14. Resultados
Todo se mantuvo en quietud, incluso Severus bajó la vigilancia, seguramente todo había sido un repentino desvarío de Draco, ya no había que temer. Confiaba en la excelente educación impartida por sus padres, él mismo era testigo de las innumerables enseñanzas que los Malfoy se empeñaban en hacerle conocer a Draco para evitar desagradables decisiones. En fin, ya no importaba, se olvido del caso Draco-Hermione y regresó a lo que más placer le causaba: castigar a Harry Potter.
Hermione seguía analizando la breve nota de Draco, no había probado los dulces por temor a que se encontraran envenenados, aunque en el fondo dudaba de que esa fuera su intención final; si realmente se interesaba en mejorar las cosas, ella se sentiría culpable al rechazarlo, pero después de sus fallidos intentos, más valía tener precaución.
Cierto día mantenía la nota entre sus manos, repasándola nuevamente, como si deseara leer entre líneas lo que ya sabía de memoria; los dulces a un costado, los ignoró hasta el momento en que Ron entró, y sin importarle tomó uno y lo degusto.
-Uy, mis favoritos.
-¡No!, Ron- pero el chico ya estaba tragando- Hermione trató de buscar alguna reacción secundaria, pero nada. Entonces los dulces eran buenos, y un pensamiento cruzó por su mente, ¿no era tiempo de darle una oportunidad al rubio Sly?, al fin había roto sus expectativas, se había atrevido a ser realmente una persona decente, y eso ya era demasiado decir.
Draco se sentía desilusionado, iba a perder una apuesta, que nunca había buscado, ya estaban agotados los recursos, incluso se había mostrado indefenso, pero luego se convenció de que la culpa no era totalmente suya, era de ella, por ser mujer, y una muy complicada, le había mandado dulces y una nota, si una muy tonta, pero lo había hecho, en cambio ella se mostraba distante, ¿Quién se creía?, ni siquiera era agraciada, sólo era inteligente, pero en un mundo como el suyo eso era irrelevante, porque al final lo único que se esperaba de una mujer era la procreación, así lo había hecho su madre y su abuela; todas las familias de sangre pura; y sin duda, por más aires de grandeza que se diera la Granger, terminaría igual que todas: sirviendo a su marido.
Si perdía la apuesta no importaba, lo negaría todo cuando se hiciera un escándalo; y si no le creían al menos le quedaba el consuelo de arrastrar a otros con él. Y el primero sería Flint, y quizá la misma Hermione por hacerle perder. Era un Malfoy, y siempre triunfaba.
Olvidaría pronto el suceso, mejor mantenerse ocupado en algo que les había sugerido a sus padres: que le interesaba otra chica, pero no había tal. Quizá era momento de poner mayor empeño en ese detalle, pues la Navidad se acercaba y era preciso complacer a la familia, y estaba claro que ellos no aceptarían a cualquiera.
Se desperezó y arregló, algo formal, en plan de conquista. Observaría a sus presas y que mejor que empezar en terreno conocido con las chicas Sly; no se convencía con ellas, si bien de sangre pura, eran excesivamente frías, calculadoras, presumidas; y ya bastaba con él en la relación como para soportar el ego de que terminaría por convertirse en su rival en vez de sumisa esposa. Así continúo caminando por los jardines pero sólo se deprimía al mirar detenidamente a las candidatas, las aburridas de Ravenclaw; las tontas y nada atractivas de Hufflepuff. Su última opción simplemente era la más imposible, las Gryffindor, enemigos naturales. Descartadas, ni siquiera cabía la posibilidad, recordaba como su madre continuamente insultaba a Sirius Black, por deshonrar a la familia. Él no haría tal.
Harto de su infructuosa búsqueda decidió dirigirse a la biblioteca, necesitaba un momento de tranquilidad alejado del bullicio y de la impertinencia de sus compañeros; tomó un libro al azar, se sentó en el sitio más apartado que encontró y comenzó a hojear con fastidio. Para su malestar alguien se acomodó enfrente de la mesa que ocupaba, ya estaba por reclamar cuando se percató de que tal molestia tenia nombre y era ni más, ni menos que Granger que se dignaba a aparecer. Le impacientó que se mantuviera callada con la vista clavada en él. Así que tuvo que hacer la pregunta.
-¿Y bien?
Ella lo miró esperando que se pusiera agresivo, que algo cambiará, pero lo único que visualizó fue a un niño, no, un adolescente y uno que le gustaba.
-Draco, como ambos nos hemos equivocado, me parece que hay que darnos una oportunidad.
-Es lo más sensato que has dicho.
Sin que nadie se percatará de la encantadora escena que daban, Draco tomó la mano de Hermione y le plantó un beso.
