13. Detalles
Para Severus Snape resultaba alarmante que Draco mantuviera vivo el interés por Granger, su instinto no lo engañaba, y tanto por el bien del chico, como por el aprecio a sus padres estaba dispuesto a impedir que algo pudiera surgir entre los alumnos, pues quien mejor que él para saber los conflictos emocionales entre casas rivales.
Fue así que cierta tarde decidió castigar a ambos jóvenes para analizar su conducta, por supuesto ellos no se enterarían de que eran estudiados. Ni siquiera les dio un motivo válido para estar allí, simplemente estaban castigados y tendrían que lavar todo el material pegajoso y maloliente de la clase.
-¡Y no se van hasta que todo quedé impecable! - les amenazó.
Entonces los dejó aparentemente solos, pero él observaría cualquier guiño, estudiaría las palabras, todo aquello que le diera indicios de un sospechoso acercamiento, pero no hubo mucho que averiguar, pronto Malfoy le daría la respuesta a su inquietud.
Hermione estaba dispuesta a no abrir la boca, pasaría el castigo de manera tranquila, como si estuviera sola, no respondería a provocaciones; pero Malfoy no tenia la intención de desaprovechar tremenda oportunidad para asegurar el triunfo de la apuesta. Así que fue él quien rompió el silencio.
-Déjamelo a mí Granger, eso de lavar frascos es peligroso para una…una…
-¿Una qué Malfoy?, ¿sangre sucia?, es lo que quieres decir, ¿no?- dijo molesta.
-No, no- se defendió el chico medio confundido-. Iba a decir una chica como tú, pero como siempre te empeñas en verme como el malo, no sé cómo tratarte…bien ya lo dije. En verdad quiero agradarte.
-¿Para qué?, no logro comprender que después de todo lo que nos escribimos como "disculpa" quieras más tratos, pediste tregua y ya; es aburrido, búscate a alguien de tu clase social.
-Podría intentarlo, pero eso no me va a persuadir de querer estar contigo- se quedo dudando por un instante antes de continuar-. Sólo tonto no se da cuenta de eso, y tú no eres tonta, pero te empeñas en hacerme sufrir.
Entonces comenzó a lavar los recipientes rehuyendo a la mirada de la chica, que ahora estaba absorta, si no se equivocaba había escuchado que Draco tenía cierto interés en ella. Lo miró morbosamente, era imposible que alguien como él, mimado, de buena familia, caprichoso repentinamente sintiera algo por ella, una muggle, una chica ordinaria. Quiso olvidarse del tema pensando en que si no se apuraban a limpiar el material Snape de disgustaría y quizá la sometería a un castigo, aunque a pesar del silencio, comenzó a parecerle agradable.
De pronto, pensando en la manera en que sus amigos se burlarían de Malfoy si se enteraran de lo dicho, un frasco cayó lastimándola, la sangre brotó por su mano, lanzó un gemido lastimero, no quería llamar la atención de Draco, pero el chico ya estaba a su lado tratando de ayudarla.
-No te muevas, yo puedo curarte- dijo casi con ternura.
-¡No!, no quiero nada de ti- y sin importarle nada huyó de la estancia.
Pasaron unos días en aparente quietud, Hermione se lamentaba de tener su mano vendada después de acudir a la enfermería; Snape analizaba lo ocurrido sin emitir una decisión final; y Draco se cuestionaba sobre qué era lo que fallaba, por más que intentaba ser amable, de ganarse a la chica está no le ayudaba precisamente. Entonces recordó la manera en que su padre había conquistado a su madre: por medio de detalles, cosas cursis, poesía, regalos, cartas de las cuales su padre se sentía orgulloso, pues decía que era un don de familia, y no se arrepentía. Se preguntó si eso cambiaría la situación a su favor, bueno, nada perdía. Se sentó en el escritorio, tomó un trozo de pergamino y tinta.
Comenzó animadamente con un "Querida Hermione…" y después nada, tachones, falta de inspiración, o simplemente el "don" familiar no lo había heredado, ¿Qué le iba a decir si sólo sentía odio y repulsión hacia ella?, nunca debió aceptar la apuesta, pero su orgullo, el no soportar la idea de ser la burla de Slytherin lo había condenado.
Que frustración, entonces decidió ponerle unas clásicas palabras. Algo como que sentía lo de su mano y le pedía una disculpa si la incomodaba, no la volvería a molestar. Incluyó unos dulces que pensó podrían suavizar la relación y sin más la envió.
No esperaba respuesta, aunque sí que lo rechazará, que le aventará todo en la cara, pero estaba hecho.
