16. Un romance peligroso

El día a día podía ser en ocasiones rutinario para aquellos que no tenían más que pensar en las clases, las tareas y los exámenes; Ron Weasley se quejaba constantemente de ello con Harry.

-Aburrido, aburrido, todo es tan…- hablaba Ron antes de ser interrumpido.

-Si Ron, ya te he escuchado, todo es tan aburrido, y no podemos acabar la tarea para Snape, sin ayuda de Hermione. -¿Dónde está?, ¿te has percatado de su ausencia?, algo anda diferente con ella.

-Las mujeres son seres extraños Harry, a veces son lindas, a veces te quieren matar y Hermione no es la excepción, claro eso no aplica para Malfoy a él sí que lo odia.

Sus amigos, por supuesto, ignoraban que Hermione ahora tenía una nueva visión sobre el chico Malfoy, incluso disfrutaba de su compañía, pero lo mejor eran sus abrazos y besos que día tras día rompían con sus expectativas.

No importaba cuan cuidadosos debían ser, aunque se habían apropiado del baño del segundo piso, el que ya no era frecuentado porque corrían los rumores sobre el asesinato de una estudiante mucho años atrás. El fantasma de Myrtle "La Llorona", les había sorprendido en uno de sus escapes de Filch y su gata.

-Parecen muy entretenidos- chilló la niña muerta, logrando que la joven pareja se desistiera de un apasionado beso.- Y eso me molesta, porque yo jamás conocí el amor. Si quisiera podría acusarlos.

-No lo hagas- rogó Hermione-. No ganarías nada con eso, y en cambio a nosotros nos tendrían en detención, o algo peor: nos separarían.

-¿Y?- protestó Myrtle- yo prefiero las historias de amargura y desesperación. A no ser que…

-¿Qué?- preguntó sumamente intrigada la chica con algo de rubor en sus mejillas, temiendo que el fantasma pudiera leer sus pensamientos y revelar algún detalle de sus emociones, pero eso era imposible, lo había leído, los fantasmas no poseían tales poderes.

Draco salió al rescate, tomando a su novia de la mano y llevándosela.

-Es una estupidez, vámonos.

La vida de un fantasma era muy simple, se reducía a observar y esperar por algo que jamás llegaría, Myrtle había decidido hacer su mundo un tanto entretenido, vagaba por el castillo ansiosa de enterarse de los últimos chismes, no había lugar que estuviera prohibido para ella. Le gustaba jugar con los secretos y aunque aquellos besos entre la tal Hermione y el guapo rubio habían pasado sin pena ni gloria, retomaron su atención con un par de pláticas, la primera en la sala común de Slytherin.

-¿Cómo es que puedes soportarlo?- la cuestión era dirigida a Marcus Flint, que lucía agotado-. No puedes permitir que Malfoy te humille de tal manera, no por una apuesta.

Marcus, sonrió con satisfacción, no le angustiaba que pensarán los demás sobre él, porque tenía un plan, uno brillante y maquiavélico, como buen Slytherin.

-Draco puede disfrutar con la sangre sucia esa, pero al final yo me llevaré la satisfacción de arruinarle su triunfo. Pero como entenderán no puedo dar más detalles.

Soltó una carcajada siniestra, a la que se sumaron otro par de compañeros, dispuestos a ayudarle, pues también habían sido víctimas de Malfoy por su fortuna, su apellido, por su supuesta superioridad.

Myrtle continuó su paseo nocturno, hasta llegar a las mazmorras, donde encontró al chico en cuestión caminando hacia la oficina del profesor Snape. Aunque era de los pocos lugares que no le agradaba frecuentar, se atrevió, porque su curiosidad pudo más que su precaución.

-¿Me llamaba Señor?- dijo el chico de manera respetuosa.

Snape se encontraba frente a su escritorio una pila de pergaminos que calificaba, la chimenea encendida, nada parecía fuera de lo normal, a no ser porque sostenía pedazo de pergamino que Draco reconoció inmediatamente: una nota donde concertaba una cita con Hermione.

-Por tu expresión me parece que sabes qué es esto. Ciertamente creí que el asunto con Granger estaba olvidado, veo que no, explícate.

Draco titubeó, no podía engañar a Snape, pero tampoco podía decirle la verdad. Estaba en un lio. El profesor únicamente le dio su consejo, porque no quería que su alumno favorito, y al cual conocía desde pequeño tuviera un enfrentamiento con sus padres.

-Conoces la opinión de tu padre respecto a gente con la condición de Granger, si eres inteligente, como considero, olvídate de eso que estés jugando y no continúes arriesgando tu reputación, o la de tu familia. Vete.

El joven salió al corredor vociferando, estresado, pero no estaba dispuesto a dejar a Hermione, ahora que había puesto en su lugar a Marcus, ya pensaría en algo.

Myrtle supo en ese instante que su vida como fantasma comenzaba a tener algo de acción, tenía que contárselo a alguien, pero no a otro fantasma que la ignoraría, no a un profesor que la reprendería por espiar, quería estar al tanto del asunto, por eso fue con uno de sus protagonistas: la mismísima Hermione Granger.

-Eres muy popular, ¿sabes?- la interceptó en la biblioteca-. La gente habla de la tonta, y fea Granger.

La chica tomó sus cosas, y salió de allí hacia la sala común, no le apetecía un encuentro con el fantasma, era impertinente y simplemente no confiaba en ella.

-No me importa- fue su respuesta.

-A mí tampoco- bromeó-. O quizá lo que quieres es evitar que la gente vea lo mucho que amas al encantador y guapo Draco.

Entonces consiguió lo que quería saber, cuando los ojos de Granger la delataron, junto con el color rojizo que adoptó su rostro y un leve temblor en sus manos que hizo que sus libros cayeran al suelo.

-¡Cállate!, sólo cállate- no sabes de lo que hablas.

-Oh, vaya que lo sé y puedo gritarlo si me obligas, pero no lo haré porque me agrada guardar secretos, y porque voy a esperar que tu romance se acabé, vayas a refugiarte a los lavabos a llorar. Entonces yo puedo ayudarte a planear tu venganza.

-Eso nunca va a pasar- juró Hermione al fantasma.