23. Besando a Sonne

Las vacaciones en un castillo nevado, podía ser atractiva para muchos, no para Hermione Granger que sentía un vacio, que cada vez que veía el collar que Malfoy le había regalado deseaba tirarlo, pero había decidido que le sería útil en su momento; se levantó sin ganas de nada, ni siquiera el desayuno en el Gran Comedor le animaba, hubiera preferido evitarlo; lo hacía por Dumbledore que sentiría decepción y pudiera sospechar algo; y por Harry para no dejarlo morir solo con Snape a la cacería.

Se medio arreglo y fue al cuarto de Harry, donde le rodeaban bastantes regalos de los Weasley, de sus tíos (seguramente viéndose obligados a ello), por su parte le dio chocolates, un libro que seguramente no apreciaría, pero estaba segura serviría en sus estudios y un Chivatoscopio un curioso artefacto que giraba y brillaba para detectar peligro o cuando se acercaba alguien de quien no se podía fiar, Harry la abrazó, luego tomó un regalo de debajo de la cama y se lo dio a la chica, se trataba de un libro, una foto donde aparecían la chica, Ron y él.

-No quiero verte triste- confesó has sido la de siempre.

-Las mujeres somos así- intentó excusarse la chica-. Pero prometo que pronto va a pasar, ya será año nuevo y vendrán cambios, ya verás, ahora ¿no tienes hambre?

Se encaminaron al Gran Comedor con la firme promesa de disfrutar la mañana y no dejar que los demás quisieran humillarlos, porque sabían que Draco estaba allí, Snape estaría allí.

Draco no podía sentirse más entusiasmado acordó verse con Rosen unas horas antes de la fiesta navideña, antes tenía que seguir una rutina de espanto: ir al desayuno del colegio, fingir aprecio por los demás y quizá toparse con Hermione; esperaba que ese desagradable momento transcurriera con prisa, porque no estaba seguro de la reacción de la chica, pero no importaba si luego Sonne le iluminaria su día, deseaba verla en el comedor, quizá podrían estar juntos. Se arregló con esmero, y buen humor.

Se dirigió al punto de reunión, cuando entró Dumbledore le dirigió una gran sonrisa, como si se agradaran; para su infortunio sólo había una mesa, los profesores habían tomado sus asientos intercalándose, pues deseaban una mayor convivencia con sus estudiantes, lo cual a Snape le desagradó e hizo una seña a Malfoy para que se sentará a su lado, pero el director lo impidió.

-No, Draco, siéntate al lado de la profesora McGonagall- hizo una pausa cuando vio que Harry y Hermione se aproximaban, invitándolos a sentarse.

-¡Ah!, que grata compañía, señorita Granger siéntese al lado del joven Malfoy y Harry, nos queda un lugar al lado del profesor Snape.

Todos se miraron con odio, ¿acaso era una ridícula broma navideña de Dumbledore?, pero no, parecía muy serio e instó a que tomaran asiento, para dar un breve discurso de gracias.

Allí se encontraban los profesores, Hagrid, Madame Pomfrey, algunos chicos Ravenclaw, Draco, Hermione y Harry.

-Bien, ya estamos todos, aprecio su puntualidad y asistencia…

-Como si tuviéramos otra opción- murmuró Draco, que fue reprendido con la mirada por McGonagall, que le susurró:

-Malfoy, si no te comportas, no irás a la cena de tus padres.

Muy a su pesar guardo compostura, sabía que cuando la profesora se proponía a dificultarle las cosas lo lograba, sólo tenía que recordar los castigos impuestos cuando trató mal a Hermione que ponía suma atención a Dumbledore.

-Bien, me alegra que podamos compartir un almuerzo navideño, ya que por diversas razones no es posible estar con nuestras familias, pero sí en el colegio en donde pasamos una hermosa etapa de nuestras vidas…

Tras un largo discurso, los asistentes aplaudieron y comenzaron a degustar del banquete que aparecía ante sus ojos. Hermione era muy silenciosa a la hora de masticar, de vez en vez cruzaba su mirada con la de Harry que no la pasaba muy bien al estar junto a Snape, tratando de pasar desapercibido por si al profesor se le ocurría regañarlo, por muy remota que fuera la posibilidad no la dejaría pasar.

Para todos fue un almuerzo un tanto fastidioso el cual agradecieron llegara a su final, principalmente Draco que evitaba a toda costa a Granger, de nuevo le resultaba desagradable, le era indiferente, él como hombre era práctico y no deseaba vínculos con nadie más que con Rosen, a la que iba a ver en una hora.

Hermione no tenía mucho tiempo para arreglarse, pero antes debía deshacerse de Harry, así que le inventó una excusa sobre que no se sentía bien, cosas femeninas comentó, Harry que no quería saber más la dejo sola, y se retiró a hacer sus deberes que no eran pocos.

Preparó la asquerosa pócima a la cual ya se estaba acostumbrando, tenía la ropa a un lado, echó unos cuantos cabellos y rápidamente sintió el efecto, el cambio de su cuerpo, se contempló ante el espejo, allí estaba nuevamente como Rosen Sonne, la chica que le había arrebatado a Draco, y él tan inocentemente esperaba en cuestión de minutos. Esperaba no decepcionarlo, lo esperaba amable, atento, ilusionado.

Se arregló lo mejor que pudo y salió a escondidas de la sala de Gryffindor; atravesó los jardines y fijo la mirada momentáneamente en los invernaderos, como le dolía regresar el tiempo y verse allí llorando y humillada por la estupidez de la sangre, era verdad que Rosen era mucho más hermosa que ella, que su apellido era notable; pero no era la forma correcta de proceder, no por eso ella valía menos. Con el dolor en su pecho, continuó caminando hasta encontrar a Draco a orillas del Bosque Prohibido.

Sólo había demorado unos momentos en aparecer, creyendo que Draco no toleraría eso, quizá se había marchado, pero se equivocó, se encontraba distraída cuando sintió que la jalaban hacia el interior del bosque, ahogó un grito cuando se dio cuenta de lo que había hecho Draco.

-Discúlpame, no podía arriesgarme a que nos vieran- fue como inició la conversación el rubio.

-Lo cual es muy estúpido, no hay nadie- comentó ella molesta.

-Lo sé, pero me gusta la privacidad, lo prohibido- su tono era seductor, demasiado para alguien de su edad.

-Debes saber que yo soy muy exigente, no me impresionan fácilmente.

-Es lo que dicen- se acercó lentamente, se le veía peligroso, ella intentó que él no se acercará-. Así como dicen que te gusta Hermione Granger, deberías invitarla a ella a conocer a tus padres, seguro les agradaría.

Eso lo detuvo como ella imaginó, no estaba tan mal en pensar que aún tenía el poder de alterar su perfecta vida.

-No, Granger fue un error, que afortunadamente ya se ha solucionado- parecía impaciente por tratar de convencerla, su tono de voz, su color todo estaba alterado, y necesitaba tranquilizarse.

-Bien, ¿qué es lo que propones?, porque ciertamente si quieres que te acompañé a esa reunión debo arreglarme.

-Empecemos por lo esencial, conocernos y la mejor manera es la siguiente- sin más Draco tomó el rostro de la chica, desprevenida, junto sus labios a los suyos y la besó, hubo algo extraño allí, ese beso le era conocido, era muy parecido a los de Hermione, sin embargo, su escasa experiencia le decía que todas las chicas besaban igual.

Después de unos instantes se separaron, ella le sonrió momentáneamente, como apenada, algo que no haría usualmente la Sonne verdadera.

-Voy a arreglarme- empezó a caminar de vuelta al castillo un tanto tambaleante.

-Espera, tenemos que hablar sobre la cena, mis padres y esas cosas.

-Eso lo discutimos en el camino.

Sin más lo dejó allí en el bosque mientras corría a su sala común, la poción empezaba a perder su efecto. Unas horas más y se encontraría en la mansión Malfoy.