17. Los planes de Navidad

Una fecha esperada, el momento de dar regalos, recibir abrazos, la nieve golpeando los rostros alegres degustando exquisitos platillos, la hora de sacar los abrigos y encender las chimeneas. En Hogwarts comenzaban los preparativos para la Navidad, lo mejor para los estudiantes eran las vacaciones, olvidar las tareas, no más exámenes, visitas a la familia…ah, si la familia.

La suya era sumamente exigente, conservadora, de abolengo, así había crecido y nunca le pareció extraño que sus padres le presionaran con la búsqueda de una chica, era joven, demasiado de hecho como para pensar en tales cosas, muy en el fondo deseaba conocer, equivocarse, tener experiencia, no admitiría errores respecto a su elección de pareja.

Pero un recordatorio le confirmó que Hermione no era el tipo de chica que se esperaba para él. Recibió la carta por la mañana, mientras desayunaba, el emblema familiar, no podía significar nada bueno, y así fue cuando comenzó a leer:

Draco, mi amor:

Seguramente te has percatado de la cercanía de la fiesta familiar, tu padre y yo estamos ansiosos por conocer a la chica que podría convertirse en tu prometida, sabemos que no nos decepcionaras con tu elección.

No es que queramos presionarte, pero sabes que estas cosas son parte de ser un sangre pura. Los esperamos.

Narcissa Malfoy

Volvió a releer, y su malestar comenzó, no había puesto atención a ese importante detalle, llevar y presentarles a sus padres a una chica digna de un Malfoy, se había desviado en su aventurilla con la Gryffindor, y si no hacía algo pagaría las consecuencias.

Esa tarde evitó acercarse a Hermione, pues ella solía ser perceptiva y no deseaba ser interrogado, necesitaba pensar. Así pasaron unas cuantas horas angustiosas, hasta que todo le pareció tan claro, cuando entró a su habitación Marcus Flint con su traje de gala recién lavado y planchado.

-¿Dónde lo cuelgo?- dijo amable, como si Draco le agradará y fuera un placer ser su colaborador.

El rubio señalo el armario, pensando en cómo abordar el tema con Flint, finalmente era mayor y conocía la esencia de las chicas Slytherin: la que despreciaba a los hombres, la bonita, la odiosa, y la lista continuaba. Por supuesto, Draco sería generoso, estaba dispuesto a negociar si Flint le sacaba de su apuro.

-No te vayas, tengo una última petición para ti y si haces un buen trabajo, te liberaré de ser mi "esclavo"- le brillaron los ojos al ver la sonrisa de Marcus, tenía su confianza, y con tal de deshacerse del castigo lo ayudaría.

-¿Qué puedo hacer por ti?- preguntó el chico-. Porque debe ser algo serio como para que me ofrezcas tal recompensa.

-No, no lo es- fingió Malfoy-. Pero no tengo tiempo como para hacerlo yo. Es una oportunidad única, que sé no desaprovecharas porque pareces inteligente. La cuestión es que necesito a una chica dispuesta a ir a una cena con mis padres que finja ser mi novia.

-Es ridículo, ya tienes a Granger y vaya que no se le da mucho lo de fingir- se burló.

-No seas estúpido, eso es sólo una apuesta que…- fue interrumpido.

-¿Apuesta?, discúlpame pero parece otra cosa, a menos que ya se acerque el día en que le romperás el corazón; he de admitir que desde hace tiempo estoy pensando en cómo la terminarás, ¿un vociferador?, ¿ridiculizándola frente al colegio?, ¿cara a cara?, aunque seguro tú serás más creativo.

Malfoy se ruborizó, pero logró controlarse para exponer su punto de vista a Flint, no se iba a dejar intimidar, finalmente él mandaba allí. Se aclaró la garganta y continuó.

-De ese asunto me encargo yo- dijo amenazante-. Ahora, ¿puedes encargarte de lo que te he pedido o está fuera de tus posibilidades?

-Hecho, hago eso y no me vuelves a molestar.

-Perfecto, es un trato Flint; consigue las chicas y ya decidiré cuál es la más apta, si es necesario págales, sobórnalas, dales flores, esas cursilerías que tanto les gustan.

Con un apretón de manos cerraron la negociación.

Hermione se encontraba envolviendo regalos para sus compañeros; pasaría las fiestas navideñas en casa, con sus padres, a no ser que Draco tuviera otro plan, era algo ilusorio, pero el joven tendía a sorprenderla. Era quería retribuirle con un hermoso recuerdo, pero aún no podía imaginar que darle que no pudiera obtener él con su fortuna.

Entonces recurrió a su quizá y por desgracia, única confidente: Myrtle. Le expuso el caso, y aunque sabía que el fantasma no solía ser agradable, y que odiaba hacer favores, no se negó, porque sabía que si alguien la descubría podría culpar a Granger.

-Bien, pero sólo lo hago, porque es la época navideña, que no se te haga costumbre-. Entonces inició su labor.