22. Adiós Granger
Ya estaban acostumbrados a las mentiras, ya no sentían culpa por sus acciones, cada uno preparaba su discurso, los gestos a utilizar. Pensaban en cuál sería la peor reacción del otro; ambos se tenían regalos, habían acordado verse en los invernaderos era poco usual que fueran frecuentados en esas fechas, sin contar que el castillo casi estaba vacío.
Hermione contemplaba la ropa de Sonne en su cama, su maquillaje, tenía la poción y suficientes cabellos de la guapa chica para representar su papel, pero antes tenía que verlo como Granger, la de siempre inteligente, seria y rechazada Granger; finalmente había decidido darle un regalo y no sería su virginidad como había sugerido Myrtle; un diario, y una foto de los dos, quería remover sus sentimientos, demostrar que era más valioso aquello simple, imperfecto que una cara bonita, pero que ingenua era, como estaba a punto de descubrir.
Draco sabía que estaba a punto de herir a Hermione, pero era necesario para estar con Rosen, ya tenía las palabras, y un presente, pues le parecía correcto por todas las molestias causadas, era un acto caballeroso y muy caro, contaba con que no tendría problemas, las niñas eran niñas; Hermione lo superaría, iría corriendo con sus amigas o en este caso con los tontos Ron y Harry, pero ese ya no sería su problema.
Tomó lo necesario, su capa de invierno, el regalo y su seguridad; salió mirando despectivamente a Flint, que preparaba su equipaje para visitar a la familia; caminó por los pasillos, siguió hasta la entrada, anduvo por los jardines, hasta el punto acordado, bien, ella no había llegado, recuperó su ritmo para recargarse en la pared, dispuesto a esperar, se recordaba que debía ser sutil, delicado, ser hombre, le iba a decir la verdad.
Hermione caminaba con calma, presintiendo algo, quiso dar la vuelta, correr y olvidarse de todo, ser expulsada, regresar con los muggles, el sitio al que pertenecía y del cual, no debió haber salido, quería regresar a su hogar reconfortante, pasar las fiestas con sus padres; pero no, siguió avanzando por un extraño impulso, se aproximó al invernadero, con temor, vio que Draco estaba esperándola, y entonces le sonrió, pero por su parte no hubo nada, ni un gesto, sólo indiferencia.
Entonces y contra su voluntad se obligó a romper el hielo, algo tenía Draco, algo que le impedía ser el de siempre, era una locura que fuera por Sonne, no daba crédito a que una persona pudiera perturbar a otra, ¿pero no era eso lo que estaba experimentado?
-¿Draco, todo está en orden?- fue cariñosa, amable, lo menos que deseaba era alterarlo, extendió sus brazos para darle el regalo-. Es para ti, tardé mucho en decidir que quería darte, porque es obvio que tu tienes todo lo que alguien de nuestra edad pudiera querer, y entonces se me vino a la mente que…-él la interrumpió abruptamente.
-Se acabó- rompió su regla sobre la sutilidad, fue directo, porque así el dolor sería mínimo, debía mostrarle despreció (aunque él mismo se estuviera lastimando también), perdóname, pero ya no podemos seguir, todo fue un montaje, porque hice una apuesta sobre enamorarte y dejarte.
Se detuvo un momento cuando vio que la chica lloraba en silencio, cayó sobre sus rodillas involuntariamente, eso estaba por encima del dolor que conocía, y no alcanzaba a comprender el por qué le había sucedido a ella, no era tan mala persona; aunque siempre había alguien que engendraba aún mayor maldad y no le importaba llevar a los demás a la miseria.
-Levántate, no hagas esto, tenía que hacerlo.
-¿Qué se supone que haga?, ¿Cómo quieres que me sienta si acabas de decirme que me usaste?- dijo entre sollozos y gritos.
Él depositó a su lado una cajita, que la chica no abrió.
-Es un collar, creí que te gustaría.
-No, crees que puedes pagar tu culpa con él, pero no soy como las demás- dijo con pesar.
-¿Y qué quieres qué haga Granger?- preguntó exasperado-, ¿pensaste que nos íbamos a casar y a tener hijos?, pues no, eso no sería ni remotamente posible, tu eres una sangre sucia- su tono ahora era de dolor, no quería pronunciar esas palabras, pero eran necesarias para que ella entendiera.
Las lágrimas se desvanecieron en sus mejillas, sintió ira, se levantó, tomó el regalo y lo abrió. Era un collar realmente hermoso, Draco tenía buen gusto, sin dudarlo.
-Entonces todo fue un gran montaje, ¿hay alguien más?, debe ser eso.
-Sí, pero es algo mío, con lo que he estado obsesionado, no es que seas tú, encontrarás a alguien, Weasley, Potter.
-Cualquiera de ellos vale más que tú o tu apellido y allí la sangre o el dinero no tienen nada que ver.
-Adiós Granger- sin más, salió del invernadero, aunque insatisfecho con el resultado, lo que más deseaba ahora era reunirse con Sonne para iniciarla en las costumbres familiares, quería platicar, saber todo de ella, aprender la manera en qué afrontaba todos los problemas.
Ella aguardó unos instantes, hasta asegurarse de que Malfoy se había alejado, entonces se puso a llorar por su ingenuidad, porque estaba herida, porque se lo habían advertido, porque se seguían burlando de ella; era fácil lastimar, pero doloroso recuperarse, y ahora tenía el deber de transformarse en Sonne y fingir que se encontraba bien.
Regreso corriendo al castillo, a la sala común de Gryffindor, donde Harry platicaba con Ron, mientras se calentaban en la chimenea, quiso pasar desapercibida, pero no pudo ocultar su aflicción.
-¿Qué tienes Hermione?- se acercó el pelirrojo preocupado, aunque ella intento evadir la mirada, se dio cuenta de que había estado llorando-, ¿Por qué lloras?
-Me caí- mintió-. Pero ya está pasando el dolor, voy a cambiarme.
Enseguida se retiró para no dar más detalles, pues entonces sabrían que había algo más y no deseaba arriesgarse.
Arrojó el collar sobre la cama, quiso buscar consuelo en él, pero fue imposible, se quedo dormida y empezó a soñar que lucía el hermoso collar en la fiesta de los Malfoy, que era aceptada, risas, Draco la miraba con aprobación.
Cuando despertó no se sentía mejor, sus ojos estaban enrojecidos e hinchados, su piel pálida, la falta de apetito presente, tristeza; pero en ese estado podía analizar los hechos con mayor claridad y supo lo que tenía que hacer, iba a convertir ese sueño en una pesadilla, no para ella, sino para los Malfoy.
