15. Malfoy gana

No podía expresar su felicidad, despertaba con una sensación reconfortante, como si hubiera descansado infinitamente, o simplemente era el saberse ganador, que el poder regresaba a su dueño. Estaba ansioso por gritarle a Marcus su victoria, ya contaba con una lista de deberes, tan humillantes para hacerle practicar, debido a la infinita experiencia que le proporcionaba su elfo doméstico.

Por algún extraño motivo dejo de pensar en ello, por su mente únicamente cruzaban las palabras "Es mía", tan posesivas, y no podía ser de otra manera después de todo el esfuerzo que le costará. Desde la cama de ese cálido domingo se preguntó sobre la chica, ¿qué estará haciendo?, ¿pensará en mí?, ¿les dirá a sus amigos?, y es que simplemente Hermione Granger había resultado tan impredecible que su forma de ser y su constante misterio le parecía atractivo.

Y no se equivocaba…desde tempranas horas la chica Gryffindor estaba levantada, aún permanecía con su ropa de cama, no estaba en la sala común de su casa, ni en la biblioteca, mucho menos en los jardines. Desde su entrada a Hogwarts su curiosidad por saber cómo se daba mantenimiento y se podía cocinar para cientos de estudiantes la llevaron a escabullirse a las cocinas del colegio, donde quedó horrorizada al contemplar que el fenómeno de la esclavitud se desarrollaba ante sus propios ojos y en un recinto que manifestaba por principios la igualdad.

Se esforzaba por hacerles entender (en vano, por supuesto) a los pobres elfos que ese no era el lugar que les correspondían, casi se quema con una olla de agua hirviendo al tropezarse con unos trastos, por poco consigue que un elfo se rebanará los dedos, fue necesario correrla del lugar, pues la creían una loca, y no era para menos era muggle, no podía entender el funcionamiento del mundo mágico, no podía llegar a cambiar las tradiciones, donde cada uno tenía su lugar. Claro que los elfos ignoraban lo mucho que cambiaria a ciertas personas.

Se levantó queriendo ver a Hermione para saber que no se trataba de un sueño, pero no sabía dónde buscarla que no fuera la sala común de Gryffindor, lugar al cual no se acercaría por seguridad propia. Confiaba en su buena suerte y decidió no buscarla, ya se encontrarían y así sería, pero antes se topó con alguien no tan grato: Marcus Flint, así que se regodeó un poco.

-Ah, Flint, desde mañana comienzas como mi esclavo. Te espero temprano con mi almuerzo en la cama y ni siquiera intentes envenenarlo, porque te haré probarlo antes.

-¿A qué te refieres?- preguntó el chico con cierto nerviosismo.

-Es muy sencillo, esa apuesta sobre conquistar a Granger, pues la he ganado- una sonrisa de galán se asomó por su rostro.

-Vaya, ahora debo pagar, pero no antes de que demuestres en público lo tuyo con Granger, no hay por qué avergonzarse, ¿o sí?

-No hay problema- aunque su plan consistía en tener contenta a Hermione en las sombras, lo que Flint le pedía era a propósito, una muestra pública de afecto, que si llegaba a oídos de sus padres provocaría su disgusto, quizá, no, con seguridad lo castigarían, pero iba a arriesgarse, por algún extraño motivo, sabía que todo le saldría bien-. Sígueme.

Guiándose por su instinto llegaron a las mazmorras donde Flint mantuvo su distancia para observar una escena reveladora que le dio asco por el cariñoso comportamiento de su compañero de casa.

-Hola- se acercó el rubio un tanto tímido, pero continuó- Hoy luces muy hermosa, y te he estado buscando, desde que desperté, he querido hacer algo.

-Ah, ¿y qué es?

-Esto- se acercó lentamente y sus labios rozaron los de la chica que respondió de la misma manera.

Flint se retiró del lugar, había visto suficiente. Ahora tenía que prepararse para iniciar sus labores para Malfoy.