hogwarts, exceptuando al Director y Hermione.
Pansy le perseguía de cerca, riendo y suspirando cada vez que el rubio hacia un movimiento elegante de superioridad al caminar o hablar, propio de los Malfoy; intentando ocultar su verdadero sentir. Estaba claro que Zabinni le había convencido bajo fáciles métodos que le espiara por él ya que era mucho más fácil no darse cuenta de los verdaderos planes del chico, no era inusual que la morena le siguiera a todas partes.
En el entretanto, Harry, Ron y Hermione paseaban por Honkeydukes, comprando el chocolate característico de esta tienda; Ron estaba loco por volver a probar la deliciosa cerveza de mantequilla por lo que apuró a su novia y amigo.
Mientras caminaban hacia el bar, Hermione comenzó a meditar sobre la noche anterior, el beso de Malfoy que la dejó sin habla. Eso simulaba un engaño hacia su novio, sin embargo no parecía sentir remordimientos ni nada parecido.
Tenía que terminar con él, si no quería hacerle daño, o más bien si no quería hacerle más daño del que ya le estaba haciendo. En ese momento no se sentía con las fuerzas para romper con el pelirrojo, no se la habían pasado para nada mal y ella lo había disfrutado; a su manera.
Tomaron asiento, esperando por las cervezas.
-Así que ahora dicen que Dumbledore desapareció por enésima vez.- Comenzó la charla Ron.
-Está en una misión importante.- dijo Harry. –Él me lo dijo.
-¿Una misión?- Hermione arqueó una ceja.
-No me especificó nada.- Añadió el moreno.
-Umbridge está pasándose un poco con sus reglas, ¿no lo creen?- Continuo comentando el pelirrojo.
-Se ha convertido en una especie de Dictadora.- Opinó Hermione.
-Si Dumbledore sigue saliendo a cada momento la van a nombrar directora.- Ron prosiguió.
-Todos sabemos que Voldemort está de vuelta, no puedo creer que el Ministro no quiera aceptarlo, es por eso que la designó como Profesora, tienen un ojo puesto sobre nosotros.- dijo la castaña.
El cantinero les llevó la cerveza de mantequilla.
Theodore paseaba solo por los caminos repletos de nieve, admirando cada hermoso copo de nieve que volaba a su alrededor. Divisó a Malfoy de lejos, rodeado de sus guardias personales, y a unos metros más allá a Parkinson.
Se aproximó a la reja que separaba la casa del resto del lugar, mirando detenidamente al rubio, quien le devolvió una mirada fría. Pudo ver algo en sus ojos, tristeza, el gris los cubría completamente, tanto así que se volvían azules como el océano a la luz frígida del sol que intentaba asomarse.
Su padre le había contado la muerte de los Malfoy, le relató hasta el más mínimo detalle de cómo el Señor Oscuro les había torturado hasta dejarlos en un estado casi vegetal. Él pareció disfrutar la escena, pero a Theodore le daba escalofríos. No podía creer la forma en la que el chico lo estaba llevando, tan sereno, tranquilo; mientras se derrumbaba.
Entonces divisó a alguien a lo lejos, caminando apresuradamente y de una forma familiar. Una mujer de pelo muy largo, entera de negro.
Llegó hasta donde Draco se apoyaba, agarrándole de un brazo violentamente.
-Hola, querido sobrino.- Bellatrix habló.
El rubio intentó zafarse, pero la mano de su tía era demasiado fuerte para él.
-Vendrás conmigo.- Dijo, desapareciendo en el aire con una ráfaga de humo negro retorciéndose; ante la expectación de los testigos presentes.
Hola!
Aquí les traigo el décimo capítulo que para su sorpresa, ha salido de un día para otro... (aplausos) y es que estoy aprovechando mis ideas y el que tengo un fin de semana largo :)
Aquí vemos lo que era inminente, la muerte de los padres de Draco y el primer beso de estos dos, que ya era hora. Pensaba ponerle más sufrimiento de Draco ante todos estos eventos pero creo que lo añadiré en el próximo chap. Además de las desapariciones constantes de Dumbledore que si no me equivoco suceden en realidad pero más adelante (en el príncipe mestizo creo) Umbridge, como en el canon está actuando de Dictadora, y probablemente... probaaablemente suceda lo que Ron comentó. Además agregue a un nuevo personaje que sólo aparece en libros; Theodore. Creo que este personaje es bastante similar a Draco y ya verán mas adelante el papel que juega el chico dentro de la historia.
Zabinni sigue de cerca a Malfoy... y ya esta sospechando de él. Todos sabemos que es como un amigo para él pero yo tampoco lo veo como un MUY BUEN amigo, es capaz de ponerse en su contra si así lo prefiere.
Pues eso... gracias a los pocos, pero significativos reviews y comentarios que me han dado y a los favoritos... a todas... gracias. Se las quiere un montón!
Hasta la próxima!
Con amor, Nathu.
